Las operaciones militares de la bolsa de La Serena, durante su primera fase del mes de julio de 1938: hundimiento y ocupación del territorio republicano extremeño, III

El hundimiento del Ejército republicano en Extremadura durante la Guerra Civil[1]

El frente extremeño se mueve

La primera quincena del mes de julio trajo de nuevo la calma a este frente olvidado, cuya extensión se había visto reducida al ocupar las tropas franquistas la localidad de Peraleda del Zaucejo [Badajoz] y sierras adyacentes a mediados de junio.

Las fuerzas militares republicanas encargadas de defender el frente extremeño se hallaban encuadradas en las brigadas mixtas 20ª, 91ª y 109ª, integradas las dos primeras en la 37ª División y la última [en] la 29ª (si bien parte del territorio asignado a la 109ª BM dependía tácticamente de la 37ª [División] desde finales de mayo [1938]). A su vez estas dos grandes unidades, junto a la 36ª División, dependían del VII CE que con el VIII CE constituían el Ejército de Extremadura.

Operaciones en Extremadura. Croquis. Estado Mayor del Ejército. Servicio Histórico Militar. Síntesis histórica de la Guerra de Liberación 1936-1939. 1968.

Por estas fechas los efectivos del Ejército de Extremadura debían ascender a unos 66.000 o 67.000 hombres, para defender un frente de algo menos de 600 kilómetros que se extendía desde el río Algodor (Toledo) hasta el río Yeguas (Córdoba). De ellos, algo más de 59.000 militares estaban encuadrados en los Cuerpos de Ejército VII y VIII (31.401 y 27.726). A ellos se sumaban la tropa de la 148ª BM (21ª División, IX CE, Ejército de Andalucía) que procedente de Andújar (Jaén) había llegado al frente extremeño a mediados de junio (ofensiva franquista en la zona de Peraleda del Zaucejo) y que actuaba como reserva de ejército; la 12ª Brigada de Asalto (unidad formada por 1.434 guardias de asalto y que dependía directamente  del Ejército de Extremadura); el 5º Regimiento de Caballería (unos 800 hombres según fuentes franquistas) y la dotación correspondiente de artillería (la Comandancia general, el Parque de Ejército y tres baterías, que agrupaban 358 hombres), más el personal del Cuartel General y los servicios auxiliares del Ejército.

Tal y como hemos indicado más arriba, el frente de la gran unidad dirigida por el coronel Ricardo Burillo se organizaba en dos grandes sectores: el asignado al VII CE, que se extendía desde el río Algodor (provincia de Toledo) hasta el río Zújar (límite entre las provincias de Badajoz y Córdoba), y el defendido por el VIII CE que iba desde este último río Yeguas (provincia de Córdoba).

Al encontrarse el frente extremeño en el ámbito del VII CE, conviene dar algunos datos generales de esta gran unidad, que cubría una línea de 388 kilómetros y que, como hemos dicho, agrupaba a casi 31.500 hombres en el mes de julio. La misión asignada a la unidad era de un claro carácter defensivo, al carecer de reservas para realizar maniobras ofensivas. Por otra parte, en este Cuerpo de Ejército se integraban en tres divisiones, la 36ª, que cubría el sector comprendido entre el río Algodor y el río Uso (por lo tanto en la zona toledana), la 29ª, del río Uso hasta la unión del río Zújar con el Guadiana (parte del área toledana pero también de la extremeña), y finalmente la 37ª, cuyas fuerzas cubrían el sector más amplio del frente extremeño, es decir, desde la confluencia de ríos antes citados hasta la conexión con el VIII CE en el Zújar (a la altura de la desembocadura del arroyo del Lobo).

Estas unidades, integradas en el VII CE, contaban con los siguientes efectivos a principios del mes de julio:

Cuadro XXXIII: Efectivos de las divisiones del VII CE (julio de 1938)

Unidad Nº de efectivos
VII Cuerpo de Ejército. Cuartel General 67
VII Cuerpo de Ejército Unidades dependientes 5.523
36ª División 10.669
29ª División 7.378
37ª DivisiónFrancisco 7.912
Total 31.279

[Como se puede ver, la cifra total de 31.279 efectivos, muestra cierta variación con respecto a la cifra señalada más arriba (31.401), pero ello se debe a no contabilizarse en esta nueva fuente a los comisarios (28) y los delegados políticos (6 efectivos), Comandancia principal de Artillería (1.001), Transmisiones (469), Intendencia (8), Grupo Intendencia (571), servicios de Sanidad (152), servicios de Farmacia (6), Servicios de Veterinaria (2), Retaguardia y Transportes (261), Batallón disciplinario (786), Batallón de ametralladoras nº 7 (660), Batallón de ametralladoras nº 20 (390) y Batallón de Zapadores (881). Por otra fuente sabemos que en la Comandancia principal de Artillería había una presencia importante de extranjeros, que debía rondar el 15% o 20%].

Era sobre todo la 37ª División, con sus brigadas 20ª y 91ª, las encargadas de defender gran parte del frente extremeño.

Tal y como hemos señalado, era sobre todo la 37ª División, con sus brigadas 20ª y 91ª, las encargadas de defender gran parte del frente extremeño. En la 29ª División era la 109ª BM la unidad que tenía asignada la zona extremeña, aunque, tal y como hemos indicado más arriba a finales de mayo gran parte de ella había pasado a depender tácticamente de la 37ª División, por lo que prácticamente todo el frente extremeño se encontraba bajo la custodia de esta última unidad.

Un frente, el extremeño, que en estos momentos tenía una extensión de unos 180 o 190 kilómetros, y en el cual las unidades antes mencionadas se asentaban de la siguiente manera. El radio de acción de la 109ª BM se iniciaba al sureste de Guadalupe, pasando  por el puente de la carretera Villanueva de la Serena-Guadalupe sobre el río Gargáligas, siguiendo el curso de este río hacia el oeste, dejando al norte la localidad de Madrigalejo (en manos del Ejército franquista) y al sur el pueblo de Acedera (en zona republicana), hasta las cercanías de Villanueva de la Serena, concretamente en la confluencia del Zújar con el Guadiana, aproximadamente unos 96 kilómetros [Aunque el general Asensio señala en un documento que la longitud del frente cubierto por la 109ª BM era de 46 kilómetros, creemos que se trata de un error; la longitud correcta es de 96, tal y como señaló el comisario del VII CE Benigno Cardeñoso].

En este punto comenzaba el sector asignado a la 20ª BM, siguiendo el curso del Guadiana hasta Medellín, y de ahí bajaba hacia el sureste aprovechando el curso del río Guádamez hasta las proximidades de la localidad de Higuera de la Serena, un sector cuya longitud se elevaba a 64 kilómetros. A continuación, se encontraban las fuerzas de la 91ª BM, que ocupaban una línea dirección sureste que terminaba en la confluencia entre el arroyo del Lobo y la carretera de Zalamea a Peraleda del Zaucejo (concretamente en el kilómetro 12) y que suponía 16 kilómetros. Finalmente, la 12ª Brigada de Asalto, que actuaba como fuerza del Ejército de Extremadura, tenía sus fuerzas situadas en este sector. De hecho, se encargaban de la defensa del terreno comprendido entre la confluencia antes señalada hasta el río Zújar, actuando como enlace con el VIII CE.

Todas estas unidades encuadraban en estas fechas un total de 12.612 hombres, distribuidos de la siguiente forma:

Cuadro XXXIV: Efectivos de las unidades asentadas en el frente extremeño (1 julio de 1938)

Unidad Nº de efectivos
37ª División (Cuartel General) 171
20ª Brigada Mixta 3.718
91ª Brigada Mixta 4.023
109ª Brigada Mixta 3,478
12ª Brigada Asalto 1.222
Total 12.612

 

La siguiente tabla ofrece tales datos desglosados según el grado de los efectivos:

Cuadro XXXV: Efectivos por grados de las unidades asentadas en el frente extremeño (1 julio de 1938)

Unidad Jefes Capit. Ttes. Médicos Veterin. CASE Sgtos. Cabos Soldad. Total
37ª D. 3 2 8 8 20 130 171
20ª BM 3 13 55 6 1 9 173 736 2.722 3.718
91ª BM 3 15 72 5 1 18 123 558 3.228 4.023
109ª BM 3 13 77 5 1 17 90 517 2.755 3.478
12ª BA. 2 43 2 1 43 1.131 1.222
Total 14 43 255 18 3 45 437 1.831 9.966 12.612

[En estos momentos tanto la 20ª como la 91ª BM tenían un importante número de nuevos reclutas, 336 la primera y 863 la segunda].

Miembros del Batallón de ametralladoras nº 7, el teniente Antonio Picó Giner, es el que está de rodillas a la derecha, sin gorra y en pantalón corto, Vicent Mahiques Alberola, el que está sentado en el suelo en el centro de la imagen. Foto cedida por Vicent Mahiques Roig.

A estas fuerzas se fueron añadiendo otras en fechas próximas. Así, en el sector de la 109ª también se ubicaba el Batallón Disciplinario del VII CE, dos de los cuatro escuadrones del 5º Regimiento de Caballería y una compañía del Batallón de Ametralladoras nº 20. Igualmente, en el sector de la 20ª BM se asentaba otra de las compañías del Batallón de Ametralladoras nº 20, junto con otras dos del Batallón de Ametralladoras nº 7, que al igual que la anterior eran fuerzas del VII CE.

Debemos decir que, a mediados de julio, entre el flanco izquierdo de la 91ª BM y el flanco derecho de la 12ª Brigada de Asalto se asentaron en primera línea dos batallones de la 148ª BM, que actuaban de reserva del Ejército de Extremadura, y que contaba con sus otros dos batallones en retaguardia en la misma zona. [Según Antonio de Blas, jefe de la 109ª BM, a mediados de julio se habían movilizado en la zona republicana los hombres comprendidos entre los reemplazos de 1925 y 1941 (ambos inclusive), es decir individuos entre 18 y 34 años (o por cumplirlos en 1938). Los de más edad (33, 34 y 35) estaban siendo encuadrados en unidades de Obras y fortificación, y los más jóvenes ingresaban en los Centros de Instrucción y Movilización republicanos. Además, consideraba inminente la movilización del reemplazo de 1942].

[Con los datos de 766 capturados originarios de las unidades militares del frente extremeño, hemos constatado que el 12,40 % del total de estos prisioneros tenía de 17 a 19 años, el 29,24 % de 20 a 24 años, el 29,89 % de 25 a 29 años, el 18,92 % de 30 a 34 años, el 8,61 % de 35 a 39 años y los mayores de 40 años suponían el 0,91 %].

Debemos decir que, a mediados de julio, entre el flanco izquierdo de la 91ª BM y el flanco derecho de la 12ª Brigada de Asalto se asentaron en primera línea dos batallones de la 148ª BM, que actuaban de reserva del Ejército de Extremadura, y que contaba con sus otros dos batallones en retaguardia en la misma zona. [La 148ª BM tenía 3.517 efectivos en la segunda quincena de julio. A principios de julio se encontraba en el frente extremeño la 25ª BM (63ª División, VIII CE) que con toda probabilidad había sido trasladada al frente extremeño para participar en las operaciones del mes anterior [junio], sin embargo, el 14 y 15 de julio sus cuatro batallones fueron trasladados al sector de Hinojosa del Duque (Córdoba)].

No sería pues descabellado, teniendo en cuenta todo lo anterior, pensar que a mediados de julio el total de hombres instalados en el frente extremeño ascendería como mucho a unos 20.500. [Incluimos también en esta cifra los 881 efectivos del Batallón de Zapadores que en estos momentos se encontraba en el frente de la 37ª División y la mitad de los miembros de las fuerzas directamente dependientes del VII CE no señaladas anteriormente (1.300). En estas mismas fechas se estaba organizando la 3ª Brigada de la 37ª División en la zona de Capilla-Zarza Capilla-Peñalsordo, si bien carecía de armamento y apenas se le había dotado de mandos por lo que no se encontraba dispuesta para el combate. Además, en el frente de la 37ª División se encontraban cinco batallones de Obras y Fortificaciones y seis compañías de carreteras]. Este dispositivo militar poseía un claro carácter defensivo, tal y como hemos apuntado antes, lo que justificaba la existencia de todo un sistema de fortificaciones.

Soldados republicanos posando ante las alambradas para obstaculizar los golpes de manos enemigos.

En efecto, debemos indicar que en el sector de la 109ª BM sólo se había realizado una serie de obras de fortificación en torno a las localidades de Alía, Navalvillar de Pela y Acedera, además del paso sobre el Guadiana en la carretera de Casas de Don Pedro a Talarrubias. Como podemos apreciar, estos núcleos fortificados, que contaban con algunas alambradas, se situaban al norte del Guadiana, pues dicho [río] se erigía como verdadera línea defensiva.

Más consistencia poseía la línea del sector de la 20ª BM, especialmente la denominada “cabeza de puente sobre el Guadiana”. Allí existía un complejo sistema de fortificaciones, consistente en algunos asentamientos para armas automáticas, un “un centro de resistencia” cerca de Don Benito (concretamente entre las carreteras de Medellín y Guareña a dicha localidad) y finalmente, ya en plana vanguardia, se había fortificado el castillo de Medellín con trincheras y asentamientos para armas pesadas. Al girar el frente al suroeste de Medellín por la vertiente oriental del río Guadámez, se había construido una línea de trinchera, con alambradas, asentamientos y abrigos, apoyándose en un centro de resistencia cerca del vértice “Ortigas”. Desde este centro hasta la localidad de Valle de la Serena no existía obra alguna, debido a lo escabros del terreno y la ausencia de vías de comunicación. Este pueblo y el paso del Guadámez estaban también fortificados (“medianamente defendidos”). Desde aquí hasta Higuera de la Serena se conformó una línea defensiva unida con la anterior por una serie de trincheras.

Finalmente, ya en el sector de la 91ª BM y de la 12ª Brigada de Asalto, y a raíz de las pérdidas en la ofensiva franquista de junio, se estaban llevando a cabo algunas obras, si bien tanto la zona de enlace con el VIII CE como en la zona de Monterrubio no existían fortificaciones. Este sistema defensivo se completaba con la existencia de una serie de centros de resistencia con asentamientos de máquinas y abrigos en retaguardia, concretamente en las localidades de Castuera, Almorchón y Cabeza del Buey.

Tal línea defensiva, al margen de su propia consistencia, mostraba, tal y como puso de manifiesto más tarde el general Asensio, “dos zonas débiles: […] una en el Guadiana, en el sector Acedera, medianamente fortificada, y otra en las inmediaciones de Monterrubio”.

