Las operaciones militares de la bolsa de La Serena, durante su primera fase del mes de julio de 1938 y rasgos generales de la ocupación y represión nacionalista, estudiadas en la Transición a la Democracia, II

Relato del cierre de la bolsa de La Serena por Justo Vila[1]

Caballería mora.

A pesar de los ataques “nacionales”, fueron sacadas fuerzas populares de la zona. Por un lado, se sacó de línea, para ser enviada a Levante, la 10ª División, entre los días 2 y 4 de julio [de 1938]. Poco después saldría también para Levante la División 67ª.

A pesar de haber retirado estas fuerzas del frente de Extremadura, el Estado Mayor señalaba la necesidad de defender a toda costa los nudos de comunicaciones de Almorchón y Castuera, y restablecer el frente roto y la situación anterior.

2 de Julio: Franco firma una “Instrucción General para la supresión de la bolsa de Mérida”

El día 2 de julio firmaba Franco una “Instrucción General para la supresión de la bolsa de Mérida [La Bolsa de la Serena]”, que comenzaba señalando las condiciones en que se desarrollaban las operaciones en Levante y Teruel, donde la República había acumulado “todos los elementos disponibles”, con la consiguiente debilidad en que se habían dejado otros frentes, concretamente el extremeño.

En aquella instrucción, Franco ordenaba operar en el frente extremeño por los siguientes objetivos: supresión de la bolsa de Mérida, reduciendo el frente en 90 kilómetros; ocupación de una zona de más de 5.000 kilómetros cuadrados, de gran riqueza, tanto agrícola como ganadera; toma del ferrocarril Almorchón-Villanueva de La Serena-Mérida, lo que les permitía descongestionar el tráfico de Andalucía con Mérida; aproximación de la línea alcanzada a Almadén.

Las operaciones, siempre según este documento, se llevarían a cabo en dos grandes direcciones: por el norte y por el sur. Por el norte, fuerzas del Ejército del Centro partirían de Madrigalejo y llegarían a Orellana la Vieja, pasando el Guadiana y constituyendo aquí una cabeza de puente, mientras que otra fuerza alcanzaría Navalvillar de Pela y Casas de Don Pedro. Por el sur, fuerzas de Queipo de Llano partirían de sus posiciones en Puerto de Castuera y se dirigirían hacia Zújar para marchar después en dirección a Monterrubio y Castuera.

Una vez llevados a cabo estos objetivos se debía operar sobre Cabeza del Buey, partiendo de Castuera y Monterrubio, y sobre Talarrubias y Pueblo de Alcocer, partiendo desde Casas de Don Pedro.

La aviación actuaría de la forma más intensamente posible. La caballería cubriría extensas zonas cuando se proveyeran grandes progresiones.

Operaciones en Extremadura. Croquis. Estado Mayor del Ejército. Servicio Histórico Militar. Síntesis histórica de la Guerra de Liberación 1936-1939. 1968.

Esta doble acción debía contar, en sus primeros momentos, con el factor sorpresa, pero Burillo y sus tropas no estaban ajenos a la maniobra. El Estado Mayor del Ejército Popular de Extremadura había sido, informado por refugiados y evadidos de la zona “nacional”. Se sabía que los rebeldes pretendían atacar Navalvillar de Pela y Villanueva de la Serena, llegando a extender el movimiento ofensivo hasta Don Benito.

En vísperas de la operación, el tiempo era muy caluroso. El ejército invasor se fue acercando o situando en sus posiciones de partida convenientemente. En el Ejército de Queipo de Llano, la 122ª División y las fuerzas de la 24ª se situaron al sur de la Sierra del Torozo; la 102ª, al suroeste de Monterrubio; la 112ª, en la comarca de Peraleda; en el Ejército del Centro, la Brigada de Caballería se situó al sur de Logrosán y las divisiones 11ª y 74ª a ambos lados de la carretera de Zorita a Madrigalejo.

El cierre de la bolsa de La Serena.

Día 20 de julio de 1938

Empiezan las operaciones. Desde Madrigalejo bajan tropas de la 74ª División “nacional” [que] las manda el teniente coronel Villalba Rubio. Intentan pasar el río Gargaligas, pero son detenidos.

Por la derecha de la 74ª División, la 1ª Brigada de la 11ª División, a las órdenes del teniente coronel González Rojas, rompen el frente por el río Ruecas y ocupan el vértice de La Mata, pueblo de Acedera y el vértice Jaroso, cerca de Pela.

Por la División 19ª actúan dos batallones, el 5º de Árgel y el 185º de la Victoria, que esa misma tarde llegan hasta el pueblo de Rena, cuyos habitantes se habían refugiado en tierras de La Serena y La Siberia.

Por su parte, el Ejército de Queipo de Llano cruzaba el Zújar, al sureste de Monterrubio, y la 122ª División, protegida a izquierda y derecha por las 102ª y 24ª Divisiones, llega hasta Los Berciales.

En la noche del 20, Burillo decide, caso de no poder detener al enemigo, marcar tres líneas que defiendan la dirección Puebla de Alcocer-Almorchón-Belalcázar. Asimismo, decide constituir una División, que sea reserva del Ejército Popular, con el mando en Almorchón y la misión de defender a toda costa su nudo ferroviario y detener a las divisiones de Queipo de Llano por la zona del Zújar. Por ello recibe el nombre de División “Zújar”, y estará a las órdenes de Sánchez Carmona. Contaba con las Brigadas de reserva 25ª y 12ª de Asalto.

Día 21. Paso del Guadiana. Traslado de presos

La 74ª División “nacional” cruza los ríos Gargaligas y Cubilar. Navalvillar de Pela cae en sus manos. La 11ª División ocupa Orellana de la Sierra y Orellana la Vieja. Esa noche, dos batallones cruzan el Guadiana por varios vados y se sitúan amenazando Villanueva de la Serena.

Emblema del Cuerpo de Ejército de Extremadura.

El Ejército del Sur avanza hacia Monterrubio. La 112ª División “nacional” se sitúa por la Sierra del Oro o de Monterrubio. La aviación bombardea esta localidad insistentemente y hace viajes de reconocimiento hasta Helechal.

En Monterrubio, desde 1937 al menos, existía un campo de trabajo para presos de derechas. Había en esta localidad unos 300 presos que fueron juzgados por los tribunales de Castuera, Cabeza del Buey y otros pueblos de la comarca. La mayoría de ellos eran falangistas y terratenientes de la zona. Los hombres estaban detenidos en las escuelas, las mujeres, éstas en menor número, en una casa particular. La casa “era grande, nueva, alegre, con patio corral y cerca; sin pared al final. Allí podíamos permitirnos el lujo de recibir visitas” -dice una de las presas-, en un pequeño saloncito que usaban al efecto.

Mientras la población civil era bombardeada desde el aire, los presos de derechas eran evacuados hasta Helechal. Un camión estuvo recorriendo de ida y vuelta los doce kilómetros que separan ambas localidades durante toda la noche, hasta que el último de los detenidos llegó a Helechal. Las primeras en salir de Monterrubio fueron las mujeres, que serían instaladas en el hospital. El comandante Soler, del Ejército de Extremadura, fue el encargado de organizar su evacuación.

A Helechal estuvieron llegando, asimismo, cientos de huidos de la cercana localidad de Monterrubio. Hombres, mujeres y niños, empezaban un largo éxodo que nadie sabía dónde tendría su punto final.

Durante todo el día y toda la noche no dejaron de llegar ambulancias al Hospital de Helechal. El capitán médico que estaba al frente del mismo, Fortunato Juárez, tuvo que habilitar varias casas para acoger a los heridos.

Burillo se dirigió aquella noche a los jefes de sus Cuerpos de Ejército, encareciendo la gravedad de la situación y la necesidad de exigir se defendieran las posiciones a toda costa.

Día 22. Cae Monterrubio. Éxodo hacia la ermita de Belén

Al amanecer se sostienen duros y sangrientos combates en la Sierra del Oro. Hacia mediodía cae Monterrubio en manos de los “nacionales”, y más concretamente en poder de la 112ª División. Las tropas republicanas se repliegan hacia las sierras Buitrera y Tiros donde se hacen fuertes. Sin embargo, al atardecer, la División 122ª de Queipo logra cortar la carretera Castuera-Cabeza del Buey.

Mientras tanto, las fuerzas de la 24ª División se sitúan sobre las alturas de la margen izquierda del Zújar y la caballería llega hasta las afueras de Helechal.

Savoia-Marchetti S.M. 81 italianos. Con estos medios aéreos los sublevados también consiguieron la superioridad aérea.

La aviación fascista somete a un intenso bombardeo este pueblo. Los daños causados son muy elevados. Algunas zonas del pueblo son totalmente destruidas. Al atardecer, la población civil empieza a refugiarse en las sierras; las escenas de espanto y terror se multiplican. Se organiza la huida hacia la ermita de Belén, a través de Navacerrá, paso entre las sierras Montón y Lucas, a la sombra del monte Tiros. No van en la columna solamente gentes de Helechal, van también los refugiados de Monterrubio, La Nava, Puerto Hurraco, Peraleda, etc. Los ancianos, los niños, los heridos hacían que la marcha fuese muy lenta. Eran pueblos enteros los que formaban la caravana, con borricos, gallinas, e incluso algún rebaño de cabras. Estaba visto que estas poblaciones no deseaban se repitieran con ellas las historias de Llerena, Almendralejo, Mérida, Badajoz…

Mientras tanto, la situación se dibuja dramática en el Cuartel General de Burillo, tras la caída de Monterrubio y la cabeza de puente del Guadiana. A la noche y sobre la marcha proyecta constituir un nuevo Cuerpo de Ejército, que será de maniobra, formado por tres divisiones, 37ª, “Zújar” y “A”. La 37ª, con base en La Coronada estará mandada por el mayor De Blas; la División “Zújar”, con base en Almorchón-Helechal-Benquerencia, por Sánchez Carmona; finalmente, la “A”, con cabecera en Belalcázar, estaría a las órdenes del mayor Frías.

