Juan María Revelles López, el teniente poeta en el Frente extremeño

Breve biografía vital y militar de Juan María Revelles López

Por Fernando Barrero Arzac

 

Juan María Revelles López, hijo de Francisco y de María, nació en Alcalá la Real (Jaén) el 6 de marzo de 1912. De niño, durante su residencia en aquella ciudad jienense perteneció a los coros de la Sección “Adoradora Nocturna”. Como su padre era maestro, se trasladaron a Granada, donde estuvo desempeñando su profesión en el Grupo Escolar Mariana Pineda de la ciudad.

Retrato de Maruchi Tejada, esposa del teniente Juan María Revelles que acompañó a su marido a los frentes durante la contienda.

Cursó estudios universitarios en la ciudad granadina “formando parte de la Estudiantina universitaria durante más de cuatro años. Era un muchacho con un formidable espíritu de justicia y de magníficos sentimientos, dispuesto a sacrificar, en todo momento, su propia comodidad por el bien de los demás. Ecuánime persona que nunca consentía injusticias ni caprichos de los que le acompañaban”[1]. Allí también, mientras estudiaban la carrera de Magisterio, conoció a Maruchi, la que con el tiempo sería su mujer.

Juan María Revelles con el uniforme de oficial de la Escuela Popular de Guerra de Paterna (Valencia). 6 de marzo de 1937. “Siempre en tí, mi cariño. Juan Mª”.

Al sublevarse el Ejército en África, huyó de Granada el día 17 de Julio por la noche, caminando con un amigo, hasta llegar al frente de Guadix que estaba en manos republicanas, ya que los simpatizantes fascistas le hubieran detenido y asesinado por el terrible delito de confraternizar con las ideas socialistas y pertenecer a la F.U.E. (Federación Universitaria Escolar) y a la Asociación de Trabajadores de la Enseñanza. Por aquellas fechas, se reencontró con su novia Maruchi, que vivía con sus tíos, los cuales eran también maestros. Se unió con los voluntarios del Capitán Cortés, jefe militar que había destacado como dinamitero, y, poco después, fue movilizado por el Ejército gubernamental desde los primeros días de enero de 1937, sirviendo como escribiente de su compañía en el primer Batallón de la 78ª Brigada Mixta durante tan solo 15 días, hasta que se trasladó, ese mismo mes, a Paterna (Valencia), a la Escuela de Guerra, desde donde salió destinado a la 109ª Brigada Mixta con el grado de Teniente en Campaña, que era como se les llamaban a los nuevos oficiales[2].

Como a su unidad, la Brigada citada más arriba, la habían trasladado al frente de Extremadura en plena guerra, marchó hacia aquella región, donde al comienzo fue destinado como pagador de su Batallón. Juan María se enteró allí del asesinato de su padre Francisco, cometido por los fascistas en Granada, en medio del conflicto armado. Siempre le pesó no haber podido evitar su muerte, ya que aquella capital andaluza había quedado en territorio sublevado.

Seguramente se trata de la 109ª Brigada Mixta, recién llegada con su indumentaria levantina desde Alicante, desfilando en Cabeza del Buey (Badajoz) el 1 de mayo de 1937.

Cuando llegó a las tierras extremeñas, su unidad, todavía se encontraba en la retaguardia, en la localidad de Cabeza del Buey (Badajoz), con la que se trasladó hasta un vivac junto a Don Benito (Badajoz), pero al poco tiempo pasó a la localidad de Villanueva de la Serena (Badajoz), hasta que marcharon cerca del frente a la población de Zalamea de la Serena (Badajoz). Allí ocuparon línea en los montes de Valle de la Serena (Badajoz) en las posiciones de Tamburrero, Mina y Castilrrubio. En aquellos lugares se dedicaron a la fortificación y construcción de trincheras y a guarnecerlos. Por aquellas fechas en los montes de las sierras cercanas, se registraron fuertes combates en los que participaron activamente dos batallones de su Brigada, aunque su unidad se mantuvo a la expectativa. Tras ser retirados de las avanzadas, permanecieron en otro vivac cercano a la población de Malpartida de la Serena (Badajoz), hasta que otra vez, cuando finalizaba el mes de junio, pasan a cubrir la línea en la Sierra de Argallanes, cerca de la localidad de Higuera de la Serena (Badajoz), donde a mediados de mes se habían librado violentos enfrentamientos. El día 7 de julio de 1937, durante su permanencia en la sierra, realiza su primera operación de guerra, de cierto calibre, contra el enemigo, produciéndole un serio castigo con bajas. También participó en la toma de los montes de la Sierra Perolito, La Pizarrita y Morro Vivares, en cuya operación su unidad registró un muerto y diez heridos.

Detalle del acta de su matrimonio, donde tras pasar por la Escuela de Guerra y haber obtenido el empleo de teniente, aquí figura su profesión como “militar”.

A pesar de que él se había incorporado a su destino extremeño tras salir de la academia, Maruchi y Juan María, continuaron su noviazgo hasta que, aprovechando algún permiso, el día 20 de julio de 1937 se casaron en Huéscar (Granada), siendo él ya teniente del Ejército republicano, como ya hemos dejado dicho, y figurando como “militar de profesión” en el propio certificado de matrimonio[3]. Recién casados y cuando se encontraban en la ciudad de Alicante, seguramente, disfrutando de su corta luna de miel, coincidieron con el bombardeo a la ciudad del buque acorazado de bolsillo alemán Deutschland. Así describió Juan María, en clave poética, cuando tres años después, desde la prisión de Jaén, rememoraba su enlace con Maruchi:

“Carta de Juan María a su mujer Maruchi, desde la Prisión Militar de Jaén

Jaén 20 de julio de 1940

                “Queridísima e inolvidable María: He querido que se destaque un poquitín la fecha del encabezamiento de esta carta al objeto de llamarte la atención sobre algo que como tú no olvido y que tanta importancia tuvo en nuestra vida.

“Era el 20 de julio de 193… curiosas las calles abrían los ojos rectangulares para beber la nota discorde de su ritmo letal. El tránsito cansino de los que ya han llegado quedaba quieto y embobados con la admiración de lo visto pocas veces, se apiñaban en los esquinazos verdinegros por ver de cerca el cortejo triunfal.

Viaje de novios del teniente Juan María Revelles y “Maruchi” Tejada. Alicante, 1937. “Hasta la muerte juntos. Maruchi”. Foto cedida por su hijo Antero Revelles.

“Una vieja renegra, reseca y refea, traspuestos los ojos en las cuencas, mascullaba con sonsonete de salmo: “Las mujeres de ahora están locas”. “Las mujeres de ahora están locas”; y lo repetía como si fuese un rito. La muchachita de la ventana saledeña clavaba su mirada azul con la fuerza de dos picas sobre el cromo ambulante. No sé por qué, me parecieron sus ojos aprobatorios y animosos, y que a la vieja enteca la hubiese petrificado de ser ella sacerdotisa poderosa del amor. Había blancuras níveas y brillos de medias cañas confundidos. El sol ponía celajes de oro en el verde radiante de las acacias en flor.

“Te diré que el corazón me brincaba como a un alucinado y que las sienes ardíanme borrachas de álgidos presentimientos.

“Frágil, etérea, pálida de emoción, galana y con la belleza total de un desarrollo armónico, bordaba nuevos caminos mi novia única.

“Ya está. Para un apunte sobra cuando las cosas ni duermen todavía. La pena, lo triste, es recordar esto por carta y perder una ocasión más de emocionarse, mejor, de sublimarse con la palabra y el detalle subido. No por esto, porque no nos miremos, vamos a callar lo que es bello hasta en la memoria, aunque sea confundido con los sufrimientos de hoy. Pero estaría así dispuesto, que muy pronto, aquellos protagonistas se viesen separados en el segundo, en el tercer aniversario de su desfloración amorosa.

