Ocupación militar de la zona de vanguardia en el noreste de Badajoz durante la ofensiva de “La Victoria” y “misiones que no admiten demora”: El SIPM y sus víctimas (1ª parte)

Trabajo Fin del Máster “Memoria social y derechos humanos: Ciencias sociales y forenses ante los conflictos contemporáneos”. Madrid, enero 2018

 Fernando Barrero Arzac

 

Índice

 Introducción, metodología y fuentes documentales

  1. Final de la guerra para la 109ª Brigada Mixta
  • Situación del Cuartel General y de los Puestos de Mando de las unidades de la 109ª Brigada Mixta durante el final de la guerra
  • Termina la guerra para la 109ª Brigada Mixta
  • Instrucciones de los sublevados para la entrega del Ejército Republicano
  • Entrega sin resistencia: Rendición de la 109ª Brigada Mixta
  1. Ofensiva final del Ejército del Centro sublevado
  • Agrupación de Divisiones del Tajo-Guadiana
  • Ocupación sin resistencia de los territorios republicanos de Badajoz y Ciudad Real
  1. Origen, organización y funcionamiento de la Sección SIPM de Ejercito
  • Configuración del Servicio de Información Militar sublevado (Burgos)
  • Organización de la Sección SIPM de Ejército del Centro (Valladolid)
  • Organización de la Sección SIPM de Ejército del Sur (Sevilla)
  1. Ejército del Centro sublevado: Organización de los prisioneros republicanos
  • Inicio del cautiverio
    • Identificación de los prisioneros
  • Campos de concentración provisionales: personal técnico (interrogadores: SIPM), de custodia y de escolta
    • Fuerzas: 338º Batallón del Regimiento La Victoria nº 28. 4ª Cía. Dependiente de la Jefatura de Policía Militar del Sector C-10
  • Complejo concentracionario / Campo de Concentración provisional de Zaldívar
    • El cortijo de Zaldívar y el cortijo de “La Boticaria”
    • Ermita de la Virgen de los Remedios (Casas de Don Pedro)
  • Tribunales provisionales de clasificación: presidente, oficiales y un capellán
    • Clasificación de prisioneros. Prisioneros con función de mando. Prisioneros informadores
    • Resolución
    • Avales para salir del Campo: correspondencia cautiva vigilada
  1. Las fuerzas del Ejército del Sur relevan al Ejército del Centro en los pueblos ocupados y campos de concentración que forman parte de los Partidos Judiciales de Herrera del Duque y Puebla de Alcocer (Badajoz)
  • Puesto de Mando del 1er Regimiento de la 21ª División sublevada: Talarrubias (Badajoz)
  •       Fuerzas: 4º Batallón-Bandera FET y de las JONS de Badajoz
  • Cabecera del “Sector Badajoz” de la Sección SIPM de Ejército del Sur: Talarrubias
  •       Fuerzas: 6º Batallón del Regimiento Castilla nº 3. Partidos Judiciales: Herrera del Duque, Puebla de Alcocer
  1. Justicia Militar
  • Auditoría del Ejército de Ocupación
  • Organización de los “Servicios de Justicia de los Frentes”, en el Ejército del Sur. Mediados de marzo 1939
  • Consejo de Guerra Permanente y Juzgados Militares
  • Procedimiento Sumarísimo de Urgencia y ejemplaridad de las sanciones
  • Aplicación del Bando de Estado de Guerra
  • Circunstancias situacionales previas a la ejecución
  • Fusilamientos en el olivar del cortijo “La Boticaria”
  • Situación del territorio tras las ejecuciones
  1. Búsqueda familiar del paradero del prisionero Andrés Barrero Rodríguez durante la posguerra
  • Vano intento inmediato de la familia por localizarlo. Los prisioneros del Campo de Zaldívar fuera del control de la ICCP (Inspección de Campos de Concentración de Prisioneros)
  • Inscripción diferida de la defunción. Juzgado de Primera Instancia nº 9 de Madrid, 1945

Conclusión y colofón: Promotores de las primeras exhumaciones de víctimas del franquismo en Extremadura

  • La dignificación de los caídos en las fosas comunes
  • Exhumación de las fosas en el olivar del cortijo “La Boticaria”: 13 y 14 de mayo de 1978
  • Traslado, misa y entierro de los restos en el panteón construido exprofeso para las personas sepultadas: 15 de mayo de 1978

Bibliografía y archivos consultados

 

Introducción, metodología y fuentes documentales

Introducción

El estudio de la guerra civil y la dictadura desde una perspectiva puramente política y militar, ha restado la posibilidad para analizar la violencia aplicada durante su pervivencia, bajo el enfoque de la historia social del castigo. También es verdad que ha sido difícil hasta hace poco, disponer de la documentación militar y judicial reservada necesaria, para conocer la lógica del sistema represivo franquista. Pero aún y todo, es tan intrincado y sutil el hallazgo con el que nos encontramos al analizar los papeles militares en el archivo, que muchas veces tenemos que jugar con los indicios que nos proporcionan una determinada orden, o una tenue frase autoritaria que encierra la ejecución de una atroz acción o “misión”, como prefiere denominarla el argot militar, para entrever el alcance de su significado.

La apertura pública de los archivos y la toma de conciencia por parte de la ciudadanía de la emergencia de la figura de la víctima de la represión franquista, ha facilitado la construcción de un campo científico que antes no existía. Aunque tenemos que reconocer que lo que nos llevó a este tipo de investigación, en un principio, fue nuestra adscripción como nietos de un desaparecido durante la guerra civil española y la dictadura. Ante la imposibilidad de obtener datos y hechos concretos que nos orientaran sobre su paradero, nos vimos conducidos por este intento de búsqueda de referencias del abuelo. Pero por un azar, por un indicio a través del camino que recorríamos, tomamos conciencia de la urdimbre policial y punitiva, con el que estaba tejido al aparato político militar del Ejército nacionalista.

Es así, a través de un pequeño estudio de caso, como hemos tenido que ir desentrañando, la casuística generalizada de la puesta en escena de la violencia franquista, que ya venía pergeñada desde meses antes del propio golpe de estado del 18-J de 1936.

Tras la subjetiva observación original, pero también objetiva de los datos y testimonios personales que íbamos obteniendo, se traslucía una sistematización y sincronización de las operaciones militares, policiales y jurídicas. Ocupar el territorio ganado al enemigo, recoger y recabar información sensible y secreta del sospechoso ideológico, depositarla en un voluminoso y unificado archivo, para analizarla y extraer de ella los datos necesarios para clasificar a los individuos y aplicarle una justicia “a su manera”, constituían las fases del proceso que el “Movimiento” político-militar se propuso aplicar desde que se alzó en 1936.