Día 23. Castuera

La 11ª División “nacional” toma el Castillo de la Encomienda y el vértice de Tamborrios, apoyada por la 19ª División.

Se proyecta avanzar en dirección a Campanario y hacia la sierra de Magacela, con el fin de cortar por esta zona el ferrocarril Castuera-Don Benito.

En el Ejército del Sur, la 112ª División avanza sobre las sierras de Benquerencia, toman el pueblo de ese nombre y se dirigen hacia Castuera, donde entran a las nueve y media de la noche, tras mantener combate con la División “Zújar”.

Con la caída de Castuera en manos de franquistas, se creaba una grave dificultad al Ejército Popular para que sus fuerzas se comunicasen entre sí a lo largo del frente. Castuera era el más importante nudo de comunicaciones de toda la comarca.

Mientras tanto, miles de personas seguían llegando a las inmediaciones de Belén y Almorchón. Durante todo el día, cientos de refugiados de Castuera se unen a los evacuados de Helechal, Monterrubio… y toman el camino de Cabeza del Buey. Los presos de derechas marchan confundidos con la población civil, sin que en ningún momento se tomen represalias contra ellos.

En la carretera de Almorchón-Cabeza del Buey, la columna es ametrallada por la aviación fascista, sin embargo, se prosigue el camino, éxodo que no tendría ya fin, hasta llegar a tierra manchegas.

Día 24. Campanario. El cierre de la bolsa de La Serena

Croquis donde se muestra el avance nacional entre el Tajo y el Guadiana.

Fuerzas “nacionales” se han concentrado en el kilómetro 15 de la carretera de Villanueva a Acedera. La División 74ª pasa el Guadiana por el vado y paso de barcas situado al suroeste de aquel kilómetro. Más tarde cruzan el Zújar y se dirigen hacia La Coronada y Magacela, que caen en sus manos.

Mientras tanto, fuerzas de la 112ª División, en marchas forzadas, llegan hasta las inmediaciones de Campanario, que cae al atardecer. Desde este momento, prácticamente, la bolsa de La Serena estaba cerrada.

A partir de entonces, fuerzas de la 21ª División, antigua “de Badajoz”, se dedican a perseguir y acabar con los miembros del Ejército Popular que habían quedado cortados en diversos puntos de la comarca.

Dentro de la bolsa quedaban cortadas las brigadas 20ª y 91ª, en muy precarias condiciones de subsistencia. Burillo aprobó lo aconsejado por el teniente coronel Rubert sobre la evacuación de estas tropas hacia la zona del Zújar, pero ya era demasiado tarde. Las dos brigadas fueron copadas, y aunque en la mañana del día 25 [de julio] trataron de buscar una salida, atacando la línea Campanario-Zújar, fueron rechazadas por fuerzas “nacionales”. Las fuerzas de la 21ª División continuaron la “limpieza” de la bolsa, de oeste a este.

Mientras esto sucedía, la aviación extranjera bombardeaba Cabeza del Buey. Se seguía ametrallando a la población civil, entre la que causaron numerosas víctimas.

Tras el cierre de la bolsa de La Serena, quedaban sin salida, en una amplia zona de al menos 550 kilómetros cuadrados, Don Benito, Villanueva de la Serena, Medellín, Mengabril, La Haba, Cruces, La Guarda, Manchita, La Garza, Quintana, Valle, Malpartida, Zalamea e Higuera de la Serena.

 

Operaciones militares en la “Bolsa de la Serena” y rasgos generales del control y represión nacionalista estudiadas por Jacinta Gallardo[2]

Operaciones militares en la “Bolsa de la Serena”: 20-24 julio 1938. Repercusiones en nuestra zona de Estudio: Evacuados y huidos

Como han señalado Juan García Pérez y Fernando Sánchez Marroyo, “A lo largo de 1938, los dominios y posiciones del ejército rojo en tierras extremeñas iban a sufrir un extraordinario quebranto. El extenso y rico territorio que aún controlaban a principios de año (sureste de Cáceres y Valle de la Serena) quedaría reducido a sólo algunos pueblos limítrofes con las provincias de Córdoba y Ciudad Real”.

El cierre de la bolsa de Mérida. Croquis nº 13. Monografía de la guerra de España, Servicio Histórico Militar, nº 15, Madrid, Librería Editorial San Martín, 1981. P. 224.

Del 20 al 24 de julio se producirá la acción principal en la gran ofensiva franquista del cierre de la “Bolsa de la Serena”, que será, en frase de Francisco Moreno Gómez, un “modelo de audacia y perfección”. Era muy importante para las tropas franquistas la adquisición de estos territorios, así como para los republicanos su conservación, ya que les podía servir para la ruptura de la zona nacionalista, de ahí los deseos frustrados de actuar en la zona de Largo Caballero en mayo de 1937 y el Plan “P” de Vicente Rojo. Los nacionales proyectaron en la ofensiva los siguientes objetivos:

  • Estratégicos: La estrangulación de la Bolsa, atacándola por sus dos flancos, permitiría avanzar hasta Almadén, proteger las comunicaciones existentes en zona nacional (Caminos Norte-Sur, que por la cercanía del saliente a Mérida podrían haber estado amenazados en caso de ofensiva republicana) e impedir que las fuerzas republicanas de la zona se trasladaran hacia Levante.
  • Económicos: El dominio del Valle de la Serena suponía adquirir un espacio con pueblos tan importantes como Villanueva, Don Benito y Castuera, y de un gran potencial agrícola y ganadero (calificado como uno de los grandes graneros de España).

El gobierno republicano parece que no se percató, en el verano del 1938, del peligro, atento como estaba al frente de Levante y a la gran batalla del Ebro; el Ejército de Extremadura, al mando de Burillo, era poco consistente y las tropas llevaban bastante tiempo inactivas, mientras que las fuerzas franquistas que intervinieron en la operación fueron considerables.

Se programaron dos masas de maniobra, operando coordinadamente a través de las tropas de las tropas del Ejército del Centro del general Saliquet y del Ejército del Sur, dirigido por Queipo de Llano; el primero seguiría el eje Logrosán-Madrigalejo-Villanueva de la Serena y el segundo el de Peraleda del Zaucejo-Monterrubio, debiendo confluir en la zona Castuera-Campanario.

El día 20 de julio las líneas republicanas sufrieron la ruptura y desmoronamiento por el Norte y por el Sur de la Bolsa y ya al siguiente día, el 21, por el Guadiana y ocupando los pueblos de Acedera, Navalvillar de Pela, Orellana de la Sierra y Orellana la Vieja, continuando igualmente el avance por el Sur. Proseguirán los avances en los tres días siguientes, ocupándose el día 23, entre otras posiciones, el pueblo de Castuera. El día 24, finalmente, las tropas franquistas cerraban la Bolsa, controlando poblaciones como Villanueva de la Serena y Don Benito (por la División 21ª), produciéndose el enlace de los Ejércitos del Centro y del Sur en Campanario.

Toma de casas por las tropas republicanas.

Las Brigadas 20ª y 91ª del Ejército Republicano quedaron atrapadas en el interior de la Bolsa, ya que la orden de retirada les había llegado tarde; un buen número de soldados perecieron, mientras más de 1.000 caían prisioneros. Un vecino de Orellana la Vieja, sargento en el Ejército Popular (Luciano Mendoza Cerro), vivió aquellas trágicas circunstancias y lo relata como un episodio verdaderamente triste para los soldados republicanos; fue hecho prisionero el día 25, siendo enviado a Cáceres donde pasó por Consejo de Guerra que lo condenó a 30 años de reclusión, si bien posteriormente le reducirían la condena. Algunos, sin embargo, conseguirían refugiarse en los montes cercanos engrosando las filas guerrilleras.

De esta forma, en sólo cuatro días, las tropas franquistas, bajo un asfixiante calor, habían [conquistado] unos 3.500 Km2, ocupando 23 pueblos con unos recursos humanos considerables y una riqueza agropecuaria importante. Las bajas republicanas (muertos, heridos o prisioneros), según cálculos del mando nacionalista, eran 5 jefes, 89 oficiales, 8 comisarios y 6.086 de tropa y suboficiales, además se había capturado abundante material bélico.

En cuanto a la resistencia republicana en las poblaciones de nuestra zona de estudio [Don Benito, Villanueva de la Serena, Navalvillar de Pela, Orellana la Vieja, Orellana de la Sierra y Acedera] parece que fue mínima o nula, entrando las tropas franquistas en los pueblos casi como en un paseo militar. Sí fue destacada la resistencia en el pequeño pueblo de Acedera (nudo de comunicaciones hacia Orellana), el primero ocupado por la ofensiva franquista; se llevó a cabo en sus cercanías un sangriento combate, resistiendo también desde la torre de la iglesia, donde las fuerzas republicanas habían colocado una ametralladora, hasta que fueron hechos prisioneros.

[…]

Algunos de nuestros pueblos quedaban, en consecuencia, muy cerca de la línea de frente hasta la ofensiva de principios de 1939, así Orellana la Vieja, Orellana de la Sierra y Navalvillar de Pela, muy próximos a pueblos controlados aún por los republicanos, como podían ser Puebla de Alcocer, Esparragosa de Lares… Estas circunstancias van a provocar que se viva en aquellos días una fuerte convulsión tanto para la población militar como para la civil. La población militar sufrió especialmente estas fechas con el recrudecimiento de los combates y la cercanía del frente […], las bajas por ambos bandos serán considerables, pero también la población civil va a vivir una de las fechas más dramáticas de toda la guerra.

Evacuación de una población por soldados republicanos.