“Bueno, sin más divagaciones, para el cuarto aniversario, seguro, segurísimo que estaremos juntos y entonces, de bis a bis, recordaremos este día cumbre sin que estas sombras nublen de nuevo el cariño que nos unió. Del pasado solo queda lo que nos fue grato. Así nosotros solo tendremos memoria para las horas felices, olvidando las calamitosas de nuestra actualidad, que tal vez así nos parezcan, aunque con ellas se esté fraguando nuestra dicha y la de todos los españoles. Pero somos los hombres tan egoístas que solo vemos lo nuestro y de ello que me sea tan triste el hoy.

“Ya tengo el paquete en mi poder. No vuelvas a mandarme nada y dime mejor que lo pones en los nenes de mi corazón o en ti que para mí será un goce y no así que me pesa el guardármelo. Créeme, querida Maruchi, considero que con lo que tienes ya es bastante para sentirte agobiada. El sueño he perdido pensando tantas cosas de dolor que te pasaran cuando yo para mi niña preciosa quería lo mejor del mundo.

“Hasta la tuya próxima. Que estoy muy bien te repito. Da a papá, los niños y hermanos muchos besos y tú recibe el cariño eterno de tu esposo.

[Rubricado: Juan M.]”

 

Posteriormente, como Juan María debía seguir cumpliendo con sus responsabilidades militares, regresó a la población de Cabeza del Buey, donde se encontraba su batallón, el 435Bón, desde los primeros días del mes de agosto de 1937, mientras Maruchi, también se trasladó junto con él, viviendo prácticamente así hasta el final de la guerra.

Fotofrafía de estudio donde se observa sentado a Juan María Revelles de miliciano en el frente de Guadix (Granada), junto a unos amigos. Foto cedida por su hijo Antero Revelles Tejada.

Poco después, su unidad militar, partió en ferrocarril hasta el Sector de Medellín (Badajoz), ocupando el frente desde la estación hasta el pueblo. Su línea era continuamente bombardeada, causando la muerte de un soldado por la explosión de un obús. El último día de septiembre de 1937, las fuerzas del 435Bón son relevadas, regresando hasta la población de Don Benito. Durante su estancia por aquellos lugares por donde iba desplazándose el batallón, el matrimonio era acogido en domicilios particulares de las localidades más cercanas.

El 10 octubre de 1937, con los dos batallones de la 109ª Brigada que se encontraban en Peraleda del Zaucejo (Badajoz), el 433Bón  y el 436Bón , y con el 435Bón  que estaba situado en aquel momento a la derecha de la carretera de Higuera de la Serena, se constituyó el Subsector de Peraleda, que mandaba el jefe de la 109ª BM, y que extendía sus líneas de vigilancia y seguridad desde la Casa de la Nava hasta las posiciones de Pedreño, pasando la línea por la Sierra de Alcorcón, Acebuche, Gévora, Madroño y Pedreño (margen izquierda del río Zújar). Como fuerzas eventuales, quedaron agregadas, una compañía de Ametralladoras del VII Cuerpo de Ejército, un escuadrón del 5º Regimiento de Caballería y una compañía de obreros de Fortificación del 11º Batallón. Los servicios del nuevo Subsector eran servidos por personal de la plantilla de la 109ª Brigada, que tenía su Puesto de Mando en Peraleda. La misión de todo este dispositivo era conservar a toda costa la línea principal de resistencia, manteniendo constantemente una sección en los Puertos de Granja de Torrehermosa (Badajoz) y Campillo de Llerena (Badajoz). Disponía también de un Batallón de reserva. Mantenía enlace por su derecha con el 249Bón de la 63ª Brigada, y por la izquierda con fuerza del VIII Cuerpo de Ejército. La línea de vigilancia de este Subsector tenía una longitud aproximada de unos 20 kilómetros. La citada línea se caracterizaba por alcanzar las mayores alturas con relación al enemigo y ser un terreno escabroso. Sus observatorios principales estaban situados en el Peñón de Alcorcón, Acebuche, Madroño y Pedreño.

El caso de Maruchi, que acompañaba a Juan María en todos los desplazamientos que su unidad efectuaba a los frentes, no debía ser inusual, y por este motivo el mando de la 37ª División a la que pertenecía el batallón de su marido, en una orden del mes de octubre decide que para evitar exponer a un peligro innecesario a los familiares de sus tropas:

Retrato de Maruchi Tejada, esposa del teniente Juan María Revelles que acompañó a su marido a los frentes durante la contienda.

“Se viene observando, de día en día, [que] se aumenta el número de jefes y oficiales y soldados de este [VII] Cuerpo de Ejército, que tienen junto a sí, en distintos lugares comprendidos en el Sector del mismo, a sus compañeras o familiares, la mayoría de ellos las tienen en la zona avanzada y, algunos, en la proximidad de las líneas de contacto. Se comprende, desde luego, que ello obedece, en la mayoría de los casos, a razones de índole sentimental y, hasta a veces, a necesidades materiales provocadas por distintas causas, pero por ser todo esto muy respetable y digno de tenerse en cuenta, otras razones están, desde luego, por encima de aquellas, las cuales aconsejan proceder en forma contraria. No se puede negar, en efecto, que en momentos como los actuales, en que las 24 horas del día, por decirlo así, son pocas para dedicarlas exclusivamente a la guerra y a los problemas que ella plantea, nuestro Ejército Popular, en momentos, en que el afán de conquistar una vida mejor para todo el pueblo español, debe observar toda la actividad [que representa] el combatiente, [que] manifiesta el tener a su lado a los seres queridos por cuya felicidad se lucha en lugares de peligro material o en sitios donde la responsabilidad del trabajo es tan grande que no deja espacio para distraer la atención en problemas que no sean estrictamente militares. Y estos son los motivos que imponen de un modo general, sin excepciones que bajo ningún pretexto tienen justificación, la separación de las familias de la zona avanzada. Por lo expuesto, espero que con la mayor urgencia todos los jefes, oficiales, clases y soldados afectados por esta orden situarán a retaguardia de la zona avanzada o sea a distancia mayor de 15 km. de la línea de contacto a todas las personas no combatientes con las cuales conviven en la actualidad. Lo que se publica en la General para conocimiento y más exacto cumplimiento”[4].

Accidentalmente y por algún motivo que desconocemos, el 11 de noviembre de 1937, se tuvo que hacer cargo del mando del 435Bón, del que continuaba formando parte Juan María, el capitán Modesto Ruiz, cesando el que lo hacía hasta entonces, su capitán, Joaquín Montllor García.

Mientras tanto la situación de fuerzas de la Brigada a excepción del 434º Batallón que se encontraba en Don Benito, a las órdenes del jefe de la 20ª Brigada, continuaban prácticamente en la misma situación.

El capitán del 435º Bón, Ignacio Nuevo García, sobre unos bolos de granito de la zona de Quintana o Malpartida (Badajoz). Foto cedida por su hijo Carlos Nuevo.

A primeros del mes de diciembre, es relevado el 435Bón que se encontraba cubriendo posiciones, por el 249Bón de la 63ª Brigada Mixta, y una vez relevada la unidad, se traslada por sus propios medios a Peraleda del Zaucejo, donde quedó concentrada en espera de las órdenes posteriores.

Por aquel entonces, a finales del mismo mes, a excepción de los batallones 433Bón y 434Bón que se encontraban, nuevamente, en los Sectores de Higuera de la Serena y Valle de la Serena, respectivamente, las restantes fuerzas de Infantería de la 109ª Brigada, tenían a su cargo la vigilancia y seguridad del Sector Puebla de Alcocer.

Al comenzar el nuevo año de 1938, la Brigada recibe órdenes de la superioridad de que pase a la reserva, dedicándose a la formación e instrucción militar en sus respectivos acantonamientos que, por entonces, eran los siguientes: 433Bón, en Quintana de la Serena (Badajoz), al igual que el Cuartel General y varias unidades de servicios; el 434Bón, en Campanario (Badajoz); el 435Bón, en La Haba (Badajoz) y el 436Bón, en Peraleda del Zaucejo (Badajoz)[5].