De modo parejo a la fortificación del terreno, la dotación del armamento constituía otro elemento fundamental para su defensa. Aunque no disponemos de información para todas las unidades antes señaladas, sí podemos ofrecer un compendio de datos que ilustran sobre este aspecto. Según las plantillas teóricas las brigadas mixtas debían disponer de un armamento, compuesto, entre otro, por fusiles individuales, fusiles ametralladores, ametralladoras, lanzabombas, morteros y cañones ligeros. En este sentido, he aquí, la dotación de armamento de las unidades más arriba estudiadas al iniciarse el mes de julio:

 

Cuadro XXXVI: Armamento de las Brigadas Mixtas 20ª, 91ª y 109ª y de la 12ª Brigada de Asalto (1 julio de 1938)

Unidad Fusiles Fusiles ametralladores Ametralladoras Lanzabombas Morteros Cañones

ligeros

20ª BM 1.869 43 25 12 3 0
91ª BM 1.870 38 23 13 0 0
109ª BM 1.703 44 24 12 2 0
12ª BA 1.387 16 16 0 1 0
Total 6.829 141 72 49 6 0

A estos datos referentes a las brigadas mixtas y la brigada de asalto habría que sumarle, por un lado, el armamento de las unidades dependientes tanto del VII CE y del Ejército de Extremadura asentadas en el frente extremeño, y por otro el de la 148ª BM. En vista de todo lo anterior, no es descabellado pensar que el armamento disponible en el frente extremeño ascendería en estos momentos, como mucho, a unos 9.600 fusiles, 195 fusiles ametralladores, 162 ametralladoras, 55 lanzabombas y 17 morteros. [La dotación global de armamento de las unidades que dependían directamente del VII CE se correspondían de tal manera que el Batallón Disciplinario tenía 441 fusiles para sus 786 hombres; el Batallón de Ametralladoras nº 7 tenía una dotación total de 238 fusiles, 4 fusiles ametralladoras y 32 ametralladoras para sus 660 efectivos, y finalmente los 390 componentes del Batallón de Ametralladoras nº 20 disponían de 90 fusiles, 6 fusiles ametralladoras y 32 ametralladoras; el resto de las unidades apenas poseían armamento, y sumaban entre todas ellas 135 fusiles (de ellos 111 de la Comandancia principal de Artillería), 1 fusil ametrallador, 2 ametralladoras y 9 morteros. No tenemos los datos numéricos del 5º Regimiento de Caballería del Ejército de Extremadura, si bien sus miembros estaban armados de “carabinas, mosquetones y fusiles, todos ellos de tipo “Mauser”; 18 carabinas ametralladoras “Labora” del 9 largo; 2 fusiles-ametralladores y al parecer alguna ametralladora].

Resulta obvio que estas cifras apenas dicen nada si no calibramos la adecuación y calidad del armamento. Respecto a lo primero resulta muy significativo el cotejo de la dotación teórica diseñada por los mandos republicanos con la real de algunas de estas unidades.

 

Cuadro XXXVII: Armamento según plantilla teórica y armamento existente en las Brigadas Mixtas 20ª, 91ª y 109ª (1 julio de 1938)

Armamento Plantilla

Teórica

Armamento

Existente

Diferencia %
Fusiles 8.954 5.442 – 3.512 – 39,2
Fusiles ametrall. 294 126 – 169 – 57,4
Ametralladoras 96 72 – 24 – 25
Morteros 304 5 – 299 – 98
Cañones ligeros 27 0 – 27 – 100

No cabe duda de que, si consideramos estas cifras, el número de armas, al menos de estas tres brigadas mixtas, resultaba claramente insuficiente.

En cuanto a la calidad, las fuentes republicanas consultadas apenas nos ofrecen datos. Cuando se proporcionan, además del número de armas, se indica el calibre de las mismas. Así, debemos apuntar que la mayoría del armamento (fusiles, fusiles ametralladores y ametralladoras) correspondían al calibre 7,62, y solamente los fusiles del Batallón Disciplinario y del Batallón de Ametralladoras nº 20 mostraban un calibre diferente (7 y 7,92 los del primero y 7,92 los del segundo).

Son las fuentes del Ejército franquista las que recogen algunas características sobre el armamento de algunas de estas unidades. Así y al ser hecho prisionero, el jefe de la 109ª BM, Antonio de Blas, declaró a los responsables de Información del Estado Mayor de la Agrupación de Divisiones del Guadiana (franquista) que:

“1º.- Los fusiles de la 109ª Brigada Mixta, son del modelo ruso 1917, calibre 7,62 excepto el 2º Bón. que tiene 410 fusiles del modelo ruso 1937 e idéntico calibre.- La calidad de estos fusiles es mala.

2º.- Las armas automáticas por lo que se refiere a ametralladoras, en la 109ª Brigada Mixta, son rusas del tipo “Massing” calibre 7´62, siendo el número total de ametralladoras en la Brigada el de 24. Los fusiles ametralladores son también de procedencia rusa tipo “Tocaren” calibre 7´62, siendo el número total de la Brigada el de 48. La calidad tanto de las máquinas ametralladoras como la de los fusiles-ametralladores es muy buena.

3º.- 2 morteros de 50, y 12 lanzabombas, los morteros de tipo “Valero” y los lanza-bomba fabricación española ignorando su marca.

[…]

6º.- La dotación por individuos de municiones es de 150 cartuchos, 2.500 para fusil ametrallador y 5.000 para ametralladora; los batallones carecen de reserva de municiones, teniendo las brigadas obligación de tener como reserva, dos módulos base de 100 cartuchos por individuo, 1.500 por fusil ametrallador y 3.000 para ametralladora. Reserva de la que carecían bastantes Brigadas.-

La dotación de granadas de mano es, por lo que se refiere a la 109ª Brigada Mixta es la de 500 granadas por Batallón y 2.000 en reserva de la Brigada.”

Por declaraciones de otros prisioneros sabemos que el 78º Bón de la 20ª BM también poseía fusiles rusos (aunque no se indica la fecha de fabricación), y al menos dos compañías del Batallón de Ametralladoras nº 20 disponían de 12 ametralladoras de carro tipo “Maxin”, siendo sus fusiles de nacionalidad checa.

Finalmente, tal sistema defensivo se complementaba con una dotación artillera. Este tipo de armamento dependía directamente del VII CE, y a principios de julio sumaban un total de 38 cañones (17 del calibre 7.5, 6 del 10.7, 5 del 11.43, 6 del 15.2 y 4 del 15.5). En cuanto al frente extremeño, nos encontramos que en el sector de la 109ª BM no existía dotación artillera alguna, en el sector de la cabeza de puente del Guadiana había una batería 7.5 Ansaldo, y en el sector de Monterrubio se hallaba instalada otra batería de 10.7. Teniendo en cuenta estos datos, el general Asensio concluía:

“La Artillería en este frente no llegaba ni a la dotación mínima, puede decirse que era insignificante, una batería en el sector del Guadiana y otra en el de Monterrubio, en el sector de la 109ª Brigada no había ni una pieza, es decir, 6 piezas para 150 kilómetros de frente”.

[Sin embargo, otra fuente documental localizada, corrige lo indicado por las anteriores, de hecho, en este documento se afirma que, en estas fechas, en el frente de la 109ª BM sí existía artillería, concretamente una batería de obuses de tres piezas del 11.43, una batería del 7.5 de tres piezas y otra batería del 7.5 también de tres piezas].

Todo este entramado militar se estructuraba en un sistema de mando que, tal y como hemos visto, sufrió importantes cambios durante el primer semestre de 1938 respecto al año anterior. Nos encontramos que los máximos responsables de las unidades militares asentadas en el frente extremeño a mediados de julio de 1938 eran[2]:

Ejército de Extremadura:

Mando: Coronel de Seguridad, Ricardo Burillo Stholle.

Jefe E.M.: Teniente Coronel de E.M., Javier Linares Aranzabe.

5º Regimiento de Caballería:

Mando: Mayor de Caballería, Rafael Vicente Lago

12ª Brigada de Asalto:

Mando: Mayor de Seguridad, M. Ángel Sánchez Carmona.

Jefe E.M.: Mayor de Seguridad, Valero Arnal.

148ª Brigada Mixta:

VII Cuerpo de Ejército:

Mando: Teniente Coronel de Infantería, Antonio Rubert de la Iglesia.

Jefe E.M.: Mayor de Milicias de Ingenieros, Agustín Barrios del Castillo.

37ª División:

Mando: Teniente Coronel de Seguridad, Alejandro Sánchez-Cabezudo Fernández.

Jefe E.M.: Mayor de Seguridad, Manuel Luque Molinello.

20ª Brigada Mixta:

Mando: Coronel de Infantería, Juan Bautista Gómez Ortiz (mejicano).

Jefe E.M.: Capitán de Infantería, Juan Pérez Rodríguez.

91ª Brigada Mixta:

Mando: Mayor de Milicias, Diego Martín Montilla.

Jefe E.M.: Capitán en campaña de Infantería, Pedro Tirado Navarro.

109ª Brigada Mixta:

Mando: Mayor de Milicias, Antonio de Blas García.

Jefe E.M.: Teniente de Infantería, Juan Pedro Fernández del Campo.

 

El hundimiento del frente extremeño. Derrotados y “embolsados”

Durante los días 18 y 19 de julio, los efectivos republicanos que defendían el frente extremeño celebraron el segundo aniversario del inicio de la guerra civil.

El jefe del Ejército de Extremadura, el coronel Burillo, se dirigió por tal motivo tanto a los “españoles” como a sus “Camaradas de la Zona del Ejército, soldados del Ejército de Extremadura”. En este último mensaje concluía que la victoria estaba próxima y solicitaba a los soldados “confianza, confianza y confianza”.

Parada militar de las Brigadas.

Además de la alocución, desde la misma jefatura se adoptaron unas medidas que sin duda pretendían elevar la moral de los combatientes. Así, se ordenó que se repartiera “con cargo al fondo material de las Brigadas […] una cajetilla por combatiente y con cargo al Estado, ración extraordinaria de licor los días 19 y 20 de julio”. Por otro lado, en las sedes de las diferentes divisiones se ordenaba que se organizaran “actos de promesa a la Bandera”, tras los cuales debía leerse a la fuerza participante el mensaje del Ministro de Defensa y Presidente de Gobierno, Juan Negrín, con motivo de dicho aniversario. En último lugar, habían de ser puestos en libertad aquellos presos y arrestados que no estuvieran sometidos a procedimiento judicial alguno; además para los “condenados” que hubieran luchado en algunos de los dos batallones disciplinarios del Ejército de Extremadura se les solicitaría la libertad condicional y el indulto.

Sin embargo, durante la celebración de este aniversario, concretamente el día 19 de julio, se produjo un ataque franquista en el sector del Puente del Arzobispo (frente toledano). Al día siguiente se producían dos fuertes embates del enemigo, uno en la zona norte del frente extremeño (desde el noreste de Villanueva de la Serena hasta Navalvillar de Pela) y otro en el sector sur, concretamente cerca de Monterrubio de la Serena.

Ya vimos que el frente franquista en Extremadura se había estructurado en dos sectores guarnecidos por efectivos de grandes unidades militares distintas. En la localidad pacense de Santa Amalia confluían ambos sectores, uno hacia el noreste (Villar de Rena, Miajadas, Madrigalejo, Logrosán y Guadalupe) bajo la cobertura ahora del denominado Ejército del Centro, y otro hacia el sureste (Valdetorres, Guareña, Manchita, Retamal de Llerena, Campillo de Llerena y Granja de Torrehermosa) en la zona de acción del Ejército del Sur, que mandaba el general Queipo de Llano.

En la zona situada al norte del río Guadiana, los efectivos franquistas se agrupaban en la 19ª División (antigua Brigada de Cáceres) que dependía directamente del mando del Ejército del Centro. Por otra parte, en la zona meridional del frente franquista se asentaba la 21ª División, que formaba parte del II Cuerpo de Ejército dentro del Ejército del Sur. Sin embargo, estas fuerzas sólo fueron una fracción, y no precisamente la protagonista, de la ofensiva franquista en tierras extremeñas.

Posiblemente, el origen de los planes de los mandos militares franquistas para eliminar el “saliente” republicano en Extremadura se hallen íntimamente vinculados a la ofensiva republicana proyectada por Largo Caballero durante la primavera de 1937. No en vano en el Estado Mayor del Ejército del Sur franquista se recibía el 2 de junio de 1937 un telegrama cifrado, cuya autoridad remitente no era otra que “el Generalísimo”, en el que entre otras recomendaciones se indicaba:

El cierre de la bolsa de Mérida. Croquis nº 13. Monografía de la guerra de España, Servicio Histórico Militar, nº 15, Madrid, Librería Editorial San Martín, 1981. P. 224.

Ante el ataque probable en dirección Mérida se impone una organización más rápida en el centro Guadámez La China hasta Mérida con sucesivas líneas y tener preparada y en potencia operación de Retamal Campillo de Llerena sobre Higuera de la Serena, Malpartida de la Serena, Valle de la Serena y Quintana de la Serena. De parte Ejército Norte, se lleva a cabo concentración División Africana en la zona de Miajadas, Logrosán, Trujillo operación preparada en potencia sobre las Orellanas, Coronada y Campanario. Para el caso de que el enemigo intente desencadenar ataques sobre Mérida es necesario preparar estas operaciones. Nuestra operación deberá ser la respuesta al ataque enemigo.

El día 18 de junio de 1937, un día antes de la caída de Bilbao en manos de las tropas franquistas, el 2º jefe del Estado Mayor de Franco (el general Francisco Martín Moreno) remitía a Queipo de Llano la “decisión” de operar en el “frente Cáceres-Mérida”. En este documento quedaba claro que los altos mandos franquistas habían diseñado un conjunto de operaciones que tenían como fin último eliminar la presencia republicana en Extremadura. Toda esta estrategia se estructuraba en varias etapas, cada una con unos objetivos muy concretos.

En primera instancia, había que llevar a cabo lo descrito en el telegrama del 2 de junio, que se concretaba de la siguiente forma:

En un principio el 1º día de la acción, ésta debe desarrollarse en la dirección Retamal-Higuera de la Serena y Retamal-Zalamea de la Serena.

El 2º día deberá alcanzarse, en marcha rápida, en las últimas de la noche Acedera y Las Orellanas para caer sobre ellas al amanecer e inmediatamente seguir sobre Campanario y su estación y Coronada.

La fuerza del Sur el 2º de estos días deberían hacer su esfuerzo sobre Quintana de la Serena para caer el 3º día sobre Malpartida y Zalamea de la Serena.

Caso de resistencia y acumulación de fuerzas enemigas permitiera hacerlo con facilidad se avanzará en una nueva etapa sobre Castuera.

En una segunda etapa, se preveía avanzar desde Casas de Don Pedro para tomar Talarrubias y Puebla de Alcocer, para posteriormente conquistar Cabeza del Buey en unión de fuerzas que saldrían de Castuera.

Finalmente, una tercera etapa había de convertir en objetivo a Hinojosa del Duque (Córdoba), y para ello se operaría desde Cabeza del Buey y Peñarroya (Córdoba).

La primera etapa se desarrollaría “tan pronto tengamos franca la situación en el Norte y despejada la amenaza de Aragón”. En esta comunicación, se le solicitaba a Queipo de Llano que estudiara la zona de concentración de fuerzas, la organización de la caballería y la dotación de elementos para todas ellas.

Un mes más tarde, el 18 de julio [1937], el propio Franco elaboró unas “Directivas para operaciones en la Bolsa de Mérida” que insistían en lo anteriormente expuesto.