En todos los pueblos, ante la inminente llegada de las tropas nacionalistas, las autoridades republicanas ordenan la evacuación de la población; casi toda la gente, familias enteras, se marchan de sus casas y en grupos numerosos se dispersan por lugares propicios. Las personas o familias más destacadas van a huir en gran número hacia las zonas más cercanas aún bajo control republicano, hacia Ciudad Real o Córdoba… Los huidos de nuestros pueblos se refugiarán, sobre todo, en la provincia de Ciudad Real, en pueblos como Ballesteros, Carrián de Calatrava, Villamayor de Calatrava…, aunque no es descartable que se dirigieran también a otras zonas como podría ser la provincia de Córdoba, pero preferentemente lo harán los de pueblos ocupados más al Sur de la provincia. Francisco Moreno Gómez ha escrito a este respecto:

“En el verano de 1938, con motivo de la ofensiva nacionalista por el Valle de la Serena y la cuenca del Zújar se produjo una nueva oleada de refugiados hacia Villanueva de Córdoba. El Socorro Rojo de la localidad inició una campaña de recaudaciones, a base de actuaciones de su Grupo Artístico y proyecciones de películas, para socorrer a las familias de los pueblos evacuados de Extremadura”. Esta masiva influencia de refugiados provocará, a menudo, tensiones y rechazos ante la aglomeración de personas y la intensificación de los problemas de abastecimiento y sanidad en los lugares de recepción.

Comentábamos en otro lugar cómo bastantes vecinos de nuestros pueblos que habían acogido a refugiados pasarán a ser ellos protagonistas de una situación análoga […].

No obstante, no toda la población va a huir hacia zona republicana tras la evacuación, una parte de ella, al conocer la “liberación” (así se ha denominado, durante mucho tiempo y en algunos sectores, a la ocupación por las tropas nacionalistas), va a volver a sus casas, encontrándose los pueblos destrozados, en primer lugar, por la actuación de las fuerzas de la República durante la retirada. En Orellana la Vieja, por ejemplo, incendian las mieses que había en la era, la fábrica de harina, el Registro Civil y casi la totalidad de los archivos municipales y parroquiales (sucediendo algo similar en Navalvillar de Pela y Acedera). En Villanueva de la Serena van a inutilizarse algunos hornos de pan y, al igual que en Don Benito y otros pueblos, se incendian las mieses y se producen otros destrozos.

El robo y el saqueo se generalizan en estos momentos de confusión y serán la nota característica en la entrada de las tropas nacionalistas, la gente recuerda como especialmente salvaje la actuación de los “moros”, soldados procedentes del Ejército de África, los cuales provocaron grandes destrozos en las casas, la mayoría vacías por la evacuación, llevándose lo poco que hubiera de valor o destrozando sin sacar provecho de ello.

Para remediar algo la situación, llegaba el día 22 de julio a Acedera, Orellana la Vieja, Orellana de la Sierra y Navalvillar de Pela una expedición de Auxilio Social portando víveres para la población. El 25 llegaba, entre otros lugares, a Don Benito y Villanueva…

Así pues, las pérdidas materiales en estas fechas fueron bastante importantes, tanto para familias de derechas como de izquierdas; sin embargo, pese a las dificultades generales, con la vuelta a la “normalidad”, una vez ocupados los pueblos, la diferencia para unas y otras familias sería importante. Las primeras van a empezar a disfrutar de una larga tranquilidad, sobretodo aquellas que no tenían familiares expuestos a los peligros del frente; para las familias izquierdistas la suerte va a ser muy distinta, empezará para ellas el destierro, el exilio o la persecución que, terminará fatalmente con la muerte de los más destacados o más desafortunados.

Rasgos generales de los cambios surgidos en la etapa de control nacionalista

Comenzaba en julio de 1938 en los pueblos objeto de nuestro estudio, al igual que había ocurrido en todas las poblaciones ocupadas por los nacionalistas desde el inicio de la Guerra Civil, una reorganización en todos los niveles de la vida del municipio. Así sucederá en la vida político-administrativa; obviamente, desaparecen todos los órganos de poder de origen republicano (Consejos Municipales…), siendo sustituidas las autoridades civiles por militares que se impondrán en todos los ámbitos, no en vano los nacionalistas habían declarado desde el 28 de julio de 1936 el estado de guerra, mientras el bando gubernamental mantendrá el estado de alerta durante casi toda la Guerra Civil.

De esta forma, al ir ocupando los pueblos, las autoridades militares franquistas se harán con el control político de aquéllos, designando una Comisiones Gestoras con los individuos más derechistas.

En Don Benito se constituye el 25 de julio de 1938 la “Comisión Gestora Provisional”; la Auditoría de Guerra del Ejército del Sur nombra a las … personas […].

El mismo día se constituía en Villanueva de la Serena, será Ramón Prego García, oficial 1º. Honorario del Cuerpo Jurídico Militar, en nombre del General Jefe del Cuerpo del Ejército del Sur, quien nombre a los individuos que formarán parte de esta Comisión […].

En la misma fecha, 25 de julio, quedaba constituida la Comisión Gestora en Navalvillar de Pela, siendo nombrado alcalde, por el Teniente Militar de la plaza […]; más tarde, el 14 de agosto será modificada la Comisión Gestora, por orden de la Auditoría de Guerra […].

En las actas de Plenos municipales quedaba perfectamente reflejado el nuevo “espíritu” del poder municipal y el contraste con el periodo republicano, existe muy poca intervención de los gestores o vocales, normalmente es el Presidente el que expone los temas que se tratan, que, por otra parte, son muy reducidos, limitándose, a veces, a hacer referencia a las cuentas municipales o asuntos administrativos (reposición de funcionarios, depuración de otros…); el poder efectivo residía en el Comandante Militar (Jefe del Cuartel de la Guardia Civil, en muchos pueblos).

Para el mantenimiento del nuevo orden se forman Milicias patrióticas, será la Falange la organización que adquiera mayor protagonismo en este sentido, colaborando con las autoridades en la organización de manifestaciones, cánticos o insultos a izquierdistas y en las operaciones de “limpieza” y represión.

No es necesario insistir en un hecho tan evidente como es la ilegalización, prohibición de cualquier tipo de organización, partido o sindicato obrero, se clausuran las Casas del Pueblo y se incautan todos sus bienes…

[Represión nacionalista en los pueblos de La Serena]

Prisioneros republicanos.

Si en el período republicano se habían realizado detenciones, con el control nacionalista, prácticamente todos aquéllos que no habían huido hacia zona republicana y tuvieran un pasado ligeramente sospechoso de izquierdismo eran encarcelados, debiendo soportar un largo calvario o siendo eliminados a través de asesinatos, los cuales tienen un rasgo diferenciador con los practicados por las milicias republicanas y es que, en algunos casos, están avalados o son ejecutados por las mismas fuerzas del Ejército Nacionalista. Pero, además de las muertes irregulares, las muertes “legales” a través de juicios en Consejos de Guerra, se van a cobrar un buen número de víctimas, sobre todo en la posguerra. En Villanueva de la Serena y Don Benito se establecieron unos Juzgados Militares eventuales que condenarían a muerte y ejecutarían a algunas personas, muy pocas, la mayoría de los muertos por los nacionales fueron simplemente asesinados. Posteriormente pasarían Consejos de Guerra en Mérida, Badajoz, Castuera, Almendralejo o Cáceres individuos de esta zona, lo que quiere decir que en la posguerra no funcionó en nuestra zona ningún Consejo de Guerra, al menos no tenemos evidencia de ello por las inscripciones en el Registro Civil.

Van a ser factores fundamentales en la represión nacionalista el ajuste de cuentas, el revanchismo y la venganza que guiará a los que, de alguna manera, habían sufrido las consecuencias del “período rojo”; a las autoridades militares les impulsará, además, el deseo, de dejar limpia la retaguardia de elementos desafectos, dado el fuerte arraigo de las ideas y organizaciones de izquierda, a lo cual colaborará la Falange […].

En Don Benito, al igual que en los demás pueblos, la represión nacionalista nos ha planteado bastantes más problemas que la republicana; los datos que vamos a manejar (309 muertos) los hemos obtenido en base, fundamentalmente, al Registro Civil, por lo que no sería descartable que las cifras reales de las represalias franquistas sean mayores; así, por ejemplo, a través de la “Causa General” sabemos que 6 personas que sufren la represión franquista y no han sido inscritas en el Registro Civil de Don Benito, de ellas, 4 son asesinados en el propio Don Benito “en aplicación de un bando de guerra”, los otros dos probablemente (uno de ellos con certeza, Doroteo Sánchez Pajares, fusilado en Mérida el 21 de enero de 1941 e inscrito en el Registro Civil de esa ciudad) son fusilados por condena de Consejo de Guerra fuera de Don Benito.

Junto a estas fuentes, nos ha sido útil una “relación nominal de personas que resultaron muertas al ser ocupado el pueblo de Don Benito, en choque con la fuerza pública…”enviada por el Jefe de la Policía Militar [SIPM] de la 21ª División al Servicio Jurídico Militar de la referida División (el 6 de septiembre de 1938); en ella figuraban 178 personas, de las que aún no se han inscrito en el Registro Civil 30 y que probablemente ya no lo harán nunca, a pesar de que con fecha de 7 de septiembre de 1938 dicha relación fue remitida al Juez Municipal de Don Benito (Sr. Manzano) por el Capitán del Servicio Jurídico Militar para su inscripción.

En capilla, preparando su encuentro con la muerte.

Estas 178 personas mueren desde el 24 de julio hasta el 1 de septiembre de 1938, en poco más de 40 días, destacando algunos días del mes de agosto en la ejecución de estas muertes que no se producen por enfrentamientos bélicos como se quiere hacer creer con la expresión “choque con la fuerza pública”, sino que serán muertes irregulares, asesinatos por “aplicación de un bando de guerra” o, en último caso, (creemos que nada probable), serían ejecuciones por juicios sumarísimos de urgencia. En nuestra opinión, esta última posibilidad no sería muy viable ya que, si efectivamente hubiesen sido juzgados, sería el Juez Militar el encargado de confeccionar la lista y no el simple intermediario del envío entre la Policía Militar [SIPM] y el Juez Municipal […].

