Ocupación militar de la zona de vanguardia en el noreste de Badajoz durante la ofensiva de “La Victoria” y “misiones que no admiten demora”: El SIPM y sus víctimas (2ª parte)

Trabajo Fin del Máster “Memoria social y derechos humanos: Ciencias sociales y forenses ante los conflictos contemporáneos”. Madrid, enero 2018

 Fernando Barrero Arzac

 

Índice

 3. Origen, organización y funcionamiento de la Sección SIPM de Ejercito

  • Configuración del Servicio de Información Militar sublevado (Burgos)
  • Organización de la Sección SIPM de Ejército del Centro (Valladolid)
  • Organización de la Sección SIPM de Ejército del Sur (Sevilla)
  1. Ejército del Centro sublevado: Organización de los prisioneros republicanos
  • Inicio del cautiverio
    • Identificación de los prisioneros
  • Campos de concentración provisionales: personal técnico (interrogadores: SIPM), de custodia y de escolta
    • Fuerzas: 338º Batallón del Regimiento La Victoria nº 28. 4ª Cía. Dependiente de la Jefatura de Policía Militar del Sector C-10
  • Complejo concentracionario / Campo de Concentración provisional de Zaldívar
    • El cortijo de Zaldívar y el cortijo de “La Boticaria”
    • Ermita de la Virgen de los Remedios (Casas de Don Pedro)
  • Tribunales provisionales de clasificación: presidente, oficiales y un capellán
    • Clasificación de prisioneros. Prisioneros con función de mando. Prisioneros informadores
    • Resolución
    • Avales para salir del Campo: correspondencia cautiva vigilada

 

  1. Origen, organización y funcionamiento de la Sección SIPM de Ejército[1]

Habíamos dejado pendiente, la explicación de los Batallones y Escuadrones de Orden Público que como refuerzo de las tropas afectas al Servicio de Información y Policía Militar (SIPM) y sus fuerzas especiales, acompañaban a las divisiones nacionales. En los siguientes epígrafes describiremos su inicio, organización y funcionamiento.

Configuración del Servicio de Información Militar sublevado (Burgos)

En 1932, siendo Manuel Azaña ministro de la Guerra, se creó la Sección del Servicio Especial del Estado Mayor Central (SSE), con la función de controlar el antiextremismo. Durante la guerra, la SSE en la zona rebelde fue absorbida por el SIM (Servicio de Información Militar). El 14 de septiembre de 1936, el general Miguel Cabanellas Ferrer, máxima autoridad nominal de la Junta de Defensa Nacional, ordenó al coronel de infantería Salvador Múgica Buhigas que organizara un servicio secreto. El cuartel general del nuevo SIM se estableció en los números 23-25 de la calle Almirante Bonifaz de Burgos[2].

Un objetivo primordial del recién creado SIM fue controlar las actividades y la filiación política de los españoles que vivían en las zonas ocupadas por los republicanos, “que a pesar de no tener una participación activa en el movimiento hayan prestado su colaboración con carácter voluntario a favor de los marxistas”[3].

Coronel José Ungría, máximo responsable del SIPM.

Tras la dirección del coronel Múgica, en marzo de 1937 ocupó la máxima autoridad del control del SIM, el comandante Escartín, que lo hizo hasta mediados de mayo de 1937, en que fue sustituido en el cargo por el coronel Ungría, quien fue el tercer jefe del SIM que se nombró en apenas siete meses, recomendado por el propio Generalísimo que sabía que era un hombre muy válido para el puesto.

Ungría pretendía realizar un cambio y reorientar los objetivos de los servicios secretos hacia la situación de guerra y el personal militar, por lo cual debía llevarse a cabo en estrecha colaboración con el Cuartel General de Franco, razón por la cual era necesario trasladar físicamente la oficina central del SIM más cerca de la persona del Caudillo[4]. Sin embargo, la separación entre los asuntos políticos y los militares era más difícil de trazar de lo que él pensaba en un principio. Al dar al SIM una orientación política y militar, la cantidad de trabajo de la organización no disminuyó, sino que, por el contrario, se incrementó.

Pero el verdadero cambio dentro de los servicios se produjo cuando el 30 de noviembre de 1937 Franco firmó una orden secreta destinada a los Ejércitos de Operaciones. Dicha orden anunciaba la creación del SIPM y describía cuáles serían sus principales áreas de actuación dentro del campo de la inteligencia militar. El artículo primero afirmaba que el anterior Servicio de Información Militar (SIM) cambiaba su nombre a partir de entonces por el de Servicio de Información y Policía Militar (SIPM) [5].

Organización de la Sección SIPM de Ejército del Centro (Valladolid)

Hasta marzo de 1938 no se ordenó poner en marcha la organización de la nueva estructura y distribución del servicio secreto que había promulgado Franco en 1937, y en lo que le concernió a la Sección SIPM de Ejército del Centro, su zona de acción fue dividida en diez Sectores correspondientes a otras tantas Comandancias[6]. A cargo de la máxima responsabilidad de esta Sección SIPM de Ejército se encontraba el comandante de Estado Mayor, Antonio Cores Fernández de Cañete, y su 2º jefe el capitán de artillería Antonio Fungairiño Nebot. El enlace con la 2ª Sección (Información) del Estado Mayor del Ejército de Operaciones del Centro, era el capitán Felipe Bertran Güell. El resto de las cabeceras quedaron repartidas en la forma que muestra la siguiente tabla.

Tabla con las cabeceras de los sectores del SIPM de Ejército del Centro (Elaboración propia)[7]

 

Sector

 

Localidad (Cabecera)

 

Comandante

 

 

C-1

 

Sigüenza (Guadalajara)

Capitán (Guardia Civil)

Enrique García de la Sierra

 

C-2

 

Sepúlveda (Segovia)

Capitán

Justo Jiménez Ortoneda

 

C-3

 

Segovia

Capitán

Joaquín García del Castillo

 

C-4

 

Cebreros (Ávila)

Capitán (Guardia Civil)

Julio Pérez

 

C-5

 

Villa del Prado (Madrid)

Comandante

Francisco Bonet

 

C-6

 

Villaviciosa de Odón (Madrid)

Capitán (Guardia Civil)

Emilio Lledos Muñoz

 

C-7

 

Griñón (Madrid)

Capitán (Guardia Civil)

Ángel González Prieto

 

C-8

 

Toledo

Capitán (Guardia Civil)

Manuel Vila Rodríguez

 

C-9

 

Talavera de la Reina (Toledo)

Capitán (Guardia Civil)

Rodrigo Arellano Requena

 

C-10

 

Trujillo (Cáceres)

Capitán

Manuel Navarro Manzanares

 

Los jefes de Sector podían proponer a la Sección del SIPM, un oficial del Ejército o la Guardia Civil que actuara como segundo jefe y, al mismo tiempo, como responsable del grupo B o de información, grupo policial, compuesto por personal que no llevaba uniforme. Se encargaban de reunir noticias procedentes de la zona enemiga y de realizar misiones secretas en su retaguardia.

Fuerzas de la Guardia Civil desempeñando una de sus funciones características. Foto Campua.

Las fuerzas de la Guardia Civil de este Ejército, también desempeñaron las misiones características del nuevo Servicio de Información y Policía Militar, y pasaron a depender de sus respectivos jefes de Sector, aunque el coronel de la Institución benemérita ejercía funciones de mando e inspección sobre los servicios peculiares de la misma. También se reforzó el servicio de vigilancia y orden público en todos los sectores de la zona de vanguardia que ocupaba el Ejército del Centro.

Como se observa en el cuadro superior, la Comandancia del Sector C-10[8], se encontraba en Trujillo, y su oficial superior era el capitán Manuel Navarro Manzanares, jefe del Servicio de Información y Policía Militar. Este Sector era el que se encontraba más al sur de la zona Centro, y coincidía con el límite desde donde comenzaba ya la jurisdicción de los Sectores de la Sección SIPM de Ejército del Sur. Esta circunstancia tendrá, más adelante, especial interés para explicar lo que ocurrió con un determinado núcleo de prisioneros del Ejército republicano, encerrados en dos cortijos, habilitados como campos de concentración provisionales, en la vanguardia del frente del subsector de Casas de Don Pedro (Badajoz). Inicialmente fueron detenidos bajo la jurisdicción de las fuerzas del Ejército del Centro, pero a lo largo de su corto cautiverio pasaron a manos de la autoridad del Ejército del Sur cuando desaparecieron; realmente fueron asesinados/fusilados.

El Sector C-10 del SIPM de Ejército del Centro, a su vez, estaba dividido en cuatro subsectores (C-1, C-2, C-3 y C-4)[9], y tenía repartidas las cuatro compañías del Batallón 338º, cuyo puesto de mando se encontraba en Logrosán, entre las localidades de Miajadas (Cáceres), Logrosán (Cáceres), Cañamero (Cáceres) y Navalvillar de Pela (Badajoz). Estas fuerzas eran empleadas por los comandantes del Subsector de Policía Militar encuadradas con las de la Guardia Civil que pudiesen disponer, para ser distribuidas con la misión especial para la cual habían sido organizadas. Las nuevas unidades del SIPM estaban compuestas por personal de la reserva, desde el reemplazo de 1929 y anteriores. Creía Franco que sus miembros tenían que reclutarse en la región en la que fueran a operar los nacionales, y que debían ser hombres que conocieran bien la zona y tuvieran “intereses efectivos de venganza que les impulse a la acción que se trata de conseguir[10]”.