Anverso de una de las dos últimas cartas que envió desde el Campo de Concentración de Zaldívar. 1 de abril de 1939.

Los últimos indicios[1] que tenía la familia del abuelo, comisario político, Andrés Barrero Rodríguez, de su paradero, eran las dos postreras cartas que había enviado, durante el mes de abril de 1939, desde el campo de concentración donde estaba recluido, que indicaban: “109ª Brigada, 434º Batallón Ametralladoras. Campo de concentración Zaldívar, Estafeta 43”[2]. Desde aquel preciso instante, su familia siempre trató de localizar aquel lugar.

A lo largo del texto se describirá, partiendo de esta huella, el entramado represivo, materializado por un sistemático aparato militar informativo, concentracionario, jurídico y ejemplarizante, durante el final de la guerra, en un sector del frente de Extremadura, que recayó, principalmente, sobre las unidades militares republicanas entregadas y hechas prisioneras, aunque también fueron objeto de él, civiles de los pueblos que componían el Partido Judicial. Pero el análisis de este caso que explica el modus operandi de la Policía militar del Ejército y de uno de los organismos de los que se valió, la Auditoría del Ejército de Ocupación, para aplicar su justicia, pretende dar a conocer el mecanismo que desplegó en todos los frentes del enemigo republicano que cayeron, durante la última fase de la guerra, y no solo en el límite noreste de la provincia de Badajoz.

Durante el primer capítulo se ha tratado de ubicar al lector en el lugar que defendían las fuerzas republicanas al término de la guerra en el frente extremeño, y el conflicto que genera en estas tropas la posibilidad de entregarse a los franquistas, los cuales imponen una serie de condiciones y normas para su rendición. El segundo, muestra la forma en que los vencedores ocupan el territorio conquistado, haciendo hincapié en el ritual que los militares utilizaban como demostración de poder. El tercer capítulo, uno de los más extensos de toda la investigación, es un análisis exhaustivo del entramado del cuerpo del que se dotaron las fuerzas militares de operaciones, para el total control del territorio y de la población, el Servicio de Información y Policía Militar (SIPM). Aunque esta red policial recibía distintas denominaciones en función del objetivo hacia el que estuviera orientada, dentro de las unidades militares, estos destacamentos formaban parte de los estados mayores de los Ejércitos, y así eran mencionados con el apelativo de “Sección SIPM de Ejército”. Por el caso especial que representan estos cautivos represaliados, que en un primer momento cayeron bajo la jurisdicción del Ejército del Centro, pero que acabaron sus días mientras estaban siendo custodiados por fuerzas del Ejército del Sur, se ha estudiado la organización de las secciones SIPM de ambos ejércitos. El cuarto apartado describe el desarrollo de las instrucciones y normas elaboradas por el Cuartel General del Generalísimo para la clasificación de prisioneros y presentados en campos de concentración. Desde su identificación, pasando por la creación de los tribunales de clasificación hasta la resolución y puesta a disposición de la Auditoría correspondiente. Al mismo tiempo se van describiendo los cortijos o campos de internamiento y las condiciones en que los cautivos permanecen en aquellos lugares. El quinto muestra la precisión militar bajo la cual los ejércitos realizan la operación de relevo sobre el territorio y los campos de concentración ocupados, entre sus respectivas divisiones. Ante la ausencia de una constatación documental que clarifique responsabilidades, indaga, a través de los indicios recogidos durante el estudio del movimiento de avance de las tropas nacionales, las unidades y los oficiales que fueron los responsables materiales de la desaparición de un amplio número se jefes, oficiales, comisarios y civiles republicanos prisioneros, en el momento de los hechos. En el sexto, el más trágico por sus consecuencias, describimos los aparatos de los que se valieron los militares para aplicar su justicia. Organismos como la Auditoría del Ejército de Ocupación, Consejos de Guerra Permanentes y los Juzgados militares, el Procedimiento Sumarísimo de Urgencia, la organización de los Servicios de Justicia de los Frentes y la aplicación del Bando de Estado de Guerra. Incluye esta sección las circunstancias previas a la desgracia, así como el propio fusilamiento o asesinato. El último capítulo, trae a la memoria el vano intento familiar para ponerse en contacto con Andrés Barrero en el campo de concentración. Aunque no logró su objetivo, sacarlo de allí, sí dejó huellas que permanecieron a través del tiempo: el intercambio epistolar y la evidencia del ocultamiento con que nacía el nuevo Estado, a través de la Inspección de Campos de Concentración de Prisioneros, encubriendo la identidad de un prisionero.

Metodología y fuentes documentales

Archivo General Militar de Ávila. Foto Ricardo Munoz Martin.

El ámbito de este trabajo se circunscribe principalmente a la documentación hallada en los archivos[3] militares, judiciales y municipales, aunque se utiliza también material bibliográfico[4] junto a memorias[5] orales y manuscritas inéditas. Los militares vencedores de la Guerra Civil de 1936, trataron de negar todo aquel pasado que desmintiese su propia explicación y rebatiese sus propios argumentos de los hechos. Lo consiguieron de alguna manera, manteniendo la potestad sobre la gestión de los documentos que generaron el conflicto y la represión, durante los años de la dictadura, en sus archivos. Allí pudieron expurgar lo que no interesaba mostrar, orientando con esta acción el ulterior análisis y lectura que podría haberse realizado cuando las condiciones lo hubieran permitido. Por ello cuando, durante nuestra labor de indagación, nos percatamos, que hay huellas que han sido borradas, trazamos otra ruta, y vemos la forma de hallar pequeños rastros que la historia, la verdad, ha dejado por el camino. No podemos esperar encontrar en los papeles oficiales, por ejemplo, el hecho de ver caer el peso de la injusticia sobre un represaliado, pero sí que podemos recogerlo a través de los testimonios de los propios actores que lo han dejado escrito o te lo cuentan personalmente durante una entrevista. Es lo que ocurrió con el rico caudal de testimonios aportados por los supervivientes a partir del año 2000, coincidiendo con el auge de la Recuperación de la Memoria Histórica, aunque la voz de muchas víctimas nunca pudo ser expresada por no haber llegado a tiempo.

Durante la Guerra hubo dos grupos en conflicto, los vencedores y los que a la postre resultaron vencidos. Pero los vencedores, con ánimo de utilizarla como prueba incriminatoria, acopiaron, no solo la documentación militar y política que ellos generaron, sino la de sus enemigos. Desde una perspectiva archivística y documental, esta coyuntura ha resultado positiva cuando hemos tratado de completar tramas represivas para continuar la pista de un hecho concreto. Ocurre que el suceso en cuestión, originalmente lo observábamos inmerso entre una determinada tipología documental, pero la misma no se encontraba completa, bien pudiera ser que, por extravío o expurgo deliberado, entonces era la ocasión para continuar el hilo con otro tipo de fondo archivístico, el generado durante el desarrollo de las actividades bélicas y burocráticas del enemigo, por ejemplo. Así conseguimos dar respuesta a muchas de las preguntas que nos asaltan por la senda de la investigación.