Definitivamente, podemos calificar a la mayoría de los óbitos producidos en Don Benito por los nacionalistas como asesinatos o muertes irregulares, con una particularidad respecto a otros pueblos que estudiaremos, y es la enorme responsabilidad de las fuerzas militares que se convierten en el verdadero poder en todos los sentidos, auxiliadas en las tareas de “limpieza” por las fuerzas civiles, destacando la Falange. La terminología utilizada para definir la causa de la muerte no deja de ser llamativa y viene a corroborar lo que venimos señalando; se utilizan expresiones como “choque con la fuerza pública”, “aplicación de un bando de guerra”, “acción de guerra” (aún en abril de 1939, cuando el conflicto había terminado) o “la cruzada de liberación”…, excepto en el último caso en Don Benito, que creemos atípico, en que se especifica “ejecutado a pena capital” (“según resulta de orden Judicial Militar. Manifestación del Juzgado Militar nº 53 de esta ciudad”).

[…] En definitiva, todo lo anterior nos viene a indicar el carácter de lucha de clases de la guerra civil española; con el estallido del conflicto la explotación a que habían sido sometidos los yunteros y jornaleros extremeños va a tener una vía de escape violenta, en ocasiones; por otra parte, su protagonismo en asentamientos campesinos por la Reforma Agraria o en otros temas, va a recibir, con la victoria nacionalista, un duro golpe no sólo en la conservación de sus tierras sino, a veces, de su propia vida. El alto número de jornaleros vendría explicado también por ser el sector más numeroso de la población extremeña, aunque, de todas formas, es significativo que por la represión republicana mueran bastantes menos que por la nacionalista.

[…] Lo que es cierto, en consonancia con lo que sucedía en Don Benito, es el carácter no incontrolado de las muertes irregulares cometidas en Villanueva [de la Serena], sino que, como las mismas fuentes franquistas reflejan (”aplicación de un bando de guerra”), la responsabilidad mayor residirá en las fuerzas militares, apoyadas por civiles.

[…] [En Navalvillar de Pela] La represión nacionalista va a ser aún más dura. Hemos podido conocer, por el Registro Civil de esta población, 103 represaliados por el bando vencedor, aunque seguramente la cifra sea mayor ya que, como hemos comprobado en otros casos, no todos los asesinados van a ser inscritos […].

[…] Al igual que en otras poblaciones, en las inscripciones, los asesinados por los vencedores figuran como muertos en “choque con la fuerza pública”, en todas las inscripciones realizadas antes de la democracia, y como “fusilados”, “muertos a consecuencia de la Guerra Civil española” …, en las practicadas a partir de 1979.

[…] En las fechas de la represión franquista, encontramos aquí [Navalvillar de Pela] (al igual que en Orellana la Vieja) una particularidad: su desencadenamiento tras el fin del conflicto; si en Villanueva y Don Benito las muertes se habían producido de forma masiva desde julio y agosto de 1938, extendiéndose durante la posguerra, en Navalvillar de Pela serán abril y mayo de 1939 los dos meses más destacados por el número de muertos, siendo más de 80 los individuos asesinados en esas fechas… Se habían producido, de todas formas, en Navalvillar de Pela asesinatos el mismo 21 de julio de 1938 (fecha de entrada de las tropas nacionalistas) y continúan el día 22; probablemente, según testimonios, serían ocasionados por los “moros”, fuerzas marroquíes que en esta zona tuvieron una actuación lamentable en toda clase de destrozos. Otras muertes aisladas se producen en otros meses de 1938 […].

 

La Guerra Civil en Extremadura durante las operaciones militares de julio de 1938 en La Serena por Julián Chaves[3]

Unidades operativas nacionales en Extremadura en julio de 1938
Cáceres Badajoz
I Cuerpo de Ejército II Cuerpo de Ejército
Divisiones destacadas en Cáceres Divisiones destacadas en Badajoz
Nº 11ª, al mando del general Bertoméu Nº 21ª, al mando del coronel Cañizares
Nº 19ª, al mando del general Múgica Nº 112ª, al mando del coronel Baturone
Nº 74ª, al mando del coronel Arias
Puesto de mando: Puestos de mando:
En Zorita y Trujillo, ambos a cargo del general Múgica En Llerena, el general Solans
En Almendralejo, coronel Cañizares
En Azuaga, coronel Baturone

La caballería acantonada esperando a entrar en combate.

El 2 de julio Franco firmaba una “Instrucción General para la supresión de la Bolsa de Mérida”, argumentando para ello que la acumulación de efectivos republicanos en los frentes de Levante y Teruel había debilitado el extremeño, posibilitando una ofensiva sobre el mismo. Sus informaciones eran bastante acertadas pues, efectivamente, a pesar de los previsibles ataques nacionales y el interés manifiesto de la República en conservar esta zona, el Gobierno Negrín ordenó la retirada de Extremadura y su envío a la zona levantina de la 10ª División entre los días 2 y 4 de julio, y para ese mismo destino, días después, de la 67ª División. Además de considerar que era el momento oportuno, apreciaba una serie de ventajas que se pueden sintetizar en los siguientes apartados:

  • Reducción del frente en unos 90 kilómetros.
  • Ocupación de una zona de más de 5.000 kilómetros cuadrados, de gran riqueza tanto agrícola como ganadera.
  • Liberación del ferrocarril Almorchón-Villanueva de la Serena-Mérida, lo que permitía duplicar el tráfico de Andalucía con Mérida, descongestionando la única línea férrea existente.
  • Aproximación de la línea alcanzada por una parte a Almadén y a los puertos del Rey, y por otra a San Vicente, permitiendo la futura conquista de todos esos objetivos.

Las operaciones nacionalistas se llevaron a cabo por el norte y por el sur del frente, e intervinieron en el primero las tropas del Ejército Centro a las órdenes de Saliquet, y en el segundo, las del Ejército Sur, mandadas por Queipo de Llano.

En lo referente a las fuerzas de Saliquet, en las jornadas previas al lanzamiento del ataque se concentraron unidades nacionalistas en las proximidades de los pueblos cacereños de Logrosán, Zorita y Madrigalejo. Para la operación fue constituida la Agrupación de Divisiones del Guadiana, al mando del general Múgica. Con fecha 15 de julio, el Jefe de Estado Mayor, con puesto de mando en Trujillo, daba por terminada la concentración de fuerzas, ordenando el dispositivo de despliegue, preliminar de futuras operaciones, que duró del 17 al 20 de julio, de acuerdo con la siguiente Orden:

“1) Las fuerzas quedarán concentradas a las 7 horas del día C + 4 que finaliza en las siguientes zonas. División 11ª: Zona de Zorita, Alcollarín, El Campo, Escurial, Miajadas, Villamesías y Abertura. División 74ª: Zona Conquista, Herguijuela, Garciaz y Madroñera. División 19ª: (Sólo los elementos que intervienen en futuras operaciones). Zona Villar de Rena: 1º Rgtº. Infantería, 25ª Cía. Zapadores, 31ª Batª Rgtº. Ligero. Zona Zorita: 20ª Cía. Zapadores. Zona Madrigalejo: 10 Escuadras Rgtº Calatrava y 4ª Cía. de Choque. Brigada Caballería Aldecoa: Zona Cañamero, Logrosán y Zorita.

2) Para pasar del dispositivo de concentración al de despliegue se dispone de los días 17, 18 y 19, debiendo terminar a las 2 horas del 20 [julio].

3) Zona de despliegue Columnas: Columna Oeste; al mando del General Bertoméu. Límites por el Oeste: Casa del Herradero; camino a los bosques próximos, y al norte de Madrigalejo: Cañada de la Laguna. Este: Línea Sur del Cerro de las Marías al Gamonal. Columna Este; al mando coronel Arias: Camino de Trevolosa al vado de la Isla. Guarda flanco izquierdo (Este); al mando del coronel Aldecoa. Destacamento occidental (Villar de Rena); al mando coronel Puente Ruiz. Reserva; al mando jefe de Brigada de la División teniente coronel Luis Blanco Novo. Situación inicial: Alcollarín -Campo Lugar […]”.

De acuerdo con el Ejército Sur, las operaciones se acometieron el 20 de julio. Esa jornada, las fuerzas al mando del general Múgica rompieron el frente en Madrigalejo, ocupando al día siguiente los pueblos de Acedera -en cuyas cercanías se registró un fuerte combate-, Orellana la Vieja, Orellana de la Sierra y Navalvillar de Pela. Este último, al parecer, estaba evacuado cuando entraron las fuerzas. Esas conquistas prepararon el paso del río Guadiana, objetivo que consiguieron al día siguiente, superándolo por la zona sur de Orellana. Se procedió a continuación a ocupar posiciones próximas, con el fin de constituir una cabeza de puente. El avance efectuado en esos tres días de operaciones alcanzó una profundidad media de 17 kilómetros; el número de prisioneros republicanos superó las 500 personas, con unas 300 bajas.

Por otro lado, las tropas del sur avanzaban en sus posiciones el mismo día 20, una jornada en que encontraron tremendas dificultades atmosféricas debido al viento -según constaba en el parte de operaciones, se registró un “fortísimo ciclón” durante toda la tarde-, que hizo muy difícil el avance, cortando las comunicaciones telefónicas y ocasionando otros desperfectos que tuvieron que ser solucionados por la noche. Al día siguiente, las condiciones meteorológicas volvieron a la normalidad y pudieron continuar con los planes trazados, conquistando las posiciones de Mesa de Zaucejo, Vértice Picuda, Casas de Diego Peña, hasta llegar a las inmediaciones de Monterrubio de la Serena.

Por la tarde, la División 102ª ocupó el Puerto de los Vuelos, continuando la progresión por la sierra de Monterrubio, que fue controlada en la jornada del 22. Pese a ir cumpliendo los objetivos marcados, las tropas de Queipo encontraban en esta zona más resistencia que las del norte, ya que se enfrentaban a unidades republicanas bien pertrechadas, donde no faltaba la utilización de tanques, que hostilizaban continuamente su avance. El día 23 era ocupado Monterrubio por las Columnas a las órdenes de los coroneles Castejón y Redondo. Su población emprendió la huida en dirección a Helechal, llevándose con ellos a los derechistas que estaban detenidos en el campo de concentración. Ese mismo día, siete aviones republicanos bombardearon el municipio. Esta acción no pudo evitar el corte de la carretera que unía Castuera con Cabeza del Buey, y quedaron las fuerzas nacionales cerca de Helechal.