Cuando comienza la última ofensiva de La Victoria, a finales de marzo de 1939, la situación del subsector C-2, se extiende a través de una extensa línea de localidades y lugares de las provincias de Cáceres y Badajoz, por donde tiene desplegados sus destacamentos. Sus fuerzas son coordinadas desde la jefatura de Policía Militar del subsector C-2 en Logrosán, que disponía en la plantilla de su plana mayor de 21 hombres, más algunos de la 1ª compañía (en adelante Cía) que, además, tenía desplazados el resto, por los lugares de Puertollano[11], Silvadillo y la Dehesa del Coto, hasta un total de 151 hombres. La 2ª Cía que tenía su plana mayor en la localidad cacereña de Alía, con un total de 142 hombres, se encargaba de las tareas de limpieza en las proximidades de La Calera, río Guadalupejo y la Caseta del Gavilán. El pueblo de Guadalupe acogía la plana mayor de la 3ª Cía del 338º Bon, junto con sus 144 hombres, y su zona de vigilancia abarcaba lugares como Espinarejo, la Loma Rebollera, Venta Magdalena y Navatrasierra. Por último, la plana mayor de la 4ª Cía, se encontraba en la localidad pacense de Navalvillar de Pela, era la unidad más numerosa con 156 hombres, y extendía sus acciones sobre las inmediaciones de la Casa Sauzal, Valdepalacios, Moheda Alta, Casa del Zorro, Casa Bonita, Casa Bodeguilla y las también poblaciones pacenses de Acedera y Orellana la Vieja[12]. En Navalvillar se da además la circunstancia de que el oficial que durante este periodo manda el destacamento del SIPM desplazado allí, ocupa el cargo de comandante militar en el pueblo y, al cabo de unos días, el 28 de marzo de 1939, será nombrado jefe del Campo de concentración de Zaldívar, del que hablaremos más tarde.

Los jefes del SIPM, dentro de cada Sector, estaban a disposición de los comandantes de la División correspondiente, quienes debían tener acceso a la información sobre la situación en campo enemigo a través de la red de agentes del SIPM. Por consiguiente, se establecía una relación permanente entre el SIPM y Estado Mayor de cada unidad militar. Además, los jefes del SIPM, en el ámbito local, debían comunicar diariamente al general de cada División la información reunida sobre el territorio enemigo. Esa misma información se hacía llegar al jefe del SIPM en Burgos, es decir al coronel Ungría, que a su vez informaba a Franco en su Cuartel General de lo más importante reunido sobre la situación enemiga[13]. Los comandantes de Policía Militar de Sector, mantenían un oficial o agente de enlace cerca de la 2ª sección de la División a la que correspondiese su zona de acción.

Brazalete distintivo de los miembros del SIPM,

Además de los Sectores y Comandancias del SIPM, dependían de la Sección SIPM de Ejército del Centro, las Redes provinciales de Policía Militar de Valladolid, Cáceres, Ávila, Segovia y Toledo. Cada una tenía su propio jefe que ocupaba una oficina en el Gobierno Militar y, para el caso de la provincia de Cáceres, este puesto lo asumía Manuel Navarro Manzanares, al mismo tiempo que ostentaba la comandancia del Sector C-10. Para demostrar la autoridad por la que eran revestidos durante el desempeño de sus servicios, estas fuerzas, disponían de unos distintivos para brazalete, que los distinguían del resto de las unidades.

Ya hemos referido antes la misión de los grupos B o de Información que había en las zonas de cada Sector de Policía Militar, pero junto a éstos, existían otros dos tipos de grupos con diferentes cometidos: los grupos A o de vigilancia tenían como objetivo primordial la seguridad de las líneas de comunicación (ferrocarriles, puentes, carreteras, etc.) y el mantenimiento del orden entre la población. También era responsabilidad suya emprender acciones contra cualquier grupo de guerrillas o unidades mixtas republicanas que quisieran o lograran infiltrarse en el sector. Los grupos C o de exploración se ocupaban de las tareas de carácter más peligroso: incursiones, asaltos y sabotajes en el territorio republicano. Además, debían colaborar con los grupos “A” para impedir que el enemigo llevara a cabo el mismo tipo de operaciones “irregulares” en la zona nacional[14].

Otro servicio que prestaban estas unidades era la recogida física de la documentación enemiga cuando ocupaban una nueva localidad. Acompañaban a la vanguardia de las unidades de operaciones del Ejército cuando éstas tomaban el lugar, y acaparaban cualquier documento que ellos entendieran que fuera útil para ser utilizado como incriminación contra sus enemigos. Así lo corroboran las instrucciones secretas recibidas por las Divisiones[15].

Sobre este gran entramado documental, se sustentaron los ficheros que, los diversos Sectores que componían cada Sección SIPM de Ejército en que estaba organizado la masa total del Ejército sublevado al finalizar la guerra, utilizaron durante la inmediata posguerra, en los mismos frentes de combate, antes de que las tropas republicanas entregadas a las Divisiones franquistas pasaran a los campos de la retaguardia fascista, para que sin demora, pudieran ser acusados, bajo el correspondiente procedimiento sumarísimo, y tras  la urgentísima aprobación del fallo, se llevase a cabo la ejecución de la necesaria ejemplaridad de las sanciones a los individuos más significados con la República.

Organización de la Sección SIPM de Ejército del Sur (Sevilla)

La jefatura del SIPM de Ejército del Sur la ocupaba el teniente coronel Mario González Revenga[16], nacido en Irún (Guipúzcoa) en 1893, al inicio del enfrentamiento bélico, desde el 3 de noviembre de 1936 hasta el 18 de abril de 1937, había permanecido preso en las cárceles de Porlier y Modelo de Madrid como prisionero de guerra. Fue puesto en libertad y tras huir a Francia volvió a entrar a España por Irún el 30 de enero de 1938. Destinado el 3 de marzo al cuartel general del Ejército del Sur, efectuó su incorporación en Sevilla el día 19, haciéndose cargo del mando del SIPM:

La jefatura del SIPM de Ejército del Sur la ocupaba el teniente coronel Mario González Revenga.

“Como Jefe del SIPM y fuerzas de Policía y Ocupación tomó parte en las operaciones que dieron comienzo el 20 de julio [1938] para ocupar la zona de la Serena […]. Desde 1º de enero [de 1939] como finó el año anterior al mando de los Batallones y Escuadrones que accidentalmente y como refuerzo de las tropas afectas al SIPM fueron puestas a sus órdenes para perseguir a las Brigadas de Guerrilleros rojos infiltrados en Territorio Nacional en el sector de Montefrío (Granada) incorporándose seguidamente al cuartel General del Ejército establecido accidentalmente en Córdoba a consecuencia de la ofensiva Roja sobre el sector de Valsequillo y operaciones subsiguientes regresando a Sevilla el día 26 del mismo mes una vez terminada la contraofensiva propia. Asistió igualmente con el Cuartel General establecido inicialmente en Peñarroya (Córdoba) a las operaciones finales de la Campaña durante el mes de marzo al mando de las fuerzas del SIPM del Ejército del Sur, que para su misión de ocupación fueron reforzadas con nueve Batallones de Infantería, estableciendo los destacamentos en todos los pueblos desocupados de las provincias de Badajoz, Ciudad Real, Córdoba, Jaén, Granada y Almería”[17].

A mediados del mes de diciembre de 1938, se comunica a las fuerzas militares desde Sevilla, donde se encontraba la jefatura de la Sección SIPM de Ejército del Sur, que se modificaba la distribución en Sectores de la Policía Militar de la zona de vanguardia del Ejército, para organizar el Grupo del SIPM del IV Cuerpo de Ejército. La nueva estructura quedaba dispuesta de la siguiente forma:

Tabla que refleja la modificación de la distribución inicial de los Sectores de Policía Militar de la zona de vanguardia de Ejército del Sur, para organizarlos en Grupos. Diciembre de 1938 (Elaboración propia) [18].

Grupo SIPM Localidad de residencia del Grupo Sector Localidad de cabecera del Sector
 

II Cuerpo de Ejército

 

Villanueva de la Serena (Badajoz)

S-1 Villanueva de la Serena (Badajoz)
S-2 Monterrubio de la Serena (Badajoz)
 

IV Cuerpo de Ejército

 

Córdoba

S-3 Pueblonuevo (Córdoba)
S-4 Fuenteagría (Córdoba)
S-5 Bujalance (Córdoba)
 

III Cuerpo de Ejército

 

Granada

S-8 Cabra (Córdoba)
S-6 Granada
S-7 Lanjarón (Granada)

 

La Policía Militar del Sector S-1 de Ejército del Sur, cuya cabecera se localizaba en Villanueva de la Serena, era la que cubría la parte colindante o de contacto en la zona de vanguardia, con la unidad paralela del Sector C-10 de la Sección SIPM de Ejército del Centro, estudiada más arriba.