Para llevar a cabo una tarea de estas características nos hallamos con la contradicción de que la mayor parte de la documentación procede de las instituciones franquistas: los sumarios de los Consejos de guerra y los expedientes de responsabilidades políticas, denuncias, resúmenes de los jueces instructores y la Causa General, por lo cual imprime a la misma una acentuada tendencia sectaria, dada su finalidad, lo que obliga al investigador a confrontar la información, determinar el mayor número posible de personas aludidas, tanto víctimas como autores o testigos, intentando situar a cada uno en su lugar y su contexto; lo que al mismo tiempo permite alumbrar algunas situaciones, descubrir los verdaderos autores de los hechos y mostrar las auténticas intenciones de los testimonios y declaraciones.

La labor que más nos ha acercado a la tragedia, a la ejecución de aquellos hombres encerrados en el campo de concentración, acaecida en el olivar del cortijo, sin duda, fue el trabajo de recogida y puesta en valor, de las coplas y romances que se repentizaron tras la exhumación de la gran fosa común, aquellos días de mayo de 1978[6]. Habían sido recogidas en una cinta magnética cuando se recitaron por primera vez. Bajo la más pura tradición coplera y romancística española que también se desarrolló en plena guerra, tuvimos constancia de su pervivencia todavía durante el último cuarto del siglo XX, asociadas a la desdicha, como forma de recuerdo y dignificación de lo que había sucedido hacía casi cuarenta años. Primero se realizó una labor de transcripción, para posteriormente adaptar el texto con la medida de versificación más adecuada, teniendo en cuenta el tipo de género literario. El resultado conseguido fue el relato de aquellos hechos narrados desde la catarsis colectiva del dolor de los supervivientes y familiares, que había permanecido en la memoria, sin haberlo podido liberar durante tanto tiempo.

Todavía nos acordamos cómo al ponernos en contacto con un colega documentalista, el director del Archivo de la Diputación de Badajoz, tratando de recabar información sobre el Campo de Concentración de Zaldívar, única referencia topográfica que se reflejaba en las dos últimas cartas que nuestro abuelo pudo enviar desde el lugar donde estaba prisionero, aquel nos envió, vía fax (corría el año 2000), un párrafo del libro titulado La Guerra Civil en La Serena, que recogía un lugar denominado “Zaldiva”. Como el libro en cuestión, había sido editado por la propia Diputación Provincial de Badajoz, pudimos conseguir ponernos en contacto con su autora, Jacinta Gallardo Moreno. Ella había investigado la represión en seis localidades pertenecientes a las comarcas pacenses de La Serena y La Siberia. Dio la casualidad que durante el desarrollo del estudio, recogió la ubicación de varios campos de concentración situados en la zona; uno de ellos se llamaba “Zaldiva”, en el que además había estado prisionero un tío suyo llamado Francisco Exojo Gallardo, guardia de Asalto republicano, situado a escasos tres kilómetros de la localidad de Casas de Don Pedro. Para que nos informáramos más exhaustivamente sobre el mismo, nos posibilitó ponernos en contacto con una vecina de la localidad, llamada Felisa Casatejada. Esta mujer había sido promotora, junto a otras personas, de las primeras exhumaciones realizadas en Extremadura, en 1978. Ella, por teléfono, nos explicó lo que había sucedido en dos cortijos próximos a su pueblo, al acabar la guerra, en mayo de 1939. Así nos enteramos que habían sido fusilados, asesinados, un numeroso grupo de republicanos en el olivar de una de las fincas. Como nos separaba una distancia de más de 260 kilómetros, concertamos una cita, y así en el mes de noviembre del año 2001, nos desplazamos hasta Casas de Don Pedro para que Felisa nos pusiera en antecedentes. Ella fue quien nos entregó las fotografías realizadas durante la exhumación de 1978, también el artículo publicado en la revista Interviú con el reportaje de aquel acontecimiento, así como la cinta magnetofónica donde se habían grabado las coplas y romances que se habían repentizado durante aquellos actos. Nos permitió hacer una copia de todo. Fue la primera pista fundamental que encontramos y que motivó la investigación en la que se convirtió posteriormente. Nos explicó que, aunque habían fusilado a muchos civiles, entre ellos dos hermanos suyos, la mayor parte de los ejecutados eran militares republicanos que habían permanecido prisioneros, primero en Zaldívar y posteriormente en “La Boticaria”. En aquel momento no tuvimos ninguna duda de que los días de nuestro abuelo habían acabado allí.

Durante aquellas mismas jornadas del primer viaje que hicimos a la población, también pudimos entrevistarnos con Manuel Ruiz, que había estado prisionero en “La Boticaria” pero que milagrosamente había sobrevivido. Así mismo, lo pudimos hacer con Francisco Exojo Gallardo. Pero para ser francos, de aquellas primeras y “aceleradas” entrevistas, sacamos en limpio menos de lo que nos hubiera gustado. Sobre todo, porque no esperábamos encontrarnos durante esta fugaz visita, tanta información que no estábamos preparados para asimilar, ni humana, ni técnicamente. Además, estaba el problema de los sentimientos que aún transmitían todos los entrevistados al recordar aquellas lejanas tragedias, pero tan presentes en su memoria. Hubo otro inconveniente que fue el lenguaje. Nuestra cultura norteña, nos impedía comprender muchos de los localismos que aquellas personas utilizaban con uso frecuente, amén del marcado acento extremeño al que no estábamos acostumbrados. Pero aún, así, a nuestro regreso, pudimos trazar un pequeño resumen escrito de los hallazgos más destacados que realizamos. Este fue nuestro primer contacto con la “Memoria Histórica”.

Anverso del sobre que envió el teniente Juan Moraño desde el Campo de Concentración de Zaldívar que lleva el sello del Batallón 338º adscrito al SIPM.