Emblema del Cuerpo de Ejército de Extremadura o II C.E. del Ejército del Sur.

A mediados de agosto, el 18, el Ejército del Sur concretaba su posible actuación en la primera de las etapas en un denominado “Anteproyecto para la Ocupación del Valle de la Serena”. En tal anteproyecto quedaba ya claramente definido el carácter ofensivo de un movimiento en el que intervendrían “dos grandes Unidades”, una procedente de la zona de Miajadas-Logrosán que en dirección norte-sur se dirigiría a Campanario (Ejército del Centro), y otra que, desde la Sierra de los Argallanes (carretera Llerena-Castuera, km. 100), seguiría dirección sur-norte y tendría como objetivo Quintana de la Serena (Ejército del Sur). Para realizar esta operación, que se iniciaría en la zona meridional, el Ejército del Sur podría contar con un total de 28.667 hombres.

Ahora bien, la marcha general de la guerra, el avance franquista en el Norte, la ofensiva republicana en Belchite (del 24 de agosto al 28 de septiembre [1937]) y la llegada de las lluvias en otoño, con el consiguiente aumento de caudal del río Guadiana y la dificultad de su paso, influyeron con toda probabilidad en la paralización de las operaciones proyectadas.

Durante el resto de 1937 y en los primeros meses de 1938 continuó la elaboración de planes para la supresión de la ya denominada por los franquistas “bolsa de Mérida”. De hecho, la ofensiva franquista sobre Valencia, la conquista de la zona de Peraleda del Zaucejo-Los Blázquez-Valsequillo y la llegada del verano aceleraron la posible puesta en marcha de estos proyectos.

A finales de mayo o principios de junio se entrevistaron Franco, Saliquet (jefe del Ejército del Centro) y Queipo de Llano (jefe del Ejército del Sur) para abordar el cierre de dicha bolsa. Al parecer, en dicha reunión “hubo solamente un amplio cambio de impresiones”, pero sí se acordó la acción combinada de los dos ejércitos desde las bases señaladas en proyectos anteriores.

Sin embargo, el 26 de junio [1938] el jefe de Estado Mayor del Ejército del Sur (José Cuesta Monereo) indicaba a los responsables del Estado Mayor del ejército franquista (entre ellos, Antonio Barroso Sánchez-Guerra) la inoportunidad para su ejército de atacar desde la línea del río Guadámez. Proponía en cambio partir de las posiciones recientemente tomadas en la zona de Peraleda del Zaucejo (desde Puerto Castuera hasta el río Zújar); esta nueva base tendría ventajas considerables:

1ª.- Partir de un frente roto (57 kms.) no teniendo por tanto necesidad de romper por otro sitio, que por cierto está muy fortificado (Guadámez, estación Medellín, Las Gameras, Sierra Ortigas).

2ª.- Efectuar la concentración completamente a cubierto, aunque de hecho está hecha, por no haberse movido las Divisiones 102ª, 112ª y 122ª que han actuado en ese frente.

3ª.- Salvar las Sierras de Castuera y Monterrubio, cogiéndolas de revés y que caerían solas o barriendo de O. a E., apenas se cerrara sobre Cabeza del Buey.

4ª.- Seguridad de coger muchos prisioneros y extraordinario botín, salvando muchas obras de fábrica, de carretera y ferrocarril, que no les daría tiempo a volar y que seguramente irían volando sucesivamente, al ir de frente.

5ª.- Seguridad de coger el ferrocarril Peñarroya-Almorchón, indispensable para nuestros abastecimientos en la línea que quedara y que tal vez no pudiéramos alcanzar al venir de frente.

6ª.- Dificultades de avance, partiendo de la línea del Guádamez […]. Pudiera suceder que nos encontráramos en el llano de Quintana, queriendo acometer Castuera, que encontraríamos de frente, aunque se intentara desbordar y las Sierras de Castuera y Benquerencia, en pésima situación.

En esta comunicación se señalaba la necesidad de disponer de una división más (la 60ª), así como contar con más medios artilleros y camiones.

Fotografía de Antonio Barroso Sánchez-Guerra, jefe del Estado Mayor del Cuartel General del Generalísimo, durante la Guerra Civil, en una época posterior ya como general.

Al día siguiente, Cuesta Monereo se dirigía a los responsables del Estado Mayor del Ejército del Centro (Antonio Uguet Torres). En esta ocasión, aparte de señalar la idoneidad de realizar la operación sobre “Cabeza del Buey” e insistir en la necesidad de tener más hombres y medios, establecía como condición indispensable para que el Ejército del Sur actuase, que el Ejército del Centro diera “las máximas garantías de paso del Guadiana y su llegada al Zújar”. Finalmente, afirmaba que no sería posible hacer un “plan definitivo” mientras no se conocieran perfectamente las fuerzas republicanas, reforzadas en la zona de Peraleda durante esos días debido a la contraofensiva republicana[3].

El 28 de junio [1938] de nuevo José Cuesta se dirigió a Antonio Barroso, le informó de por dónde se pretendía atacar a las unidades republicanas asentadas en el frente republicano, e insistía en la necesidad de disponer de más efectivos y medios. De igual manera le exponía:

“que el éxito de la operación sobre Cabeza del Buey en la forma proyectada, estriba a juicio del General y mío en dos cosas.

1º.- Rapidez en la maniobra de cierre sobre dicho pueblo, mucho más que en ninguna otra operación, con el fin de asegurar el montar en la Sierra de Cabeza del Buey […].

Ello requiere, por tanto, la necesidad tantas veces expuesta de camiones o 2 compañías de transporte por ocho o diez días a lo sumo resolverían la situación.

2º.- Seguridad de enlazar con el Ejército del Centro, esto es que éste, no sólo ocupe las Orellanas, Acedera, Navalvillar de Pela y Cabezas [sic] de Don Pedro, sino que pase el Guadiana y llegue a la orilla derecha del Zújar; con lo cual el enlace estará verificado de hecho con la Caballería”.

Las gestiones del coronel Cuesta corrían paralelas a una mayor concreción en los proyectos para gran parte de la zona afecta a la República en Extremadura, y a un mayor conocimiento de las tropas republicanas en el frente extremeño. En relación a este último aspecto, hay que señalar que los servicios de información de las unidades franquistas tenían un conocimiento exhaustivo tanto de la organización interna como de la disposición territorial de las fuerzas republicanas. Eso es al menos lo que se deduce al leer los boletines de información franquistas, como el de la Agrupación de Divisiones Guadiana correspondiente al 27 de junio, o el del día siguiente, de la 21ª División.

En estos boletines se recoge un análisis detallado de las fuerzas republicanas situadas frente a las unidades franquistas aludidas. El estudio comienza con unas notas sobre la organización del Ejército de Extremadura, el VII CE y las Divisiones 29ª y 37ª (cuartel general, mandos y constitución), y realiza después una descripción pormenorizada de las brigadas mixtas, hasta descender a nivel de batallón (mandos y despliegue).

El servicio de información tenía conocimiento de las tropas republicanas asentadas tradicionalmente en el frente extremeño, pero también de la llegada de otras nuevas. Así, el primero de julio se sabía perfectamente que la 67ª División (del XX CE) con sus Brigadas 215ª y 216ª actuaba de reserva del Ejército de Extremadura, y tenía su cuartel general en Cabeza del Buey. Por otra parte, también se conocía la presencia de la 10ª División (del VI CE) formada por las Brigadas 206ª, 207ª y 208ª, con su puesto de mando en Zalamea de la Serena y que había arribado durante la segunda mitad de junio a la zona para participar en la contraofensiva republicana cerca de Peraleda del Zaucejo. Además, en estas fechas también se había asentado en este frente la 148ª BM (21ª División, IX CE).

Todas estas circunstancias se concretaron finalmente el día 2 de julio cuando desde el puesto de mando del ejército franquista el propio Franco emitía la “Instrucción general para la supresión de la Bolsa de Mérida”. El objeto de la maniobra era claro:

1º.- Suprimir la llamada Bolsa de Mérida, reduciendo el frente que actualmente ocupan nuestras fuerzas en 90 kilómetros.

2º.- Liberar una zona de más de 5.000 kilómetros cuadrados, con muchos pueblos, entre ellos Don Benito, Castuera, Villanueva de la Serena y Medellín, de gran riqueza, tanto agrícola como ganadera.

3º.- Liberar en el caso que se decida continuar las operaciones sobre Cabeza del Buey, el ferrocarril Almorchón-Villanueva de la Serena-Mérida, lo que nos proporcionar duplicar el tráfico de Andalucía con Mérida, descongestionándose extraordinariamente la única línea existente.

4º.- Hacer al enemigo, llevando la operación con la necesaria rapidez, una considerable cantidad de prisioneros y material de guerra.

5º.- Aproximar, en su caso, nuestra línea a Almadén por una parte y a los puertos del Rey y San Vicente por otra, lo que nos pone en postura favorable para emprender operaciones que nos lleven a la conquista de estos importantes objetivos y aún de otros de más envergadura.

6ª.- Descongestionar, aunque sólo sea temporalmente y de algunas fuerzas, los otros frentes, especialmente el de Levante.

Emblema de la 19ª División sublevada. I C.E. del Ejército del Centro.

Las fuerzas actuantes serían una “masa operativa del Ejército del Centro” y otra “masa operativa del Ejército Sur”, esta última tendría finalmente como base de partida las posiciones al este de Puerto Castuera (carretera Peraleda-Zalamea) hasta el río Zújar; las gestiones de Cuesta Monereo, parece, pues, que dieron sus frutos. Además, se explicitaban las modalidades de la maniobra, se indicaba el cariz que debía tener la aviación y se insistía en la necesidad de acuerdo entre los jefes de ambos ejércitos respecto a emprender simultáneamente esta acción.

Sin embargo, y aun emitida la instrucción el día 2 de julio, el ataque no se produjo hasta el 19 del mismo mes. Esta diferencia de algo más de quince días ha de relacionarse con la propia marcha de la guerra en otros frentes, concretamente el de Levante (recuérdese el objetivo 6º de la instrucción).

La bibliografía sobre la guerra civil ya ha insistido sobre tal relación. Así, se ha indicado que esta operación se había planeado “simultáneamente al asalto final de Valencia, con lo que, de paso se descongestionaría el frente de Levante” e incluso se ha llegado a afirmar que “el objeto fundamental de la maniobra era, sin embargo, evitar que nuevas reservas gubernamentales fueran extraídas de los frentes del Sur y dirigidas a Levante donde por aquellos días se libraban los combates decisivos en la línea X-Y-Z. No les debe faltar razón a estos autores si recordamos la marcha de una brigada de cada una de las divisiones del VII CE (62ª, 104ª y 63ª) entre abril y mayo. A finales de mayo también se dirigió a Levante la 68ª División, cuyas brigadas (189ª, 190ª y 191ª) se habían formado sacando “el mejor Bón, de veteranos” de cada una de las doce brigadas del Ejército de Extremadura.

Además, dos de las divisiones que habían participado en el contraataque republicano de finales de junio en la zona suroriental del frente extremeño (cerca de Peraleda del Zaucejo) y en la zona noroccidental del frente cordobés ponían rumbo a Levante en la primera quincena de julio. Así, la 10ª División partió nada más iniciarse dicho mes y a la 67ª División (brigadas mixtas 215ª y 216ª) se le ordenó marchar el 13 de julio[4]. Para no dejar desguarnecido el frente que ocupaba la 67ª División, se trasladó la 25ª BM, que en aquellos momentos se encontraba en el frente extremeño.

Resulta evidente, entonces, que la operación conjunta diseñada era la mejor forma de eludir el trasiego de fuerzas hacia Levante. Además, la retirada de estas tropas representaba una considerable reducción de los efectivos del Ejército de Extremadura situados en la zona de enlace del VII y VIII CE, y en consecuencia se debilitaba claramente el frente extremeño. Los mandos franquistas poseían clara conciencia de ambas circunstancias.

En estos días se aceleraron los preparativos previos, organizándose las dos masas de maniobra que participarían: por parte del Ejército del Centro, la “Agrupación de Divisiones del Guadiana” al mando del general Múgica y compuesta por las Divisiones 19ª, 11ª y 74ª, más una brigada de caballería, artillería propia (siete grupos) y zapadores; respecto al Ejército del Sur se constituyó el denominado “Cuerpo de Ejército de Maniobra”, cuya máxima responsabilidad la ostentaba el general Solans, y que estaba formado por las Divisiones 102ª, 112ª, 122ª, 24ª y 21ª, más una brigada de la 60ª División y una brigada de caballería.

Carga de los jinetes de la división del General Monasterio.

En la zona norte, el protagonismo del ataque había de corresponder a las Divisiones 11ª y 74ª, mientras, la 19ª División serviría de elemento de fijación de las fuerzas republicanas asentadas en la línea del frente; y un regimiento de la 74ª División actuaría de reserva. En la fracción meridional la actuación ofensiva iba a correr a cargo de las Divisiones 102ª, 112ª y 122ª. Las Divisiones 21ª y 24ª tendrían como objetivo fundamental evitar la salida de tropas republicanas de la línea del frente; finalmente la brigada de la 60ª División se convertía en reserva de esta fuerza.

A todo este operativo se le agregarían efectivos de aviación, concretamente “una escuadra y una escuadrilla de Bombardeo, dos grupos de Caza, una escuadrilla de Gran Bombardeo y un grupo de Cooperación. Se utilizaría los aeródromos de Badajoz, Mérida, Trujillo, Calzadilla de los Barros y los que se designaran eventualmente.

Las operaciones se iniciaron el 19 de julio, con el ataque franquista en el sector toledano del Puente del Arzobispo defendido por las tropas de las 46ª BM (29ª División, VII CE). En realidad, se trataba de una acción previa de sondeo, pues la verdadera ofensiva comenzaba al día siguiente con un doble embate, uno que desde el noreste de Villanueva de la Serena llegaba hasta Navalvillar de Pela, y el otro en el sector de Monterrubio de la Serena.

Tanto en el norte como en el sur las tropas franquistas consiguieron romper el frente ese día. Las fuerzas de Múgica consiguieron cruzar el río Gargáligas al sur de Madrigalejo, y tomar el pueblo de Acedera al final de la jornada. En la otra vertiente los efectivos dirigidos por Solans se abrieron paso hacia Monterrubio.

El día 21 [julio] las fuerzas de la Agrupación de Divisiones del Guadiana conquistaron Navalvillar de Pela, Orellana de la Sierra y Orellana La Vieja y llegaron al Guadiana, consiguiéndolo vadear al anochecer. En el sur, los atacantes ocuparon las sierras en torno a Monterrubio.

La siguiente jornada supone la caída de Monterrubio en manos de los soldados de Queipo, quienes además cortaron la carretera Castuera-Cabeza del Buey. En el norte La Coronada cayó en manos de los franquistas.

Durante el 23, se eliminó la fuerte resistencia republicana de días anteriores al noreste de Villanueva de la Serena (macizo Aceuchal, Castillo de la Encomienda y Tamborrío) y continuó el avance hacia los objetivos: Magacela y Campanario. Ese mismo día, cae primero Benquerencia y más tarde Castuera.