Refuerzos Internacionales para ocupar las posiciones en el frente. Batallón Dombrowski de la XIII Brigada Internacional.

Durante el mes de febrero la Brigada tuvo la misión de contener al enemigo que había desatado una operación en el Sector Puerto de la Granja-Puerto de Campillo-Puerto de la Nava, para lo cual el 435Bón debía realizar una acción ofensiva de contraataque que desarrolló desde la base de partida del castillo de Argallanes[6] en la sierra del mismo nombre. Al día siguiente fue relevado de la posición Los Pinos donde había permanecido tras la refriega. Cerca del lugar donde se encontraba el batallón, estaba situado también el Puesto de Campaña de la XIII Brigada Internacional, con la que las fuerzas de la unidad de Juan María, mantenían estrechas relaciones, y que tenían colocado el emplazamiento de una batería de Artillería del 15´5 mandada al parecer por checos o rumanos que cada vez que daban la orden de ¡¡fuego!!, decían ¡¡agon!!, cosa que a los soldados españoles les hacía mucha gracia, ya que eran muy certeros.

La Plazuela de Talarrubias (Badajoz).

El día 20 de marzo, el mayor jefe de la Brigada, Antonio Blas García, da las órdenes oportunas a su jefe de Estado Mayor, para que, durante el día y la noche del mismo, fuese trasladado el Cuartel General y Puesto de Campaña, sitos en Quintana y Pozo Porquero, respectivamente, a Talarrubias (Badajoz)[7]. A partir de entonces, la nueva ubicación del Puesto de Campaña del 435Bón se sitúa en la localidad de Valdecaballeros (Badajoz), adonde llegaría Juan María con su unidad y con su mujer, Maruchi, por aquella fecha. En la nueva organización del Sector Villanueva de la Serena-Valdecaballeros, a la unidad de nuestro biografiado, que tenía su Puesto de Mando en un lugar del contorno denominado Atalaya, le correspondió mantener todos sus efectivos en línea. Su batallón tenía destacado un pelotón de enlace por su flanco derecho con la 46ª Brigada Mixta. Establecieron destacamentos de sección o de pelotón en los sitios dominantes desde el punto de vista táctico, fortificando con sus propios medios donde no hubiera muralla o defensa, siendo su misión la resistencia a toda costa.

Una orden particular del 3 de abril, encomienda a la 29ª División, a cuyo mando con carácter accidental había sido nombrado el mayor Antonio Blas, hasta entonces jefe de la 109ª Brigada, la misión de romper el frente del Subsector de Valdelacasa, en la cabeza de puente del Puente del Arzobispo (Toledo) y ocupar las poblaciones de Villar del Pedroso (Cáceres), Carrascalejo (Cáceres) y Navatrasierra (Cáceres). Intervendrían como fuerzas de maniobra tres batallones de la 63ª Brigada, uno de la 46ª y otro de la 109ª, el 435Bón, una sección de guerrilleros, un escuadrón de Caballería y tres baterías. Se daba libertad de acción al jefe de la 29ª División quien debía cubrir sus objetivos antes del día 5 de abril.

A petición de Suárez Planerías, el comunista asturiano jefe de la 63ª Brigada Mixta que sustituyó en el mando a José Bertomeu cuando éste pasó, como jefe de Estado Mayor del Ejército de Extremadura, el ataque, que debía iniciarse el día 5 de abril, se aplazó para el 6, pero el 250ª batallón que había de ocupar la vanguardia no se enteró del aplazamiento y atacó en la fecha inicialmente prevista situándose a retaguardia de Carrascalejo entre el puerto de Navatrasierra y La Serrana. Ello obligó a empeñar el 182Bón de la 46ª Brigada (con la cual la unidad de Juan María mantenía enlace por su flanco derecho) y posteriormente al resto de las fuerzas y a otras que vinieron en su auxilio, dos batallones de la 216ª Brigada y uno de la 217ª de la 67ª División. El día 8 de abril alcanzan Carrascalejo que ocuparon sin más excepción que la casa cuartel de la Guardia Civil, pero un contraataque les obligó a desalojar el pueblo y regresar a las bases de partida. El mayor Blas volvió a su Brigada, la 109ª, y con él el 435Bón, entregando el mando de la 29ª División[8].

Debido a su afiliación a la Unión General de Trabajadores (UGT), Juan María, representó como delegado de la 109ª Brigada Mixta a la unidad, en un Congreso organizado por el Partido Socialista Obrero Español en Valencia, en el que también participó Largo Caballero.

Detalle del acta de nacimiento del primer hijo de Juan María, Francisco Revelles Tejada, en la propia 109ª Brigada Mixta en pleno frente de Valdecaballeros (Badajoz)

Tras los combates de principios de mes en el Subsector de Valdelacasa, y un poco antes de desencadenarse la importante ofensiva enemiga del mes de junio, el 22 de abril de 1938 nació en pleno frente, en Valdecaballeros, su primer hijo, Francisco. Curioso es observar que, en su acta de nacimiento, se menciona como domicilio paterno la propia “109ª Brigada Mixta”[9].

Tras las operaciones franquistas de los meses de junio y julio que se conocieron por el nombre de la Bolsa de la Serena, extensos kilómetros cuadrados de territorio republicano fueron perdidos y las tropas gubernamentales tuvieron que retroceder y cruzar al margen izquierdo del río Guadiana para defender las escasas poblaciones extremeñas que quedaban en sus manos. Durante los combates de aquellos días también desaparecieron el jefe de la Brigada Antonio Blas y el comandante jefe del 435Bón Joaquín Montllor García, jefe superior de Juan María, el primero fue hecho prisionero y el segundo falleció en acto de guerra.

Retrato de Juan María Revelles, en su época de miliciano. Fotografía cedida por su hijo Antero Revelles Tejada.

El 31 de julio de 1938, después del nefasto repliegue, se realiza una reestructuración del Cuartel General de la Brigada, que continuaba en la población de Talarrubias, pasando a formar parte de él hasta el final de la guerra el teniente Juan María Revelles, primero ocupándose de la Sección de Información y más tarde de la de Operaciones. Por estas fechas, también se nombra un nuevo jefe de la unidad, el mayor Juan Guijarro Iniesta. El 20 de diciembre de 1938, Juan María es designado definitivamente, jefe de Operaciones del Estado Mayor, puesto relevante que ya no abandonaría hasta el final de la guerra. Sus principales cometidos durante el desempeño de este puesto eran la elaboración de los planes militares estratégicos y tácticos, así como su coordinación con los de Sector y la División. Ello le obligaba a desplazarse constantemente a las posiciones y observatorios avanzados de todas las unidades que conformaban la primera línea del frente. Debido a su cargo tenía una visión completa y real de la situación bélica que le haría pisar con los pies en la tierra. Durante su estancia en Talarrubias, Maruchi y Juan María, estuvieron hospedados en el domicilio de María Josefa y María Antonia Tastet Cano y María Eugenia Romeo Cano, vecinas del municipio, “por espacio de dos a tres meses, observando durante el transcurso de dicho tiempo una conducta intachable y muy buen comportamiento”[10]. “También hacemos constar que, el referido Revelles, sentía ideas religiosas, solo en su presencia podíamos invocar el nombre de Dios. Cuando las hordas Rojas (sic) nos hicieron evacuar la población y marchar al campo, al poco de estar en él tuvimos que regresar por enfermedad y tan pronto se enteró de ello dicho Señor (sic), nos proporcionó medicamentos para tratarnos[11].

Durante los últimos estertores de la guerra, para convencer a su mujer Maruchi, de que debía abandonar el Sector donde se encontraba junto con su hijo, en Talarrubias, le acercó hasta un puesto de observación militar, para que viese los preparativos de la ofensiva final que los franquistas iniciarían en breve y fuera consciente de que debía salir cuanto antes, a la vista del cariz que estaban tomando los acontecimientos. Maruchi, con el niño de un año y embarazada de otro, casi obligada por su marido, salió de allí con dirección a Huéscar, en una ambulancia con una pareja rusa que pudieron acercarles hasta dicha localidad donde nació su segundo hijo, Manuel.