Dejamos sedimentar y asimilar todo lo que encontramos durante nuestra visita a Extremadura por algún tiempo. Pero en cuanto tuvimos oportunidad, comenzamos a marcarnos una estrategia para conocer y comprender qué es lo que ocurrió en aquellos cortijos-campos de concentración, durante los meses de abril y mayo de 1939. Como nuestro perfil profesional (durante aquellos días ocupábamos la dirección de la Biblioteca Samaranch del Centro Internacional de Documentación e Investigación del Baloncesto, en Alcobendas, Madrid) nos permitía acceder a determinados recursos tecnológicos en la red, enseguida comenzamos a publicar nuestro caso en las webs que por aquel entonces comenzaban a surgir, recabando información sobre represaliados y desaparecidos. Así es como tuvimos la suerte, allá por el año 2003, de comenzar a coincidir con otros familiares que también habían perdido la pista de su padre, hermano, abuelo, tío, etc., en aquellos campos de concentración y que habían pertenecido a la 109ª Brigada Mixta cuando dejaron de tener noticias suyas. Comenzamos a intercambiar información, documentación y fotografías. Por ejemplo, un detalle curioso, uno de los hilos que nos ayudó a esclarecer algunas circunstancias, fueron los sobres que había guardado la familia del teniente Juan Moraño Valle, prisionero en Zaldívar, de las cartas que también pudo enviar desde el Campo. Aunque el matasello estaba algo borroso y le faltaba tinta sobre la superficie, pudimos descifrar el nombre del batallón nacionalista que figuraba en el mismo: “Regimiento de Infantería la Victoria nº 28, Batallón 338º, 4ª compañía”. Por aquel entonces ya habíamos comenzado a frecuentar los archivos militares, y habíamos trabajado con la “Documentación Roja” como con la “Documentación Nacional”, depositada en el Archivo Histórico Militar de Ávila, y conocíamos la División Nacional que hizo prisioneros a nuestros hombres republicanos, así como el resto de unidades militares que formaban esta Gran Unidad, y, efectivamente, ya sabíamos también que el 338º Batallón era una unidad militar de Orden Público, que entre otras funciones, tenía encomendada la vigilancia de los campos de concentración. Por lo tanto, ya teníamos localizada a la fuerza militar que custodiaba el recinto, queríamos saber algo más, los nombres de los perpetradores, para lo cual, nos bastó hallar el estadillo de organización de la División. En el mismo se encontraban los nombres de todos los jefes y oficiales que formaban sus unidades. Allí se recogían los apellidos de los mandos del 338 Batallón. Con esos datos, contactamos con el Archivo General Militar de Segovia, donde entre otros fondos, se encuentran los expedientes históricos de todos los militares de carrera españoles. La relación de oficiales era amplia, pero nos bastó revisar los dos o tres primeros que cayeron en nuestras manos, para hallar un dato que veníamos buscando: “Durante los primeros meses de 1939 siguió en la misma situación hasta el día 28 de marzo que por jornadas ordinarias se trasladó al Campo de Concentración de prisioneros de Casa Zaldívar (Badajoz) el cual quedó organizado y custodiando como Jefe del mismo y Vocal de la Comisión Clasificadora hasta el día 25 de abril que por jornadas ordinarias y ferrocarril se trasladó con la compañía a Almadén (Ciudad Real)”[7]. Se trataba del historial profesional del alférez Lamberto López Elías que, aunque pertenecía al Batallón, también aparecía como agente adscrito al SIPM, y además actuó como jefe del Campo desde su creación.

Lamberto López Elías, jefe del Campo de Concentración de Zaldívar, y oficial interrogador del SIPM.

Nuestra labor continuó alternando la visita a los archivos junto con la lectura de manuales y libros de historia militar. Pero lo que no hallábamos en la bibliografía, sino a duras penas, era información sobre un organismo al que sabíamos estaba adscrito el Batallón 338º, el Servicio de Información y Policía Militar (SIPM). Por aquel entonces los archivos militares estaban todavía en proceso de catalogación e indización de algunos fondos que habían sido desclasificados recientemente, este fue el caso del SIPM. Este material se puso a disposición pública durante el final de la primera década del siglo XXI. Estudiando y analizando su documentación pudimos vislumbrar la labor reservada y sistemática que tenían asignadas las unidades que pertenecían a la misma. Ocupación, control del territorio ocupado al enemigo y recogida de información acerca de la población, para poder ejercer una de sus funciones más características, la lucha antiextremista con fines represivos.

Las relaciones entre los familiares de los militares que habían pertenecido a la 109ª Brigada Mixta, seguían su curso y, puntualmente, al grupo continuaban incorporándose nuevas personas. Así en la primavera del año 2009, localizamos en otro foro de Internet, un profesor jubilado que había subido un comentario que recogían las memorias de su padre ya fallecido, donde se mencionaba un cortijo llamado Zaldívar en el que este había estado recluido. Parte de las vacaciones de aquel verano, las utilizamos para desplazarnos desde San Sebastián, donde vivíamos por aquel entonces, hasta Granada, ciudad donde residía el hijo del escribiente de las compañías de la 109ª, que había dejado unas extensas memorias, aunque sin publicar, sobre su experiencia, prácticamente desde junio de 1937 hasta que salió del Campo de concentración, el día 25 de abril de 1939. Este familiar, aunque no nos facilitó una copia de las memorias, puesto que la publicación de las mismas, no estaba autorizada por parte de alguno de los hijos que se oponían a ello, sí que nos proporcionó el acceso a largos párrafos del texto. Ello permitió, contextualizar la historia de aquella tragedia y dotarla de elementos que han clarificado la particularidad de aquellos sucesos. Por ejemplo, entre sus descripciones, encontramos la caracterización de los guardianes del campo, entre ellos también la de su jefe: “Sólo podían utilizar el agua de referencia los de casa. Estos la constituían: el Jefe, un alto y espigado alférez. Siempre con una porra en su mano derecha, paseaba su figura uniformada con relucientes polainas y zapatos, volteando constantemente su porra, casi como lo hacen hoy la majorettes […] Eso sí: hablar, no hablaba, De ello se encargaban los Doce; doce soldados gallegos todos ellos, que transmitían las órdenes”[8].

En la actualidad, el estado de la cuestión permanece, en términos científicos de conocimiento del suceso, como de la identificación del amplio número de personas que fueron asesinadas, efectivamente, casi como al principio. Se ha avanzado, pero con mucha sobriedad, de la cual este trabajo es notable exponente. Además, pensamos que, con las condiciones políticas y sociales con las que se llevó a cabo aquella exhumación de 1978, donde la presión de las fuerzas fácticas que habían ejercido el poder hasta la fecha, estaba todavía presente, los plazos para cumplir con el requisito estaban marcados por la autoridad lo cual imprimía cierta celeridad al proceso, y que, también, el único testigo presencial del fusilamiento, un pastor que fue obligado a revelar el lugar exacto donde podían encontrarse los restos, ya que no querría verse señalado como cómplice de aquel crimen, tendría extraordinarios motivos para acabar cuanto antes su colaboración, fueron muchos los argumentos que hacen posible pensar que no se llegó a completar la totalidad de la excavación. Las fuentes de información hablan siempre de más de 51 personas, posiblemente cerca de 100, las que podrían haber sido ejecutadas aquel día.

