Historia de un idealista : Victoriano Sáez Herrera, Comisario del 434º Bon de la 109ª BM, desaparecido en el Campo de Concentración de Zaldívar (Cortijo de Las Boticarias, Puebla del Alcócer, Badajoz), el 15 de mayo de 1939

Por su nieto, José Luis Sáez Núñez

En un libro que he leído hace muy poco sobre la Guerra Civil, hay en la introducción una frase del gran Albert Camus, el que fuera premio Nobel francés y también pareja sentimental de María Casares, hija del político republicano Casares Quiroga.  En esta cita el escritor dice textualmente “Fue en  España donde los hombres aprendieron que es posible tener razón y, aún así, sufrir la derrota; que la fuerza puede vencer al espíritu, y que hay momentos  en que el coraje no tiene recompensa…

Al leer esto me imagino que algo así pensaría mi abuelo en los últimos días de  la Guerra Civil y en su posterior cautiverio, allá en la finca de Las Boticarias, que a la postre se convertiría en su tumba, aunque como a él mismo le gustaba decir, no en la de sus ideas.

Panteón donde reposan los restos de los republicanos asesinados en el olivar del cortijo de Las Boticarias (Puebla de Alcocer, Badajoz), el 15 de mayo de 1939. Cementerio de Casas de Don Pedro (Badajoz), 15 de mayo de 2015.

Panteón donde reposan los restos de los republicanos asesinados en el olivar del cortijo de Las Boticarias (Puebla de Alcocer, Badajoz), el 15 de mayo de 1939. Cementerio de Casas de Don Pedro (Badajoz), 15 de mayo de 2015.

Victoriano Sáez Herrera había nacido el día 1 de junio de 1907 en Aldeacentenera (Cáceres), y era el octavo de nueve hermanos de los que no sobrevivirían hasta la edad adulta nada más que cinco, algo nada extraño por otra parte a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Era hijo de José Sáez Herrera y de  Francisca Herrera Sevilla, ambos de familia humilde y obrera, como la inmensa mayoría de sus vecinos y paisanos. Ni sus padres ni hermanos mayores fueron personas interesadas en la política ni en la lucha de clases, tan arraigada en España en aquellos años de su primera juventud, sin embargo él sí sentiría un gran interés desde siempre en todo lo relacionado con los derechos de los trabajadores y la lucha obrera. Pienso, es más, me enorgullece pensar, que esta actitud de mi abuelo venía dada porque a pesar de que su educación y formación había sido muy escasa, él la había  aprovechado más que otros familiares o convecinos, y fruto de estos conocimientos y otros muchos conseguidos de una forma totalmente autodidacta, él consiguió una cierta formación que le ayudaría, tanto a tener una visión política muy clara, como a llegar a dar clases a adultos en los años treinta, incluso en dos turnos diarios, debido al éxito de éstas.

Desconozco cuales fueron sus modelos políticos en sus primeros años de simpatizante del socialismo, aunque no es difícil imaginar que no serían otros que los personajes de la izquierda de la época, tales como Don Indalecio Prieto o Don Francisco Largo Caballero; de igual forma tengo pocos detalles tanto de su vida personal como de su vida laboral de aquellas fechas, ya que el transcurrir del tiempo ha hecho que no haya podido disponer de testimonios directos sobre estos temas.

Es a partir de abril de 1931, con el advenimiento de la Segunda República, cuando su actividad política como la de tanta gente de izquierdas, se intensifica. También es a partir de entonces cuando poseo algún dato más de sus actividades por boca de mi abuela, entre las que hay que destacar su participación activa en la construcción de la casa del pueblo que, como en tantos otros lugares de  España, se hicieron en aquellos primeros años de la República. También empezaría a partir de esos momentos un frenético ir y venir a todos los mítines dados por la zona y que estaban en franca expansión en aquellos momentos.

El día 25 de julio de 1932 participa (probablemente hasta la organiza) en la creación de las Juventudes Socialistas de Aldeacentenera, siendo elegido presidente de las mismas. En esta fecha no existía aún más de una docena de agrupaciones formadas y  organizadas con sus directivas en toda la provincia, datos que se pueden comprobar en las páginas de Internet de la propia organización en la provincia de Cáceres.