Así estaban las cosas en 1938, pero para el 20 de marzo de 1939, cuando ya se presentía el desplome enemigo en todos los frentes próximos que cubrían las Divisiones nacionales, la Sección SIPM de Ejército del Sur, ante la disyuntiva de ir teniendo que avanzar y liberar nuevos territorios, previendo la masa ingente de prisioneros que en un breve espacio de tiempo iban a caer en sus manos, recogió en unas nuevas directrices, la acción del Servicio que correspondería llevar a la práctica, a partir de entonces, a los Grupos, Sectores y Agrupación Móvil de Policía[19]. Entre otras pautas, se indicó que la zona ocupada quedaría en manos de las autoridades militares, manteniendo en ella el Estado de Guerra durante el tiempo que fuese preciso. También se estableció que cuando en el Sector hubiera una guarnición permanente de fuerzas militares, correspondería al jefe de las tropas la responsabilidad del orden público, en cuyo caso el jefe del Sector SIPM permanecería en calidad de delegado a las órdenes del jefe militar, aunque sus hombres y los puestos de la Guardia Civil ubicados en el Sector seguirían dependiendo del jefe del SIPM.

Otro detalle que llama la atención, es que la Sección SIPM de Ejército del Sur urgía, en caso de avance de los Sectores, que sus ficheros pasaran a cargo de las Redes provinciales que fueron las que facilitaron los antecedentes de las personas registradas en ellos. Con esta medida mantenían centralizado y a salvo de extravíos, el aparato delator que daba cobertura a sus agentes para facilitar su conocimiento acerca del cargo y la significación político-social de los prisioneros. Unidades de esta policía secreta, de cada división militar, remitían semanalmente los datos que recogían, a la sede del SIPM en Burgos, donde había comenzado a organizarse un “fichero de criminalidad” por pueblos y provincias[20].

El 29 de marzo mediante la Instrucción general nº 27 del Ejército del Sur, se señalaba a los escalones del SIPM, la nueva zona que se asignaba a cada uno de ellos[21] tras el rebasamiento inicial de las líneas enemigas. Previamente, habían sido agregados nueve batallones a los Sectores de reciente creación. Para montar los nuevos Sectores que se crearon en la provincia de Jaén, los que existían hasta entonces, es decir, los Sectores S-8, S-4 y S-5 se concentraron divididos en tres grupos cada uno. Dichos grupos se trasladaron respectivamente a Andújar (Jaén), Porcuna (Córdoba) y Baena (Córdoba), con objeto de seguir inmediatamente a los nuevos Sectores que se les asignaban (Jaén 1, Jaén 2 y Jaén 3), unidas a las fuerzas del Ejército de Ocupación (C. de E. de Andalucía al norte del Guadalquivir y C. de E. de Córdoba al sur del mismo río). Las unidades con las que se reforzaron en este caso fueron: 171º Bon América nº 23, 145º Bon Granada nº 6 y 156º Bon Argel nº 27, respectivamente, y su jefe superior era el comandante Canis.

Manuel Carracedo Blázquez, comandante de la Guardia Civil que en 1939 era jefe del Sector “B” del Servicio de Información y Policía Militar (SIPM) de Badajoz. Foto S. García.

Los Sectores de la provincia de Granada se establecieron concentrándose, para el caso del Sector S-1, a la inmediación de la columna que realizaba el recorrido Guadix-Baza (Granada) y, para el Sector S-6, dividido en tres grupos, se colocaron a la inmediación de la columna antes citada uno de ellos, de la columna que marchaba de Granada a Iznalloz (Granada) el segundo grupo, y de la que marchaba de Motril (Granada) a Albuñol (Granada) el grupo restante. Estos Sectores se reforzaron con el: 160º Bon Arapiles nº 7 y el 146º Bon Lepanto nº 5; su jefe era el comandante Carracedo, del C. de E. de Extremadura.

Los Sectores de Almería, lo hicieron formando tres grupos con las fuerzas del Sector S-7, uno de los grupos siguió a la columna que marchaba a Guadix (Granada), Baza (Granada) y Purchena (Granada), a la columna que siguió la dirección Guadix (Granada)-Gergal (Almeria) otro, y el último grupo, siguió el avance con la columna de la costa desde Motril (Granada). La Agrupación Móvil, se concentró en Granada para marchar al Sector A-2, siguiendo a las dos columnas que partieron de Guadix (Granada). Al igual que los anteriores se reforzaron con el: 151º Bon Toledo nº 26 y 149º Bon La Victoria nº 28, respectivamente, y su jefe era el capitán Machado.

El mismo día 29 también quedaron establecidas las fuerzas de los nuevos Sectores de Ciudad Real y Córdoba-Badajoz. Se reforzaron con el: 159º Bon del Regimiento Oviedo nº 8 y el 148º Bon del Regimiento Cádiz nº 33, respectivamente, y su jefe era el comandante Ampliato.

Zonas asignadas a la Sección SIPM de Ejército del Sur. 29 marzo 1939 (Elaboración propia) [22].

Provincia Sector existente Zona de concentración Nuevo sector Unidad militar de refuerzo Jefe
Jaén S-8 Andújar (Jaén) J-1 (Jaén 1) 171º Bón

América nº 23

Comandante Canis
S-4 (Porcuna, Córdoba) J-2 (Jaén 2) 145º Bón

Granada nº 6

S-5 (Baena, Córdoba) J-3 (Jaén 3) 156º Bón

Argel nº27

Granada S-6 Guadix-Baza (Granada)  

160º Bón

Arapiles nº 7

 

 

146º Bón

Lepanto nº 5

 

Comandante Carracedo
Granada-Iznalloz

(Granada)

Motril-Albuñol (Granada)
Almería S-7 Guadix-Baza-Purchena (Granada) 151º Bón

Toledo nº 26

 

 

Capitán

Machado

Guadix-Gergal (Almería)
Motril (Granada)
Agrupación Móvil A-2 Granada A-2 (Almería 2) 149º Bón

La Victoria nº 28

Capitán

Machado

Ciudad Real 159º Bón

Oviedo nº 8

Comandante Ampliato
Córdoba-Badajoz 149º Bón

Cádiz nº 33

Comandante Ampliato

 

Dos compañías de infantería afectas circunstancialmente a la Agrupación Móvil, que se concentraron en Pueblonuevo (Córdoba), relevando en los Campos de concentración de La Granjuela, Los Blázquez y Valsequillo (todos en la provincia de Córdoba) a las fuerzas del Sector S-1, quedaron encargadas de la custodia de los prisioneros.

Los nuevos Sectores que se crearon se denominaron abreviadamente por sus iniciales y números, y sus cabeceras radicaban en los siguientes lugares: la del Sector C.R. [Ciudad Real] en Almodóvar del Campo, la del Sector B.C. [Badajoz-Córdoba] en Pozoblanco (Córdoba), la del Sector J-1 en Jaén, la del Sector J-2 en Linares (Jaén), la del Sector J-3 en Villacarrillo (Jaén), la del Sector G-1 en Guadix (Granada), la del Sector G-2 en Baza (Granada), la del Sector A-1 en Almería, y la del Sector A-2 en Huercal Overa (Almería).

Denominación de los nuevos sectores asignada a la Sección SIPM de Ejército del Sur. 29 marzo 1939 (Elaboración propia)[23].

Nuevo sector Localidad de cabecera
C.R. (Ciudad Real) Almodóvar del Campo (Ciudad Real)
B.C. (Badajoz-Córdoba) Pozoblanco (Córdoba)
J-1 (Jaén 1) Jaén
J-2 (Jaén 2) Linares (Jaén)
J-3 (Jaén 3) Villacarrillo (Jaén)
G-1 (Granada 1) Guadix (Granada)
G-2 (Granada 2) Baza (Granada)
A-1 (Almería 1) Almería
A-2 (Almería 2) Huercal Overa (Almería)

 

Pero días después, una nueva circular secreta de la Sección SIPM de Ejército del Sur a los Grupos y Sectores, del 7 de abril de 1939, informaba que por resolución del Generalísimo la zona de acción del Ejército del Sur quedaba incrementada con la parte de la provincia de Badajoz que había sido liberada, cediendo al Ejército del Centro la parte de Ciudad Real que anteriormente se le había señalado. Como consecuencia de ello, los Sectores de Policía Militar se agruparon de la siguiente forma[24]:

Sectores que forman Grupos Mando de cada Grupo
Sector de Badajoz Comandante de la Guardia Civil

Manuel Carracedo

Sector de Córdoba
Sectores de Jaén Comandante de Infantería

Antonio Ampliato

Sectores de Granada Comandante de la Guardia Civil

Luis Canis

Sectores de Almería Capitán de la Guardia Civil

Manuel M Machado

 

  1. Ejército del Centro sublevado: Organización de los prisioneros republicanos

Inicio del cautiverio

Identificación de los prisioneros

Prisioneros republicanos.

Entregados sin resistencia como había sucedido y percatándose que les trataban como a prisioneros, sacándoles del local donde habían permanecido durante la primera noche, un salón de actos destartalado de Casas de Don Pedro, tras desvalijarles todos los objetos valiosos y amenazantes, otros guardias, que no debían ser ya los Guardias Civiles que inicialmente les habían custodiado, les formaron y, sin decir palabra, les condujeron hacia las afueras del pueblo, como a tres kilómetros. Se veía un cortijo. Destacaba su blancura entre un olivar. Una alambrada espinosa circundaba, así como en cincuenta metros, al cortijo. Penetraron en el recinto por una entrada vigilada por unos soldados”[25]. El miércoles día 29 de marzo entraron al fatídico cortijo Zaldívar que habían convertido en campo de concentración para todos los de la misma Brigada; allí tenían sus ficheros completos, según ellos les manifestaron, y sabían quiénes eran cada uno, por eso tan pronto llegaron empezó la selección. A todos los jefes y oficiales se les obligó a suscribir una ficha, y se les conminó a que cada uno expusiera la actividad de los demás que conociera y dijera su empleo y cargos. También se les llamó a todos los soldados, y la Junta Clasificadora les preguntó los mismos datos y la actividad de sus oficiales y jefes”[26].