La 109ª BM marcha hacia las líneas enemigas para entregarse

Prisioneros republicanos recorren el trayecto desde sus posiciones al lugar de entrega.

Juan María, al acabar la guerra, se presentó en la localidad de Casas de Don Pedro (Badajoz) el día 28 de marzo de 1939, y fue recluido en el Campo de Concentración de La  Boticaria[12], lo que nos hace suponer que no lo hizo junto con el resto de los compañeros de la Brigada, en el vado del río Guadiana llamado La Barca, a poca distancia de la localidad de Casas de Don Pedro, sino un día más tarde, ya que de lo contrario hubiera sido confinado en el Campo de Concentración de Zaldívar, donde fueron encerrados todos los que se entregaron en aquel lugar, aunque figurase en la relación conjunta que recoge el listado de prisioneros bajo el epígrafe de “Zaldívar”, pero es que, en el caso de no existir lugares capaces de albergar a todos los efectivos y fuerzas de custodia, podían señalarse varios cortijos o establecimientos próximos que para los efectos se consideraban como uno solo, con la denominación del de mayor capacidad[13], que es lo que ocurrió con estos dos Campos cuyos terrenos eran contiguos.

Permaneció durante seis semanas en aquel Campo, hasta que lo condujeron custodiado junto al resto de prisioneros, desde La Boticaria, seguramente la víspera de la ejecución masiva de un amplio grupo de militares compañeros suyos y civiles (en torno a los setenta) en el olivar de dicho campo, el 15 de mayo de 1939, al Campo de Concentración de Castuera (Badajoz), adonde llegó antes del día 21 de mayo, y donde estuvo durante los meses de junio y julio. A este Campo fue conducido sin haber sido clasificado, por lo que de ello se encargó la Comisión Clasificadora de Castuera.

En agosto fue trasladado y encarcelado en la Prisión de Sevilla, donde durante su reclusión coincidió con el dirigente socialista Ramón Rubial. Mientras tanto, el 31 de octubre de 1939, el Servicio de Justicia de la Auditoría de Guerra del Ejército de Operaciones del Sur, de Jaén, da inicio a la instrucción de su Procedimiento Sumarísimo de Urgencia. El 11 de noviembre del mismo año, fue reclamado por el Auditor de la 5ª zona de la Auditoria de Guerra de la 2º Región Militar para que fuese trasladado a la Prisión Militar de Jaén (recordemos que Juan María había nacido en Alcalá la Real, localidad de dicha provincia), al coronel Delegado de la Inspección de Prisioneros de Guerra en el Ejército del Sur. Este le respondió a aquel, que el Campo de Concentración de prisioneros de Castuera dependía de la Delegación de Prisioneros de Guerra de la 1ª Región, sita en Madrid, a la que debería solicitar su traslado, y no de la Delegación de la 2ª Región en Sevilla. Por fin, el 6 de marzo de 1940, conducido por la Guardia Civil, procedente de la Prisión Provincial de Sevilla, ingresa, en calidad de preso preventivo, en la Prisión Militar de Jaén.

Portada del Procedimiento Sumarísimo de Urgencia nº 44957.

El 19 de octubre de 1940, acuerdan la conversión del Procedimiento Sumarísimo de Urgencia que se le estaba siguiendo, por otro Procedimiento Sumario Ordinario[14], que le otorgaba ciertas garantías. Ambos sumarísimos se sustentaban en la celeridad de las actuaciones, pero el de urgencia obviaba algunos pasos de trámite ordinario, como la lectura de cargos al procesado con asistencia de su defensor, lo que suponía una merma en la labor letrada. Así mismo, se impedía el acto de recusación, es decir, la sustitución de algún miembro del tribunal que ostentara sospechosa parcialidad. Además, el procedimiento no mencionaba nada acerca de la discusión de la prueba[15].

Sumido en la rutina carcelaria y esperando con nostalgia que se celebrase de una vez su Consejo de Guerra, con la confianza de abandonar de una vez por todas aquellas paredes oscuras y tristes, aprovecha la licencia que la autoridad de la prisión concede por la entrada del Nuevo Año, para escribir a su mujer y sus hijos, manifestándoles sus rencores e ilusiones personales:

[16]”Santa Úrsula [Jaén] 1º Enero 194…1

“Inolvidable María: Te escribo hoy muy contento por hacerlo en este primer día del año. La verdad, con el año que ha muerto, estoy muy disgustado, pues el ingrato me ha tenido sus 365 días encerrado. Le llamo ingrato, mala persona, cruel y otras cosas, porque haciendo caso omiso de la emoción que yo siento del tiempo, me apartó de él todo un año. Para sentir el tiempo es preciso llenarlo de cosas, de emociones, de color, de cariño activo y este antipático que murió no ha querido. Por eso estoy contento cuando se ha marchado y me regocijo con su ausencia.

“No sucederá nada de esto con este precioso 1941. Ya verás cómo se porta bien con nosotros y permite que goce de la belleza de sus días libres. Es en este año cuando volveré a tenerte, vida mía. Cuando otra vez me hieran las flechas de tus ojos, su luz que ya 21 mes no brilla real y efectiva en mi camino. ¿Te explicas ahora porqué estoy contento?

Correspondencia epistolar enviada desde la Prisión Militar de Jaén a su mujer Maruchi, 1 de enero de 1941. Documento cedido por su hijo Antero Revelles.

“Por aquí también hace mucho frio y como estoy algo acatarrado y para estos días ha habido “mollate” (vino) y yo creo a pie juntillas en los refranes y había que divertirse algo, anoche sin ir más lejos, me arrimé unos jarrazos chipen, y resultó, ¡oh mi nenita guapa! que te quise mucho más de lo que yo puedo, que te vi más linda todavía de lo que eres, que soñé contigo toda la noche y sucedió todo como si fuese verdad. El refrán ese de “al catarro con el jarro” que me decías, me ha traído todas estas bellas cosas. Pero no bebería más, aunque hubiese, porque me pongo muy triste, más de lo que estoy sin ti y eso no es bueno.

“Me alegro, que no os mudéis de la casa y que concurran esas circunstancias higiénicas que me refieres. En mi anterior habrás visto cómo me apercibo de las molestias que para papá significaba el pueblecillo.

“Me decía mi madre que no recibía carta hace tiempo de ti. ¿Le has escrito ya? No sabes cómo siento se perdiera la foto de Manolillo, porque se la hubiera mandado y se pondría tan contenta. Me dicen que Pepito está trabajando de albañil.

“Date cuenta cómo están las cosas.

“Aunque tarde, felicita a papá en mi nombre por su día y a Manolo le das un tironcillo de orejas y a Paquillo también.

“Ya hablaremos en otra de eso que me dices que estarás más fea por los hijos, etc. ¿eso puede ser nena?

“Abrazo a Charo, a todos, y tu encanto de mis ojos, recibe mi vida.

[Rubricado: Juan M.]”

Por fin el día 14 de junio de 1941 en la Sala de vista de la Audiencia Provincial de Jaén, se celebró el Consejo de Guerra Sumarísimo Ordinario de Pleno, condenándole el Tribunal, “a la pena de Seis años y un día como autor responsable de un delito de auxilio a la rebelión militar”[17].

Al alcanzar la gracia del Decreto del 2 de septiembre de 1941, el día 1 de octubre de 1941, se le conceden los beneficios de la prisión atenuada, por ello fue puesto en libertad con destierro, obligándole a fijar su residencia en la localidad zamorana de Toro, donde rehízo su vida alejado de su entorno. Juan María no dejó cumplida su condena hasta el 28 de marzo de 1945, es decir, aunque de una manera mitigada, saldó los Seis años a que le condenaron en un principio, proscrito en lo que se ha venido denominando exilio interior.