El día 9 de septiembre de 1933, tras  vencer todas las resistencias que tanto mi abuela como su familia pusieron a una de las primeras bodas civiles del pueblo, se casó en una simple ceremonia civil con la que sería mi abuela María Luisa Sánchez Sáez, unión de la que nacería su único hijo Eusebio, mi padre.

Un año después de la citada boda, en el mes de octubre de 1934, vendría la revolución de Asturias, sofocada por un gobierno de corte cada vez mas derechista presidido por  Alejandro Lerroux y donde entraría en escena por primera vez en esta Segunda República el general Franco, actuando de una forma salvaje y desmedida con sus tropas regulares traídas de África. A raíz de estos sucesos las posiciones políticas se radicalizarían mucho en toda España y en ambos bandos. Mi abuelo, como tantos otros izquierdistas,  a estas alturas ya optaba por abordar temas que ellos consideraban imprescindibles, tales como los repartos de tierras o la adquisición de derechos para la clase obrera, para la mujer o para la tercera edad. Este último ideal de mi abuelo me lo trasmitiría mi abuela sintetizado en una simple frase que ella decía mucho “él tenía mucho respeto por la gente mayor y quería que se les atendiese más”.

Tras un año, 1935, lleno de mil y una vicisitudes, derechas e izquierdas preparan ir unidos en grandes frentes a las elecciones previstas para comienzos del 36. No sin más de un problema, se crean estos frentes y llegan las elecciones del 16 de febrero de 1936. En estas arrasa el izquierdista Frente Popular y a partir de ese momento todos los elementos de derechas, tanto políticos, eclesiásticos como militares empiezan a  considerar otras opciones menos democráticas para reconquistar un poder que han ostentado durante siglos y que ahora el pueblo les niega. Desde ese momento hasta el estallido oficial de la guerra se sucederán las conspiraciones contra el gobierno surgido de las urnas.

Contaba mi abuela que el día 18 de julio de 1936, como hacía días que se decía que una guerra estaba a punto de estallar, ella retrasaba el ir a lavar las sabanas y mantas al rio Almonte, a unos 5 ó 6 Km del pueblo. A la vista de que la situación se agravaba por momentos pero que la guerra no comenzaba, ella había decidido ir a lavar esa ropa al rio pero una vez allí tuvo durante todo el día el mal presagio de que algo grave estaba pasando por lo que, al regresar por la tarde al pueblo, no le sorprendió en gran medida la noticia de que la anunciada guerra había comenzado.

Con la sublevación a favor de los golpistas de las guarniciones de Cáceres y Plasencia, las dos únicas de cierta entidad en toda la provincia, y con la desorganización de la izquierda en toda la zona, no les fue difícil a los fascistas hacerse con el control de la casi totalidad de la provincia de Cáceres, la cual tras un breve periodo de refriegas en el norte y sureste de la misma, quedaría en manos de los sublevados en su totalidad  con la única excepción de la población de Alía, situada a unos 45 ó 50 km al este de Aldeacentenera, en los límites de las provincias de Toledo y Badajoz.

Es de suponer que mi abuelo tuvo que sentir desasosiego, miedo y rabia al haber quedado en una zona equivocada y que estos sentimientos debieron ir en aumento día a día alimentados desde la recién instalada “Casa de la Falange” en el pueblo, a la cual no sólo le obligaron a llevar su escopeta de caza o las llaves de la casa del pueblo de las que era depositario, sino en la que también fue objeto de las humillaciones que se le ocurrieran al falangista lumbreras de turno, tales como hacerle pisar la bandera republicana a modo de felpudo o beber las famosas purgas de aceite o gasolina, aunque él negara a mi abuela haber sido objeto de estas prácticas, más probablemente para no asustarla que porque no fuese cierto que las sufrió.