El jefe republicano del Ejército de Extremadura, Burillo, atemorizado por lo que estaba sucediendo, trató de tomar medidas urgentes con el fin de evitar lo peor. La más importante fue constituir un nuevo Cuerpo de Ejército compuesto por tres Divisiones: la 37ª, con base en La Coronada; la conocida por “Zújar”, con base en Almorchón-Helechal-Benquerencia; y la División “A” con cabecera en Belalcázar. Unas iniciativas que llegaban tarde y poco podían solucionar, como quedó demostrado con lo sucedido las jornadas siguientes.

Con las conquistas de días anteriores, los avances conseguidos por los dos Ejércitos franquistas habían profundizado, por uno y otro lado del frente, hacia posiciones que amenazaban ya al municipio de Castuera, capital hasta entonces de la Extremadura republicana.

El día 23 los hombres de Saliquet se adentraban en dirección a Magacela-Campanario. Un parte de operaciones de ese mismo día así lo confirmaba:

Después de una preparación artillera y de servicios de aviación se ha ocupado Tamborrio. Se continúa ensanchando la cabeza de puente del Guadiana, habiéndose ocupado el vértice Almendro y continuando las unidades progresando hacia el Sur para ocupar las alturas próximas al Zújar. En la operación de esta mañana para ocupar Acebuchal y posiciones inmediatas, se ocasionaron al enemigo 60 bajas, haciéndoles 75 prisioneros. La resistencia republicana es pequeña en general en todos los frentes”.

El párrafo final del parte es bastante ilustrativo sobre la falta de resistencia que estaban encontrando las fuerzas de Franco en su avance por el norte. Situación que de alguna forma contrastaba con el elevado número de republicanos que, ante la proximidad de las fuerzas nacionales, lejos de hacerles frente, parte se marchaba de sus pueblos hacia otros con menos peligro de ser ocupados, y otra parte se refugiaban en sierras próximas para evitar ser detenidos.

Pero el día 23 para el Ejército Centro aún no había concluido, y continuaba su marcha, pasando el río Zújar y marchando en dirección a los pueblos de Campanario y alturas de Magacela. Las autoridades republicanas, ante la gravedad de la situación, ordenaron la evacuación de la población. La aviación nacionalista informaba por la tarde de que numerosas personas comenzaban a huir de la Bolsa, sobre todo por la carretera de Castuera hacia Puebla de Alcocer, empleando para ello medios de transporte de todo tipo.

Por su parte, al llegar la noche, las tropas del Ejército Sur llegaron a Castuera, que quedó cercada. A las ocho de la mañana del día 24, las Columnas al mando de los coroneles Baturone y Castejón ocupaban el municipio, ocasionando a sus defensores 183 bajas y unos mil prisioneros. Con esa conquista las tropas nacionales se apoderaban de un importante centro de comunicaciones republicano, provocando el éxodo masivo de su población hacia la zona de Almorchón-Cabeza del Buey. Castuera significaba una importante pérdida para las posiciones gubernamentales en Extremadura, que veían con tremenda preocupación el inminente cierre de la Bolsa de la Serena.

A las 11 de la mañana del día 24 [de julio], las Columnas del Ejército Sur continuaron su avance hacia Campanario, pese a las hostilidades que presentaba la aviación gubernamental. De forma simultánea, su Caballería se desplegaba al norte del ferrocarril Almorchón-Castuera, haciendo numerosos prisioneros.

[…], la 21ª División ocupaba Medellín y su castillo, rodeando Mengabril y Don Benito. También avanzaban hacia el valle de la Serena, cercando Higuera de la Serena. Otras unidades se dirigían a Esparragosa. Esa misma jornada establecían comunicación con [otras] fuerzas de Queipo de Llano a la altura del Puerto de Los Vuelos, entre Peraleda y Monterrubio. Todo apuntaba que, de seguir esos avances y continuar encontrando tan escasa resistencia, la Bolsa quedaría cerrada por la tarde. Una previsión que se cumplió, horas después, con la ocupación de Campanario:

Una Brigada de la 112ª División -informaba un parte de operaciones del Ejército Sur fechado el día 24- ocupó Campanario, llevando en vanguardia Caballería, que cuando envolvió el municipio detuvo camiones republicanos con personal que ha quedado prisionero. El Ejército del Centro vino al encuentro y el enlace lo han hecho al norte de la población […]”.

Esa ocupación, por tanto, significó el cierre de la Bolsa de la Serena, quedando atrapados en su interior no sólo numerosa población civil sino también unidades de su Ejército como las Brigadas 20ª y 91ª, algunas de cuyas unidades intentaron escapar, sin éxito, al día siguiente:

El enemigo encerrado en la Bolsa -informaba un parte de operaciones nacionalista-, a las 0,30 horas del día 25 intentó escapar sin conseguirlo, entre el cementerio de Magacela y la carretera de Campanario. Al parecer se trata de tres Batallones de la 20ª Brigada Mixta, dos Compañías de Ametralladoras y dos o tres unidades de la 21ª (¿?) Brigada. Fueron derrotados en el encuentro. Fuerzas de otra Brigada, la 91ª, chocaron también con nuestras líneas por la zona de Campanario-La Haba. Las informaciones recibidas por el Ejército del Sur apuntan a que había dentro de la Bolsa la 103ª y 91ª Brigadas, y parte de la 25ª y 109ª, junto a algunos escuadrones de caballería […]”.

De esta forma concluían sus operaciones las tropas nacionalistas, que en tan sólo cinco días de combates habían conquistado unos 3.500 kilómetros cuadrados de esta fértil comarca extremeña, dotada de inmejorables recursos agrícolas y ganaderos que pasaban a formar parte de la España de Franco. Del mismo modo pasaban a estar bajo su control 22 pueblos, que en su conjunto suponían unos cuatrocientos mil habitantes. Un balance, pues, muy positivo, que en los días siguientes va a tratar de consolidar en todas sus posiciones.

Hasta aquí la primera fase de unas operaciones que ocasionaron numerosas pérdidas humanas a las tropas gubernamentales, que al parecer superaron los seis mil fallecidos. En el otro bando también las hubo, aunque en mucha menor proporción. El Ejército del Sur fue el más afectado, con unas setecientas bajas. También fue elevado el número de prisioneros republicanos, y no menor el éxodo de sus habitantes a otras zonas.

Sobre esto último es preciso decir que el descalabro republicano llevó a ingentes bolsas de población, como ya se ha indicado, a marcharse de la comarca antes de que ésta fuese controlada por las tropas de Franco. Parte trató de refugiarse, momentáneamente, en las poblaciones pacenses situadas más al nordeste de la provincia, pero la mayoría se marchó a tierras de Ciudad Real, concretamente a pueblos como Ballesteros, Carrián y Villamayor de Calatrava, etc. Su presencia en esas localidades originó, con frecuencia, tensiones con sus vecinos, que observaban cómo el aumento de población llevaba consigo problemas sanitarios y de abastecimiento. Debe distinguirse en ese sentido, la labor del centro de Evacuación y Refugiados de Ciudad Real, que se encargó de distribuir en pueblos al personal evacuado de la Serena.

Pueblos controlados por los nacionales con el cierre de la Bolsa de La Serena
Medellín

Magacela

Mengabril

Valle de la Serena

Malpartida de la Serena

Orellana la Vieja

Monterrubio de la Serena

Don Benito

La Haba

La Coronada

Quintana de la Serena

Esparragosa de la Serena

Benquerencia

Orellana de la Sierra

Villanueva de la Serena

Manchita

Campanario

Higuera de la Serena

Castuera

Acedera

Navalvillar de Pela

En cuanto a las pérdidas materiales, sólo citamos a título de ejemplo, que en las últimas operaciones del día 24 [julio] pasaron a manos nacionalistas una Batería de 3 piezas de 7,5 Ansaldo con sus correspondientes camiones, una Compañía completa de autos-blindados y una sección de antitanques.

En suma, un auténtico fiasco para la República, del que se pidieron responsabilidades. El coronel Ricardo Burillo, jefe hasta entonces del Ejército de Extremadura, fue destituido de su cargo, tras haberlo desempeñado durante ocho meses, siendo nombrado en su lugar el coronel Adolfo Prada, que cogió el mando en una situación de fuerzas muy precaria, hasta el punto, que, lo primero que tuvo que hacer fue tratar de elevar la moral de sus hombres tras el impacto que supuso la pérdida de la Serena.

 

Intervención de las Brigadas Mixtas del Ejército Popular de la República durante los combates de julio de 1938 en La Serena[4]

Ejército de Extremadura gubernamental

El 31 de julio de 1938 fue destituido [como jefe del Ejército el coronel Ricardo] Burillo por los resultados de la batalla de la bolsa de La Serena, y reemplazado por el coronel de Infantería Adolfo Prada Vaquero […].

20ª Brigada Mixta

Al iniciarse la ofensiva nacional en La Serena, en julio de 1938, la 20ª BM se hallaba en vanguardia en Guareña y pronto se vio en riesgo de ser copada, por lo que tuvo que retirarse a La Coronada para integrarse en una efímera División “B” que se creó y desapareció en un día. Formando parte de la División “A” intentó infructuosamente ocupar Castuera, el día 23 de julio. Al día siguiente, no pudo evitar un nuevo envolvimiento, del que sólo se salvaron los batallones 77º y 79º, que huyendo por Puerto Hurraco llegaron a la Puebla de Alcocer. Entre los desaparecidos estaba el nuevo jefe de la Brigada, el mayor de milicias Eduardo Robledo González, que, este mismo día, había sustituido al coronel Gómez. En la Operación la División [37ª] había perdido a su jefe, dos jefes de brigada, 89 oficiales, 8 comisarios y 6.086 cabos y tropa, además de 3.588 fusiles, 170 ametralladoras, 10 cañones y 10 tanques. De los restos maltrechos de a 20ª Brigada Mixta se hizo cargo el mayor de milicias Gabriel Pareja Núñez que reorganizó sus fuerzas para reintegrarse a su sector frente a Castuera, donde permaneció hasta el final de la guerra.