Por ello esta investigación pretende ser un primer acercamiento a un trabajo integral, donde confluyan las tareas de especialistas en diversas áreas de conocimiento, para que, de una vez por todas, se averigüe, qué es lo que realmente sucedió en aquel cortijo, y quiénes eran las personas que cayeron en las fosas aquel 15 de mayo de 1939.

  1. Final de la guerra para la 109ª Brigada Mixta

Situación del Cuartel General y de los Puestos de Mando de las unidades de la 109ª Brigada Mixta durante el final de la guerra

Combatientes republicanos avanzan para tomar una posición en La Granjuela (Córdoba) cerca del frente extremeño.

El último intento republicano para atacar al Ejército sublevado en la unión de las tierras pacenses con las cordobesas, “predestinado a ser testigo de la última batalla de la guerra civil”[9], fue ejecutado por el Ejército de Extremadura al mando del general Antonio Escobar cuyo cuartel general estaba en Almadén (Ciudad Real). “La acción se puso en marcha trece días después de comenzar la ofensiva de Cataluña. […] la mañana del 5 de enero de 1939”[10]. Fue conocida como Batalla de Valsequillo o de Peñarroya.

Llegaron a penetrar 40 kilómetros en territorio sublevado, pero el 11 de enero comenzó a llover fuertemente, hasta el punto de que las unidades acorazadas y el resto de las fuerzas se vieron, literalmente, hundidas en el fango sin poder avanzar, tiempo que aprovechó el enemigo para traer sus tropas de reserva y frenar el avance gubernamental.

Tras el fracaso de la ofensiva republicana, la ligera actividad bélica volvió a ser la característica del frente que defendía la 109ª Brigada Mixta (en adelante: BM). Su parte de operaciones del día 1 de febrero situaba a esta Brigada:

“instalados los P.P. C.C. [Puestos de Campaña] de las unidades de la   siguiente forma:

Cuartel General de la Brigada:              En Talarrubias [Badajoz].

P.C. de la Brigada:                               En el Manantial.

Batallones en línea:

P.C. 434 Bon:    Cota 371          Jefe Mayor D. Vicente Martí Miñana.

P.C. 436 Bon:    En la Calera      Jefe Capitán D. Enrique Santamaría Bertó.

P.C. Bón Divisionario: Hernán Cabrera  Jefe Mayor D. Andrés Antón.

Batallones en reserva:

P.C. 433 Bon:    Casa Mantequera         Jefe Mayor D. Jerónimo Vida Romay.

P.C. 435 Bon:    Esparragosa de Lares [Badajoz] Jefe Mayor D. Nicolás.Ochaita.

Jefe de la Brigada:                   Mayor D. Juan Guijarro Iniesta.

Jefe de Estado Mayor:              Capitán D. Juan P. Fernández del Campo.

Ayudante de la Brigada:            Teniente D. Benjamín Robredo Gómez.

Jefe de la 2ª Sección:               Teniente D. Julio Abril Nogueras.

Jefe de la 3ª y 5ª Sección:        Teniente D. Juan Mª Revelles López

Jefe de la 1ª Sección:               Teniente D. Francisco Martí Soler.

Jefe de la 4ª Sección:               Alférez D. Bernardo Nogués Pérez

Unidades de la Brigada:

Todos los Servicios de la Brigada se encuentran en el pueblo de Talarrubias:     Transmisiones, Municionamiento, Cuerpo Tren, Intendencia, Sanidad y “Veterinaria”[11].

Termina la guerra para la 109ª Brigada Mixta

 A estas alturas, la suerte de la contienda estaba decantada claramente y, dentro del devenir en el territorio extremeño, a partir, sobre todo, de los primeros días del mes de febrero de 1939, el goteo de deserciones comienza a ser continuo. Se convierte en causa de desmoralización entre las fuerzas, el abandono de sus puestos por algunos soldados rasos, pero luego también por jefes y oficiales[12].

Pero la situación se complica todavía aún más. El día 3 de marzo se celebra una reunión en Siruela (Badajoz), de los jefes y comisarios de todas las unidades del VII Cuerpo de Ejército (en adelante: C.E.), al que pertenece la 37ª División (donde está encuadrada la 109ª BM), junto con la 41ª y la 51ª, con el General Escobar, máximo responsable del Ejército de Extremadura. En ella no se habla más que de unión y acatamiento a sus órdenes, que a los comunistas asistentes no agrada. El día 5 se produce el pronunciamiento del coronel Casado en Madrid, que derriba el gobierno de Negrín, partidario de la resistencia a ultranza de la República, y, entonces, se dan cuenta de la connivencia de aquel con este golpe de Casado.

Pero no todos los jefes comunistas de Extremadura se oponen a esta solución, hubo quien se adhirió al Consejo Nacional de Defensa creado por Casado, como hecho consumado, entre ellos, el jefe y el comisario del VII C.E., Martín Calvo y Cardeñoso, respectivamente. Y hubo, también, jefes del mismo partido, como Damián Fernández y Martín Navarro, jefe y comisario de la 41ª División, respectivamente, que llevaron a cabo su plan para hacerse con el control de las fuerzas. “[El día 6] en cuanto llegamos a la División [Herrera del Duque, Badajoz] tomamos una serie de medidas escogiendo gente de confianza para la vigilancia y poniendo en guardia al camarada del Rey, jefe de la 66ª BM, para que tuviera alertada a su gente y en la mano […] [el día 7] Procedimos a detener a los jefes de las 81ª BM y 91ª BM así como a sus comisarios y jefes de E.M. lo que se realizó sin dificultad y sin violencia”[13].

Pero la mayor parte de las tropas extremeñas eran afectas al Consejo por lo que “ese protagonismo comunista en la zona duró sólo horas, pues esa misma jornada el general Escobar mandó a Siruela dos batallones de la 20ª BM que se hicieron con el control de la población y de las fuerzas allí destacadas. Muchos comunistas se echaron al monte antes de ser detenidos, y otros se internaron en la provincia de Ciudad Real”[14].

Fuerzas militares marchan por una pista sin asfaltar.

Una vez sujeta la situación por el Consejo Nacional de Defensa en Extremadura, los jefes del 436º Batallón, una de las unidades de la 109ª BM, que se encontraba cerca del pantano de Cíjara cubriendo línea, formaron a la tropa y les dijeron: “La guerra ha terminado. Hay órdenes de entregar el armamento en Piedrabuena (Ciudad Real)”[15]. Esta localidad, junto con Almadén, también albergaba algunos de los servicios y dependencias del Ejército de Extremadura.