Finalmente, el día 24, tropas de estas dos grandes masas operativas contactaron en Campanario, de modo que la denominada bolsa de Mérida ha quedado cerrada por las tropas franquistas.

En tan sólo cinco días el ejército franquista había reducido en gran medida la “cuña Don Benito-Castuera”. No cabe duda de que las tropas franquistas habían cumplido a la perfección lo planificado por sus mandos, ahora bien, ¿cuál había sido el comportamiento del ejército republicano encargado de la defensa de este frente?

Castillo de La Encomienda (Villanueva de La Serena).

Las fuerzas atacadas en un primer momento (19 julio) no son otras que las agrupadas en la 46ª BM (29ª División, VII CE), que guarnecía la zona meridional del frente toledano. Pero durante la madrugada del día siguiente dos nuevas ofensivas tienen lugar una en la zona comprendida entre Villanueva de la Serena-Navalvillar de Pela, y la otra en el sector de Monterrubio de la Serena. Las tropas franquistas se encontraron en la zona norte a los efectivos de la 109ª BM, concretamente al batallón 436º, cuyo puesto de combate se ubicaba en el Castillo de la Encomienda y al 434º que tenía el suyo en Acedera [El puesto de combate de la 109ª BM se encontraba entre Acedera y Orellana la Vieja]. En la zona sur el terreno atacado estaba defendido por la 12ª BA (grupos 24º y 37º) en la margen izquierda del Zújar y por los batallones 409º y 410º de la 103ª BM (38ª División, VIII CE) en la margen derecha del dicho río, a saber, en la zona de enlace entre los cuerpos de Ejército VII y VIII.

En primera instancia, el alto mando del Ejército de Extremadura estimó que el ataque más peligroso era el realizado en el sector del Puente del Arzobispo. De hecho, la debilidad de las fuerzas defensoras (la 46ª BM)[que contaba con 3.180 hombres armados con 1.300 fusiles para atender un frente de 82 kilómetros] y la dureza de tal acometida conllevó la orden de enviar a la 148ª BM (que actuaba de reserva del Ejército de Extremadura y se encontraba en las inmediaciones de Zalamea de la Serena) y a los batallones 98º y 100º de la 25ª BM (en esos momentos asentados cerca de Hinojosa del Duque).

Sin embargo, la orden de traslado de tropas no llegó a ejecutarse, de hecho el jefe del Estado Mayor del VII CE (el mayor de milicias, Agustín Barrios), al advertir la mayor gravedad de los ataques franquistas en la zona de Acedera y en la de Monterrubio, logra convencer a Burillo para que rectifique dicha orden. Así, la mayor parte de la 148ª BM permanecerá en Castuera y los dos batallones de la 25ª marcharán hacia Acedera. No obstante, algunas fuerzas fueron enviadas a la zona del Puente del Arzobispo (un batallón de la 148ª BM, el Batallón Disciplinario nº 7 y 200 guerrilleros, entre otras) y, junto a las tropas de la 46ª BM, logran resistir los ataques franquistas de los días 20 y 21. [El jefe de la 29ª División republicana, el teniente coronel Fernando Monasterios, señaló que las tropas franquistas abandonaron más de 300 cadáveres de las “fuerzas moras”].

La misma tarde del día 20, a las 20,40 horas, el jefe del Ejército de Extremadura ordena constituir la denominada “División Zújar” que debía defender el sector atacado en la zona meridional y debía coordinar una serie de fuerzas de diversa procedencia. De esta manera, la nueva unidad se constituyó con las fuerzas que estaban siendo atacadas (la 12ª BA y los dos batallones de la 103ª BM), y dos batallones de la 148ª BM que esperaban en Castuera, a los que se sumaron los batallones 97ª y 99ª de la 25ª BM que habían partido de Alcaracejos y de Valsequillo respectivamente. Se agregó también una serie de pequeñas unidades motorizadas, en total unos 5.000 hombres. Al mayor Sánchez Carmona, hasta ese día máximo responsable de la 12ª BA, se le encomendó el mando de esta particular división.

La aparición de la División Zújar implicaba en la práctica que la 37ª División dejaba de actuar en la zona más meridional del frente extremeño. Por otra parte, estaba clara la actuación de los máximos responsables del Ejército de Extremadura, tropas de reserva (las brigadas 25ª y 148ª) debían ayudar a las fuerzas atacadas (12ª BA, 103ª BM y 109ª BM) a taponar las dos brechas que intentaba abrir el enemigo, quedando las demás unidades en sus posiciones del frente (las brigadas 20ª y 91ª).

Tal y como hemos indicado, el ataque franquista a las posiciones defendidas por la 109ª BM se inicia en la madrugada del día 20 [julio]. En un primer momento las tropas republicanas se defienden bien, de hecho Benigno Cardeñoso (comisario del VII CE y en esos momentos comisario accidental del Ejército de Extremadura) pudo entrevistarse ese mismo día primero con el jefe de la 109ª BM, el mayor de Blas, quien le “informó sobre la cantidad del enemigo y la resistencia magnífica que estaban haciendo las fuerzas propias”, y después con el responsable de la 37ª División, el teniente coronel Sánchez-Cabezudo, “quien encomió extraordinariamente la magnífica resistencia de la tropa, pero lamentándose de la falta de reservas.

Los dos batallones de la 25ª BM toman posiciones cerca de la localidad de Acedera esa misma tarde. A pesar de la resistencia de los efectivos de la 109ª BM y del refuerzo que suponen los de la 25ª BM, las tropas franquistas conquistan el pueblo de Acedera al anochecer y toda la primera línea republicana de este sector, excepto el macizo Aceuchal.

Al día siguiente, el 21, la ofensiva franquista se concentra en las posiciones republicanas de Orellana la Vieja, Orellana de la Sierra, Sierra de Pela y Navalvillar de Pela. En un primer momento los embates son contenidos, pero la llegada de nuevas tropas enemigas y la inexistencia de reservas propias obligan a las fuerzas republicanas a replegarse y abandonar dichas posiciones.

Durante estas dos jornadas los soldados republicanos han dado varios ejemplos de dura resistencia ante el ataque enemigo. Así, dos batallones defendieron en lucha cuerpo a cuerpo la localidad de Acedera y un episodio similar se produjo en Orellana la Vieja. El propio Benigno Cardeñoso, el mismo día 21, dejó constancia escrita de varias actuaciones dignas de mención:

Soldados republicanos equipados y armados con un fusil ametrallador.

[…] una compañía de la 109ª Brigada Mixta defendía la cota 322 y para conquistarla el enemigo tiene que causarse 20 muertos y 50 heridos; otra compañía de la misma Brigada defiende el Cortijo Torrevirote y lo tiene que ceder cuando es destrozada durante tres ataques, diezmando antes dos Batallones. Las Talarrubias son defendidas durante todo el día con brío y coraje, aún viéndose rebasados por el enemigo en varios kilómetros, viéndose obligadas a cederlas por la noche. Tres Compañías de la misma Brigada permanecen durante todo el día envueltas por el enemigo, se baten heroicamente, no se rinden y consiguen por fin romper el cerco por la noche.

El día 22 [julio] los ataques se centran al noreste de Villanueva de la Serena, concretamente en las elevaciones de Tamborrío, situadas al sur del Guadiana y al noreste de la confluencia de dicho río con el Zújar. Las tropas franquistas (dos compañías) logran tomar esta posición, sin embargo, tres compañías republicanas (una de la 20ª BM, otra de la 109ª BM y la tercera de la 25ª BM) reconquistan este punto y obligan al enemigo a cruzar de nuevo el Guadiana.

Durante esa misma jornada, se pueden contener los ataques lanzados por los franquistas al sur de Orellana la Vieja y hacia Casas de Don Pedro, aunque efectivos atacantes logran vadear el Guadiana al suroeste de Orellana la Vieja, a unos tres kilómetros de la carretera Orellana la Vieja-Campanario.

A las nueve de la mañana del día siguiente, el 23, las fuerzas franquistas atacan violentamente, en la zona del macizo del Aceuchal y el Castillo de la Encomienda, posiciones situadas en la orilla derecha del Guadiana. Tras una intensa preparación artillera y un posterior bombardeo se ocupan dichos lugares, y se retiran los republicanos al sur del Guadiana, donde resisten. Sánchez-Cabezudo describió este episodio:

“El macizo del Aceuchal ha sido completamente machacado por la Aviación y Artillería enemiga. Igualmente ha sido bombardeado con mucha intensidad el Castillo de la Encomienda.

La guarnición de la cota 303 del macizo Aceuchal ha quedado materialmente enterrada entre el bombardeo de la Aviación y artillería; el enemigo la rebasó y ocupó sin que nuestras fuerzas se replegaran; después el ataque fue dirigido entre el castillo y el macizo. Las fuerzas que lograron replegarse lo hicieron sobre Tamborrío. Este Batallón de la 109ª me comunicó su jefe que había tenido más del 60% de bajas”.

Sin embargo, horas más tarde las posiciones al sur del Guadiana (Tamborrío) fueron ocupadas por los atacantes, que avanzan hacia Villanueva de la Serena. La resistencia republicana va cesando.

Esa misma jornada, las fuerzas franquistas que el día antes habían vadeado el Guadiana al sur de Orellana la Vieja, marchan por la carretera que une esta localidad con la de Campanario, incluso algunas patrullas de caballería llegan a las inmediaciones de este último pueblo. El avance ya no encuentra resistencia republicana alguna. Por contra, al suroeste de Casas de Don Pedro los esfuerzos del enemigo por cruzar el Guadiana resultan vanos ante la actuación de las tropas republicanas (433º Bón. de la 109ª BM).

El día 24, las fuerzas republicanas apenas oponen resistencia en este sector, y ello permite a los efectivos del Ejército del Centro franquista ocupar las localidades de Magacela y La Coronada y finalmente contactar con tropas del Ejército del Sur en Campanario. La “bolsa”, pues había sido cerrada.

Un soldado observa el paso de la aviación.

Aunque el cerco se había completado, debemos señalar que una buena parte de las tropas que habían combatido en este sector (de Villanueva de la Serena a Navalvillar de Pela) lograron replegarse a territorio republicano (la mayoría de la 109ª BM, batallones de la 25ª BM y algunas fuerzas de la 20ª BM). En el repliegue destacó la labor realizada por el comisario accidental de la 37ª División, Francisco López Real y por un miembro del Estado Mayor de la 37ª División, el teniente Díaz, quienes con ayuda del comisario accidental de la 109ª BM (Eugenio Humanes Ruiz) y el también accidental de la 20ª BM (Ramón Aragonés Castillo) dirigieron un contingente de unos 1.200 hombres hacia zona republicana. [También destacó la acción realizada por el comisario del 80º Bón. de la 20ª BM, Juan Parejo, quien dirigió la retirada de dichas tropas al pasarse el comandante de dicho batallón al enemigo].

A pesar de ser derrotadas, la actuación de estas tropas fue bien valorada por algunos altos responsables militares y del comisariado. Fernando Monasterios, jefe de la 29ª División republicana, afirmó a finales de agosto que las tropas de la 109ª BM fueron las que mejor combatieron, pues no huyeron o se desmoralizaron en ningún momento. Tales apreciaciones coinciden con las realizadas en las mismas fechas por el Comisario del Ejército de Extremadura, Jiménez Molina; además de señalar la alta moral de estas tropas, incidió en “que en todo momento cedieron terreno peleando con heroísmo constante, pero insuficiente en absoluto en número”.

Tampoco faltaron juicios de altos mandos militares ajenos al Ejército de Extremadura. El propio general Vicente Rojo, máximo responsable del Estado Mayor Central republicano, tras visitar a principios de agosto lo que quedaba de frente extremeño reconoció abiertamente que la 109ª BM había luchado bien.

A tenor de todo lo descrito anteriormente, puede afirmarse que en la zona norte del frente extremeño las tropas republicanas tuvieron un comportamiento aceptable, si bien la superioridad en número de hombres y medios materiales del enemigo terminó con su resistencia.

Si esto ocurrió en el sector defendido inicialmente por la 109ª BM, ¿qué sucedió en la zona sur? En este caso, el comportamiento de las fuerzas republicanas y su constante trasiego durante esos días hace dificultoso el análisis. Además, no debemos olvidar que en el sector atacado se producía el enlace entre el VII y VIII CE, y que dos de las unidades afectadas eran ajenas al frente extremeño. La 103ª BM pertenecía a la 38ª División del VIII CE (frente cordobés), y la 148ª BM (20ª División, IX CE, Ejército de Andalucía) llegó a tierras extremeñas procedente de Andújar (Jaén) para ayudar a contener la ofensiva franquista de mediados de junio, y desde entonces actuaba de reserva del Ejército de Extremadura, tal y como hemos apuntado más arriba.

En cualquier caso, el ataque franquista se inicia en el sector ocupado por el 24º Grupo de la 12ª BA situado al sur de Sierra Picuda, y que logró rechazar la embestida. Ante esta resistencia se produce otro ataque de las tropas franquistas en la zona defendida por dos batallones de la 103ª BM (margen derecha del río Zújar frente a Monterrubio de la Serena). Las fuerzas republicanas resisten cuatro asaltos, iniciándose el primero a las 7,10.  A pesar de ello, y ante el importante número de hombres y medios del enemigo durante la última acometida, éste consigue:

Una columna de soldados sublevados camino de las posiciones del frente.

Envolver sobre las 1,20 de la tarde […] a todo el segundo batallón y parte del primero de la 103ª Brigada. Situación tan comprometida no llega aún a provocar el desconcierto en nuestras fuerzas, las que pegadas al terreno, sin ceder posiciones hacen frente al enemigo llegándose a luchar cuerpo a cuerpo, empleando bayonetas las que los tenían y enarbolando el fusil por el cañón los que carecían de ella. Después de una lucha violentísima en las que nuestras fuerzas quedaron diezmadas se logró salir del cerco, haciéndolo por algunos núcleos, haciéndolos unos por la zona del VII Cuerpo y otros por nuestras posiciones intermedias y la tercera línea. Uno de los batallones de la 103ª Brigada Mixta, se queda tres veces sin Jefe al caer dos de ellos heridos y uno muerto durante la lucha. El 409º Bón. ha quedado con un efectivo de 220 hombres y el 410º Bón. con 100; en cambio una vez recuperado este personal fue inmediatamente puesto en línea.

Esta actuación ofensiva propicia el retraso de la línea ofensiva de las tropas republicanas, cerca de Monterrubio. Ya indicamos que el mismo día 20 [julio] por la tarde se organiza una nueva unidad para defender el sector atacado, la División Zújar, que va a agrupar tanto a las fuerzas atacadas como a los refuerzos que llegarán al día siguiente. El día 21 y para fortalecer la línea republicana llegan a la zona los batallones de las brigadas 25ª y 148ª. A las fuerzas de la 148ª BM se le encarga la defensa de Monterrubio, y para ello se sitúan en las alturas que dominan esta localidad al sur y sureste. Durante la jornada del 22, las posiciones se pierden y las tropas se retiran; ello provoca que “dada la flojísima actuación de estas fuerzas se ordena proceder judicialmente contra sus Mandos”. Al fin, la localidad es ocupada por los franquistas a las 16,50 h. de ese día.