91ª Brigada Mixta

Al iniciarse las operaciones nacionales para la liquidación de la bolsa de La Serena, la 91ª BM se hallaba cubriendo el frente en las alturas delante de Peraleda del Zaucejo, Cerro del Risco, Sierra Lengua, Vértice Castillejo y Loma Sancha. En los primeros combates, su jefe, López Montilla, cayó prisionero y su sucesor, el mayor de milicias Copérnico Ballester Francés, herido, asumiendo el mando el mayor de milicias Olegario Pachón Núñez, de la CNT. El 20 de julio de 1938, defendía el frente Sur de la bolsa, en Guareña, y después de concentrarse en La Coronada, intentó reconquistar Castuera el día 23. Al día siguiente quedó copada en la bolsa y deshecha. Ya no volvió a intervenir en ninguna acción bélica posterior. Pachón tuvo como jefe de Estado Mayor al oficial de milicias Pedro Prieto y el comisario German Clemente, que lo había sido durante toda la existencia de la unidad, fue relevado una semana antes del final de la guerra por Vicente Pastor Vicario.

109ª Brigada Mixta

En la segunda fase [de la batalla de la bolsa de Mérida], en el mes de julio, la Brigada entró de lleno en combate al intentar impedir el paso del Guadiana por las fuerzas nacionales. La lucha se inició en el sector de la Casa de la Rana y prosiguió en el Vértice Gorbea, sin lograr detener el avance nacional hasta llegar al río Gargaligas, aunque sólo transitoriamente, pues poco después, la 109ª BM tuvo que retirarse a [localidad de] La Coronada. En esta operación la unidad sufrió relativamente pocas bajas en comparación con las demás brigadas participantes, pues sus efectivos después de los combates ascendían a 2.127 hombres, mientras que la 25ª BM había quedado reducida a 630, la 12ª de Asalto a 1.134, la 20ª a 1.552, la 91ª a 1.719 y la 148ª a 2.063. Sin embargo, al continuar la ofensiva la 109ª quedó atrapada en el fondo de la bolsa, siendo totalmente aniquilada. Durante esta batalla, el jefe de la Brigada, mayor de Blas, pasó a mandar la 29ª División y cedió el mando de la 109ª BM al mayor de milicias Timoteo Reboiro Jiménez. Aunque la Brigada fue reconstituida bajo el mando del mayor de milicias Juan Guijarro Iniesta, ya no llegó a participar en la ofensiva final del Ejército Popular en Extremadura, en enero de 1939.

25ª Brigada Mixta

En la ofensiva nacional del valle de la Serena, en julio de 1938, la 25ª BM fue encargada de las defensas de las cabezas de puente sobre el Guadiana, objetivo que no pudo cumplir, pues tuvo que replegarse a la otra orilla con grandes pérdidas, el día 19 [de julio]. Fue adscrita, entonces, a la División de Maniobra para defender la línea desde Casas de Don Pedro hasta Puente del Arzobispo. Dos días después, fue incluida en la División del Zújar en el frente Almorchón-Benquerencia y, al día siguiente, fracasó en su intento de reconquistar Castuera.

148ª Brigada Mixta

Del 24 de junio al 1º de julio, sufrió grandes pérdidas en el contraataque efectuado en los puertos de Castuera y Calabazar, quedando en línea en la orilla izquierda del Zújar. El 20 de julio cedió dos de sus batallones a la División de Maniobras para defender Monterrubio, que se perdió el día 22 [de julio]. Este mismo día, la Brigada pasó a formar parte de la División “A” en Belalcázar. Al terminar la batalla pasó a la 36ª División del VI Cuerpo de Ejército.

 

Intervención de las Divisiones del Ejército Nacional durante los combates de julio de 1938 en La Serena[5]

Ejército del Centro sublevado

74ª División

En julio de 1938, fue enviada al frente de Extremadura para participar en la batalla del cierre de la bolsa de La Serena. El 20 de julio, rompió espectacularmente el frente por la Casa de la Rana, al Este de Madrigalejo ocupando el vértice Gorbea, cruzando el río Cubilar y llegando al río Gargaligas, aunque tuvo que retirarse de nuevo al Cubilar por un incendio de la vegetación provocado por las fuerzas republicanas. Una vez apagado éste, al día siguiente se cruzaron los dos ríos, se ocupó Navalvillar de Pela y la sierra de su nombre, llegando a orillas del Guadiana. El día 24 [de julio], se concentraron las fuerzas en el vado y paso de la barca del camino vecinal de Navalvillar de Pela a Talarrubias y atravesaron el Guadiana y el Zújar, ocupando el vértice Jalías y los pueblos de La Coronada y Magacela y quedando cerrada la bolsa.

2ª División de Caballería

Después de roto el frente [de la bolsa de La Serena], el 14 de julio de 1938, [una Brigada de] la 2ª División de Caballería irrumpió en la retaguardia enemiga, a pesar de la resistencia encontrada, tomando El Helechal y salvando aquí de la voladura el puente sobre el Zújar, Benquerencia y Castuera. La División tuvo que repeler violentos contraataques como, posteriormente, en Campanario, donde se cerró la bolsa. Las cargas realizadas por los jinetes fueron espectaculares y efectivas ante un enemigo en movimiento e incapaz de reaccionar. Pie a tierra se distinguió la unidad en el sostenimiento de las líneas ante los contraataques enemigos.

11ª División

En la batalla del cierre de la bolsa de La Serena, la 11ª División constituyó el flanco Oeste de las fuerzas que intervinieron por parte del Ejército del Centro. El 20 de julio de 1938, la 1ª Brigada cruzó el río Ruecas en las cercanías de Madrigalejo y ocupó el Vértice La Mata y después de establecer una cabeza de puente sobre el río Gargaligas conquistó el pueblo de Acedera y el Vértice Jaroso, llegando así a la Sierra de Pela. Al día siguiente, la División prosiguió su avance ante una débil resistencia dominando el Vértice Mesas Altas y la loma de El Bohonal y entrando en Orellana de la Sierra y Orellana la Vieja. En una acción nocturna atravesó el Guadiana por unos vados, estableciendo sobre el río una nueva cabeza de puente que se fue reforzando, al día siguiente. El día 23 [julio], la 2ª Brigada avanzó, sin encontrar oposición por la zona situada entre los ríos Gargaligas y Guadiana, apoderándose del Cerro Acebuchal, los vértices Tamborrio, Pelado, Almendro y Cabeza Pelada y el Castillo de la Encomienda. El día 24, y tras vencer alguna resistencia al Sur del río Zújar, atravesó éste y, ante un enemigo en franca huida, llegó a ocupar la población de Campanario, donde estableció contacto con la 112ª División del Ejército del Sur y cerró la bolsa dejando en su interior dos.

Ejército del Sur Sublevado

122ª División

Emblema de la 112ª División de I Cuerpo de Ejército del Ejército del Sur.

El 4 de julio [de 1938], toda la División se concentró en Cerro Bonal y, el 12, el 4º Batallón del Regimiento Castilla nº 3 sustituyó al 10º de Oviedo que pasó a transformarse en batallón de Ametralladoras afecto a la División. El 20 de julio, la División con la 3ª Media Brigada en vanguardia rompió el frente, cruzó el Zújar, ocupó la cota 540, Las Casas Cortijos, la cota 514 y el Vértice Sijuela, tras atravesar tres líneas defensivas enemigas, envolviendo Monterrubio que quedó dominado tras apoderarse de las posiciones de Loma Roja y el cementerio. El 21 [julio], se conquistó el Puerto de los Vuelos, el 22, Monterrubio y, el 27, fue relevada por la 60ª División.

112ª División

El 20 de julio, el Alto Mando nacional decidió copar a las tropas republicanas en la bolsa que se había formado frente a Mérida. En esa operación, con un día de retraso sobre el inicio de la ofensiva, la 112ª División rompió el frente desde Sierra Mesegara y ocupó el vértice Sijuela y el Puerto de los Vuelos, donde tuvo que rechazar varios contraataques. La progresión se extendió a la Sierra de Monterrubio y la localidad del mismo nombre, que fueron ocupados el día 22, rechazando aquí también los intentos del enemigo para recuperar la plaza. El día 23, continuó su avance por la Sierra de Benquerencia, ocupando ésta y el pueblo de igual nombre y prosiguiendo hacia Castuera que tomó antes de caer la noche. Al día siguiente, las fuerzas de la División entraron en Campanario, contactando con la 11ª División y cerrando la bolsa formada, en la que quedaron encerradas las Brigadas Mixtas 20ª y 91ª. En esta operación la 112ª División sufrió 63 bajas.

102ª División

Emblema de la 102ª División del Ejército del Sur sublevado.

El éxito de esta operación [para refuerzo de la línea del Alto Zújar] sugirió al mando otra de mayor envergadura, como era el cierre de la bolsa, en que podía convertirse el saliente del frente republicano en la comarca de La Serena. En esta ofensiva la 102ª División debía tomar como eje de marcha la carretera de Peraleda del Zaucejo a Monterrubio y asaltar la Sierra del Oro. El 20 de julio, se inició el ataque con una espectacular penetración por parte de la 102ª División que logró rebasar tres líneas defensivas y ocupar una serie de alturas de la Sierra del Oro: loma Berciales, vértices Sijuela y Picuda y lomas de Saucea y Morrillo del Cuervo hasta alcanzar el Puerto de los Vuelos. En los días siguientes la unidad prosiguió su avance por la Sierra de Monterrubio y Sierra del Oro, cortando la carretera de Castuera a Monterrubio en las proximidades de Puerto Urraco. Al llegar las fuerzas de la 112ª División de Campanario se cerró la bolsa, copando en ella a dos brigadas republicanas y terminando así la batalla.