A finales del siglo XIX, los archivos judiciales representaban el laboratorio privilegiado en el que se elaboraban las técnicas y las prácticas conseguidas en términos de registro de los individuos. Las administraciones penales buscaban, en concreto, registrar con precisión la identidad de los prisioneros, y los servicios policiales desarrollaban unos medios que permitieran identificar con certidumbre a los individuos detenidos. Esas diferentes hojas de identificación judicial, que recogían los antecedentes, se unieron y condujeron a la reorganización de los silos de información que constituían los ficheros de policía y de justicia, cada vez más voluminosos[27].

La mayor parte los prisioneros que habían sido conducidos al Campo, estaban ya identificados para el 5 de abril de 1939, así lo manifestaba la Orden del general jefe del Ejército de Operaciones del Centro, que solicitaba la situación de núcleos de concentración de prisioneros. Habían conseguido sus nombres y empleo militar y, para el caso de Zaldívar, el contingente era el siguiente: 4 jefes, 109 oficiales, 154 suboficiales, 3.343 de tropa y 13 comisarios políticos, es decir, un total de 3.623 prisioneros[28].

Campos de concentración provisionales: personal técnico (interrogadores: SIPM), de custodia y de escolta

Fuerzas: 338º Batallón del Regimiento Infría La Victoria nº 28, 4ª Cía. Dependiente de la Jefatura de Policía Militar del Sector C-10

 El relato del escribiente de las compañías (que en la vida civil era maestro de escuela en un pueblo de Teruel), cuenta que, junto con el resto de sus compañeros, fueron vigilados ya dentro del campo, por la atenta mirada de los guardianes que:

“Portaban un brazalete en brazo derecho que decía: Policía. Ya en el edificio, un gran   patio empedrado con arte y, en el centro del mismo, un pozo de alto brocal, con su     polea y pozal para la extracción del agua cristalina que contenía… Otro guardia,           soldado nacional, vigilaba el pozo. Sólo podían utilizar el agua de referencia los de             casa. Éstos la constituían: el Jefe, un alto y espigado teniente. Siempre con una porra   en su mano derecha, paseaba su figura uniformada con relucientes polainas y zapatos,          volteando constantemente su porra, casi como lo hacen hoy las majorettes […] Eso sí: hablar, no hablaba. De ello se encargaban los Doce; doce soldados, gallegos todos   ellos, que transmitían las órdenes.

El Jefe era de Salamanca, me dijeron. Y además había sido maestro nacional. Me        alegró saberlo, pues un compañero, en aquella situación, podría echar una manita si     llegaba el caso.

El Campo de Concentración (que no otra cosa era entonces el cortijo) se titulaba Casa Zaldívar[29].

Juan Moraño Valle, teniente republicano desaparecido en el Campo de concentración Zaldívar-La Boticaria. Foto Trinidad Infante Moraño.

Pero ¿de qué clase de policía se trataba? La pista nos la da la primera carta enviada a su familia desde el Campo, por un teniente prisionero allí, Juan Moraño Valle, que pertenecía al 434º Bon de la 109ª Brigada Mixta:

“Campo de concentración a 1 de abril 1939. Saludo a Franco ¡¡Arriba España!! Queridos padres y hermanos me alegraré que al ser ésta en vuestro poder os            encontréis disfrutando de un magnífico buen estado de salud; yo me encuentro muy        bien a Dios gracias.

La presente es sólo para comunicaros que me encuentro en la zona nacionalista desde             el día 27 del mes pasado [marzo] y como os digo antes me encuentro muy bien.       Espero me contestéis tan pronto podáis.

Un millón de besos y abrazos para mis queridos hermanos y demás familiares y Vds.    reciban un gran abrazo de vuestro hijo que no os olvida. Juan [rubricado]

Señas: 109 Brigada Mixta 434 Bon 4ª compañía. Campo de concentración ‘Zaldívar’.     Estafeta 43 ¡¡Viva Franco!!”[30].

El sobre de esta misiva que la familia de Juan Moraño conserva, indica en el matasello que lleva impreso en el anverso, la identidad de la unidad que lo custodiaba, donde se lee: “Regimiento de Infantería la Victoria nº 28, Batallón 338, 4ª Cía[31].

Esta unidad, como ya hemos dejado dicho más arriba, aunque era un Batallón de Orden Público y como tal, pertenecía a la 19º División del Ejército del Centro, estaba afecta al SIPM y a las fuerzas especiales de éste, realizando funciones de investigación secreta y de contraespionaje, además de mantener las labores de orden público referidas, en la zona próxima al frente.

En el cuadro que mostramos más abajo, aparece con fecha 20 de marzo de 1939, la ficha de estado de la unidad, donde en la misma puede apreciarse que estaba destinada al Servicio de Policía Militar y Campaña, dependiente de este servicio de la Jefatura de Policía Militar del Sector C-10. Por lo tanto, se trataba de una compañía adscrita al temido SIPM, Servicio de Información y Policía Militar, cuyas fuerzas subalternas, también realizaban servicios de custodia en campos de concentración.

 

Estadística. Estados ficha Ejército del Centro, División 19, mes de marzo [32]

Ficha de Batallón o unidad similar. Ejército del Centro

Cuerpo de Ejército                                         División 19

Brigada:                                                          Media Brigada

o Agrupación

Batallón núm.:  338. Denominación: Guarnición. Regimiento de Infría La Victoria nº 28                           Situación de esta Unidad en 20 de: marzo de 1939

Residencia: Plana Mayor. Logrosán.

Sector de frente que cubre:

Misión o trabajo a que está destinada: Servicio de Policia Militar y Campaña, dependiente de este servicio de la Jefatura de Policia Militar del Sector C-10

Nombre del Jefe: Comandante Don Pedro Saenz Vallejo.

 

En realidad, orgánicamente “La Jefatura del SIPM dependía directamente de S.E. el Generalísimo, cursando todos los asuntos corrientes por conducto del General Jefe del E. M., General Francisco Martín Moreno. La dependencia orgánica recaía pues directamente sobre Franco, […]”[33].

Como se ha dejado dicho más arriba, era la Dirección de los Servicios de Etapas, quien se encargaba del restablecimiento de la vida civil y militar en el territorio ocupado. Nombraba a un Comandante Militar en la localidad, y dictaba una serie de órdenes para que las relaciones fluyeran por los cauces de paz y concordia en el municipio. También se encargaba de dictar las instrucciones para la organización y funcionamiento de los centros de reunión de los prisioneros que eran capturados o se entregaban, según iba avanzando la ofensiva.

En cada campo de prisioneros había tres clases de personal: técnico, de custodia y de escolta. El personal técnico, se componía de los oficiales interrogadores y el personal subalterno que les ayudaban en su cometido. Estos oficiales eran los únicos responsables de todas las operaciones que se realizaban con fines de información y, en consecuencia, sus decisiones eran observadas por todo el personal técnico, de custodia y de escolta, si bien dejaban a cada cual, la iniciativa del desempeño de su especial cometido. Su misión era la recepción, clasificación, interrogatorios, registro, evacuación y notificación al escalón superior, del prisionero.

Prisioneros republicanos formados en la explanada del Campo.

Su labor primordial era la de recoger la declaración más veraz, que era sonsacada al detenido en el interrogatorio durante el cual “El Oficial interrogador no se limitará a un simple sistema cerrado de preguntas y respuestas, si no que haciendo uso de la mayor habilidad procurará obtener de los prisioneros todos los datos que se interesan en las instrucciones particulares para cada escalón, utilizando en el interrogatorio cuantos artificios le sugieran su imaginación y experiencia[34].

En otra instrucción del Ejército del Centro, a los comandantes militares, acerca de sus obligaciones para el correcto desempeño de su cargo en la plaza de su jurisdicción se recalca que:

“Los Agentes del S.I.P.M., cuya misión es el espionaje, contraespionaje, Orden Público en la Zona de Vanguardia y la información general, son los conocedores de antecedentes políticos-sociales del vecindario y los que pueden orientar sobre la conveniencia o no de facilitar pasaportes y salvoconductos, así como conocer los que hayan desempeñado cargos políticos por los rojos o hayan sido autores de hechos delictivos”[35].

Además, se le recordaba que “se invitará al vecindario para promover denuncia sobre actos criminales o de sangre”.

Ya hemos descrito la clase de policía que custodiaba el Campo del Zaldívar, cuando entraron prisioneros aquel 29 de marzo de 1939 por el gran portalón de daba acceso al mismo. Ahora queremos responder a la pregunta que también nos hacemos, de quién era aquel “jefe, alto y espigado, siempre con una porra en la mano derecha que paseaba su figura uniformada con relucientes polainas y zapatos, volteando constantemente su porra y que, además, era de Salamanca y maestro nacional, por lo cual Francisco se alegró pues como compañero de profesión le podría echar una mano si llegaba el caso”, que más bien parece que no llegó.