Paralelamente a todos estos hechos y ante el avance de las tropas franquistas, se intenta reforzar las líneas republicanas con nuevos efectivos. En la madrugada del día 22 (2 horas) se ordena sacar una compañía de cada uno de los batallones en línea de la 91ª BM, y marchan hacia la zona. Tras un rocambolesco viaje y en medio de la gran confusión del momento, sólo dos compañías llegan a la zona de los combates, las otras dos aparecen una en Cabeza del Buey y otra en Capilla. Un batallón de la 20ª BM (el 77º) también es enviado a la zona de los combates, concretamente cerca de la localidad de Puerto Hurraco.

Ante la pérdida de Monterrubio, los mandos republicanos ordenan su inmediata reconquista, sin embargo, esta operación no empieza hasta las nueve de la mañana del día siguiente (el 23). Para ello se ha constituido dos columnas atacantes; una formada por un batallón de la 25ª BM, el otro de la 148ª BM, dos compañías de la 91ª BM, el batallón disciplinario del VIII CE y una compañía de camiones y blindados. Esta columna parece que tiene una actuación destacada: “De magníficos resultados durante toda la mañana, en que nuestros tanques llegaron a las inmediaciones de Monterrubio, donde se recogieron monturas de caballos enemigos”. Sin embargo, la otra columna, formada por los dos batallones de la 148ª BM que el día anterior habían perdido Monterrubio, no parece actuar de igual manera, pues sus integrantes se baten en retirada sin apenas entrar en combate:

Por medio del Comisario de la Brigada [148ª], que desde Castuera me telefonea que ha sido envuelto uno de sus Batallones y rechazado otro. La realidad era que los dos Bones. sin previo anuncio de ataque enemigo y ante la simple aparición de éste se disolvieron con tal rapidez y maña.

La retirada no sólo supone la imposibilidad de tomar de nuevo Monterrubio, sino también que el enemigo se infiltre por el sector asignado a estos dos batallones de la 148ª BM y pueda marchar hacia Benquerencia de la Serena. Aunque las tropas republicanas intentan resistir, durante la tarde del día 23 cae en manos de los atacantes dicha localidad. Desde Benquerencia las tropas franquistas avanzan hacia Castuera, que es tomada hacia las diez de la noche de tal jornada sin apenas resistencia.

Al día siguiente se realiza un contraataque republicano sobre Castuera, operación que se ejecuta a sabiendas de la escasez de efectivos y medios frente a los acumulados por el enemigo. La actuación se explica en función del objetivo perseguido, que era que el repliegue de las brigadas 20ª y 91ª, unidades cuya mayoría de combatientes había permanecido en sus líneas durante estos días sin llegar a entrar en combate.

Con esta operación no se consiguió el objetivo táctico perseguido (la toma de Castuera), pero se alcanzó en parte el objetivo estratégico, pues:

 

[…] la Brigada de Asalto, la 20ª Brigada y restantes fuerzas de la bolsa pudieron salir en considerable proporción. Entre estas Unidades venían […] los dos Batallones de la 25ª Brigada […] y tres Cías. de la 91ª Briagada.

 

A pesar de todo, el día 24 las tropas del Ejército del Sur franquista convergían con las del Ejército del Centro en Campanario durante esa tarde, y la bolsa quedaba igualmente cerrada.

Soldado de una sección de ametralladoras defendiendo su posición.

Como se ha podido comprobar, la mayoría de las tropas republicanas situadas en la zona meridional del frente extremeño habían dado muestras de combatividad frente a un enemigo más numeroso y mejor armado. No obstante, en esta zona la desorganización e improvisación resultó ser mayor que en la zona norte; además algunas de las tropas tuvieron un comportamiento poco aceptable a tenor de las valoraciones realizadas posteriormente. En este sentido, resulta clara la alusión que hizo Benigno Cardeñoso al enjuiciar globalmente el comportamiento de los combatientes republicanos durante estos días:

 

Examinadas estas jornadas con la debida reflexión, la consecuencia final que saco no me hace cambiar de criterio en cuanto al comportamiento de la tropa se refiere. Éste ha sido extremadamente heroico, no obstante, la rápida progresión del enemigo, acusando una elevadísima moral […].

La única excepción que cabe hacer en tal sentido y esto es a partir del cuarto día de lucha, tiene relación con la 148ª Brigada, de la que se desmoralizaron rápida y totalmente los dos Batallones de la División “Zújar”, obedeciendo ésta a mi juicio al hecho de tratarse de una Brigada que jamás intervino en combates serios y las de la 12ª Brigada de Asalto de cuyo estado de desmoralización todos teníamos conocimiento.

Tal y como hemos podido comprobar, las medidas iniciales adoptadas por los mandos republicanos se mostraban insuficientes. Ante ello, el día 21 [julio], en una reunión de los “Jefes de Gran Unidad” celebrada en Cabeza del Buey se acuerdan algunas acciones para evitar el avance enemigo. En primera instancia, el propio Burillo se ve obligado a pedir refuerzos al Grupo de Ejércitos de la Región Centro (se solicitan al menos dos brigadas); igualmente se reitera la orden “de defender a toda costa la línea del Guadiana”, y finalmente se cesa al teniente coronel Alejandro Sánchez-Cabezudo como jefe de la 37ª División (“cuya actuación hasta este momento ha dejado mucho que desear por su nerviosismo, falta de seguridad y espíritu y por estar encerrado en Castuera”), siendo sustituido por el máximo responsable de la 109ª BM, el mayor de milicias Antonio de Blas. Además, concretamente a las 12 horas, se ordena sacar esa misma noche un batallón de la 20ª BM y otro de la 91ª (fuerzas en línea) para enviarlos a la zona del Zújar, a los que se les debía añadir los dos batallones de la 25ª BM que luchaban en la zona de Acedera.

A pesar de que estas órdenes se llevan a cabo en parte (los batallones de la 25ª BM no pudieron ser retirados debido al avance enemigo en la zona norte), la situación se sigue agravando. Durante la madrugada del día siguiente, las tropas franquistas logran vadear el Guadiana al suroeste de Orellana la Vieja. Ese mismo día (el 22) Burillo recibe en Almadén al coronel Manuel Matallana, jefe de Estado Mayor del Grupo de Ejércitos de la Región Central para abordar la situación. Precisamente en el transcurso de la entrevista, el teniente coronel Linares da la noticia de la pérdida de Monterrubio, que resulta errónea pues dicha localidad no caerá en manos franquistas hasta las 17 h.

Probablemente el avance de las tropas franquistas y la propia confusión del ejército republicano (nombramiento de nuevos mandos -Sánchez Carmona-, cese de otros -Sánchez-Cabezudo, noticias contradictorias -pérdida de Monterrubio-, etc.), propiciaron la llegada del general Miaja, jefe del G.E.R.C., al “frente de Extremadura” a las nueve de la mañana del día 23. El alto mando militar republicano ordena que se establezca “como línea de resistencia la de Puebla de Alcocer-Almorchón-Belalcázar”, siguiendo la propuesta que Matallana hizo el día anterior. Al mediodía de esa misma jornada (13,30 horas), Burillo, Matallana y el mayor Antonio Garijo (del Estado Mayor del G.E.R.C.) llegan a Cabeza del Buey y mantienen una reunión con el jefe del VII CE, Rubert de la Iglesia, que les informa de la situación. A las 17 horas regresan a Almadén, y es posiblemente esa misma tarde y considerando la nueva línea de resistencia marcada por Miaja, cuando se opta por “replegar las fuerzas a la línea del río Zújar”. Rubert “propone el repliegue de las Brigadas 20ª, 91ª y 109ª” a las tres de la madrugada del día 24 [de julio], aprobándose esta medida a las 4,20 horas. Pero la decisión llegaba tarde, pues buena parte de las tropas quedaron cercadas ese mismo día.

En torno a esta última cuestión, es decir, la evacuación de efectivos militares republicanos (y de la población civil) ante un posible cierre de la bolsa, se habían producido importantes diferencias de opinión entre los altos responsables del VII CE por un lado y los del Ejército de Extremadura por otro. Ello, en cierto modo, nos habla de la capacitación militar de los máximos responsables militares del frente extremeño.

A finales de junio y en una reunión de mandos celebrada a raíz de la pérdida de la zona de Peraleda del Zaucejo, Los Blázquez y Valsequillo, tanto el Comisario Inspector del Ejército de Extremadura, Nicolás Jiménez, como el Comisario del VII CE, Benigno Cardeñoso, expusieron al jefe del Ejército de Extremadura, Ricardo Burillo, la “necesidad imperiosa y urgentísima” de evacuar a la población civil, los víveres y el ganado. Sin embargo, tal petición no fue aceptada por Burillo y ello a pesar de los convincentes razonamientos que Jiménez Molina señaló en dicha reunión:

 

[…] después de perdidos los pueblos de Valsequillo, Los Blázquez, Peraleda-Puerto Castuera y otras posiciones, expuse la necesidad -en vista de la difícil situación en que quedaba nuestra línea y suponiendo que el enemigo insistiría nuevamente hasta cortar si le era posible nuestras comunicaciones con los pueblos del fondo de la cuña, e incluso verificar el cierre total de ella- de proceder a la evacuación de toda la población civil, víveres y ganado con lo que se darían facilidades a nuestras fuerzas en caso de lucha, a la vez que se salvaban los víveres y ganado que suponían una gran riqueza y la población civil que en esa zona se encontraba. Se rechazó esta propuesta mía, alegando que ello desmoralizaría a los combatientes.

El mismo día del inicio de los combates, el 19, se reúnen el jefe del VII CE, el teniente coronel Rubert de la Iglesia, su jefe de Estado Mayor, el mayor de milicias Barrios y el comisario de dicha fuerza, Cardeñoso. En el encuentro se analiza la situación y se concluye “que el objetivo del enemigo no podía ser otro que la conquista de la cuña Don Benito-Castuera”, por lo que se acuerda proponer dos iniciativas con carácter urgente: la primera, la evacuación de la población civil (víveres y ganado) de las localidades “comprendidas en la expresada cuña” y la segunda “el repliegue de la 20ª y 91ª Brigadas Mixtas […] al objeto de establecer una línea más resistente que pudiera comprender Monterrubio-Castuera-Campanario, a enlazar con las fuerzas de la 25ª y 109ª Brigadas Mixtas.

Estas conclusiones son trasladadas al mando del Ejército de Extremadura al día siguiente, pero no son tenidas en cuenta. El día 21 por la tarde, en una reunión convocada por Burillo y a la que asisten los jefes de las grandes unidades (mandos de divisiones y cuerpos de ejército), nuevamente los responsables del VII CE exponen sus propuestas, y de nuevo son rechazadas por el jefe del Ejército de Extremadura.

Paralelamente a todas estas situaciones, se desarrollan una serie de iniciativas adoptadas por el gobernador civil de la provincia, Alfonso Orallo. El cargo institucional se entera de las operaciones en marcha el día 20, cuando es visitado por el jefe de intendencia del VII CE. Éste le informó “de la necesidad apremiante de ordenar la evacuación de productos y ganados en los pueblos de Pela, Orellana y Orellanita, no hablándoseme nada por nadie en cuanto a la población civil. Ese mismo día Orallo tiene conocimiento del ataque en la zona de Monterrubio de la Serena, lo que le lleva a trasladarse a Almadén con intención de entrevistarse con el propio Burillo. Sin embargo, éste no lo recibe “pretextando que tenía mucho que hacer”. Ante la negativa, a primera hora de la mañana del día 21 se dirige a Cabeza del Buey, donde mantiene un encuentro con los máximos responsables del VII CE, Rubert de la Iglesia y Barrios.

Ricardo Burillo Stholle, nombrado jefe del Ejército de Extremadura. Aquí le vemos caracterizado como comandante.

El Señor Gobernador Civil hace una detallada historia de las gestiones por él realizadas cerca de las autoridades militares y en colaboración con el Frente Popular Provincial […]. Las circunstancias militares, cada día más graves, hacían prever un corte que afectase a la mayor parte de nuestra zona extremeña y el ordenar una evacuación total de dichos pueblos afectados probablemente, implicaba una grave responsabilidad en el caso de que los acontecimientos militares no hiciesen que esta evacuación fuese necesaria. Para tener una información real que hiciese ver claramente el momento de ordenar la evacuación, visita al Comandante Barrios y al jefe del Cuerpo de Ejército, quienes de una manera particular le exponen la conveniencia de una rápida evacuación, pero le manifiestan que no pueden proporcionarles medios para realizarla:- En estas condiciones se destaca a los pueblos más directamente afectados por la guerra una comisión del Frente Popular, integrada por los compañeros Casado, Orozco y López para dar normas de esta evacuación con la consigna de que de los pueblos afectados habían de salir todos los hombres útiles para la guerra, los familiares de las personas de izquierda destacadas, la riqueza existente en cada pueblo y aquellas personas que voluntariamente quisieran hacerlo, sin obligar a las mujeres, niños y ancianos a evacuar, evitando así un peso muerto que en nuestra guerra crea graves dificultades.

Como puede apreciarse, las diferencias entre los máximos responsables del VII CE y el jefe del Ejército de Extremadura empezaban a tener consecuencias en la propia población civil. De hecho, durante el día 22 acontecen varios sucesos que ponen aún más de manifiesto estas discrepancias.

Ese día, el Gobernador Civil consigue mantener una entrevista con Burillo, y éste le manifiesta la improcedencia de la evacuación de la población civil que se está realizando, ya que según él ello suponía el hundimiento de la retaguardia y la desmoralización de las tropas. Ante tal apreciación Orallo “no ordena oficialmente la evacuación de los pueblos afectados”.

Por su parte, desde la jefatura del VII CE, se solicita al mando del Ejército de Extremadura una orden de repliegue de las brigadas mixtas 20ª, 91ª y por otra parte se envía otra a la 37ª División. En ésta se indicaba “Disponga que la 20ª y 91ª Brigadas estén dispuestas para si llegara el momento necesario efectuar repliegue para unirse a fuerzas del interior en ordenada retirada. El momento será determinado por este Mando. Si faltase el enlace proceda V.S. según aconsejen las circunstancias”, aunque en realidad se estaba produciendo en esos momentos.