24ª División

En la batalla del cierre de la bolsa la 1ª Brigada actuó en el extremo derecho del dispositivo ofensivo, protegiendo el avance de la 122ª División y situándose en las alturas de la orilla izquierda del Zújar. Después de realizar el copo de dos brigadas republicanas en el interior de la bolsa, prosiguió la ofensiva, el 10 de julio, pero fue languideciendo ante la creciente resistencia enemiga. El día 23, las fuerzas republicanas lanzaron una fuerte contraofensiva contra las posiciones defendidas por la 21ª División, que provocó el derrumbamiento del frente. La 24ª División pudo defender sus posiciones en el puerto de Calabar sin ceder terreno al adversario. Al terminar estas operaciones, la División pasó a cubrir el sector desde el vértice de Loboso hasta el Este de la Sierra de Mesegara, rechazando varios ataques dirigidos a la posición del vértice Moritos.

60ª División

[…] En julio de 1938 fue llamada [desde su cuartel general de Écija, Sevilla] para constituir la reserva del Ejército del Sur en la batalla del cierre de la bolsa de La Serena. Cuando se aprestaba a entrar en línea, sufrió un intenso cañoneo que le produjo bastantes bajas, entre ellas las mortales del comandante Villalta, jefe del 22º Batallón del Zaragoza, y del capitán Bernabé Rodríguez Frías, jefe de una de sus compañías. También resultó herido el jefe del 4º Batallón de Cádiz, comandante Margelina. El 23 de julio, relevó a la 122ª División en la Sierra de Benquerencia.

21ª División

En la batalla subsiguiente [del cierre de la bolsa de La Serena] para el copo de las fuerzas republicanas, la 21ª División cubrió el fondo de la bolsa y luego procedió a limpiarla en la zona de Higuera de la Serena, Don Benito, Zalamea [de la Serena], Malpartida [de la Serena], Esparragosa [de Lares], Mengabril, Valle [de la Serena] y Quintana [de la Serena]. Después de estos combates la División quedó defendiendo el sector desde el curso inferior del río hasta el puerto de Godoy.

 

Crónica local del cierre de la bolsa de La Serena en Campanario[6]

La bolsa de La Serena se cierra en Campanario

El día 17 de julio, el Estado Mayor de la 21ª División del II Cuerpo de Ejército, Ejército del Sur, recibe la siguiente orden: “S.E. el Generalísimo ha ordenado que se continúe el avance para la toma de Castuera en un movimiento coordinado con el que realizará el Ejército del Centro que pasará el Guadiana y el Zújar por Navalvillar de Pela y Orellana, enlazando hacia Campanario los dos Ejércitos”.

La Caballería avanzará hacia Campanario siguiendo como eje la carretera de Castuera. [Esta caballería la formaban soldados marroquíes con sables. Alejandro Lizarriturri, soldado republicano encuadrado en el Batallón de Trabajadores Prisioneros nº 104, que una vez tomada la localidad de Castuera se encontraba prestando servicio en su hospital, recordaba que “Una mañana fui testigo de algo que no había visto en todo el tiempo que llevábamos en guerra. Pasó a la salida del trabajo, eran las seis de la mañana cuando apareció una tropa de caballería montada por unos jinetes de lo más estrafalarios y variopintos, con unos grandes aros en las orejas y con tranzas. Algunos llevaban huesos atravesados en la nariz y además iban medio desnudos, el color de sus pieles era entre negro y amarillo. Iban armados con unos sables o como se llamen, eran unas armas anchas muy brillantes. Uno de ellos hizo ademán de cortarme la cabeza para asustarme, y lo consiguió. Calculo que eran unos doscientos y según me pude enterar debían ser los que asaltaban las trincheras que solían estar en sitios llanos después de una preparación de artillería y bombardeo de aviones. Era la antítesis de la imagen que aparecía en el cuadro del apóstol Santiago donde los españoles cortaban el cuello a los moros. Desde luego los reclutadores de moros habían pasado por todas las cabilas que existían en África para reunir semejante gentuza.

“A eso del mediodía apareció una escuadrilla de aviones de bombardeo, venían en fila de a tres. Los quince aviones iban en dirección al campo enemigo mientras a lo lejos se oía retumbar los cañones; se estaba preparando el gran combate y, al mismo tiempo, trabajo para nosotros. Lo que ocurrió a continuación es digno de mención. Empezaron a aparecer unos caballos enloquecidos a trote, sin rumbo fijo, desperdigados, sin jinete alguno. Algunos jinetes a caballo trataban de recuperarlos, pero como es lógico, no se dejaban coger. ¿Qué había pasado? Más tarde, nos enteramos de que, la aviación, se había equivocado y había hecho una escabechina con la caballería mora, bombardeándola en pleno campo, y los caballos que quedaron vivos corrían para salvar el pellejo”[7]].

El Ejército del Centro avanzará por la carretera de Orellana [la Vieja], enlazando con el Ejército después de rebasar Campanario.

La mitad de la Brigada de la División 102ª, coronel Castejón, partirá de Castuera limpiando el triángulo Campanario-Quintana-Castuera y, después, el territorio al Este del río Ortigas hasta enlazar con las demás columnas.

Entre las prevenciones:

Las tropas no entrarán por ningún concepto en los pueblos; la ocupación real de éstos la efectuarán después de reconocidos, las fuerzas de policía, S.I.P.M., que marchen en las columnas.

Castigaré con el mayor rigor los desmanes de que tenga conocimiento.

Los prisioneros serán evacuados a Guareña o Campillo.

Por el capitán auditor de la División, se nombrará un oficial jurídico que marche en cada columna para entrar en los pueblos, dándoles instrucciones para el desempeño de su misión. [Esta misión no se señala, pero se refiere a la actuación para con la población civil y nombramiento de autoridades locales].

El jefe de cada columna designará un oficial o suboficial que actúe como secretario del oficial jurídico.

Las fuerzas de policía no permitirán que entre nadie, ni militar ni civil, hasta que el mando lo autorice.

Las unidades de trabajadores prisioneros se retirarán a Retaguardia.

Las mismas instrucciones se dan a la División 24ª, a la 112ª, coronel Baturone, y a la 112ª, coronel Redondo; el coronel de Estado Mayor de la 112ª introduce esta observación: “He visto con profundo dolor cómo algunos individuos se han dedicado a saquear y molestar al sufrido vecindario de la zona liberada con una actuación impropia del Ejército Nacional, advirtiendo a las unidades de su mando que ordenaré la formación de juicios sumarísimos a los autores de saqueos, aplicando diversas penas que por su ejemplaridad sirvan de referente”.

Soldados del bando sublevado entrando en Guareña.

En una orden del General Jefe del II Cuerpo de Ejército (del Sur) al jefe de la División 112ª, comunica al jefe de la División de Caballería que debe situar su Cuartel General en Campanario, en cuyas proximidades se situarán tres agrupaciones y otra al Sur de Benquerencia; las cuatro quedarán a las órdenes del general de la División de Caballería, “debiendo tener muy en cuenta su complejidad”. [Refiriéndose a su heterogeneidad; legión, tabores marroquíes (muy temidos éstos por los saqueos que llevaban a cabo en las poblaciones ocupadas; procedían del Protectorado Español de Marruecos y fueron enrolados por Franco en el Ejército de África con el que invadió la península)].

Ocupada Castuera la noche del día 23 de julio a las nueve horas, se instala el Cuartel General de la [112ª] División en ésta. Con una Brigada se deja guarnecido el pueblo y se ordena a la otra la marcha hacia Campanario que, en un rápido avance, ocupa a las 16 horas [del 24 de julio], estableciendo enlace con el Ejército del Centro (la 11ª División, general Bartoméu), en el vértice Ontanillas a las 20 horas después de haber rebasado ampliamente Campanario; la Caballería actuando entre las dos columnas -División 112ª, del Ejército del Sur, y la 11ª del Ejército del Centro- lleva a cabo el enlace entre las mismas.

La 112ª División en su parte del día califica de “muy distinguido por su valor personal y por la inteligente dirección de sus tropas y su actuación acertada en la conquista del pueblo de Campanario al comandante don Pascual Junquera de la Piñera del 8º Tabor de Regulares de Alhucemas”, si bien más adelante se tacha con lápiz rojo “muy” y “y por la inteligente dirección de sus tropas”, quedando en “distinguido”.

Entre los distinguidos en la operación, del 8º Tabor, figuran nombres árabes.

En el parte del día se dice que el Ejército Nacional tiene 2 muertos y 22 heridos y las tropas republicanas 340 muertos y 680 prisioneros. De una numerosa relación de presos en Castuera, julio 1938, por sus apellidos creemos podrían ser de Campanario unas treinta personas en la que se especifica edad y número de orden.

Posteriormente a la ocupación de Campanario, el General Jefe del II Cuerpo del Ejército del Sur ordena al jefe de la 112ª División que “debe desglosar y remitirme del parte de operaciones, la parte correspondiente a la ocupación de Campanario que remitiré directamente al General Jefe de la 2ª Brigada de Caballería por ser este General quien mandaba la columna según ordenó S.E. el Gral. Jefe del Ejército del Sur”.

Al no estar en Ávila esta documentación, nos priva de una preciosa información; la referida Brigada, a la que pertenecía el 8º Tabor de Regulares de Alhucemas, que ya no existe, tenía su sede en Melilla por lo que, de existir aún la documentación aludida, estaría allí o por lo menos no disponible en Ávila en agosto de 2000.

Las fuerzas del Ejército Popular que van a enfrentarse a la doble ofensiva nacional, ejércitos del Centro y Sur, es el Ejército de Extremadura, coronel don Ricardo Burillo, y cuyo Cuartel General se encuentra en Almadén, algo mermado pues ha enviado a Levante dos divisiones. En un documento, que reproduce Martínez Bande, se señala que “Las fuerzas de este Ejército han hecho una continua vida de trincheras, no han conocido el relevo ni mucho menos el permiso (…) la gente experimentada de los batallones iba disminuyendo progresivamente mientras que los mandos no estaban completos y en armamento había escasez de morteros, antitanques y artillería antiaérea”.