Mientras tanto su familia continuaba en Huéscar, y una vez cumplida la pena llegó él. Posteriormente le destinaron a Madrid, pasando a esta capital con su mujer y sus dos hijos. El año 1960 se pudo haber incorporado al ámbito de su magisterio para ejercer como maestro, pero ya no quiso hacerlo. Había montado en Madrid una empresa tipográfica en la que también ejercieron algunos de sus hijos.

Juan María aparte de maestro, “guerrero-combatiente” y poeta, fue un virtuoso músico, que rescató el himno de la 109ª Brigada Mixta, cuya letra y música había compuesto el comandante de la misma, Antonio Blas García, como parte del legado de la lucha militarista española contra el fascismo imperante:

La 109 avanzará potente y valerosa,
la 109 avanzará derrochando valor.
Para el mundo librar del fascismo agresor,
con las armas vengo a luchar.
Soy soldado leal que arrastrará el valor
del Ejército Popular.
Y en la lucha sabré con mi fusil, ¡atacar!
sabré siempre marchar sin vacilar…
Atacar, atacar, sin descanso ni temor
¡por el bien de nuestro ideal!

Como los fascistas granadinos habían acabado con la vida de su padre Francisco durante la guerra, nunca quiso volver a la ciudad de Granada, y con aquella pena murió en 1981. Solo regresó para el entierro de su madre en 1960.

 

Notas

[1] ATMSS (Archivo Territorial Militar Segundo de Sevilla). Jaén. Sumarísimo Urgencia nº 44957/39, Juan María Revelles López. Legajo 611, folio 18.

[2]  Diario Oficial Ministerio de Guerra, nº 99, 24 abril 1937.

[3] Acta de matrimonio de Juan María Revelles López y María Tejada García. Registro Civil de Huéscar (Granada). Este y otros documentos utilizados para la elaboración de la biografía han sido cedidos por Antero Revelles Tejada, hijo de Juan María, a quien agradecemos su apoyo.

[4] Archivo General Militar de Avila (AGMAv.), Zona Roja (ZR). “Copiador de las Ordenes Generales de esta Brigada [109].- 1937 y 1938”. AGMAV, C. 1063, 6.

[5]Archivo General Militar de Avila (AGMAv.), Zona Roja (ZR). “Diario de Operaciones: del 2º [434º] Batallón de esta [109ª] Brigada. Abril a julio 1937 [y de la 109ª Brigada] enero a diciembre de 1938 y enero y febrero 1939”. Armario (A)76 / Legajo (L)1235 / Carpeta (C) 14 / Documento (D) 2 / 1-2.

[6]Archivo General Militar de Avila (AGMAv.), Zona Roja (ZR). “Orden General de Operaciones del E.M. de esta Brigada [109].- 1938 y 1939”. AGMAV, C. 1064, Cp. 11; D. 2; 14-15.

[7]Archivo General Militar de Avila (AGMAv.), Zona Roja (ZR). “Diario de Operaciones: del 2º [434º] Batallón de esta [109ª] Brigada. Abril a julio 1937 [y de la 109ª Brigada] enero a diciembre de 1938 y enero y febrero 1939”. Armario (A)76 / Legajo (L) 1235 / Carpeta (C) 14 / Documento (D) 2 / 18-22.

[8] Ramón Salas Larrazabal, Historia del Ejército Popular de la República, Madrid, Editora Nacional, 1973, pp. 2059-2060.

[9] Acta de nacimiento de Francisco Revelles López Tejada. Registro Civil de Valdecaballeros (Badajoz).

[10] ATMSS (Archivo Territorial Militar Segundo de Sevilla). Jaén. Sumarísimo Urgencia nº 44957/39, Juan María Revelles López. Legajos 611, Folio 28.

[11] ATMSS (Archivo Territorial Militar Segundo de Sevilla). Jaén. Sumarísimo Ordinario nº 649/41, Juan María Revelles López. Legajo 19.841. Folio 47.

[12] ATMSS (Archivo Territorial Militar Segundo de Sevilla). Jaén. Sumarísimo Urgencia nº 44957/39, Juan María Revelles López. Legajo 611.

[13] Archivo General Militar de Avila (AGMAv.), (DN).“Información. Instrucciones generales.- Instrucción nº 4, del día 10 [de abril] Campos de Concentración de prisioneros.- Abril 1939”. A.23/ L.1, C. 34, D.1. También en: Archivo General Militar de Avila (AGMAv.), C.1501, Cp.34.

[14] ATMSS (Archivo Territorial Militar Segundo de Sevilla). Jaén. Sumarísimo Ordinario nº 649/41, Juan María Revelles López. Legajo 19.841. Folios 32-33.

[15] Pablo Gil Vico. La noche de los generales. Militares y represión en la época de Franco, Ediciones B, Barcelona, 2004, Pág. 145.

[16] Documentación personal de la Familia Revelles Tejada, cedida por Antero Revelles Tejada, al cual agradecemos su amable colaboración.

[17] ATMSS (Archivo Territorial Militar Segundo de Sevilla). Jaén. Sumarísimo Ordinario nº 649/41, Juan María Revelles López. Legajo 19.841. Folio 49.

 

Obra poética de Juan María Revelles López

Esta obra poética vivida, sufrida y escrita durante su cautiverio en la Prisión Provincial de Jaén por el autor, fue compuesta entre marzo de 1940 y octubre de 1941. La tituló “Romancero Popular”, al cual nos hemos permitido agregar como título alternativo, conociendo ya a posteriori las vicisitudes de su vida, el de “Cancionero de un prisionero de ausencias”.

Aspectos críticos del “Romancero Popular o Cancionero de un prisionero de ausencias”

Francisco Buj Vallés, Granada, enero 2019

 

Poemas: “Caminos cortos” y “Esperanza”

El autor de estos poemas es una persona culta, muy culta:

  1. ) Por la riqueza de su vocabulario.
  2. ) Se nota que ha leído a Lorca y a otros poetas.
  3. ) Dominio casi total de la métrica y la estrófica.
  4. ) Adecuación estudiada entre fondo y forma.
  5. ) En fin: una maravilla; ya previsible desde el mero primer vistazo grafológico a su letra.

Poemas: “Loquito” y “Desgracia de razas”

Se observa en los poemas titulados “Loquito” y “Desgracia de razas”, una cierta caída o descenso de calidad, respecto a los titulados “Caminos cortos” y “Esperanza”.

¿Razones?:

  1. ) Rima, a menudo, cuatro versos seguidos en la misma asonancia.
  2. ) Ensaya versos de variada métrica, más dificultosos que el tan espontáneo e hispánico octosílabo.
  3. ) Algunas imágenes resultan o bastante tópicas, o demasiado osadas.
  4. ) Pero quede claro: no merecerían los poemas “Loquito” y “Desgracia de razas”, un 9; aunque sí un 7, un notable. Calidad asegurada.

Romances: “Casaderita” y “La aldea de nadie”

¡Qué maravilla de Romancero! Revelles ha sabido captar:

Metáforas, a la vez, populares y delicadas.

Con perfecta ortografía. ¡Y caligrafía!

Variadas escenas de lo cruel de la guerra.

Y de las rupturas: personales, estacionales, telúricas.

Su creatividad, anclada siempre en la tradición literaria (comme il faut, certainement!), ha logrado altas metas: neologismos, captación empática de los sentimientos de la muchacha, etc.

Un defecto: concretamente, en los romances “Casaderita” y “La aldea de nadie”, el cambio de rima a mitad de una estrofa; o la monorrima entre dos versillos seguidos. El romance, por sencillo o popular que sea, debiera siempre respetar el siguiente esquema:

8 –

8 a

8 –

8 a

8 –

8 a…   (O sea, rima asonante en los versos pares. Los impares, libres, sueltos).

Romances: “La huida” y “Evocación”

Como se aprecia la perfección ortográfica y estilística de los romances es casi total.

No se comenta el contenido ético, ideológico, etc.