Todo parece mostrar que la orden solicitada al Ejército de Extremadura fue denegada, e incluso puede que a partir de esos momentos cualquier acción relacionada con tal repliegue ya no dependiera de los mandos del VII CE, sino del propio Burillo. Al menos eso se puede deducir del testimonio del que en esos momentos era el jefe de Estado Mayor de la 91ª BM, Pedro Tirado Navarro:

 

Pasa el día 21 y el día 22 es llamado urgentemente a Castuera por el jefe de la Div. Teniente Coronel Cabezudo. Llegado a Castuera se le ordena al informante que redacte urgentemente una orden de repliegue de la 91ª Brigada incluyendo la evacuación de todos los pueblos a retaguardia de la Brig. Puesto que él era el mejor conocedor del terreno por su larga permanencia en este Ejército. Antes de ordenar el repliegue consulta al Cuerpo de Ejército el caso. El Cuerpo de Ejército le contesta que el asunto lo lleva directamente el Ejército, ya que él había consultado varias veces el repliegue de todo el sector que guarnecía la 20ª y 91ª Brig. En vista de ello el Teniente Coronel Sánchez Cabezudo llama por teléfono al Jefe del Ejército. Le plantea el problema del repliegue y la situación grave que se creaba con no retirar hacia las líneas de resistencia de Castuera a la 91º Brigada. El mencionado Jefe del Ejército contesta al Jefe de la Divi. 37ª que eran exageraciones suyas, que la situación no era tan grave como él la pintaba a lo que le contesta el Jefe de la Div. que una cosa era estar en Castuera y otra en Almadén. El Jefe del Ejército manifiesta que él tenía la suficiente hombría para trasladar su P.M. a Castuera. El Jefe de la Div. le dice que él ya sabe que tiene suficiente valentía para permanecer en el mencionado pueblo pero que él no se lo dice con mala intención solamente lo hace para demostrarle que las cosas a 60 Kms. de la primera línea se veían muy diferentemente que donde tenía el P.M. este mencionado Jefe. Entonces el Teniente Coronel Cabezudo dirigiéndose al que suscribe le manifiesta la situación en estos términos “Habrás visto Tirado, que no hay nada que hacer, el Ejército no me hace caso, duda que la situación sea tal como en realidad es”.

Habrá que esperar, tal y como hemos visto, a la madrugada del día 24 para que se ordene el repliegue de las brigadas. Sin embargo, a primeras horas de la tarde de ese día se completaba el cierre de la bolsa y un buen número de combatientes republicanos quedaron cercados, especialmente los componentes de la 20ª y 91ª BM.

No cabe duda de que las diferencias entre el jefe del Ejército de Extremadura y los máximos mandos del VII CE en torno al repliegue de las fuerzas que se mantenían en línea y que no habían entrado en combate hasta el momento (la mayor parte tanto de la 20ª BM como de la 91ª BM) supusieron al final el cerco de un importante contingente de fuerzas en zona enemiga.

Gran parte de las tropas republicanas que habían quedado en el interior de la bolsa intentan salir durante la madrugada del día 25. Así, tres batallones de la 20ª BM (78º, 79º y 80º), una compañía del Batallón de Ametralladoras nº 7 y otra del nº 20, y elementos sin encuadrar de las brigadas 25ª y 109ª y alguna fuerza de caballería forman una columna para intentar pasar a líneas republicanas. Se reúnen a cuatro kilómetros de Campanario (en dirección Magacela) y avanzan hacia Puebla de Alcocer a las 0,30 de dicho día. No obstante, son sorprendidas por fuerzas franquistas que consiguen dispersarla tras provocar un buen número de bajas y prisioneros. Por su parte, tropas de la 91ª BM hicieron un intento similar entre Campanario y La Haba, pero también fracasaron.

La llegada de la 66ª BM (procedente del frente madrileño) y la 81ª BM (del frente valenciano) en los días 24 y 25, y la intervención de la aviación republicana a partir del día 24 (antes no había participado) habían supuesto el reforzamiento defensivo de las líneas republicanas. Por otro lado, prácticamente a la misma hora en que algunos soldados republicanos intentaban romper el cerco franquista en Extremadura, un importante contingente de sus compañeros de armas, iniciaban el paso del Ebro, y empezaba la batalla más dura de la guerra civil. Esta acción ofensiva republicana acarreaba inmediatas consecuencias en Extremadura, pues las divisiones franquistas 74ª y 102ª recibieron la orden de marchar hacia Cataluña el día 25, donde llegarán el día 27 y entrarán en combate el 28.

Militar republicano preparado para el combate.

Tanto el aumento de la capacidad defensiva republicana [en Extremadura, a la que llegarán tropas de la 4ª BM desde el frente madrileño a Cabeza del Buey el día 29 de julio], como la merma de fuerzas franquistas debido al inicio de la batalla del Ebro, suponen por el momento el cese de la actividad ofensiva de las fuerzas franquistas en el frente extremeño. [Aunque el 28 se produce un nuevo ataque franquista en el sector del Puente del Arzobispo en el frente toledano, no afecta al ya reducido frente extremeño]. Y así, una vez rechazados los intentos republicanos por romper el cerco, la misión de las tropas franquistas no fue otra que ocupar el territorio conquistado y “limpiar” la bolsa.

Consecuencias de una derrota

El día 4 de agosto de 1938 el Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Defensa republicano, Juan Negrín, ordenaba que se abriera una “información” sobre lo acontecido en tierras extremeñas. […].

[…] Esta tarea fue encomendada al general José Asensio Torrado. Fue el Secretario General del Ministerio de Defensa, Julián Zugazagoitia, quien transmitió en persona a Asensio la misión asignada:

 

Última encomienda del mismo día [4 de agosto de 1938], ésta del Presidente: que el general Asensio se traslade a la zona del Ejército de Extremadura para informar sobre el desastre que ha sufrido. Instrucciones: que el informe sea exclusivamente militar y determine si todavía es tiempo de corregir la derrota, dando la jefatura de aquellas fuerzas al propio Asensio, en el caso de que se le puedan facilitar los elementos que en su memoria señale como necesario. Llamo al general a mi despacho y se muestra dispuesto a cumplir su encargo con la mejor voluntad, pero suscita temor de que no encuentra ninguna facilidad para su trabajo y apunta la creencia de que revivan antiguos odios, acallados de momento, por razón de táctica política. Le aconsejo que visite al Presidente, lo que me prometer intentar.

[…] Acompañado de tres oficiales, Asensio se trasladó al Almadén el 12 agosto; se inicia así una extensa investigación sobre el “hundimiento del frente de Extremadura, que ha provocado la pérdida de la región de Castuera-Don Benito”. La tarea finalizó el 22 de enero de 1939 cuando remitió al ministro de Defensa (Juan Negrín) la siguiente comunicación:

Excmo. Sr.:

Cumplimentada la orden comunicada de 4 de agosto, me honro en elevarle a V.E. la información instruida en el Ejército de Extremadura, que consta de seis carpetas con un volumen de mil seiscientos cuarenta y seis folios y el informe personal que suscribe con setenta y nueve folios y catorce estados.

 

Antes de dicha fecha, concretamente el 22 de agosto, Asensio elevó un informe al general Miaja en el que se solicitaba la inmediata retirada del mando a algunos responsables de las unidades militares afectadas por el desastre, si bien dejaba claro que esta separación se debía a una clara ineptitud militar, ya que hasta el momento no había encontrado “ningún indicio racional de criminalidad” que pudiera suponer “materia delictiva”. [Los oficiales aludidos eran, además los miembros del Estado Mayor del Ejército de Extremadura y los responsables de artillería, ingenieros e intendencia de dicho ejército, algunos de los jefes de las unidades asentadas en el frente extremeño: el teniente coronel Antonio Rubert (jefe del VII CE), el teniente coronel Alejandro Sánchez-Cabezudo (jefe de la 37ª División), el comandante Sánchez Carmona (jefe de la 12ª Brigada de Asalto y posteriormente de la División Zújar) y el coronel Juan Bautista Gómez (jefe de la 20ª BM)].

[…] El propio general Asensio exponía de una manera exhaustiva las que a su juicio fueron las causas de la derrota. Éstas se hallan intrínsecamente vinculadas al origen y desarrollo del Ejército de Extremadura (“el último constituido”) y a la marcha de la guerra. El alto mando militar las materializa en un listado de errores cometidos. La responsabilidad fue:

 

Del Jefe del Ejército, por tolerar o no conocer el funcionamiento, prescindir en ocasiones de los elementos auxiliares del Mando y dejarse dirigir o influenciar por personas que no tenían responsabilidad ni en la labor militar ni en la política.

Del Jefe del Estado Mayor del Ejército por no recabar el ejercicio pleno de sus funciones, tolerar personal incompetente en los servicios y dedicarse con sus murmuraciones a entorpecer la labor del Mando, dejando de ser un asesor y un auxiliar del mismo, en una palabra, ha faltado al lema del Cuerpo al que pertenece de “Lealtad y trabajo” y es uno de los principales responsables del desorden que existía en el Ejército.

Los Jefes de los Servicios por no desempeñar el ejercicio de sus funciones con entera autonomía y actividad.

El Comisariado por falta de energía para exigir el ejercicio de su alta misión y permitir acciones políticas sin su control e intervención, autorizando críticas y reuniones extrarreglamentarias.

El reclutamiento de los Mandos superiores, hecho en forma caprichosa, sin sujetarse a lo dispuesto por la Superioridad y atendiendo a consideraciones de órdenes que se salen del terreno militar y no teniendo ni valor ni competencia técnica.

El reclutamiento de la tropa realizado con parcialidad y no corregido oportunamente por quienes tenían esta obligación.

Si estos cargos pueden hacerse en el aspecto político y político-militar, no permite tampoco el militar hacer elogios en cuanto a organización, régimen, instrucción y disciplina se refiere.

[…] También resultaba problemático para Asensio el origen de la oficialidad. De hecho este alto mando estimaba que lo idóneo hubiera sido contar con oficiales que poco a poco adquirieran una capacitación militar “uniforme”. Sin embargo, la realidad ofrecía un cuadro muy diferente: “Escalas profesionales, de Milicias, de Escuelas Populares o en Campaña y, dentro de ellas, aún con la diferenciación de Oficiales de Cuerpos dependientes del Ministerio de Gobernación y del resto”. La procedencia heterogénea conllevaba evidentes dificultades a la hora de mandar de manera “uniforme” a la tropa.

Republicanos hechos prisioneros por los fascistas.

Tampoco Asensio estimaba aceptable el sistema de reclutamiento de la tropa. Para justificar su apreciación, apuntaba dos causas; la primera, el origen territorial de los soldados, la mayor parte de ellos oriundos de la zona (“sistema regional”). Esta circunstancia favorecía la comunicación con sus familias, y ello “hacía que se viviera una vida muelle y cómoda”. [Conocemos la procedencia geográfica de la mayoría de los 962 militares republicanos capturados por la 21ª División franquista durante la tercera decena del mes de julio. Sin tener en cuenta a los que no pertenecían a las unidades asentadas tradicionalmente en el frente extremeño, resulta que 532 eran originarios de Extremadura, (sobre todo de la provincia de Badajoz -523-) y 368 eran oriundos de otras tierras (de 32 provincias en total). De los primeros, 445 eran vecinos de 39 localidades situadas en la retaguardia republicana extremeña (destacaban los procedentes de Villanueva de la Serena -83-, Don Benito -48-, Quintana de la Serena -38-, Campanario -32- y Malpartida de la Serena -30-) y el resto (86) eran antiguos residentes de 38 municipios extremeños, ahora en manos franquistas. En cuanto a los llegados de otras zonas, sobresalían los militares originarios de las provincias de Valencia (48), Jaén (44), Ciudad Real (42), Toledo (34), Murcia (28), Alicante (27) y Córdoba (20)].

La segunda causa se refiere a la procedencia militar de la tropa, pues Asensio consideraba que como el Ejército de Extremadura se constituyó el último, todavía “se conservaban muchos hábitos de las heroicas milicias populares de partido”, y en especial señalaba dos: la relacionada con la disciplina militar (entendía que este ejército todavía “no había suficientemente disciplinado”) y la existencia de “quintacolumnistas” en las filas republicanas. Según el general, el Ejército de Extremadura todavía “no había sido suficientemente depurado”, y ello permitía la existencia de:

 

[…] algunos elementos enemigos del régimen o espías al servicio del enemigo, que incrustados en nuestras unidades, servían para informar de nuestro estado, organización y planes, que aprendían con nosotros táctica e instrucción, y luego la aprovechaban en el campo faccioso […]

 

Además de estos errores el general Asensio reconocía la existencia de otros aspectos que habían favorecido la derrota. Entre ellos, la gran extensión del frente que debían cubrir las diferentes unidades militares, la escasez de material bélico, la prolongada estancia de la tropa en las trincheras y la inexistencia de reservas, ante la marcha de unidades a otros frentes republicanos.

Esta última circunstancia, tal y como hemos visto en el apartado anterior, se vio agravada días antes de la derrota republicana en Extremadura. El propio informador recoge la referencia a una reunión de todos los jefes de los ejércitos republicanos con el ministro de Defensa (Juan Negrín) el día 14 de junio de 1938, donde:

 

[…] se manifestó que no se pusieran obstáculos a la salida de las fuerzas pedidas desde Levante, por estimar que toda la atención debía estar concentrada en este frente y ser los demás secundarios a la Causa que se defendía salvando Valencia.

 

[El mayor Antonio Cano Chacón, jefe de la 3ª Sección del E.M. del Ejército de Extremadura (operaciones) de mayo a julio de 1938 señalaba a mediados de agosto de ese año: “… el Coronel Jefe del Ejército apuró hasta el fin el pedir unidades del Ejército de Levante toda vez que según una reunión celebrada el día 12 y 13 de julio del corriente año en Valencia, ante el Sr. Presidente del Consejo de Ministros quedaron los Jefes de Ejército en enviar el máximum de reservas de cada Ejército para el de Levante, aunque se sacrificase el terreno en otras regiones, ya que la situación de Levante era por aquellos día dificilísima].

Recuérdese que dos divisiones (la 10ª y la 67ª) del Ejército de Extremadura

marcharon hacia tierras levantinas durante la primera quincena de julio, con lo que se agrandó la debilidad de dicho ejército. Asensio considera la medida desacertada, de hecho, afirma que si el Estado Mayor del Ejército de Extremadura, en concreto su servicio de información, hubiera funcionado correctamente (y hubieran conocido los propósitos del enemigo) se debería haber impedido esta marcha.

Ahora bien, y a pesar de todas estas reflexiones, el apartado dedicado a consideraciones generales se cierra apuntando a causas ajenas al ejército republicano, pues alude al enemigo, al ejército franquista:

 

Y, explicada la situación del territorio del Ejército de Extremadura y con ello las causas determinantes de los sucesos, pasaremos a examinar los hechos, que fueron ineludible consecuencias de tales causas y de una más que hemos de señalar y es la superioridad de medios del enemigo en blindados y elementos motorizados, mejor utilizados los enlaces tácticos entre las armas y de la cooperación de la aviación.

 

El ejército republicano asentado en tierras extremeñas en julio de 1938 era derrotado por otro ejército superior en número y en medios, y dotado además de una organización militar más eficiente.

En conclusión, todas estas causas deben vincularse al propio origen del Ejército de Extremadura (unidades que defendían frentes secundarios), a su escaso desarrollo en el tiempo (se constituyó a finales de 1937) y a su imbricación en la marcha de la guerra en otros frentes (cesión de reservas), pues como bien apuntaba Asensio “El Ejército de Extremadura, con anterioridad fue condenado al olvido” y con él también el frente extremeño.

[…] El territorio conquistado correspondía a un total de 21 poblaciones, tal como señaló el gobernador republicano de Badajoz a principios de agosto de 1938:

Relación de pueblos perdidos.

Tropas nacionales en formación militar tras la entrada en una población.