Transcribimos del expediente militar del alférez Lamberto López Elias que, desde el 11 de junio de 1938, estaba encuadrado en la 4ª Cía del 338º Bon. Había quedado como Comandante Militar de la plaza de Navalvillar de Pela [Badajoz] hasta el final del año 1938. Durante los primeros meses de 1939 siguió en la misma situación, hasta el día 28 de marzo “que por jornadas ordinarias se trasladó al Campo de Concentración de prisioneros de Casa Zaldívar (Badajoz) el cual quedó organizado y custodiando como Jefe del mismo y Vocal de la Comisión Clasificadora, hasta que el día 25 de abril, por jornadas ordinarias y por ferrocarril, se trasladó con la compañía a Almadén (Ciudad Real)[36].

El alférez Lamberto López fue el jefe del campo de concentración desde el 28 de marzo hasta el 25 de abril de 1939, es decir, hasta un día antes en el que los 2.284 prisioneros de Zaldívar pasan bajo la jurisdicción del Ejército del Sur[37].

Este alférez provisional habilitado como teniente, nació en Los Valcáceres (Burgos), el año 1908, cursó estudios en la Escuela Normal de Ávila. Durante el año 1930, comenzó su periplo como soldado de ingenieros en activo, hasta que el 15 de julio de ese mismo año, solicita la licencia para contraer matrimonio en Casas del Puerto de Villatorre (Ávila). A partir del 30 de abril de 1932 continuó en 2ª situación de servicio activo durante 5 años y medio. En el año 1937 se incorporó a la Caja de Reclutas de Ávila, desde donde fue movilizado su reemplazo, para participar en la Guerra Civil.

Ya hemos referido en qué unidad prestó sus servicios hasta abril de 1939. El 16 de mayo regresó a la Plana Mayor de su Regimiento en Salamanca. El día 11 de junio de 1939 fue designado para el cargo de profesor de la Academia de Sargentos de la 2ª Cía de Destinos; el día 18 de septiembre del mismo año quedó en situación de disponible forzoso por exceso de plantilla con residencia en El Cabaco (Salamanca)[38]. Desde el año 1931 hasta 1964 (exceptuando el paréntesis de la guerra), ejerció como maestro dando clase por las escuelas de Grandas de Salime (Asturias), El Arenal (Ávila) y Cereceda de la Sierra. En 1964 tomó posesión de la escuela unitaria de El Cabaco [Salamanca] hasta 1974 que pasó a disfrutar de la merecida jubilación; ese mismo año se le concede por el Ministerio de Educación y Ciencia la Cruz de la Orden Civil de Alfonso X El Sabio, como reconocimiento a los méritos docentes contraídos[39].

Complejo concentracionario / Campo de concentración provisional de Zaldívar

La memoria es “topófila”: se vincula a territorios, itinerarios, espacios públicos, fronteras, etc[40]. La noción de “lugar de memoria” fue popularizada por Pierre Nora. Este autor ha tratado de dotarla de un sentido referido al locus memoriae de la retórica romana, artificio con el que el orador se fija una idea o un lugar, un punto de apoyo, para hilvanar su discurso. Los lugares de memoria nacen y viven del sentimiento de que no hay una memoria espontánea, y que es necesario mantener aniversarios, celebraciones, archivos para que la memoria no se pierda.

Con la crisis de la memoria tradicional y espontánea surge un nuevo tipo de memoria “moderna”, que ya no es espontánea, sino indirecta: es múltiple, descentralizada y democrática, y ya no está controlada por la familia, la Iglesia o el Estado; se basa más en la rememoración que en la repetición; tiene componentes más psicológicos, individuales y subjetivos que colectivos y se experimenta más como un deber que como una rutina[41].

Hablar de lugares de memoria en la España contemporánea en relación a la guerra civil, implica dirigir la atención a una clase especialmente controvertida de lieux, aquellos referidos al pasado traumático y a la sucesión histórica de políticas públicas de memoria y movimientos memorialistas de diversa índole relacionados con él.[42]

Ortofotografía que recoge la situación de los cortijos Zaldívar y La Boticaria, junto al lugar del olivar donde estuvieron ubicadas las fosas en término municipal de Puebla de Alcocer, cercano a la localidad de Casas de Don Pedro.

En este epígrafe, nos estamos refiriendo a dos cortijos extremeños, habilitados como campos de concentración; uno era el que daba nombre al complejo concentracionario, “el cortijo o casa Zaldívar […] que en realidad pertenece al término municipal de Puebla de Alcocer [Badajoz], […] polígono 7, parcela 336”[43], y el otro contiguo al primero y, también en el mismo término que el primero “[la casa o cortijo] “La Boticaria”, polígono 7, parcela 432”[44]. Ambos sitos a escasos tres kilómetros de la localidad de Casas de Don Pedro, estaban orientados a la explotación y transformación de los recursos agropecuarios, función con la que continúan en la actualidad. Cuando las autoridades militares decidieron que, para dar un escarmiento ejemplarizante, había que ejecutar una cantidad indeterminada de prisioneros, necesitaron un lugar apropiado para llevar a cabo la salvaje acción. El dueño de la finca Casa de Zaldívar, aunque inicialmente concedió que fuera empleado el cortijo como lugar de reclusión, más tarde se negó a que en sus campos fueran asesinadas y enterradas un considerable número de personas. Pero Doña ‘Natis’, la registradora, propietaria de la casa de “La Boticaria” no era del mismo parecer. “Le dijo a la Guardia Civil: «Traigan aquí a todos los rojos de España para matarlos»”[45].

El cortijo de Zaldívar y el cortijo de “La Boticaria”

Nosotros vamos a fijar el foco de atención en un punto de apoyo, un lugar, alrededor de un hecho trágico, un asesinato en masa, que podríamos tipificar como genocidio, acaecido en el olivar de uno de los cortijos a los que nos venimos refiriendo a lo largo de la exposición, el denominado casa de “La Boticaria”, habilitado como campo de concentración provisional.

Al acabar la guerra, la unidad militar republicana que estaba luchando en el frente extremeño en aquella comarca, la 109ª Brigada Mixta, se encontraba en las cercanías de la localidad de Talarrubias (Badajoz), como ya sabemos. Sus hombres se entregaron en masa a las fuerzas militares de Franco, el día 27 de marzo de 1939, en el vado del río Guadiana denominado Barca. De allí los trasladaron al pueblo de Casas de Don Pedro (Badajoz), donde fueron encerrados en un local.

Al día siguiente, los 2.000 o 3.000 prisioneros, fueron conducidos caminando, durante tres kilómetros, a un cortijo llamado Casa de Zaldívar, acondicionado como Campo de concentración, ya dentro del término de Puebla de Alcocer, aunque a quince kilómetros de su núcleo urbano.

Oficialmente el Campo de concentración o Complejo concentracionario de Zaldívar, pasó bajo la jurisdicción del Ejército del Sur, el 26 de abril de 1939,[46] y la mayoría de los 2.284 prisioneros que continuaban todavía allí, fueron trasladados al Campo de concentración de Castuera (Badajoz), y, otro grupo más reducido, al cercano cortijo de “La Boticaria” que formaba parte del complejo, donde se unieron con el resto de los que ya se encontraban en él, en total unos 200 cautivos, mientras “se llevan a cabo el cumplimiento de misiones que no admiten demora”.[47]

Ermita de la “Virgen de los Remedios” (Casas de Don Pedro)

Junto a los dos cortijos de las inmediaciones de Casas de Don Pedro, la ermita que se encontraba en el mismo pueblo, llamada de “Virgen de los Remedios”, también albergaba presos civiles, que “el 15 de mayo de 1939 por la mañana, poco antes de las doce del mediodía, en un camión militar, transportaron a los prisioneros desde la ermita del pueblo hasta el cortijo de “La Boticaria”; pasaron junto a la casa de una hermana de Felisa y, aunque no llegó a ver a su hermano [Alfonso, 17 años] (pensaron que se agacharía para que no le vieran que se lo llevaban), se imaginaron que los trasladaban para fusilarles[48].

Tribunales provisionales de clasificación: presidente, oficiales y un capellán

Comentamos en un párrafo anterior, que la forma en la que debían organizarse los trabajos de represión llevados a cabo por las unidades del SIPM, eran indicados directamente mediante órdenes que el Generalísimo dictaba. Y así se recoge en las Normas para la aplicación de las instrucciones de fechas de 27 de marzo y 6 de abril de 1939, respectivamente, sobre campos de concentración de prisioneros[49]. Por ellas sabemos que:

“En cada Campo de Concentración, se constituirán tres Tribunales Provisionales de Clasificación, designados por el Jefe del Batallón de custodia e integrados, por un Capellán y tres Oficiales del mismo, de los que el de mayor graduación o antiguedad desempeñará el cargo de Presidente y el Capellán y los otros dos, el de auxiliares; teniendo estos últimos que poseer títulos facultativos o de carreras especiales, pudiendo designarse a falta de ellos, Suboficiales o clases de Tropa que los posean”[50].

Interior del cortijo Casa de Zaldívar. A la derecha brocal del pozo de agua.

En el párrafo que acabamos de leer, se habla de tribunales y no de comisiones de clasificación, por lo cual, siempre nos quedará la duda de si lo que se estaba iniciando desde ese momento, fueran las diligencias de un procedimiento sumarial o una mera clasificación.