El comisario previendo lo que se avecinaba si el enemigo recuperaba cualquier tipo de filiación o identificación, que sirviera para establecer responsabilidades políticas y militares, ordena al escribiente de las compañías, recoger la documentación del batallón y hacerla desaparecer:

“Por mi parte, recogí la documentación del [436º] Batallón por orden del Comisario y fui     llevando las carpetas al mulo del amigo de San Agustín, que él iba colocando como podía, sujetándolas con unos cordeles. […]. Apenas hubimos salido de las posiciones, me dan la orden de ir quemando las carpetas de las filiaciones políticas; luego, más adelante, otra más y luego otra, sin aminorar la marcha; pronto el mulo quedó libre de este peso. Sólo las cajas de munición en sus pacientes costillas. Y allá a las doce de la noche, arribamos a la carretera de Castuera, dirección al desvío de Piedrabuena [Ciudad Real]”[16].

Muchos soldados de esta unidad, en vista que el comisario pretende no rendirse, sino llevarlos obligados a resistir a la sierra, movidos por el instinto de supervivencia, se lanzan ladera abajo, por entre los olivares, tratando de escapar. Los hombres huidos, toman la decisión de dirigirse en busca del Estado Mayor de su unidad. Llegan al pueblo de Talarrubias donde se encontraba, que estaba lleno de soldados de su brigada. Sólo faltó al llamamiento del jefe del Estado Mayor de la 109ª BM su batallón. Todos los demás, desarmados ya, esperaban órdenes de las tropas franquistas[17].

A partir de entonces la situación fue desconcertante entre el personal de la brigada; por un lado se encontraban los que no estaban de acuerdo con lo que suponían una rendición, y, por otro, los que intentaban que todo aquello acabase de una vez por todas, como se describe en el testimonio del teniente del Estado Mayor de dicha unidad, Julio Abril Nogueras, detenido tiempo después en la Prisión Provincial de Huelva, el 23 de diciembre de 1940, de su expediente sumarial y que realiza como alegato exculpatorio: “El 27 de marzo de 1939 al finalizar la guerra y con objeto de evitar desmanes por elementos disconformes con tal solución, en el pueblo de Talarrubias (Badajoz) conseguí juntamente con otros oficiales desarmar dicha 109ª Brigada, hablándoles en la plaza pública de aquel pueblo [Talarrubias], aconsejándoles nos entregásemos (como lo hicimos) a las Fuerzas Nacionales situadas en las posiciones “Barca” de Casas de Don Pedro (Badajoz) y desde cuya fecha me encuentro detenido”[18].

Instrucciones de los sublevados para la entrega del Ejército Republicano

Anticipándose a una caída inminente del frente republicano, que suponían iba a ocurrir en breve, se habían dictado una serie de normas para la aplicación de las instrucciones del Generalísimo y, al mismo tiempo, para acoger en determinados lugares provisionales a los miles de prisioneros y presentados que iban a caer en sus manos:

“Los Jefes de las Divisiones, establecerán en los sitios que estimen más conveniente, por razones de higiene, vías de comunicación y emplazamiento de los Centros de Entrega, un Campo de Concentración por cada División enemiga o efectivos equivalentes en número a aquellas. Pudiendo en el caso de no existir lugares, capaces de albergar a estos efectivos y fuerzas de custodia, señalar varios Campos próximos, que para todos los efectos se considerarán como uno solo, con la denominación del de mayor capacidad”[19].

Prisioneros republicanos.

Así, en las inmediaciones de Casas de Don Pedro, localidad donde se encontraba el puesto de mando del Regimiento de la División sublevada a la que se entregaron, se habían acondicionado, en principio, como campos de concentración para esta unidad militar republicana, el cortijo o casa de Zaldívar y, cuando ya no dio abasto, el cercano cortijo o casa de “La Boticaria”, pero fue el primero el que dio nombre al complejo concentracionario. Este campo de concentración provisional tenía como objeto primordial “ante la imposibilidad de evacuar con la rapidez debida, los prisioneros y presentados a los centros de reunión, por el extraordinario número de aquellos, es necesario la creación de un escalón intermedio entre los PP.CC (puestos de mando) de los Regimientos y el centro de reunión, en el que al propio tiempo que, se llevan a cabo el cumplimiento de misiones que no admiten demora, se hace posible una permanencia mayor de los prisioneros y presentados que, si tuvieran que quedarse en los PP.CC. de los Regimientos, la cual es incompatible con la movilidad de estos”[20]. El lenguaje saca a la luz aquello que una persona quiere ocultar de forma deliberada, ante otros o ante sí mismo, y aquello que lleva dentro inconscientemente[21]. En este sentido, es clarificadora la frase, en cursiva, recogida de las órdenes militares que acabamos de leer, en la cual se deja intuir el oscuro final que albergaban para algunos prisioneros.

Entrega sin resistencia: Rendición de la 109ª Brigada Mixta

Definitivamente, en medio de aquellas desavenencias entre las fuerzas de los batallones republicanos de la 109ª Brigada, deciden enviar un grupo de emisarios para parlamentar, compuesto por varios oficiales, que se encaminaron hacia las líneas enemigas. Lo que ocurrió durante esa conferencia lo recoge el testimonio documental nacionalista en el parte de operaciones que el jefe del primer Regimiento de la 19ª División, teniente coronel José Calderón Goñi, envió al general jefe de la misma, Salvador Múgica Buhigas, el día 28 de marzo de 1939:

“A V[uestra] E[xcelencia] da parte el Jefe del expresado Regimiento, de que en la noche del 27 al 28 del actual, se presentaron en nuestras líneas y fueron trasladados al Subsector de Casas de Don Pedro, tres Oficiales Rojos, los cuales manifestaron que la 109 Brigada Mixta, se rendía a nuestras fuerzas, uno de los citados Oficiales rojos, marchó a Talarrubias con orden de que dicha Brigada se trasladara con su armamento a la orilla del Guadiana, el cual vadearía, dejando el armamento e impedimenta en la orilla roja, como lo efectuaron en todo el día de hoy, siendo trasladado su personal al Campo de Concentración de Zaldívar[22].