Los pueblos que al tomar Castuera y al correrse el enemigo por la zona de Campanario quedaron en la Bolsa y por tanto fueron perdidos, son los siguientes: Castuera-Villanueva de la Serena-Medellín-Acedera-Don Benito-Mengabril-La Haba-Coronada-Magacela-Campanario-Quintana de la Serena-Valle de la Serena-Zalamea de la Serena-Higuera de la Serena-Monterrubio de la Serena-Esparragosa de la Serena-Malpartida-Benquerencia-Orellana la Vieja-Orellana la Sierra y Navalvillar de Pela. [El parte de guerra franquista del 24 de julio de 1938 eleva a veintitrés el número de poblaciones conquistadas, pues a las anteriores les añade Manchita (que estaba en manos franquistas desde finales de septiembre de 1936) y Rena (que estaba en poder de las tropas franquistas al menos desde mayo de 1938).

[…] Los datos facilitados por prisioneros y evadidos se convirtieron en la base de los partes de información diarios de las unidades franquistas. Como puede suponerse, la calidad de la información adquirida se hallaba directamente relacionada con el grado militar del interrogado. En este sentido, sobresalen los interrogatorios realizados a algún mando y varios oficiales republicanos que aportaron gran cantidad de datos.

Así lo manifiesta el interrogatorio que algunos miembros de la sección de información del Estado Mayor de la Agrupación de Divisiones del Guadiana realizaron al Mayor de milicias Antonio de Blas García, jefe de la 109ª BM, desde mediados de 1937 y que, tal y como hemos visto, fue nombrado jefe de la 37ª División en plenas operaciones [de La Bolsa de la Serena] (el 23 de julio). Dicho mando militar republicano fue capturado el 25 de julio, a 8 kilómetros al Norte de la localidad de Campanario [Badajoz] cuando dirigió un intento de ruptura del cerco por parte de una fracción de las tropas republicanas, y que concluyó con fracaso. De Blas llegó a ofrecer una información realmente completa del dispositivo militar republicano en tierras extremeñas y parece ser que fue ejecutado posteriormente.

Junto a él fueron hechos prisioneros varios miembros del Estado Mayor de la unidad que dirigía. Se interrogó al teniente Daniel Sáenz Arenzana, jefe de su primera sección del Estado Mayor de la 37ª División y al también teniente Vicente Ríos Estévez, que ocupaba la 2ª sección de E.M. de dicha División. Tanto uno como otro habían accedido a estas responsabilidades dos días antes, al igual que su jefe, pues formaban parte del E.M. de la 109ª BM […].

 

 Operaciones militares, ocupación y represión de las poblaciones extremeñas[5]

El cierre de la bolsa de La Serena

Así llegamos a las operaciones más importantes de 1938 en el frente cordobés-extremeño, ahora más directamente en tierras de Badajoz, en lo que se llamó El cierre de la “Bolsa de la Serena” (20-24 de julio, 1938), sin saber que esas fechas la República iba a lanzar la gran ofensiva del Ebro. El cierre de la “Bolsa de La Serena”, más que una batalla (que también lo fue) hay que considerarlo una catástrofe republicana, preludio y comienzo de lo que sería el final.

Campaña franquista del cierre de la bolsa de La Serena (20-24 de julio de 1938. Francisco Moreno Gómez, 2013.

Esta bolsa o entrante republicano era una especie de embudo, con una abertura de unos 100 kms. y una profundidad de unos 60. Por el Norte, se extendía hasta el pueblo cacereño de Logrosán (franquista), y por el Sur se delimitaba por las sierras Mesegara y Trapera (Córdoba), ocupadas hacía poco por los franquistas. Los pueblos republicanos del arco de esa bolsa eran (de Norte a Sur): Villanueva de La Serena, Don Benito, Medellín, Manchita (el pueblo más en el embudo), y en el Sur: Higuera de La Serena, Zalamea y Monterrubio. La estrategia de los franquistas consistió en una pinza, lanzándose desde el Norte (Logrosán y Madrigalejo) y desde el Sur (Retamal, Peraleda y Sierra Trapera), para cerrar en un punto de encuentro, que fue Campanario. En el fondo de la bolsa fueron encerradas, de manera trágica, las Brigadas republicanas 20ª y 91ª, sobre todo, entre otros efecticos.

Este entrante republicano hacia Mérida había atraído siempre la atención de cualquier observador de ambas zonas. Por aquí quiso operar Largo Caballero (y Pérez Salas) en mayo de 1937, y en otoño dio materia para el “Plan P” de Vicente Rojo, pero siempre fue aplazado por los imperativos de los frentes del Norte, en los que se decidió la guerra. Cuando al fin se optó por este “Plan P”, en enero de 1939, como veremos, ya era muy tarde, de manera irremediable y fatal.

El Gobierno de la República no parecía preocupado por la situación extremeña en el verano de 1938, obsesionado como estaba por el frente de Levante y por el inicio de la gran batalla del Ebro, donde la República se lo jugó todo a una sola carta (y también el PCE, en cierto modo, que se autoinmoló en aras de una victoria que Hitler y Mussolini habían convertido en imposible), una partida infausta y aciaga para la causa de la democracia española. Después de la pérdida de Teruel, todo era ya triste y aciago para la causa republicana, y comenzó a extenderse la sombra de la claudicación y del armisticio (entre los anarquistas, los socialistas no negrinistas, ciertos republicanos, militares profesionales, nacionalistas vascos y catalanes, además del propio presidente Manuel Azaña, que en el fondo venían a coincidir con el espectro de la Quinta Columna. Todos soñaban cada vez más con el armisticio, del que Franco se burlaría de manera inmisericorde). De nuevo el recuerdo de la cita clásica: Quos Zeus perdere vult, prius dementat.

En una reunión de jefes en Madrid se había coincidido en que “una pulgada de terreno en Levante tenía el mismo valor que el de muchos kilómetros en Extremadura”. Y efectivamente, en el momento del desastre de la bolsa de La Serena, los contingentes republicanos, al mando de Ricardo Burillo (del PCE), eran muy poco consistentes.

Las fuerzas franquistas que se lanzaron al cierre de la bolsa eran muy superiores a las republicanas. Por el Norte, tres divisiones (11ª, 19ª y 74ª) y las brigadas de Caballería del coronel Aldecoa, todas al mando del general Múgica. Al Sur, cuatro divisiones (22ª, 102ª, 112ª y 122ª), más la brigada de Caballería de Andalucía, bajo el mando conjunto del general Solans.

Servidores de una máquina ametralladora.

Las tropas republicanas desplegadas en aquellas fechas a lo largo del frente eran las siguientes, de flanco derecho a izquierdo, y de Norte a Sur: las Brigadas 47ª y 113ª (36ª División), cubriendo el frente del Tajo. Las Brigadas 25ª y 109ª (29ª División), sobre la zona del Guadiana. Las Brigadas 20ª y 91ª (37ª División), sobre las que pendía un destino trágico, al fondo de la bolsa. Seguían a su izquierda: la 148ª Brigada, la 12ª de Asalto y, ya en la zona de Hinojosa, la 103ª Brigada. Estas últimas, de la 38ª División republicana. El conjunto de estas tropas padecía las secuelas de una larga inactividad, se hallaban mal coordinadas y cubrían un frente amplísimo, difícil de controlar eficazmente. Por si esto era poco, el jefe Ricardo Burillo incurrió en errores garrafales de táctica y previsión, que acentuarían el desastre republicano. En principio, no acertó el punto de ataque franquista, dejándose confundir por una acción de distracción por Puente del Arzobispo, el 19 de julio. Allí envió al Batallón Disciplinario del VII C. de Ejército y la 46ª Brigada, pero el 29 de julio asistió sorprendido al fragor de la verdadera ofensiva, contra la bolsa de Mérida. Otro gran error del coronel Burillo fueron sus vacilaciones para ordenar la retirada de las Brigadas 20ª y 91ª del fondo de la bolsa, así como la población civil de muchos pueblos.

El 20 de julio, al amanecer, las líneas republicanas sufrieron la ruptura de sus líneas, por el Norte y por el Sur. Por aquí, los franquistas (Divisiones 24ª, 102ª y 122ª) rompieron el frente desde las sierras Mesegara y Trapera (cerca de Hinojosa), en dirección a Monterrubio (Badajoz), mientras la Caballería cruzaba el río Zújar en la misma dirección, hasta cerca de Monterrubio. Por el Norte, la 74ª División rompió el frente por el pueblo de Madrigalejo (Cáceres), llegando hasta el río Gargáligas, donde hubieron de detenerse, porque los republicanos provocaron un gran incendio en las mieses y arboleda en la cuenca del río, aprovechando la ola de calor y elevadísimas temperaturas, de las que se lamentan varios partes de guerra de aquellos días. A la parte Norte, el pueblo de Acedera, acudieron como refuerzo dos batallones de la 25ª BM, uno desde Valsequillo y otro desde Villanueva del Duque, los cuales ese día defendieron el pueblo hasta llegar a la lucha cuerpo a cuerpo, pero los franquistas lo ocuparon al llegar la noche. La 109ª Brigada, en la misma zona Norte, también resistió de manera ejemplar, hasta merecer los elogios del general Vicente Rojo, cuando visitó este frente en agosto.

Durante el primer día de ofensiva, Burillo se hallaba pesimista y desconcertado, y ordena defender a toda costa el nudo ferroviario de Almorchón, encomendando esta misión a la División “del Zújar”, creada en el mismo día, al mando del mayor Sánchez Carmona, que había mandado la 12ª Brigada de Asalto.

El 21 de julio, la 74ª División franquista logró por el Norte un avance impresionante de 22 kilómetros, llegando a las márgenes del Guadiana, el cual vadean por varios puntos con la caída de la noche. Por el Sur, la iniciativa corre a cargo de la 112ª División, flanqueada por la 122ª (derecha) y la 102ª (izquierda), que consumen la jornada asegurando la ocupación de la sierra de Monterrubio y el puerto de Los Vuelos, encontrando una fuerte resistencia republicana que, al menos en la 102ª División franquista, causó 341 bajas.

El 22 de julio, las divisiones franquistas siguen avanzando por el Sur, la 102ª por la sierra de Monterrubio, y la 112ª ocupa este pueblo después de desbordarlo por ambos lados, poniendo en fuga a las fuerzas de la 148ª Brigada republicana, que lo defendían. La 122ª División franquista avanzó por la derecha, cortando la carretera de Castuera a Cabeza del Buey, mientras la Caballería realizaba una incursión hasta Helechal, capturando 25 prisioneros. Por el Norte, las tropas del general Múgica llegaron al pueblo pacense de La Coronada. Tres compañías republicanas obligaron a los franquistas a cruzar el Guadiana para atrás.

Mientras tanto, Burillo seguía en su empecinamiento de no valorar la ofensiva franquista en toda su gravedad y en no prever la retirada de las Brigadas 20ª y 91ª, y tampoco la población civil, ganados y víveres, confiando en los nuevos auxilios que le enviaba Miaja (tres brigadas más y la 68ª División completa). Cuando el día 24 transmitió, por fin, la orden de retirada ya era tarde.

El día 23 prosiguió el avance franquista por el Norte, en dirección a Magacela y Campanario. Un batallón de la 109ª BM llegó a oponerse con tanto arrojo que perdió más de la mitad de sus efectivos. En cambio, las tropas del Sur, tras vencer por la noche los intentos republicanos por recuperar Monterrubio, ocuparon la sierra y el pueblo de Benquerencia y, al anochecer, entraron en la importante localidad de Castuera, abandonada poco antes por Sánchez Cabezudo, jefe de la 37ª División, que había hecho lo mismo en Monterrubio, por lo cual fue destituido. El coronel Burillo ordenó inmediatamente al teniente coronel Rúbert la recuperación de Castuera, atacando desde el exterior la “División del Zújar” y, desde el interior de la bolsa, las fuerzas allí existentes de la 37ª División. La acción resultó baldía y vanos los intentos de oponerse al avance de la 112ª División franquista hacia Campanario.

En efecto, el 24 de julio por la tarde se producía en el pueblo de Campanario el enlace de las dos grandes columnas franquistas, la del Norte y la del Sur, con lo que se cerró “la bolsa de La Serena”. La orden de retirada de las Brigadas 20ª y 91ª llegó muy tarde, el día 24 de madrugada, y ambas quedaron atrapadas en el interior de la bolsa, salvo dos batallones de la 20ª, que habían escapado por Puerto Hurraco en los últimos momentos. Después, en la noche del 24 al 25 de julio, parte de los republicanos cercados (tres batallones de la 20ª BM, dos compañías de ametralladoras, más algunos elementos de las Brigadas 25ª y 109ª) se reúnen a cuatro kilómetros de Campanario (dirección Magacela) y avanzan en dirección a Puebla de Alcocer, pero son sorprendidos, muertos o apresados. Por otra parte, tropas de la 91ª BM hicieron un intento similar entre Campanario y La Haba, pero también fueron víctimas de los franquistas. Uno de los que se salvó fue el jefe de la 20ª BM, el mejicano y pintoresco coronel Gómez. No así, el jefe de la 91ª, el mayor de Milicias Diego Martín Montilla, que fue hecho prisionero. Se perdieron 21 pueblos, unos 3.000 kilómetros cuadrados, con unos 100.000 habitantes. Así pues, el desastre fue mayúsculo, y la catástrofe humanitaria, inenarrable.

Fotografía de un grupo de soldados conversando con el general Asensio Torrado.

Para evaluar la magnitud y causas del desastre, fue enviado al Ejército de Extremadura (Almadén) el general José Asensio. A él se debe un detallado informe, del que José Hinojosa (ob. Cit., p. 387 y ss.) ofrece algunos cuadros. En cuanto a material se perdieron 6.590 fusiles, entre otras armas y municiones, más once piezas de Artillería, 10 carros blindados, 51 camiones, etc. Las pérdidas humanas (muertos, heridos y prisioneros) ascendía a 6.678. Las grandes sacrificadas fueron las tres brigadas de la 37ª División: 20ª, 91ª y 109ª. Según fuentes franquistas, sólo los prisioneros ascendieron a 4.731 (más unos 1.500/1.600 enfermos o heridos, que quedaron tras las líneas republicanas, y unos 600/700 muertos en combate o liquidados in situ). Otra de las víctimas fue el jefe de la 109ª BM, mayor de Milicias Antonio de Blas García, que acabó fusilado.

Los prisioneros republicanos iniciaron un doloroso calvario. Los llevaron al interior franquista, como Campillo de Llerena o Guareña y a otros lugares donde se instalaron “Juntas Clasificatorias de Prisioneros y Presentados”. Otros, a los campos de concentración de Trujillo y Cáceres. Otros, enviados a Mérida (unos barracones a las afueras) o a Fuenteobejuna. Desde este último lugar pasaron luego a Córdoba capital. Entre los desertores del último momento hay que contar al mayor Leandro Sánchez Gallego, una especie de “quintacolumnista” encubierto. Abandonó su puesto y se presentó a las fuerzas franquistas en La Coronada, el día 23 de julio. En 1940 recuperó su escalafón en el Ejército de Franco. Otro entregado, aunque no tan abiertamente, fue el teniente Vicent Mahiques, de Ametralladoras, que, al ver la situación de cerco total, decidió entregarse con todos los suyos en Campanario, desfilando sin armas, con los mandos en cabeza […].