Hay que pensar entonces que, en Zaldívar, se crearon tres tribunales de clasificación y, en uno de ellos, Lamberto López, formaba parte como vocal, lo cual nos indica que, por encima de él, había otros oficiales de mayor rango que ocuparían el puesto de presidente en cada uno de ellos.

Clasificación de prisioneros. Prisioneros con función de mando. Prisioneros informadores

La primera clasificación que se establece dentro del campo se lleva a cabo exclusivamente teniendo en cuenta su edad; los mayores de 32 años o que no estuvieren ya en edad de ser movilizados a un lado, y los menores o en edad de poder ser movilizados, en otro.

Realizada ésta, tras una selección escrupulosa, teniendo en cuenta antecedentes, conducta, profesión, etc., se designan los individuos susceptibles de ser empleados en las funciones de mando e información. “Los seleccionados para el Mando, ejercerán este cargo como Jefes de Grupo y serán dados a conocer ante los prisioneros, advirtiéndoles que les deben absoluta obediencia. A dicho fin, se estimará como grupo el que se compone por los que integran un Batallón enemigo. Los Jefes de Grupo se entenderán directamente con el del Batallón Nacional que ejerza las funciones de custodia y vigilancia”[51].

En las cartas enviadas por el prisionero Juan Moraño hace constar el número de batallón en el cual estaba integrado: “109 Brigada Mixta 434 Batallón. 4ª Cía, Campo de Concentración Zaldívar”, que es el mismo que aparece en la correspondencia enviada por el comisario de compañía Andrés Barrero Rodríguez:

“1 de abril del año 1939. Mi querida esposa e hijos, me alegraré que al recibo de ésta os encontréis todos bien; yo hasta el presente bien a Dios gracias. Petra e hijos ésta no es más que para deciros que no paséis pena por mí pues pronto espero de abrazaros a todos; estamos muy bien tratados por todos los jefes, oficiales y soldados del Generalísimo Franco. Un millón de besos de éste que mucho os quiere, vuestro Andrés. ¡Arriba España¡¡Viva Franco!. Señas: 109 Brigada, 434 Bon ametralladoras, Campo de concentración (Zaldíbar). Estafeta nº 43”[52].

 Si los grupos en que estaban divididos dentro del campo, se formaban teniendo en cuenta los hombres que integraban los batallones enemigos, como se refleja en las normas, Juan y Andrés, estaban en el mismo grupo, ya que los dos señalan el 434º Bon como propio, independientemente de que uno perteneciera a la 4ª Cía y el otro a la de Ametralladoras.

La labor más rastrera a desempeñar era la realizada por los seleccionados para el servicio de información, puesto que además de que “serán advertidos de la grave responsabilidad que contraen, si a sabiendas o por falta de elementos de juicio, informaran maliciosa o erróneamente al Tribunal de Clasificación, emitiendo informes falsos o silenciando antecedentes que deban ser conocidos. Los informadores darán cuenta inmediata al Presidente del Tribunal de los datos que posean o vayan adquiriendo. El número de los seleccionados para este cometido será variable, en atención a los que se consideren capacitados para el mismo; pero en general, debe ser siempre inferior al de 15, procurando tener un informador por cada Batallón prisionero”[53].

Estos informadores actuarán como verdaderos chivatos de sus propios compañeros y, muchas veces, llevados por pequeñas rencillas durante el desempeño de sus labores durante la guerra; valga de ejemplo el siguiente testimonio.

Pasados dos días de haber entrado en el Campo, un amigo comunica a Francisco Buj y sus compañeros que:

“- Acaban de llevarse a Zacarías, el de Allepuz [Teruel].

– Imposible, dije. Ese chico es incapaz de cometer ningún delito. Lo conozco muy bien.

– Todo lo que tú quieras, pero como había dicho que se cargó al cura de Casas de Don Pedro, se lo han llevado a ese pueblo”[54].

Francisco Buj Pastor, escribiente de las compañías del 436º Batallón y autor de las memorias.

Nuestro escribiente militar y autor de las memorias, era maestro de la escuela en Allepuz en 1936. Conocía muy bien a todo el pueblo. Era cierto que Zacarías había comentado -para hacerse el valiente ante los jefes-  haber tirado una granada en la plaza de Casas de Don Pedro y haber alcanzado con ella al párroco. Lo cierto era que él no había tirado esa granada, sino que se vio envuelto en aquel fregao, pero sus palabras le costaron la vida.

“Me extrañó tanta osadía en Zacarías y, cuando pude cogerlo a solas, le pregunté:

-¿Cómo te las arreglaste para lanzar la granada desde el macho [sic], corriendo a todo galope?

Y me contestó:

Yo no tiré nada; sólo que vi al Cura que caía al suelo, no sé si herido o muerto… Si lo dije es pa que se crea el Comisario que soy un valiente.

Recuerdo que el barbero del Batallón aquel, natural de ese pueblo, a su padre lo habían matado los rojos, según él decía. Es muy posible que, ya en el Campo, denunciara a Zacarías como el asesino del Cura de su pueblo, pues las Comisiones que funcionaban entre los mismos prisioneros resentidos de la actuación de los rojos, se distinguieron por la cantidad de denuncias con todos los agravantes que formularon. Entonces estábamos a merced no sólo de los franquistas, sino también de los mismos a los que considerábamos compañeros”[55].

Pero la clasificación más determinante para la depuración de las responsabilidades era la conceptuada como segunda clasificación. Dependiendo de los datos facilitados por los informadores, se procedía a la separación de los que habían desempeñado cargos como comisarios políticos, jefes y oficiales del ejército rojo. Inmediatamente, se los reducía a prisión, en un lugar convenientemente vigilado y se les hacía rellenar la ficha de clasificación y, con la mayor urgencia, eran puestos a disposición del Auditor del Ejército de Ocupación.

La ficha clasificadora se rellenaba por duplicado y también se remitían los originales y las copias a la Auditoría del Ejército a fin de que por la misma se les diera el curso prevenido en las instrucciones de 11 de marzo de 1937.

Por último, reunido el número de pruebas y elementos de juicio necesarios dentro del Campo de Zaldívar, el Tribunal establecía una tercera y definitiva clasificación:

           “A).- Mayores de 32 años que tengan buenos antecedentes.-

B).- Mayores de 32 años que carezcan de antecedentes.-

C).- Mayores de 32 años con antecedentes desfavorables, no   constitutivos de            delitos.-

D).- Menores de 32 años con buenos antecedentes.-

E).- Menores de 32 años con antecedentes desfavorables no    constitutivos de delito.-

F).- Menores de 32 años que carezcan de antecedentes”[56].

Resolución

En vista de lo anterior y de lo determinado en la segunda clasificación, los presidentes de los Tribunales acordaban la resolución de cada prisionero clasificado que hacían constar en su ficha. Para muchos de los jefes, oficiales y comisarios, solamente por su responsabilidad dentro de las filas del ejército y, más aún, si su afiliación política era comunista, era ya motivo suficiente como para ser conceptuados como reos con delitos.

“A).- Prisión.- Para los comprendidos en el número 2 (Segunda clasificación), o sea, los que en principio son considerados responsables de delitos, y en su consecuencia deban ser objeto de investigación judicial, a cuyo fin se les pondrá con la mayor urgencia a disposición de la Auditoría respectiva”[57].

Avales para salir del Campo: correspondencia cautiva vigilada

Consciente de la última oportunidad para salir del Campo, Andrés Barrero solicita a su mujer:: “Dirás a madre que si puede vaya a ver a Don Victoriano, y a Eustasio que se vea con el Sr. Ramón”.

De entre el grupo de mandos más destacados, los que tuvieron la posibilidad de recibir avales o la confirmación de buena conducta, continuaron su periplo punitivo y judicial, primero en Castuera y, más tarde, en su localidad de origen o en su prisión provincial, pero los consignados con algún delito, como ser comunista, o que tuvieran alguna Causa pendiente, permanecieron allí con el fin de que se llevaran a cabo el “cumplimiento de misiones que no admitían demora”: su ejecución y desaparición.

Si el prisionero tenía la suerte, dentro del mismo Campo de Zaldívar, de haber recibido los esperados avales a tiempo y, se comprobaba, mediante los propios archivos del SIPM, la falta de antecedentes políticos y “delictivos” y que no tenía denuncia alguna interpuesta, era trasladado al Campo de Castuera, como ya hemos dejado escrito arriba y, allí, tras nueva comprobación se le expedía un salvoconducto que le permitiera salir del Campo en libertad, pero con la condición de que se presentara en la Comandancia militar del pueblo en donde residiera. Allí rellenaba una nueva ficha clasificatoria en espera de que se comprobara, otra vez, si tenía delitos pendientes o alguna denuncia contra él. Bastaba que hubiera residido durante la guerra en territorio republicano y haber servido en su ejército, para que se le ingresara en prisión, y que un Juzgado militar le instruyera Causa por dicho delito.

Francisco Buj, testigo memorialista de los hechos, recoge en su relato que, el mismo día de su entrada en el campo:

“Los soldados fachas nos formaron y procedieron a darnos un puñado de higos secos y una toma de chocolate, sin más. Devoramos con rapidez aquel rancho y, a decir verdad, pensábamos:

-Con esta ración diaria ya no hay quien se muera de hambre…

Y deambulábamos por los estrechos alrededores del campo para orientarnos y tomar el sol. Había dos puertas en las alambradas, con su correspondiente vigilancia. Algunas personas, mujeres la mayor parte, podían visitar a los prisioneros que nos precedieron. Algunas llevaban los avales de las autoridades franquistas y libertaban al prisionero. Otras se limitaban a llevarles algo de comer y a darles consuelo. ¡Cómo envidiábamos a los extremeños! ¿Quién vendrá a vernos a nosotros?”[58].