Romances: “El romancillo de la fragua” y “Lo que yo le daría”

El crítico de esta obra, Francisco Buj, a propósito del verso: “Cuando deje de ser un vencido” del poema “Lo que yo le daría”, comenta de una forma muy personal el fondo de su texto:

Fernando Barrero Arzac, como nieto de derrotado-fusilado; Francisco Buj Vallés, como hijo de un maestro que marcó sus infancias (la de Francisco y la de dos de sus hermanos) con el síndrome de “Paranoico con causa”; el profesor interino de “griego” que compartió Francisco Buj en el Instituto de Las Gabias, etc., jamás superaran del todo esa duradera -y muy injusta- experiencia. Han sido, son y, probablemente, seguirán siendo perdedores, derrotados, vencidos. Al menos, respecto a la demostración pública y profesional de una autoestima “comme il faut”. Uno de los mejores amigos de Francisco, filósofo cordobés en Terrassa, de inteligencia privilegiada y hábitos misántropos, decía con frecuencia acerca de él: “Paco: ese genio desaprovechado”. O desubicado, añade él. A veces sueña con una biografía imposible de su persona…”Creo que hubiera sido más feliz, más realizado en la Inglaterra de finales del siglo XIX”. ¿Serán meras fantasías de autoengaño? Lo que puede decir es que la mayoría de sus convecinos, de sus parientes, ni saben quién es ni se les ve interés por averiguarlo. Creo que, por poeta, más bien compadecen su condición. Y, por hipercrítico, molesta con sus argumentos.

Romances: “Habrá boda” y “Espérame”

Abundante utilización de dialectalismos y coloquialismos: Alevanta! (muy usado y efectivo).

Un fragmento de la letra castellana, por ejemplo, del zortziko vasco, “En el Monte Gorbea”, dice: “Al son de los cencerros, / los arrebaños / a pastorear se van”. O en el villancico andaluz: “Abajaban los pastores / por el cerro de Belén”. Etc.

El dominio que demuestra tener el autor de muchos y variados registros queda bien patente en sus romances. Igual emplea una alusión mitológica, que imita un diálogo a voces entre gentes campesinas. ¡Y sabe tener oído para la Épica castellana y para los romances populares!

Romance: “¡Vete, amigo del alma!”

Se trata de una despedida hacia lo trágico. Trágico y casi inmediato.

Otros aspectos:

* Ambivalencia en los cambiantes estados de ánimo del poeta, amigo del preso.

* Contundencia de las expresiones de terror, reforzadas con la abundancia de frases exclamativas.

* Influjo claro -pero, al mismo tiempo, discreto- de la famosa elegía “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”. Lo que para García Lorca era la “vista”, es aquí el “oído”:

“¡Que no quiero verla!  // ¡Que no quiero oírte!”

“¡Que no quiero verla!”, aparece en la 2ª serie estrófica del “Llanto”.

Comienza así el canto fúnebre (de esa segunda parte) y va reapareciendo como un ritornello o breve estribillo, entre soleá y soleá. Ese “verla” rima, en asonante, con “arena”. La luna, testigo mudo y leal.

* En cualquier caso, se trata de un poema construido a secos golpes de emoción, “a hachazos líricos” podríamos decir. Su fuerza es extraordinaria: evidencia una amistad inquebrantable, expresada justo cuando una dramática despedida va a producirse.

* “Amigo del alma” nos lleva, inevitablemente, a “compañero del alma”. Paralelismo claro. Identificación total en el sustantivo “Alma”. No se trata de amistades convencionales, sino sinceras, diáfanas y profundas. En este caso, es otra la elegía que ejerce de paradigma: la que Miguel Hernández escribió a la muerte de Ramón Sijé.

 

Lectura de los poemas y romances

Caminos cortos (1)

 

Se le clavaban detrás

cuatro luceros del alba

con sus guiños de mujer

y sonrisas afiladas:

Se le clavaban detrás

y le hacían musarañas.

Un repiqueteo de brisa,

de brisa de madrugadas,

se cortaba en dos pedazos

por el filo de su cara;

y en su caminar ligero,

como llevada en volandas,

iba despertando presta

a las sombras trasnochadas.

Se cruzó con tres guardianes

de la numerosa guardia

y tres ¡alto! le silbaron

con voces pulimentadas.

Pero tiesas como juncos

y tan claras como el agua,

las letras de aquel papel

puertas de hierro forzaban.

Rasgando el alba corrían

con espadas aguzadas

cuatro rondas de luceros

dando paso a la mañana;

que cansina, perezosa,

de imperceptible mirada,

se estiraba bostezando

por los llanos y montañas.

Al sentirse libre, suelto,

sin líneas que limitaran

 

su deseo de caminos,

su horizonte de esperanzas,

su galope de ilusiones,

su vehemencia de miradas,

al sentirse libre, viento

por la carretera blanca,

corrió Vicente Ruiz,

como las noticias malas.

Primero cuadrado grávido,

después carita cuadrada,

se le fue perdiendo el campo

entre brumas aguadas.

El pericón de la noche

se descorrió en la ventana

al tiempo que se encendían

dos hemisferios de plata.

Un silencio de penumbras,

de flores que se desmayan,

revoloteó en la alcoba

en un suspiro de ansias.

Quietos los campos entonan

sonsonete de cigarras,

un beso corta perfiles

en líneas armonizadas.

Jinete a lomo de nardos

hora tras hora cabalga

por caminos infinitos

de sombrías hondonadas.

Y el pericón de la noche

canta locuras de alba,

a quien no sintió fatigas

[y] segunda caminata.

 

Esperanza (2)

 

Como se acabó la guerra

se puso el vestido nuevo,

y se prendió gayas cintas

por las guedejas del pelo.

Pasadores de brillantes,

abalorios verdinegros,

puntillas de blonda fina

ribeteando los vuelos.

Un friso de caracoles

corrió por el terciopelo

de su carita morena

como la miel del romero.

A sus ojos subió el brillo

de impuros resentimientos,

y un tibio rubor le corre

de los muslos a los pechos.

Como se acabó la guerra,

se puso el vestido nuevo

y despertaron rabiosas

las saetas del recuerdo.

De nieve se han puesto todas

las copas de los almendros.

Un regimiento de flores

despliega por los linderos.

Todo se vistió de fiesta

para esperar al guerrero.

El arroyo se hizo espuma,

el pajarito parlero.

 

 

Pero no vino aquel día

el mocito por el pueblo,

ni el menguante lo pintó

con sus azules reflejos.

Ella lo espera a la puerta

más guapa que los luceros

y se derrite en las mieles

de dulces presentimientos.

Pero no vino, tampoco,

en el creciente tercero:

Ahora ya, solo son verdes

las copas de los almendros.

Ella lo espera a la puerta

sin adornos en el pelo:

El pajarito no canta

con la emoción del requiebro.

“¿Vendrá para Navidad?”

“¿Vendrá par el Año Nuevo?”

A las noches se les pegan

las sábanas en su sueño.

Una congoja le aprieta

como tenazas el cuello:

La guadaña de los días

tarda la siega del tiempo.

Como se acabó la guerra

y su mocito no ha vuelto…

¡Ella lo sigue esperando

metidita en un convento!

 

Loquito (3)

 

 

Loquito es un preso que no siente

el paso de los días ni los meses:

desde que nace el sol hasta poniente,

durmiendo lo verás, las más de veces.

Le abulta la barriga, agradecida

de la caricia de aire de “gaveta”;

caricia muchas veces, repetida,

pues mi loquito traga sin “chaveta”.

Untoso el belfo, tenso el abdomen,

el ángulo del patio lo cobija;

al cielo muy azul, sus ojos fija,

que dejó de mirar mientras que come.

 

 

 

Una manta mugrienta solo tiene

y un pantalón prendido en mil harapos,

donde anidan curianas, y los sapos,

y donde se le ve más que conviene.

No salió a la “visita”, ni una carta

recibió de familia, no tenía;

algunas veces llora y otras canta

en monorrítmo sutil de letanía.