Los soldados de las quintas recordaban las recomendaciones que el enemigo les transmitía a través del altavoz, que les recordaba con insistencia machacona: “Rojillos: no temáis si no tenéis las manos manchadas de sangre. Los hicieron ir hasta Casas de Don Pedro (Badajoz) para presentarse a la Guardia Civil. Llovía, y todos se dirigieron allí en busca del pasaporte. Así durante los últimos quince kilómetros, siempre bajo la lluvia. Cruzaron el Guadiana por una vaguada poco profunda, el agua les cubría hasta el cuello y las maletas las llevaban sobre la cabeza”[23]. Tras llegar al pueblo, en la plaza y a cubierto de un soportal, la Guardia Civil ordenaba la formación de los soldados republicanos a grandes gritos. Lentamente, la formación iba entrando a un local que estaba completamente a oscuras. “Fuera, empezaba a anochecer. Seguía la lluvia insistentemente. Tropezando por todas partes, la gente protestaba por la oscuridad, pero también había quien tomaba la cosa a broma. Así pasaba el tiempo y pronto presintieron que se les empezaba a tratar como a prisioneros”[24]. “Nadie pudo pegar un ojo aquella noche. Los piojos les desvelaban apenas el sueño empezaba a apoderarse de sus fatigados cuerpos. Hubo quien entonó el himno de la Brigada y La Internacional. Se dieron cuenta que habían caído en una trampa. “Tras aquella interminable noche ya nadie hablaba y las caras aparecían serias y amenazantes de impotencia. Casi todos coincidían en lo idiota de su actitud al creer en sus palabras amables. Había cesado la lluvia y los mismos guardias de la noche anterior les hicieron salir a la plaza con la orden de llevar las maletas abiertas para proceder a un registro minucioso, uno por uno. Les desvalijaron las maletas y los petates y pudieron ver cómo aquellos guardias subían en un gran camión baúles, maletones y fardos que desaparecieron a lo lejos”[25].

  1. Ofensiva final del Ejército del Centro sublevado

Agrupación de Divisiones del Tajo-Guadiana

Situación de la Agrupación de Divisiones Tajo-Guadiana nacional al finalizar la guerra.

Cumplimentando la Orden de Ocupación franquista de la Agrupación de Divisiones del Tajo-Guadiana del Ejército del Centro, cuyo cuartel general se encontraba en Logrosán (Cáceres), formada por la 107ª y 19ª Divisiones, se había establecido que, como el enemigo vencido, deseaba entregarse, habiéndosele fijado unas normas para ello, debía abandonar sus posiciones de la línea del frente, permitiendo un rápido avance de los facciosos, en la que se denominó como Ofensiva de La Victoria.

El territorio que debía ocupar la 19ª División, como así lo hizo, fue el conformado por el vértice noreste de la provincia de Badajoz y algunos pueblos colindantes con Ciudad Real. Según la Orden, debía hacerse con la máxima rapidez, liberando cuanto antes las vías de penetración que habían de ser utilizadas por los servicios auxiliares sublevados. Durante el despliegue de fuerzas, el jefe del primer Regimiento, ubicó su puesto de mando, en Talarrubias, localidad donde había estado emplazado, hasta su entrega, el cuartel general de la unidad republicana objeto de nuestro estudio.

Su misión era ocupar los pueblos enclavados en su subsector y efectuar la limpieza del mismo, tomando lugares estratégicos. Para ello contaba con un Batallón de Orden Público, el 338º Bon, afecto al SIPM (Servicio de Información y Policía Militar) y fuerzas especiales de éste, de las que hablaremos más adelante.

Para la mayor eficacia y armonía de estos singulares servicios, los jefes del subsector y el de Policía Militar, mantenían un perfecto y constante enlace, auxiliándose en sus variados cometidos, de los cuales informaban a los jefes de las fuerzas militares en operaciones, que precisaban interesar[26].

Ocupación sin resistencia de los territorios republicanos de Badajoz y Ciudad Real

Las fuerzas de la 19ª División sublevada, durante la última ofensiva, habían ocupado esta parte del único territorio extremeño, en la provincia pacense, que quedaba en manos de la República. Todas las poblaciones que cayeron, estaban repartidas entre los partidos judiciales de Herrera del Duque y Puebla de Alcocer: Helechosa, Villarta de los Montes, Castilblanco, Valdecaballeros, Peloche, Herrera del Duque, Fuenlabrada, Garbayuela, Tamurejo, Siruela, Garlitos, Baterno, Risco, Sancti Spiritus, Esparragosa de Lares, Puebla de Alcocer, Talarrubias, Casas de Don Pedro, Navalvillar de Pela, Orellana la Sierra, Orellana la Vieja, Acedera, Villar de Rena, Pantano de Cíjara y Casa de Valdeazores. Pronto fueron relevadas, el 26 de abril de 1939, por las del Ejército del Sur, más exactamente, por la 21ª División del II Cuerpo de Ejército o Cuerpo de Extremadura.

Las fuerzas del Cuerpo de Ejército del Maestrazgo, a su vez, relevaron a las de la Agrupación, en los pueblos limítrofes que habían tomado en la provincia de Ciudad Real: Anchuras, Horcajo de los Montes, Puebla de Don Rodrigo, Agudo y Valdemanco[27].

Normalmente el modus operandi de las ocupaciones en los pueblos, comenzaba con un paseo militar de una pequeña columna, que recorría el territorio asignado a la Gran Unidad, recogiendo el armamento abandonado o en poder de sus habitantes, identificando a los jefes, oficiales, clases (suboficiales), soldados y milicianos enemigos desmovilizados, enviándolos a los campos de concentración. Se hacían con los depósitos de materiales, víveres, vestuario, etc., que custodiaban, para así evitar incautaciones y requisas.

Proponían a los jefes de las Divisiones nacionales, que eran los que poseían la totalidad del mando y la jurisdicción sobre todo el territorio que se le había asignado, los nombres de las personas que consideraban aptas ideológicamente, para constituir las comisiones gestoras de cada uno de los pueblos donde aún no habían sido designadas. Estas operaciones de ocupación eran efectuadas exclusivamente por las tropas peninsulares, y estaban vedadas a las africanas, que quedaban como reserva en vivacs alejadas de las poblaciones[28].

La Dirección de los Servicios de Etapas, era quien nombraba al Comandante Militar en la localidad liberada y, el jefe de la División de quien dependía su jurisdicción, debía procurar facilitar la labor de aquel.

 

[1] Ginzburg, Carlo. Mitos, emblemas e indicios. Morfología e historia. Barcelona, Ed. Gedisa, 2008. Indicios, puede leerse como un intento de justificar en términos históricos y generales un determinado modo de realizar investigaciones.

[2] Correspondencia enviada por Andrés Barrero desde el Campo de concentración de Zaldívar. 26 de abril de 1939.

[3] La relación completa de los archivos con los que se ha trabaja8do viene reflejada al final de la Bibliografía.