José Luis Sáez Núñez, nieto del Comisario de Batallón de la 109ª Brigada Mixta, Victoriano Sáez Herrera, junto al panteón dedicado a los ejecutados en olivar del cortijo de Las Boticarias

José Luis Sáez Núñez, nieto del Comisario de Batallón de la 109ª Brigada Mixta, Victoriano Sáez Herrera, junto al panteón dedicado a los ejecutados en olivar del cortijo de Las Boticarias

Aprovechando el atontamiento del gobierno en los primeros días de la guerra y una vez pasadas las tropas regulares desde Marrruecos a la península con la inestimable colaboración de la Alemania nazi, los fascistas iniciarían la llamada “Marcha hacia Madrid”. Dirigidos por dos de sus más preparados y sanguinarios generales, Francisco  Franco y Juan Yagüe, pretendían abrir un corredor desde la sublevada Sevilla, en manos ahora del general Queipo de Llano, hasta la capital de España. Para ello habían de “conquistar” parte de la Extremadura que no había caído aún en sus manos, por lo que se lanzaron a la toma de poblaciones como Mérida y Badajoz en las que se cometerían asesinatos en masa de todo aquel que se opusiese a los golpistas, unos hechos tan salvajes que aun no tenían precedentes ni en aquella España, ni en aquella Europa.

No sé si fue a la vista de estos acontecimientos o si fue una decisión tomada desde el primer día, pero lo cierto es que para mi abuelo el hecho de ir a luchar junto a sus correligionarios a la llamada “zona roja” se convirtió en una obsesión. Y me imagino que se dedico a pensar en el momento y forma de hacerlo durante buena parte de esos días y esas noches, noches que pasó durmiendo en el pueblo de forma itinerante en eras, cuadras y otros escondrijos para dificultar a los fascistas la tentación de darle uno de aquellos famosos paseos tal y como hicieran con otros como Tío Churrero o Tío Peñas, a los cuales asesinaron los fascistas sin tener otro crimen en su haber que ser militantes de izquierdas. Es de suponer que esto incrementaría su miedo y sus ganas de irse a zona roja a la mayor brevedad.

Una vez pasados los dos o tres primeros meses de la guerra y tras la reacción del Gobierno y la férrea defensa de  Madrid, los frentes se habían delimitado y en algunas zonas, como la extremeña, se habían estancado. Llegados a este punto a mi abuelo solo le faltaba resolver algunos flecos de la vida que dejaba atrás y decidir el día en que habría de irse a luchar por sus ideales. Por ello, y para intentar evitar que si él moría o la guerra se perdía los fascistas no tomarían represalias contra su mujer e hijo, hubo de celebrar su matrimonio por la iglesia, invitado sin duda por algún elemento de Falange, que entre otras lindezas le espetaban frases como “rojos juntados como perros sin pasar por la iglesia…” y sobre todo, una vez cumplido este primer trámite, bautizar a mi padre.

Un día del mes de  diciembre de ese 1936 y aprovechando que en la casa de su madre estaban haciendo la tradicional matanza del cerdo, hecho que a él le pareció conveniente para levantar menos sospechas entre los que de facto eran sus carceleros, se puso rumbo a la zona roja saliendo del pueblo por la calleja de la zorra en dirección a la Sierra de las Villuercas. No lejos de la salida del pueblo se encontró a un tipo simpatizante de los fascistas al cual mintió diciéndole que iba en busca de un guarro, enseñándole una soga como prueba de lo que decía, pero el paisano desde el primer momento sospechó de sus intenciones y fue a denunciarlo a la casa de la Falange. Estos, alertados, pasaron por su casa y la casa de sus padres preguntando por él y así, de esta forma, mi abuela y su familia se enteraron de que él se había ido para la zona roja.

Siempre he tenido curiosidad por saber de qué forma conseguirían (no fue el único que se fue a la zona roja desde mi pueblo) burlar la vigilancia de los sublevados hasta llegar a la zona roja, y sobre todo cómo consiguieron pasar las áreas consideradas como frente, cuanto tardaron en llegar o a qué población republicana llegaron primero, si fue a Alía o a alguna de sus localidades vecinas ya en Badajoz. Lo que sí sé de boca de mi abuela porque alguien se lo contó a ella es que, a la llegada a zona roja le tuvieron durante dos o tres días aislado por precaución, no fuera que se tratase de un espía enemigo, y que pasado este periodo, y probablemente después de informarse sobre él, fue liberado e incorporado a un ejercito que en ese momento estaba terminando de organizarse. Eran las Brigadas Mixtas, que después serían las unidades principales del ejército republicano. A estas alturas de la guerra muchas de estas brigadas ya estaban formadas a base de milicianos y otras muchas se estaban formando en esos momentos con voluntariado y personal de reemplazo llamado a filas en la zona republicana.