Estupefacto, dichoso viviría

si no estuviesen presos los “chorizos”;

que con escandalera de jauría

rompen el xilofón de sus hechizos.

Pues, señor, yo bien quisiera

cambiarme para siempre por loquito;

y así las amarguras no sintiera

de verme preso sin cometer delito.

 

Desgracia de razas (4)

 

 

A la verde sombra de floridas cañas,

una vieja pasa y reza dos plegarias.

– La tarde se sube por las estiradas,

dulces, sonrosadas macetas de malva-

Parece de hueso la vieja enlutada

que riza plegarias en blondas de plata.

– Se baja la noche pintando las ramas

por las madreselvas de la rinconada-

Un tris tras de cuentas, y el frufrú de rayas,

roban el silencio que la noche canta.

 

 

–  Por los ojos secos, viene la mañana,

de una sombra negra que reza plegarias:

“Mi hijo…, mi nieto… ¡Vírgenes del cielo,

cortad la batalla

que los hombres prendieron a tiempo

en tierras de España!

A la verde sombra de floridas cañas,

se siguen oyendo las mismas plegarias.

Un padre y un hijo –desgracia de razas-,

frente a las trincheras se besan con balas.

 

Casaderita (5)

 

 

Casaderita, casada,

la del cortijo de nieve;

la de los ojos azules,

la del zapatito breve.

Casada, casaderita;

la del talle de palmera;

la de los limones verdes,

la de armoniosa cadera.

La casadita orgullosa,

arrogante y postinera;

la que se casó, valiente,

sin que acabara la guerra.

La que lució como a un chal

ebria de gusto y juncal

al díscolo miliciano;

la que supo bien gozar

quince noches luminosas

de un misticismo pagano.

La hambrienta de amor, “la loca”,

criticada, “la perdía”,

la novia de un solo día;

la que regaló su boca

al pedírsela, sincera,

la casadita de cera

blanca de confitería.

 

Ya no va la casadita

ni viene ya tan alegre;

la quebrada de cintura,

la del corpiño de nieve.

Ya no va la casadita,

la de armoniosa cadera,

erguida como el capullo

de una frondosa rosálida.

Ya no son de azul sus ojos

ni tiene los labios rojos.

ya no ríe, ya no canta;

ya, más parece una santa,

una inocente monjita;

ya el seno no le palpita

bajo la gasa del velo.

¡Ya tiene la casadita

el corazón como el hielo!

¿Y por qué, señor, por qué?…

¿Qué ojos le hicieron mal?…

¡Por qué murió, como tantos,

mi miliciano leal!

 

 

La aldea de nadie (6)

 

 

Todos se fueron llorando, gimiendo,

por el caminito de la pina cuesta.

… … … … … … … … …

Se quiebran los cardos,

los brezos silbean,

toícos se fueron…,

los echó la guerra.

… … … … … … … … …

Allá en la solana

de suave ladera,

se queda solita

la risueña aldea:

Tan blanca, tan verde,

tan limpia, tan quieta,…

con el agua clara cantando

el romance de puras doncellas.

El molino roto,

la corriente suelta,

el cristal de la presa

se ha vuelto turbio

y ya no refleja

los olmos gigantes;

ni los ojos ardientes, muy negros,

de la molinera.

Florecen los guindos,

los prados verdean,

fecundan las mieses

las cabrillas trepan.

Y el duro silencio

que la marcha deja,

zumba en los oídos

y la sangre hiela.

Toícos tuvieron que irse,

toícos por fuerza,

del remanso apacible, dorado,

que era su aldea.

… … … … … … … … …

 

Una moza morena recuenta,

entre pena y pena,

los bordados, enaguas y flores,

que en su arca quedan:

La planta de albahaca,

la colcha de seda,

los zarcillos, pulseras y dijes,

y otras baratijas de cuando hubo feria.

La semblanza rugosa del viejo

toma transparencias de pálida cera;

y un quejido que ahoga las almas,

por la caravana, de uno en uno, vuela.

… … … … … … … … …

Doblaron la cima

de la pina cuesta.

Antes del descenso,

antes de perderla,

convergieron en haz las miradas

en la estampa dulce

de la triste aldea.

Ya no era de nadie;

en medio se queda

de dos bandos que luchan a muerte

por opuestas que dicen ideas.

… … … … … … … … …

Éxodo de espinas.

¡Maldita la guerra!

Toícos se fueron llorando,

toícos por fuerza.

Los que se quedaron

sobre las callejas,

riman las salmodias

de la paz eterna.

          FIN

 

La huida (7)

 

 

Languidecía una estrella

a las dos de la mañana.

La luna bordaba encajes

con sus agujas de plata.

Un mochuelo enamorado

salió de las sombras pardas

marcando en posado vuelo

trayectorias enredadas.

El cañero se ha olvidado

cortar la llave del agua,

y los silencios se rompen,

y los chorros se desatan.

“Ave María Purísima…,

las dos y estrellado”. Canta

el sereno con su voz

de aguardiente y hojalata.

Otra vez viene el silencio

con suspiros de agua clara.

Se aprisionan con ternura

las flores de las acacias.

 

“¡Si no te vienes conmigo

esta noche, Candelaria,

yo te juro por mi madre

que te ha de pesar mañana!”.

Como de amor se estremece

tras la reja luneada

y la estrella le hace guiños,

y el silencio la relaja.

Como la llaman melosas

miradas tornasoladas,

y son veinte primaveras

las que cuenta Candelaria,

antes que cante el sereno:

“Las tres de la madrugada”,

una pareja se pierde

por penumbras encantadas.

A las cuatro ya es de día.

A las cinco el sol resbala

por músculos en tensión

con fondo de telas blancas.

A las seis florecen rosas

entre perfumes de nalgas.

Y a las siete, las comadres

se santiguan en la plaza.

                 FIN

 

 

Evocación (8)

 

 

Y volverán tranquilas

las noches en que la reja

latía como la tarde:

Cuando la tarde se quiebra.

Y volverán las verdes

praderas de hierba fresca

en laxitud enervante

de florida adolescencia.

El esquilo de las vacas

turbará con sus cadencias,

la acuarela que los chopos

y el remanso dulce prestan.

Todo volverá, todico,

menos las negras ausencias:

El trigo dorado al troje,

el limón a la ponchera,

y un temblor de sensitiva

a tus pechos de canela.

 

Los cabritillos azules

bordarán como con perlas

el pastizal de los bajos;

y quizás de sus piruetas

te rías como capullo

cuando de sol se revienta.

¡Lo que ha muerto para siempre!

¡Lo que nunca más despierta!

Es azul mi afán liviano

de fecundar nuevas tierras.

Todo volverá, todico,

menos las ausencias negras:

El trigo dorado al trigo,

el limón a la ponchera,

y un temblor de rosa viva

a tus pechos de canela.

             FIN

 

El romancillo de la fragua (9)

 

 

El hierro es noble de ley:

-compadre ¿qué tiene usted?;

el yunque bebe sus fuerzas

como besos de un querer.

-Compadre, las fuerzas mías

se van a todo correr;

me abandonan traicioneras

como una mala mujer:

Anoche lloró la luna

entre las dos y las tres.

-¿Lloraba de azul la luna?

-Lloraba, compadre, hiel

más amarga que la pena

de un desengaño. -¿Lo ves?

Tienes las fuerzas amargas

y el macho no forja bien.

-Anoche lloró la luna

y la afiló mi Isabel:

lloraba a su esposo muerto

murió de muerte cruel.

-Avívate llama roja,

que quiero una verja hacer

de plata con dos luceros

antes del atardecer.

-Compadre, me voy al Campo

Santo que quiero ver

al esposo de la luna

de cuerpo presente -Ve

y ponle estos dos cuchillos

a la vera de sus pies.

 

-¿Dos cuchillos para un muerto?

-Y mejor que fueran cien.

-Compadre, cuando se apague

la fragua al atardecer,

no ponga nuevas candelas,

que yo no pienso volver.