Coronel Antonio Castejón Espinosa, jefe de la 102ª División sublevada.

Las tropas de ocupación franquistas llevaron a cabo la consabida y programada matanza en los pueblos conquistados. De este programa de exterminio apenas se ocupan los historiadores, que prefieren las operaciones militares simplemente. Pero debe ya anotarse esta conclusión y no olvidarla: lo que realmente interesaba a Franco, más que la dominación del territorio, era la dominación de las personas. El simple estudio basado en operaciones militares siempre estará desenfocado. Más que la conquista de un pueblo, lo realmente importante era el programa de dominación, castigo, “limpieza, exterminio y exclusión social, que toda conquista conllevaba implícita. Lo importante no era un avance militar, sino la catástrofe humanitaria subsiguiente. Ni que decir que los Registros Civiles son completamente mudos con relación a estas matanzas. He recorrido algunos de estos pueblos de la bolsa de La Serena, y no consta nada de la matanza que en cada pueblo se dio tras la ocupación. Ni en Cabeza del Buey, Castuera, Benquerencia, etc. Sin embargo, he aquí una importante fuente oral con relación a Castuera. En diciembre de 2002, tuve ocasión de entrevistarme con Juan M. Sánchez Fernández, de Castuera, cuyo testimonio me confirmó mi intuición y sospecha:

 

“Mi padre, Wenceslao Sánchez Guisado, tenía entonces 50 años, ferroviario en la estación del pueblo, de la UGT, pero no de partidos. Mi madre era Consuelo Fernández Fuentes. Éramos 6 hermanos, entre 22 y 9 años, el más pequeño era yo.

“Llegó la fecha aciaga del 25 de julio de 1938. Mi madre era partidaria de marcharnos del pueblo, pero la radio decía ´que no pasaría nada a quienes no tuvieran manchadas las manos de sangre´. Y mi padre decía:  ´¿Y a dónde vamos a ir?´ Y se quedaron. La noche de la ocupación no salimos de casa. Pero al día siguiente, desfilaron las fuerzas y tuvimos que salir a la puerta, porque obligaron a todo el mundo a salir, con altavoces, ´a honrar a los vencedores´.

“Al día siguiente, mi padre fue a presentarse a las nuevas autoridades. Le dijeron que se fuera a su trabajo, pero todavía no ha llegado.

“Fue culpa de la gentuza que hay en el pueblo. Lo tuvieron preso en una casona vieja, repleta de gente. Los pelaban, los sacaban a limpiar las calles… Cinco días estuvo preso. Mi madre llenó cinco hojas de firmas y las presentó, como aval. Todos los días le llevaba el desayuno y la comida a la cárcel. El primero de agosto le dijeron que ´lo habían trasladado´.

“Mi madre regresó a casa y mandó a un sobrino de mi padre, para que averiguara algo. Supo la noticia, pero no vino a casa por miedo. Entonces, mandó a una hermana de mi madre, Anita, que se presentó en la casa de los caciques del pueblo, y le dijeron: ´Esta noche nos hemos cargado a tu hermano, y la próxima noche nos cargaremos a tu sobrina´ (mi hermana Práxedes).

“La amenaza no tardó en surtir efecto. Cuando mi madre regresó a casa, ya estaba allí la Guardia Civil revolviéndolo todo. La insultaron y se apropiaron de lo que les pareció: un reloj de oro de mi padre, pañuelos, ajuar, etc. Y se llevaron detenida a mi madre y a mi hermana Práxedes, y las pusieron en habitaciones diferentes de la cárcel. Pasó por allí un derechista pariente de mi padre y le dijo a mi hermana: ´¿Tú que haces aquí?´ Se fue, volvió con unos papeles, y llevó a mi hermana a la habitación de mi madre. Luego, supieron que la anterior habitación de mi hermana era de los destinados a la muerte. Es decir, que la tuvieron preparada para morir.

“Tras la detención de mi madre y de mi hermana, mis hermanos menores quedamos abandonados, dos niños y dos niñas. Dos hermanas de mi padre se hicieron cargo de nosotros, a pesar de sus carencias y de sus numerosos hijos. La familia de mi madre, de derechas, nos volvió la espalda.

“Luego supimos que mi padre, camino del cementerio, iba atado con la señora Carolina, que era la esposa de José Sayavera, comunista y del comité del pueblo. De esta familia de los Sayavera mataron a 6 personas. A José lo mataron luego. Carolina no murió en la descarga, salió herida corriendo pidiendo auxilio, pero la cogieron y la remataron. Fue en la noche del 31 de julio a 1 de agosto. Varios meses después, antes de terminar la guerra, una hermana de Carolina, Dolores, llegó a media noche a mi casa, con familiares que había llegado al pueblo. Mi madre les contó lo ocurrido y lo que habían hecho con la familia de los Sayavera. Entonces, aquellos familiares, dejaron allí sus equipajes y se marcharon de inmediato, andando toda la noche, 35 kilómetros, hasta Cabeza del Buey, y de allí se fueron a Sevilla. Esto les salvó la vida.

“Los principales culpables de la matanza fueron una familia de caciques, tan criminales que negaron auxilio a un yerno, al que dijeron ´que no querían rojos en su casa´. Era ferroviario, se fue al tren y se suicidió.

“Al poco de la detención de mi madre se rumoreó que la República iba a recuperar Castuera, y entonces a todos los detenidos se los llevaron a la Granja de Torrehermosa. Poco después -todavía no había terminado la guerra- mandaron a mi madre a casa, sin juicio ni nada. Cuando mi madre entró en casa, no había ningún mueble, sólo las cuatro paredes. Entonces, ella no aceptó caridad ni auxilio social. Montó un lavadero en el corral, y se puso a lavar y a despiojar la ropa de los soldados, de la 21ª División, de Automovilismo. Por alguno de estos soldados supimos algunas noticias más del fusilamiento de mi padre. Además, mi hermano de 11 años, nos había ocultado que el día del fusilamiento, había reconocido a nuestro padre entre los cadáveres, al lado de la tapia del cementerio, porque se pasaba por allí para ir al pilón, a darle agua a una yegua que teníamos, la cual también nos la quitaron. A mi padre lo enterraron con cal en una fosa, con 15 ó 20 más, en el centro del cementerio.

“Mi hermano mayor, Antonio, terminó la guerra en Levante y lo mandaron a Albatera. Mi madre se hizo con avales para traerlo. Vino lleno de piojos y de sarna, como un difunto. Yo estaba jugando en la calle y me asusté cuando lo vi llegar.

“Cuando se organizó en el pueblo el gran campo de concentración, mi madre alquilaba parte de la casa a familias que venían a ver a los presos, pero no les cobraba. Se acostaban en sacos en la cuadra, y las bestias allí también. Eran de pueblos cercanos, hasta de Cáceres, de donde venía una señora.

“A mi padre lo mataron, y ahí se acabó su sufrimiento. El vía crucis fue para mi madre y mi hermana. Mi madre, menudita y pequeñaja, fue una gran luchadora. Con 55 años ya parecía una anciana. Castuera ha sido un pueblo de enconos y rencillas. Mi madre nos pidió antes de morir que abandonáramos este pueblo, y lo hemos cumplido. A veces voy al cementerio y ni siquiera entro en el pueblo”.

 

De estas declaraciones del hijo de una víctima (entonces no tuvieron eso que se llama hoy apoyo psicológico o apoyo moral a las víctimas, ni reparación ni, por supuesto, indemnización. Dice el refrán que “las penas, con pan, son menos”. Entonces, pan ninguno, y penas, al máximo), de estas declaraciones, digo, cabe anotar varias conclusiones: 1) En todas las poblaciones ocupadas, el franquismo cometió siempre, sin excusa ni pretexto, una matanza; 2) Que de estas matanzas casi nunca quedó rastro en el Registro Civil, y que sólo se pueden conocer o vislumbrar o intuir a través de testimonios orales de las víctimas. Una gran aportación es el magnífico de Antonio M. López Rodríguez, sobre el Campo de Concentración de Castuera, al que aludiremos más adelante. 3) Que el Ejército de ocupación, para su “limpieza”, se hacía asesorar siempre por los caciques del lugar; 4) Que la práctica de estas matanzas, apresamientos y desapariciones forzadas, iban seguidas siempre, sin excepción, por la rapiña, el robo y el expolio y pillaje, sin más circunloquios; 5) Que de la matanza franquista (los negacionistas no quieren que se diga “genocidio”. Es un problema de desinformación) de Castuera, sólo tenemos noticia de la saca que ocurrió en la noche del 31 de julio al 1 de agosto de 1938, que fue de 15 ó 20 personas, “desaparecidas”, porque no hay constancia registral. Lógicamente, no fue la única saca, como lo demuestra López Rodríguez. De las demás, poco o nada sabemos.

Volviendo a la secuencia de los hechos, capítulo especialmente caótico y lamentable fue el éxodo de la población civil, una evacuación parcial, en el último momento, a la desesperada, por falta de previsión del E.M. de Almadén. José Hinojosa recoge un informe del gobernador civil republicano de Badajoz, Alonso Orallo, como testigo presencial: “… por visita personal mía a Castuera el día antes de su caída, mucha gente de los pueblos incursos, aún tuvo tiempo de evacuar, si bien mostrando una odisea de trágicos caracteres, sin medio alguno de transporte, motivo por el que muchos no pudieron salir; las poblaciones en masa, la carretera adelante, ametralladas en muchas ocasiones por la aviación enemiga, unos con sus carros y caballería, otros andando, descansando en los caminos bajo los olivares, que les preservaran de los rigores del sol: ancianos, mujeres y niños ponían a este doloroso cuadro la nota amarga de una evacuación trágica. Con muchas dificultades se va orientando la evacuación hacia la provincia de Ciudad Real…”.

Apenas pudo salvarse la intendencia, víveres, ganado, etc. Según este gobernador: “El ganado salvado afortunadamente lo fue en gran cantidad (…). En cuanto al trigo, que en la gran mayoría de los pueblos evacuados estaba en la propia era, como lógicamente se explica ante la celeridad de los acontecimientos y la carencia absoluta de medios de transporte, no pudo ser retirado y allí se quedó, salvo en algunas zonas como en la de Don Benito, que en parte pudo ser incendiado”.

La terrible realidad del ametrallamiento y bombardeo de la aviación franquista contra las columnas de personal civil desplazado fue método genocida que se practicó en las grandes evacuaciones durante toda la guerra. Jamás cosa semejante hizo nunca la República. Con relación a la evacuación de Don Benito, conservo el testimonio de la que fue vecina de mi casa en Getafe, Antonia García. Hablamos muchas veces y anoté lo siguiente: “Salimos de Don Benito cuando se dio la orden de evacuación, pero en Campanario nos cogió el corte: parte de los evacuados quedaron bajo dominio franquista, entre ellos mis hermanos y mi padre, iba conduciendo un cerdo y llevaba al hombro la máquina de coser. Otros hermanos quedamos en zona republicana, sin apenas provisiones ni agua, andando ocho días y ocho noches. Durante el camino, los aviones nos bombardeaban y ametrallaban. Los niños y los ancianos iban delante en carros, hasta que llegamos a la Estación de Veredas-Brazatortas, donde se constituyó nuestro Ayuntamiento ´en el exilio´. Nos alojaron en un polvorín”.

Sobre la autenticidad de los fusilamientos y bombardeos de Don Benito ha escrito Jacinta Gallardo, la cual ha podido relacionar un mínimo de 191 asesinados en esta localidad, entre julio-agosto de 1938, con motivo de la ocupación franquista. Y fueron ejecuciones de manera sumaria. Sirva esto para los que, desconociendo los hechos, siguen erre que erre manteniendo que a partir de 1937 sólo actúan “tribunales militares”. Tienen un grave problema de desinformación. En total, incluida la posguerra, el franquismo se llevó por delante en Don Benito 309 víctimas (49 eran mujeres). Y aporta un dato ilustrador: 90 víctimas por acción de la aviación en los días de la ocupación. Estas son las inscritas, pero otros eran refugiados anónimos y quedarían por las cunetas del trayecto. Con relación a Villanueva de la Serena, Jacinta Gallardo acertó a contabilizar un total de 210 víctimas en el pueblo (17 mujeres), de las que 59 lo fueron por ejecución sumaria en julio-agosto de 1938. También por ejecución sumaria cayeron 30 en abril de 1939. Existe otro estudio posterior, el de Agustina Merino, que ha realizado una gran revisión al alza en Villanueva de la Serena, cifrando en 336 el total de víctimas causadas por el franquismo (de ellas, 23 mujeres). Por el bombardeo de 1938, constan al menos 45 víctimas de esta localidad.

En cuanto los combatientes cercados, no pocos se refugiaron en los montes extremeños y trataron de subsistir en forma guerrillera, incluso llevando a cabo algunos sabotajes. Eran campesinos españoles, a los que el golpe militar y la guerra los había arrancado de sus campos y aldeas. Ahora se veían fugitivos por los matorrales de Badajoz, hasta que las tropas franquistas fueron acabando poco a poco con ellos, a medida que se iba consumando la “limpieza” del interior de la bolsa.

 

[1] Hinojosa Durán, José. Tropas en un frente olvidado: El Ejército republicano en Extremadura durante la Guerra Civil, Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2009.Pp. 306-316; 337-361; 363-367; 369-372; 402-403.

[2]AGMAV, D.R., L. 473, C. 7, D. 6, Fs. 4-5. Los datos ofrecidos por esta fuente han sido corregidos y completados por otras señaladas en este capítulo. Desconocemos los mandos de la 148ª BM. Al ser interrogado Antonio de Blas, tras su captura el 25 de julio [1938] por las tropas franquistas, afirmó que “se encuentra también agregado el E.M. del Ejército de Extremadura el Teniente Coronel del Ejército ruso Piotr, el cual actúa en dicho E.M. en calidad de asesor. AGMAV, D.N., Ejército del Sur, L. 11, C. 34, D. 1, F. 3.

[3] Hasta esos momentos, los servicios de información franquista habían localizado diversas unidades republicanas que anteriormente no se encontraban en la zona (brigadas mixtas 148ª, 206ª, 207ª, 216ª, 217ª; el Batallón Disciplinario del VII CE y el Batallón Autónomo de Ametralladoras del VII CE). Tal y como señalaba Cuesta Monereo a su interlocutor (Antonio Uguet): “Como ves, nos hemos traído la gente aquí y en cambio, a vosotros os han dejado tranquilos. Les ha hecho mucha pupa nuestro avance y acercarnos a Zalamea”.

[4] Esta unidad había sido enviada al Ejército de Extremadura en marzo de 1938, participando en diversos combates encontrándose en esos momentos en proceso de reorganización.

[5] Moreno Gómez, Francisco, Trincheras de la República, 1937-1939: Desde Córdoba al Bajo Aragón, al destierro y al olvido. La gesta de una democracia acosada por el fascismo, Córdoba, El Páramo, 2013. Pp. 374-389.

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