“Campo de Concentración Zaldívar. Estafeta 97 (97), 2º Batallón”.

Insistimos, como se refleja en las memorias, de la necesidad de los avales como primer paso para poder salir de aquel lugar. Debía ser un aspecto fundamental que, desde el principio, los guardianes de su custodia, les dejaron claro a los prisioneros. La angustia de los foráneos al ver que su posesión permitía abandonar el Campo a los lugareños en busca de su libertad, haría que aquellos pensaran que sucumbirían, por la falta de una adecuada alimentación e higiene, antes de que llegaran a tiempo los que ellos habían pedido mediante el correo.

El terror de que cupiera la posibilidad, en cualquier instante, que por una delación o el simple azar de estar en el lugar menos indicado y ante la persona menos adecuada en el momento menos oportuno, acabara con sus exiguas ilusiones, impresionaba constantemente la mente de los prisioneros, que seguramente no dejaban de pensar en sus familiares. Además “muchos de los detenidos intentarían falsificar su identidad con el objetivo de esquivar en lo posible el castigo que les aguardaba como perdedores”[59]. Estos bajo continuos sobresaltos, añadirían a sus ya deprimentes condiciones, la ansiedad y angustia producidas por verse reconocidos en cualquier momento.

La única salida que veían clara, ante la arbitrariedad de sus captores, era la de que alguien, desde fuera, intercediera por ellos, mediante sus avales. Había que tener mucho cuidado en la redacción de los enunciados de las cartas, ya que, al margen de que tenían que atravesar la consabida censura, había que evitar comprometer a cualquier persona del exterior; además, a pesar de que fuera mentira, debían dejar en buen lugar a sus guardianes:

“A través de la reja de la gran ventana del amplio comedor veíamos al jefe del Campo y al Pater […] En aquella ventana había una ranura, por donde se introducían las cartas, que iban a caer a una gran cesta. Allí permanecían hasta que se llenaba. Yo no pude escribir, ni la mayoría de los compañeros, hasta que, pasaos varios días, me atreví a suplicar a una pobre mujer me diera papel, sello y sobre para mandarla a mi madre. Lo hizo con la mayor naturalidad y afecto: ‘¡Pues no faltaba más! ¿Es que no lo hubiera hecho su madre a mi hijo, si estuviera él en su tierra?’

-¡Claro que sí, señora!, le dije. Gracias.

Así pude escribir a mi madre, pidiendo con urgencia los avales y, haciendo el hipócrita, le decía que se nos portaban estupendamente, que comíamos de primera, que sólo se debía enviar un giro para el viaje de regreso, que nos iban a dar los pasaportes, etc., etc. Y otras mentiras no menos garrafales.

Calculé que aún tardarían varios días en dar curso a la carta, pues la cesta no estaba ni mediada. El caso es que no recibí los avales en el Campo; mi madre me había de decir luego que los pidió enseguida, pero el Secretario de Mirambel no quiso hacerlos, pues correspondía al de Allepuz (otro pueblo turolense), de cuya Escuela yo era titular”[60].

Comoquiera que ni a Francisco ni a Pepe García, un amigo valenciano que se encontraba junto a él dentro del Campo, les llegaban los avales, recurren a la amistad de unas muchachas de Navalvillar de Pela, de las cuales se enteran que, una de ellas, era hija del alcalde. Este y su hija se presentan en el Campo, e interceden por los presos a los que reconocen y, consiguen, tras muchas negativas del Jefe del Campo, que se les den los permisos provisionales (confirmables cuando llegaran los avales de los pueblos).

“Pocos fachas, entonces, estaban dispuestos a favorecer a los que estuvimos en zona republicana.

¿Recuerdas, amigo García? Cómo aguzamos el ingenio. No muy lejos del campo, conocíamos a una chica. Preguntamos por ella y nos dijeron que su padre era el Alcalde de aquel pueblo, Navalvillar de Pela. Vinieron a vernos al campo el padre e hija. El Alcalde respondía por nosotros, pero el compañero Jefe del Campo dijo:

-Son órdenes de Franco y no puedo dejar salir a nadie hasta que se reciban los avales de sus pueblos…

Y pensábamos:  -Cuando nos lleguen, ¿viviremos?

“Al fin conseguimos que nos dieran, provisionalmente, la libertad después de un mes de prisión en aquel odiado “hotel” y pudimos, al fin, perder de vista a sus administradores”.

Gracias al Alcalde (nos visitaba casi a diario), al fin conseguimos que nos dieran, provisionalmente, la libertad después de un mes de prisión en aquel odiado “hotel” y pudimos, al fin, perder de vista a sus administradores.

Eran las siete de la tarde a finales de abril. Pedimos al Jefe nos entregara el dinero bueno (habíamos entregado, ya el primer día, en un sobre que nos dieron, la cartilla militar -ya no la he vuelto a ver-  y todo el dinero, con la promesa de que el día de nuestra libertad nos entregarían el de las series buenas). Pero, dijo el señor que, como no habían tenido tiempo de hacer el recuento de todos, que lo recibiríamos por conducto de las Alcaldías respectivas.

– ¿A qué pueblo dices que vas tú?, me dijo hasta con cariño.

– A Mirambel, respondí.

– ¿Y tú?, dijo a mi amigo entrañable.

– A Canet de Berenguer.

– Marchad tranquilos, que allí recibiréis la documentación y el dinero.

Me daban náuseas aquellas palabras con las que se identificaba, pues estábamos más que convencidos de que jamás llegarían a nuestras manos, pues catalogábamos a todos aquellos señores de la misma manera. Y es que, como me había de decir con el tiempo otro amigo: Parece mentira que no te hayas aún convencido del todo. Estos fascistas actúan todos según su ideario inhumano. Es lo suyo.

Pero yo aún dudo si el dinero se lo quedaron en el Campo o en la Alcaldía… Es lo mismo. Más cosas veremos aún en estos cuarenta años de franquismo.

En el momento de salir del Campo, llegaba un carro con chuscos, y García dijo:

-Paco, siéntate aquí, que voy a ponerme en cola para coger nuestra ración. Y yo le contesté:

-No quiero pan de estos hipócritas; ya nos darán los nuestros en el pueblo inmediato.

El buen García jamás me contradijo, aunque, a veces, me dejaba llevar de la pasión”[61].

Menciona en este párrafo que, el alcalde de Navalvillar, que se llamaba Miguel Masa, era compañero del jefe del Campo, y, efectivamente, debían ser grandes conocidos puesto que Lamberto López Elías, había sido Comandante militar de Navalvillar de Pela desde el 21 de julio de 1938, fecha en que las tropas nacionales tomaron dicho pueblo, hasta el 28 de marzo de 1939, día en que es nombrado jefe del Campo de Zaldívar. Ocho meses en los que se relacionarían casi a diario y, en los que, casi con toda probabilidad, tendrían que haber tomado más de una decisión en común.

 

 

[1] Barrero Arzac, F. Misión urgente de la sección del SIPM de Ejército para la necesaria ejemplaridad de las sanciones a los cautivos del campo de concentración de Zaldívar. En: 2º Congreso Internacional (Cáceres 6 y 7 de noviembre de 2013): Investigación histórica, política y jurídica en torno a la memoria histórica en España. Proyecto de la Recuperación de la Memoria Histórica en Extremadura; Departamento de Derecho Constitucional. Cáceres: Universidad de Extremadura, 2013.

[2] Heiberg, Morten y Ros Agudo, Manuel. La trama oculta de la Guerra Civil: Los servicios secretos de Franco (1936-1945). Crítica, Barcelona, 2006, p. 48.

[3] Ibid., p. 49.

[4] Ibid., p. 92.

[5] AGMAv, Cuartel General del Generalísimo (CGG). “Organización y funcionamiento de la Jefatura y Servicios del SIPM”. C. 27456, Cp. 5.

[6] AGMAv, Cuartel General del Generalísimo (CGG) SIPM. “Órdenes de organización del Servicio de Información de Policía Militar (SIPM), 1938-39”. C.2951, Cp.5, D.1-11.

[7] Ibídem.

[8] Denominación abreviada por su inicial y número (C-10), de uno de los sectores en que estaba dividida la zona de la Sección SIPM de Ejército del Centro. Precisamente esta “C”, hace referencia al término “Centro”.

[9] En esta ocasión, las denominaciones abreviadas por su inicial y número (C-1, C-2, C-3 y C-4), corresponden a los subsectores en que estaba dividido el Sector C-10 de la Sección SIPM de Ejército del Centro, donde la “C” hace referencia al término “Cáceres”, provincia a la que pertenece la localidad donde estaba enclavada su cabecera, y no al término “Centro”.

[10] Heiberg, M. y Ros Agudo, M. (2006): op. cit., p. 185.

[11] No se trata de la localidad ciudadrealeña con el mismo nombre, sino un lugar o aldea.