En el diario de Operaciones de la 11ª División [sublevada] leemos: “ocupada Castuera (una brigada de la 112ª División ocupa, como vimos, el día 24 [julio], Campanario), la División 11ª, del Ejército del Centro, cruza este río (Zújar), persiguiendo al enemigo y enlaza con las unidades anteriores en este pueblo (Campanario); a continuación, la 21ª División y la caballería comienzan la limpieza de la bolsa que habían formado”.

Las bajas nacionales -siguiendo a Martínez Bande- son: 535 hombres, entre ellos 44 jefes y oficiales (no figuran entre ellos las de la caballería); las del Ejército Popular: 6.306 hombres, incluidos 5 jefes, 89 oficiales y 8 comisarios; consiguiendo un importante botín en material de guerra.

El día 23 es evacuada de Campanario la población civil de izquierdas (aunque bastantes prefirieron quedarse) en dirección a Peñalsordo con destino a Abenoja y fincas de Alrededor, Almadén, Ciudad Real y a otras poblaciones; previamente se habían dado unas instrucciones por el mando militar para que la evacuación se hiciera por el orden siguiente:

  • Las personas no combatientes
  • La ganadería que radique en el término municipal saldrá hacia los sitios que se le señalen
  • Toda la riqueza de los pueblos que pueda ser útil al enemigo, tales como cereales, aceites, chacinas, lanas, pieles, etcétera

Y como medidas complementarias: En cada pueblo se quedará un grupo de compañeros de absoluta confianza y entereza que en caso de una absoluta evacuación, y siempre de acuerdo con el mando militar se encargará de destruir todo lo que pueda ser útil al enemigo tal como motores, hornos de pan, fábricas y demás elementos análogos, así como las fuentes públicas.

Se fueron en carros, [“unos doscientos carros conducidos por sus dueños, todas personas de derechas”], de intendencia o requisados a sus dueños, librándose así, bastantes de ellos, de una muerte segura, o, si se quiere -en muchos casos- la aplazaron un año.

Como dijimos, sólo el Hoy, diario de la editorial Católica es el único permitido en la provincia: el día 24 de julio de 1938, titula en primera página: “La Serena, liberada. 2.780 kilómetros cuadrados incorporados a España”. Y el día cuatro [de agosto], Reyes Huertas, convertido en corresponsal de guerra, recorre la zona informando de las atrocidades marxistas o de que después de dos años se ha vuelto a comer pescado en La Serena o que quedó íntegro el corte de lana del último año; también se refiere -el día 31 julio 1938- a los carreros de Campanario, unos treinta, que acompañan obligados a los evadidos –“la chusma criminal y sus cómplices”- a zona roja; indicando “que alguno ha aparecido asesinado”: lo que no es cierto [en Campanario se acabaron las muertes en octubre de 1936 y los labradores que, obligados, acompañaron a los evadidos, regresaron todos]. “Ayer -comenta Reyes Huertas, el 7 de agosto- se inauguró en Campanario el comedor de Auxilio Social, cerca de 200 niños vitorearon a España y al Caudillo”.

“De las Brigadas rojas, de la 20ª, 91ª y 109ª, no queda ya ni recuerdo: capitanes, comandantes, tenientes (…), de todo eso ha caído en abundancia en la redada y el que no quiso entregarse como el hijo del comandante Borrego, el conocido sargento de Badajoz, se suicidó. La cosecha de cereales -continua Reyes Huertas- ha quedado intacta; lo que pretendieron destruir los rojos en su huida de Campanario, se redujo al incendio del convento que utilizaron para cárcel, creyendo tal vez que estaban los presos dentro. Lo demás, almacenes de granos y víveres, cayeron íntegros en nuestro poder”.

Reyes Huertas es muy duro con los campanarienses vencidos. Ya conocemos su ideología conservadora y actitud crítica para con la República, también el difícil y dramático momento que se vive, pero el autor de La Sangre de la Raza, convertido en corresponsal de guerra de los vencedores, contribuye con su pluma a la ceremonia de la confusión de la que resulta que los vencidos son los malos, malísimos, y los vencedores más que buenos. [Después de hacer una descripción detallada de la “criminalidad roja”, Hoy, 28 agosto 1938, Reyes Huertas acaba: “Como contraste hemos de hacer otro día una información de nuestros campos de concentración de prisioneros para que se vea la diferencia entre unos y otros”. No la hizo].

Prisioneros esperando a ser fusilados.

La represión fue terrible. Fusilaron en grupos o individualmente en la Plazuela, en la Plaza, frente a la iglesia, en el Torronquero, en la cuesta del Calvario, en la Huerta Jerez, en caminos, a pocos metros del lugar de la detención y, después, en el cementerio y cementerios limítrofes [que sepamos en los de Quintana, Zalamea y Villanueva]; los muertos no fueron registrados en ningún organismo, ni registro civil, ni registro parroquial, aunque -eso sí- un sacerdote solía estar presente en los fusilamientos. [Posteriormente ante la reiterada pregunta del familiar de una víctima a un sacerdote le respondió, estando en el cementerio: “Ahí está enterrado tu abuelo”. Y señaló debajo de los nichos que hay a la entrada, a la izquierda].

Acabada la guerra, los inscribían en el registro civil de los pueblos donde estaban las cárceles en que los fusilaban (Villanueva, Don Benito, Mérida, Badajoz, Almendralejo), no así Castuera adonde fueron bastantes de los detenidos de Campanario.

Cuando en la década de los cincuenta un oficial de milicias, destinado en Melilla, reconoció por el nombre, que figuraba en una calle de nuestro pueblo [Campanario], a un general, en aquel entonces jefe, le saludó diciéndole: “Mi general yo soy de Campanario, todavía nos acordamos de V.E., la calle por la que entró el día de la liberación lleva su nombre”. Éste le respondió: “¡Ah sí! Pues no deberían acordarse ni de mí y menos de aquel día”.

Los exiliados volvieron a finales de abril de 1939; se les llamaba, comúnmente, “Los de Abenoja” [población de Ciudad Real], volvían en tren, en caballerías y andando y el recibimiento fue terrorífico, teniendo que intervenir en algunos casos los soldados para evitar linchamientos; el trayecto de la estación al pueblo solía ser una continua serie de insultos y golpes; según algunos testigos, los peores eran los neófitos: había que hacer méritos; a las mujeres  que venían andando con sus cestas -las famosas cestas de Abenoja- se les podía desvalijar y posteriormente, en muchos casos, darles un humillante paseo por la plaza después de hacerles tomar aceite de ricino.

La entrada más recordada y comentada fue la de don Francisco Albiac: descubierto y denunciado en la estación de Atocha de Madrid por un vecino de Campanario; lo trajeron detenido en el mismo tren en que vino su denunciante; llegó a la plaza convertido en un eccehomo y fusilado en la misma pocos días después; su esposa doña María Gallardo, que estaba embarazada, había sido fusilada unos días antes, a finales de abril, en el cementerio.

En los documentos posteriores, años cuarenta, que se refieren a los fusilados en estos días -por ejemplo, de Juan Gallardo, Francisco Albiac, Antonio Gallardo y otros-, cínicamente se utiliza para con ellos el eufemismo de desaparecidos, lo que evidencia que sus muertes no se registraron.

Los que no murieron conocieron las cárceles franquistas durante años; a algunos les conmutaron la pena de muerte, otros fueron condenados a cadena perpetua, a treinta años y un día, a veinte, a doce por un delito de Adhesión a Rebelión Militar, redimieron penas en campos de trabajo hasta el final de los años cuarenta en que salieron los últimos, aunque posteriormente debían presentarse con la periodicidad fijada en la Casa Cuartel.

 

[1] Vila Izquierdo, Justo, Extremadura en la Guerra Civil, Badajoz, Universitas, [1ª ed. 1983], 2002. Pp. 138-145.

[2] Gallardo Moreno, Jacinta, La Guerra Civil en la Serena, Badajoz, Diputación Provincial de Badajoz, 1994. Pp. 112-118; 131; 136; 139-140; 145; 157; 164.

[3] Chaves Palacios, Julián, La Guerra Civil en Extremadura: Operaciones militares (1936-1939), Mérida, Editora Regional de Extremadura, 1997. Pp. 245-251.

[4] Engel, Carlos, Historia de las Brigadas Mixtas del Ejército Popular de la República, Madrid, Almena, 1999. Pp. 35; 39; 86; 99-100; 127-128; 177.

[5] Engel, Carlos, Historia de las Divisiones del Ejército Nacional. Madrid, Almena, 2000. Pp. 31; 65; 71-72; 111; 133; 159; 170; 173; 190.

[6] Diego Jesús Barquero Caballero. “La década de los XXX. Eje cronológico, 1930-1941”, en [Historia de] Campanario: Tomo IV, Personajes y otros aspectos culturales, Ayuntamiento de Campanario (Badajoz), 2003. Pp. 408-410.

[7] Lizarriturri, Alejandro. Memorias de un combatiente de la Guerra Civil, Eibar, 1996; p. 72.

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Una respuesta a Las operaciones militares de la bolsa de La Serena, durante su primera fase del mes de julio de 1938 y rasgos generales de la ocupación y represión nacionalista, estudiadas en la Transición a la Democracia, II

  1. Mary dijo:

    Mil Gracias D. Fernando, por toda la información que nos ha dado, de Modesto Eugenio Murillo, no sé si mi hermana le aclaró algo más nuestra situación, pero vamos dando palos de ciego, porq. mi abuelo no estaba casado con mi abuela, y mi madre nació cuando el ya había fallecido, o pocos meses tendría. Muchísimas Gracias, ha sido Vd. Muy amable, muy agradecida.
    Un saludo, Isabel

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