-Ni yo, compadre, tampoco

candelas le prenderé

hasta que otra vez florezca

la vara de San José

y otros dos de madrugada,

con sonrisas desmayás

y ojeriza en las miradas.

La mataron porque era

de la luna enamorada.

… … … … … … … … …

Terminó la comitiva

con su preciosa compaña.

La tierra, que le dio flores

recibe su flor, intacta.

Y por los campos que cruzan

hijos de morenas razas,

hoces de odio se alzaron

en curvaturas de plata.

 

Lo que yo le daría [10]

 

 

Para ti,

mi músculo.

Para ti,

mi idea.

Para ti,

hijo mío,

mi esfuerzo

y mis pensamientos

líricos.

Para ti,

mis besos ardientes,

mi beso de trinos

y los lívidos.

Para ti,

tierno hijo,

mis caballos blancos,

mis lírios azules,

y mis castillos.

Para ti,

los lagos tranquilos

de mis sueños

floridos.

Para ti,

empezar un nuevo

camino;

que por el que iba,

lo he perdido.

Para ti,

mi virgen de armar;

-azúcar hecha suspiro.-

Con el compromiso

de que guardes sus ojos,

que he cambiado,

por los tuyos,

a un impío.

 

Para ti,

hijo mío,

mi corazón sin

latidos.

Confórmate,

que yo no puedo cambiarlo

porque no tengo

amigos.

Para ti,

mi amor limpio

y mis delirios.

Las dulces noches

de estío,

para ti,

tierno hijo,

con sus estrellas locas

de caminos.

Para ti,

también,

mis campos azules

de lirios.

Mi esfuerzo,

mi idea

y mis castillos

entre las rocas altivas

y frente a un mar

cristalino.

Para ti,

mis luces de un Bósforo

con sus veleros típicos;

con flores de loto

y espumosos

rizos.

Para ti, hijo que nacer he visto,

la armonía que en los libros

han descrito.

… … … … … … … … …

¡Todo te daré, mi vida,

cuando deje de ser un vencido!

 

Habrá boda [11]

 

 

¡Geromaaaa!…

-Por las ondas la voz corre

sutil, ardiente, aromática.-

¡Panlequeeee!…

-Va dejando una cadencia

de voz fresca, satinada.-

¡Geromaaaa!…

-De música en los oidos.-

¡Panlequeeee!…

-De calor en las entrañas.-

¡Geromaaaa!…

-De cromo en los ojos negros.-

¡Panlequeeee!…

-Que llegue como una daga.-

Es pasión, es calentura

la voz por las ondas mansas.

***

 

-Geroma, en tu verde prado

¿habrá rosas encarnadas?

-En mi prado verde tienes,

gitano, rositas inmaculadas.

-¡Gitana, te seré fiel

como es la flor a la rama!

***

El cobre brilla en las ollas

y el dorado en las tumbagas.

-¡Comadre, beba usted vino!

-¡Padrino honrao, alevanta!.

 

¡Espérame! [12]

 

 

¡Espérame!…

¡Que nadie te oiga esperarme!

¡Espérame en silencio!

¡Espérame sin lágrimas!

Espérame, con las pupilas

de cuando me esperabas:

de cuando tú y yo éramos

encendida mirada.

¡Espérame!

Que yo iré mañana

con el frio de una ausencia

larga!

¡Espérame!

Que yo iré por la noche,

que yo iré por la noche,

o por la madrugada.

Pero ten la absoluta

confianza,

que iré contigo, casta

mujer de primavera

cálida.

Espérame en silencio.

Espérame sin lágrimas.

 

 

Aguarda:

Que pronto iré contigo

a las nupciales albas,

por un desierto de oro

en rica caravana.

Tú serás la Antinea.

-Antinea con alma

que no se olvida nunca-

de mi Atlántida.

¡Espérame en silencio!

¡Espérame sin lágrimas!:

Que un pueblo de chacales

clavar quieren sus garras

en las caperucitas

que lloran la redada.

¡Que no te oiga nadie!

¡Aguarda!

(¡Lucía!)

Que me haces falta. Falta

para marchar muy juntos

a las nupciales albas

por un desierto de oro

en rica caravana.

 

¡Vete, amigo del alma! [13]

 

 

Cuando vayas, mi amigo.

Cuando vengan por ti los abismos.

Cuando emprendas el postrer camino,

yo no quiero verte.

Cuando suene la última hora

que marcaron relojes sin freno.

Cuando te detengas en la vida,

yo no quiero verte.

Cuando un pálido ¿nieve? te invada.

Cuando tiemble, al salir, tu palabra

armoniosa, de arpegios,

yo no quiero verte.

Y si fuese una tarde,

cuando el sol ya trasponga las cumbres

y las suaves colinas reflejen sus rayos,

una tarde linda,

te irás -¡qué ironía!-

junto a un horizonte de fríos rectángulos.

Yo no quiero oírte,

mi amigo…, mi hermano…,

ni ver en tus ojos

un paisaje de agua marina;

ni ver a tus manos

describir el “adiós” encorvado

que sigue preciso,

a los viajes largos.

¡Que no quiero oírte!:

Tu última palabra

sería para mí una saeta

más, en mi alma.

Cuando vayas, entrañable amigo,

para no tornar a estas playas

risueñas ayer, risueñas

como una caricia,

 

yo no quiero verte

porque sé que tú, vas a robarme

el suspiro que queda en mi alma;

y entonces, mi amigo,

¿qué hago yo sin suspiros, sin lágrimas,

con un temblor de agonía,

con un paisaje de escarcha,

con una palabra última,

con más saetas clavadas

en mi corazón,

y quizás, con una carta

que tú me dejes?

¿Qué hago yo, si me harán falta?

¡Oh, no. Vete…, vete!…

Que no quiero saber nada

de ti. Ni de nadie quiero

saber que emprende la marcha

y no tornará a estos pueblos,

que fueron trinos de ansias.

¡Vete, amigo del alma!

¡Que no quiero oírte!:

Pero iré contigo, palabra,

una tarde zulina, sin rayos

sin rayos de sol en las cumbres,

y en suaves colinas un pálido

reflejo de vida;

que yo iré volando,

con un paisaje en mis ojos, también,

de blancos, fríos, rectángulos.

 

Un entierro [14]

 

 

Ven. Y esparce en las brumas de otros ojos,

mi silencio:

¡que ya no puedo más con sus montañas

de indefinible peso!

¡Que ya no puedo más seguir muriendo

con recuerdos!

Te daré, no la flor inmortal de una caricia

en las noches fundidas de deseos:

de las risas henchidas de entusiasmos,

de los tupidos besos,

de los cuentos con sus finales rosa,

del amor encendido en aleteo,

del encanto de aquel que vuelve a verse.

Te daré lo que tengo,

aquello que me oprime las entrañas:

¡mi silencio!

 

Alma blanca [15]

 

 

Quizás cuando yo vuelva

ya no sea azulada

la fontanica umbrosa

de la peña quebrada.

 

Quizás, muerta de tedio,

cual ruiseñor en plata,

no curse por el cielo la cigüeña

de remembranzas raudas.

 

Quizás aquellos lotos

de las orillas plácidas,

si no sintieron el reflejo de tu dicha,

huyeran con las aguas.

 

Los sauces encantados

quizás curven sus ramas

con un esfuerzo cumbre de cansancio,

de muerte deseada.

 

¿Será tardía vuelta

la mañana temprana,

brusca la tarde quieta,

negras las noches claras?

 

Quizás aquella risa transparente

se quede en tu garganta;

y el aire de cristal no sea tan libre

en las praderas mansas.

 

Tus ojos, que tan bellos

grabáronme nostalgias,

quizás miren queditos las verdosas

llanuras limitadas.

 

Y aquella flor perenne

de tu armonía fausta,

quizás con la carrera de los años

decline en suave marcha.

 

Pero siempre llenando

anhelos de mi alma,

serás lo que ayer fuiste: brote fresco;

aunque tus sienes pálidas

se adornen con las galas otoñales

de una mortaja blanca.

 

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