[12] AGMAv, (DN).” Operaciones. Estados de fuerza y situación de la División 19ª y del 1º Regimiento de la misma. Marzo de 1939”. A.42/L.7/C.3. También en: AGMAv. C.1625, Cp.3.

[13] Heiberg, M. y Ros Agudo, M. (2006): op. cit., p. 96.

[14] Heiberg, M. y Ros Agudo, M. (2006): op. cit., p. 95-96.

[15]AGMAv, (DN).” Información. Instrucciones sobre prisioneros y presentados y sobre recogida de documentación enemiga, de fecha 29 y para Comandantes Militares, de fecha 30 de Marzo de 1939”. A.23/L.1/C.34. También en: AGMAv. C.1501, Cp.30, D.1.

[16] Fort, Roque. “Irunés ilustre. El general de ‘Martindocenea’”. Revista El Bidasoa, nº 777, 28 de junio de 1960.

[17] Archivo General Militar de Segovia (En adelante AGMSg). “Copia del Expediente compulsado de la Hoja de Servicios de D. Mario González Revenga”.

18 AGMAv, Cuartel General del Generalísimo (CGG) SIPM. “Correspondencia de Organización del SIPM en el Ejército del Sur, 1938-39”. C.2917, Cp.26, D.4.

19 AGMAv, Cuartel General del Generalísimo (CGG) SIPM. “Correspondencia de Organización del SIPM en el Ejército del Sur, 1938-39”. C.2917, Cp.26, D.17.

[20] Bravo Gómez, Gutmaro, “Los Servicios de Información de Franco: vigilancia, represión y contundencia”. La aventura de la historia, nº 228, (octubre 2017), pp. 18-23.

[21] AGMAv, Cuartel General del Generalísimo (CGG) SIPM. C.2917, Cp.26, D.6-9.

22 AGMAv, Cuartel General del Generalísimo (CGG) SIPM. “Correspondencia de Organización del SIPM en el Ejército del Sur, 1938-39”. También en: C.2917, Cp.26, D.4.

23 AGMAv, Cuartel General del Generalísimo (CGG) SIPM. “Correspondencia de Organización del SIPM en el Ejército del Sur, 1938-39”. C.2917, Cp.26, D.4.

24 AGMAv, Cuartel General del Generalísimo (CGG) SIPM. “Correspondencia de Organización del SIPM en el Ejército del Sur, 1938-39”. C.2917, Cp.26, D.18.

[25] Buj Pastor, Francisco. Memorias de la Guerra Civil (1936-1939). Tarrasa, 1980.

[26] Archivo Tribunal Militar Territorial Primero (En adelante ATMTP). Sº 5871/39, J.P. Fernández del Campo.

[27] About, Ilsen y Denis, Vincent. Historia de la identificación de las personas. Ariel, Barcelona, 2011, p. 97.

[28] Barrero Arzac, Fernando. Campo de concentración de Casa Zaldívar: fusilamientos del 15 de mayo de 1939. En: Julián Chaves Palacios (Coord.) Memoria e investigación en torno al setenta aniversario del final de la Guerra Civil, Diputación de Badajoz, 2009.

[29] Buj Pastor, Francisco. Memorias de la Guerra Civil (1936-1939). Tarrasa, 1980.

[30] Correspondencia personal enviada a su familia desde el Campo de concentración de Zaldívar (Casas de Don Pedro), Juan Moraño Valle. 1 abril 1939. Documentación cedida por Trinidad Infante Moraño.

[31] Ibidem.

[32] AGMAv. Cuartel General del Generalísimo (CGG) Primera Sección, “Estadística. Estados ficha Ejército del Centro, 19 División. Marzo 1939”. A.2/ L.122/C.1/D.19-20. También: AGMAv, C.2362, L. 122, Cp.1, D.19-20.

[33] AGMAv, Cuartel General del Generalísimo (CGG). “Organización y funcionamiento de la Jefatura y Servicios del SIPM”. C. 27456, Cp. 5.

[34] AGMAv, (DN) “Ejército del Centro. Instrucción. Instrucción nº 3.- Instrucciones para los Oficiales interrogadores. Sin fecha”. A.16/ L.25, C. 17, D.1, nº 43. También en: AGMAv, C.1194, Cp.17, D.1/53. Subrayado en el original.

[35] AGMAv , (DN).“Ejército del Centro.- Instrucción.- Instrucciones para los Comandantes Militares y de Etapas.- Sin fecha”. A.16/ L.25, C. 17, D.1, 8. También en: AGMAv, C.1194, Cp.17, D.1/8.

[36] AGMSg, “Expediente compulsado de la Hoja de Servicios de D. Lamberto López Elias”. El subrayado es nuestro.

[37] AGMAv, (DN). “Información. Estados numéricos de núcleos de concentración de prisioneros y relaciones nominales (Jefes, Oficiales, Suboficiales, tropa y Comisarios políticos. Abril 1939”. A.23/ L.1, C. 35, D.1/p.27.

[38] AGMSg, “Expediente compulsado de la Hoja de Servicios de D. Lamberto López Elias”.

[39] González Sánchez, A. “[Personajes de El Cabaco, Salamanca]”. Web de “El Cabaco” (Salamanca). http://www.el-cabaco.com/Personajes.htm .Consultado, 12 de septiembre de 2017.

[40] Candau, Joel. Antropología de la memoria, Buenos Aires, Nueva Visión, 2002.

[41] Ferrándiz, Francisco (2011), “Lugares de memoria”, en Rafael Escudero (coord.), Diccionario de la memoria histórica, Madrid, Catarata, p. 27.

[42] Ibid. P. 28.

[43] Comunicación mediante correo electrónico. Archivo Histórico Municipal de Puebla de Alcocer. 4 de marzo de 2016. Sigpac.gobex.es

[44] Ibid.

[45] López, Olga. “Felisa Casatejada: dos de sus hermanos fueron fusilados en Casas de Don Pedro”, “Hoy digital”, (15 julio 2005).

[46] Archivo General Militar de Ávila, DN, “Información. Prisioneros. Estados del movimiento de prisioneros en los Campos de Concentración dependientes de esta Agrupación, en los días 13 al 30. Abril 1939”. A.23/L.1/C.36, D.1.

[47] Barrero Arzac, Fernando (2009), Historia y tragedia de la 109ª BM en el Campo de Zaldívar (Badajoz). http://www.todoslosnombres.org/content/materiales/historia-tragedia-la-109a-bm-en-el-campo-zaldivar-badajoz.  Consultado el 3 de agosto del 2016.

[48] Testimonio recogido por el autor, a través de la conversación telefónica con Felisa Casatejada, el 23 de mayo del 2016.

[49] AGMAv, (DN), Agrupación de Divisiones Tajo-Guadiana.“Información. Instrucciones generales. Instrucción nº 4, del día 10 [de abril] Campos de Concentración de prisioneros. Abril 1939”. A.23/ L.1, C. 34, D.1. También en: AGMAv, C.1501, Cp.34, D.1/12.

[50] AGMAv, (DN), Agrupación de Divisiones Tajo-Guadiana.“Información. Instrucciones generales. Instrucción nº 4, del día 10 [de abril] Campos de Concentración de prisioneros. Abril 1939”. A.23/ L.1, C. 34, D.1. También en: AGMAv, C.1501, Cp.34, D.4.

[51] AGMAv, (DN). “Información. Instrucciones generales. Instrucción nº 4, del día 10 [de abril] Campos de Concentración de prisioneros. Abril 1939”. A.23/ L.1, C. 34, D.1. También en: AGMAv, C.1501, Cp.34, D.1/4.

[52] Correspondencia personal enviada a su familia desde el Campo de concentración de Zaldívar (Casas de don Pedro), Andrés Barrero Rodríguez. 1 de abril 1939. En: Torres, Rafael. Desaparecidos de la Guerra de España (1936-?), La Esfera de los Libros, 2002, pp. 262-264.

[53] AGMAv, (DN). “Información. Instrucciones generales. Instrucción nº 4, del día 10 [de abril] Campos de Concentración de prisioneros. Abril 1939”. A.23/ L.1, C. 34, D.1. También en: AGMAv, C.1501, Cp.34, D.1/5.

[54] Buj Pastor, Francisco. Memorias de la Guerra Civil (1936-1939). Tarrasa, 1980.

[55] Buj Pastor, Francisco. Memorias de la Guerra Civil (1936-1939). Tarrasa, 1980.

[56] AGMAv, (DN). “Información. Instrucciones generales. Instrucción nº 4, del día 10 [de abril] Campos de Concentración de prisioneros. Abril 1939”. A.23/ L.1, C. 34, D.1. También en: AGMAv, C.1501, Cp.34, D.1/7.

[57] AGMAv, (DN). “Información. Instrucciones generales. Instrucción nº 4, del día 10 [de abril] Campos de Concentración de prisioneros. Abril 1939”. A.23/ L.1, C. 34, D.1. También en: AGMAv, C.1501, Cp.34, D.1/7.

[58] Buj Pastor, Francisco. Memorias de la Guerra Civil (1936-1939). Tarrasa, 1980; p. 46.

[59] López Rodríguez, Antonio D. Cruz, bandera y caudillo: El Campo de Concentración de Castuera. Badajoz, CEDER-La Serena, 2006, p. 215.

[60] Buj Pastor, Francisco. Memorias de la Guerra Civil (1936-1939). Tarrasa, 1980; p. 47.

[61] Ibid. p. 48.

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