[4] Sobresalen obras como las de: MARTÍNEZ BANDE, José Manuel. El final de la guerra civil. (Madrid, Ed. San Martín, 1985). La batalla de Pozoblanco y el cierre de la Bolsa de Mérida. (Madrid, Ed. San Martín, 1981); CHAVES, Julián. La guerra civil en Extremadura: Operaciones militares (1936-1939). (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 1997); HEIBERG, Morten y ROS AGUDO, Manuel. La trama oculta de la Guerra Civil: Los servicios secretos de Franco (1936-1945). (Barcelona, Crítica, 2006); ABOUT, Ilsen y DENIS, Vincent. Historia de la identificación de las personas. (Barcelona: Ariel, 2011); LÓPEZ RODRÍGUEZ, Antonio D. Cruz, bandera y caudillo: El Campo de Concentración de Castuera. (Badajoz: CEDER-La Serena, 2006); CASAS DE LA VEGA, Rafael. Las milicias nacionales. (Madrid: Editora Nacional, 1977); CATALÁN DEUS, José. “El pueblo desentierra a sus muertos. Casas de Don Pedro, 39 años después de la matanza”. Interviú, nº.109 (1978); JULIÁ, Santos. (Coord.). Víctimas de la guerra civil. (Madrid: Ed. Temas de hoy, 2004); RODRIGO, J. Los campos de concentración franquistas. Entre la historia y la memoria. (Madrid, Siete Mares, 2003); HINOJOSA DURÁN, J. Tropas en un frente olvidado. El Ejército republicano en Extremadura durante la Guerra Civil. (Mérida: Editora Regional de Extremadura, 2009).

[5] BUJ PASTOR, Francisco. Memorias de la Guerra Civil (1936-1939), Tarrasa, Inédito, 1980. Memorias de Narciso Domínguez recogidas durante una entrevista personal, en Gragera, Francisco. La quinta del biberón, Barcelona, RBA, 2005, pp. 143-144. LIZARRITURRI, Alejandro. Memorias de un combatiente de la Guerra Civil. (Eibar: Autoedición, 1996). LÓPEZ, Olga. “Felisa Casatejada: dos de sus hermanos fueron fusilados en Casas de Don Pedro”. (Hoy digital”, 15 julio 2005). Testimonio de Felisa Casatejada, recogido en septiembre de 2003, en Chaves Palacios, J. (coord.) Memoria histórica y Guerra Civil. Represión en Extremadura. (Diputación de Badajoz, 2004). Biografía de Juan Moraño Valle, prisionero y desaparecido en el Campo de Concentración de Zaldívar, realizada por su sobrina Trinidad Infante Moraño.  Entrevista realizada a Manuel Ruiz Martín, superviviente de los campos de concentración de “La Boticaria” y de Castuera, en Orellana la Vieja (Badajoz), por José Ramón González Cortés el 27 de noviembre del 2004, transcripción magnetofónica por Fernando Barrero Arzac, entrevista realizada por el autor a Francisco Exojo Gallardo, guardia de asalto republicano, prisionero en Zaldívar, Navalvillar de Pela, noviembre 2001. Entrevistas realizadas a Felisa Casatejada por el autor, en 2001, 2002, 2003, 2012, 2015 y 2016.

[6] Colección de poemas recitados por la trovadora de setenta y cuatro años, Inés Mansilla Espinosa, durante los desenterramientos en el olivar de “La Boticaria” y en otros lugares de Casas de Don Pedro durante la primavera de 1978. Romances y coplas cedidas por Felisa Casatejada. Transcripción de Fernando Barrero Arzac. Adaptación y arreglos métricos de los versos de Paco Buj Vallés.

[7] AGMSg, “Expediente compulsado de la Hoja de Servicios de D. Lamberto López Elias”.

[8] Buj Pastor, Francisco. Memorias de la Guerra Civil (1936-1939). Tarrasa, 1980 (Inédito).

[9] Martínez Bande, José Manuel. El final de la guerra civil. Madrid, Ed. San Martín, 1985, p. 30.

[10] Cardona, Gabriel. Historia militar de una guerra civil: Estrategias y tácticas de la guerra de España. Barcelona, Flor del viento, 2006, p. 325.

[11] Archivo General Militar de Ávila (En adelante AGMAv.), ZR. “Diario de Operaciones [109ª BM]: Enero-febrero 1939”. A.76/L.1235/C.14/D3.

[12] AGMAv., ZR. “Partes de Operaciones del E.M. de esta Brigada [109ª BM]. Enero a marzo 1939”. A.76/L.1236/C.13/D1; p. 60.

[13] Archivo del PCE (APCE). “Informe del comisario de la 41ª División, Martín Navarro”. Sección de tesis y manuscritos, carpeta 66.

[14] Chaves, Julián. La guerra civil en Extremadura: Operaciones militares (1936-1939). Mérida, Editora Regional de Extremadura, 1997, p. 264.

[15] Buj Pastor, Francisco. Memorias de la Guerra Civil (1936-1939). Tarrasa, 1980, p. 40. Escribiente de las compañías del 436º Bón. El acceso a largos párrafos de las mismas ha sido posible gracias a la labor de su hijo Francisco Buj Vallés, al cual agradecemos la labor de búsqueda de los datos que llenan este trabajo.

[16] Buj Pastor, Francisco. Memorias de la Guerra Civil (1936-1939). Tarrasa, 1980, p. 40.

[17] Ibídem, p.41.

[18] Archivo Territorial Militar Togado Segundo de Sevilla (ATMTSS), HU. Expediente sumarial de Julio Abril Nogueras, teniente del Estado Mayor de la 109ª BM durante la Guerra Civil.

[19] AGMAv, (DN). “Información. Instrucciones generales. Instrucción nº 4, del día 10  [de abril] Campos de Concentración de prisioneros. Abril 1939”. A.23/ L.1/ C. 34, D.1. AGMAv, C.1501, Cp.34.

[20] AGMAv, (DN). “Información. Instrucciones sobre prisioneros y presentados y sobre recogida de documentación enemiga, de fecha 29 y para Comandantes Militares, de fecha 30. Marzo 1939”. A.23/ L.1/ C. 30, D.1. AGMAv, C.1501, Cp.30.

[21] Klemperer, Víctor. LTI. Apuntes de un filólogo. Barcelona, Ed. Minúscula, 2001, p. 25.

[22] AGMAv, Documentación Nacional (DN). “19 División. Operaciones.- Partes de Operaciones.- De varias unidades de la División 19.- Marzo 1939”. A.42/L.7/C.12. También en: C.1625, Cp.12, D.1/2.

[23] Buj Pastor, Francisco. Memorias de la Guerra Civil (1936-1939). Tarrasa, 1980. El subrayado es nuestro.

[24] Ibídem.

[25] Ibídem.

[26] AGMAv, Documentación Nacional (DN). “Agrupación de Divisiones Tajo Guadiana. Operaciones. Órdenes Generales. Orden General de Ocupación nº 2, del día 30, de la 19ª División sobre ocupación del territorio enemigo en los límites asignados a esta División. Marzo 1939”. A.23/L.2/C.29.

[27] AGMAv, Documentación Nacional (DN). “Agrupación de Divisiones Tajo Guadiana. Operaciones. Órdenes Generales. Orden General de Ocupación nº 2, del día 3 de abril de 1939”. A.23/L.2/C.31.

[28] Ibídem.

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