Entorno del olivar del cortijo de Las Boticarias donde fueron fusilados un número indeterminado de prisioneros republicanos. 15 de mayo de 2015

Entorno del olivar del cortijo de Las Boticarias donde fueron fusilados un número indeterminado de prisioneros republicanos. 15 de mayo de 2015

A partir de este momento este mi relato se convierte en un relato totalmente basado en los trabajos realizados por descendientes de los que fueron sus compañeros en aquella nefasta guerra. Estos descendientes no son otros que los que forman, bueno formamos, el grupo de la 109ª BM, al cual estoy orgulloso de pertenecer  y a los cuales agradezco infinitamente me hayan facilitado toda la información que poseían sobre mi abuelo y me hayan animado a escribir estas anotaciones sobre él. A medida que dé ciertos datos iré citando la fuente de la cual los he obtenido.

El  dato que tengo del primer destino de mi abuelo en el ejército republicano es un informe del Comisariado de la 41ª Brigada Mixta conseguido por Fernando Barrero Arzac (miembro del grupo de la 109ª BM y nieto de otro comisario político de la Brigada que correría a la postre la misma suerte que mi abuelo). Este dato aparece en el Archivo de la Guerra Civil de Salamanca y en él se citan textualmente su nombre completo, edad, procedencia, filiación a la UGT y JSU y se dice que en fecha 20 de enero de 1937 (solo un mes después de su llegada al frente)  fue nombrado Delegado Político de la compañía de ametralladoras del 1º Batallón de la 41ª Brigada y que en fecha 15 de abril de 1937 es destinado por el Comisariado a otra Brigada. Las fechas, tanto de su entrada en esa Brigada como Delegado Político, como la de salida hacia otra Brigada (a la 109ª BM, aunque ese informe no lo especifica) son totalmente correctas,       No me cabe ninguna duda que a partir de abril de 1937 (como bien apunta la nota conseguida por Fernando Barrero Arzac) mi abuelo se incorpora a la 109ª BM, en la cual permanecería hasta el final de la guerra desempeñando la labor tanto de Delegado Político como de Comisario de Batallón en diferentes momentos y unidades, pero siempre dentro de la Brigada y siempre en tareas de comisario.

En el trabajo Historia y tragedia de la 109ª BM de Fernando Barrero Arzac, podemos ver que durante la primavera de 1937 se formó en Utiel (Valencia) la 109ª BM instruyéndose parte de ella en Sax (Alicante) para finalmente partir desde Villena (Alicante) hacia el frente extremeño, donde permanecería hasta el final de la guerra, quedando formada finalmente por los batallones 433º,434º, 435º y 436º.

Las primeras referencias que tengo de mi abuelo ya dentro de la 109ª BM me las aporta José Vázquez Pedreño, nieto del mayor Luis Pedreño Ramírez que formó parte del Estado Mayor de la Brigada y falleció en combate el 13 de junio de 1937. En un cuadro aportado por José Vázquez y fechado el día 10 de septiembre de 1937, aparece mi abuelo como Delegado Político de la 2ª Cía del 433º Bon de la Brigada. En ese mismo día, en el anexo IX del libro de José Hinojosa Tropas en un frente olvidado, en el diario de operaciones del Batallón, aparece la anotación de que ese día mi abuelo se hace cargo del Comisariado del Batallón de forma accidental, al pasar (también de forma accidental) a suplir el Comisario del Batallón al Comisario de la Brigada. El día 19 de ese mismo mes y tras la reincorporación del Comisario titular, mi abuelo Victoriano Sáez vuelve a su Compañía para seguidamente el día 22 volver a suplir al Comisario del Batallón en el puesto de este.

Las siguientes referencias están extraídas de los trabajos de Fernando Barrero Arzac y versan sobre sendas reuniones del Comisariado en fechas 16 de agosto y 18 de septiembre de 1938. En la primera se cita textualmente que Victoriano Sáez (ahora Comisario de la unidad de Intendencia de la Brigada) no ha podido asistir por encontrarse de traslado con su unidad. A la reunión del 18 de septiembre sí que acude como Comisario de Intendencia y como responsable de los servicios de la Brigada, según documento aportado por Fernando y sacado del Archivo General Militar de Ávila. En esta reunión él habla de la moral de la tropa (a estas alturas parece ser que aún buena), del cansancio de los zapadores, de la formación cultural de la tropa y de la escasez de algunos elementos tales como calzado o mantas.

En estos mismos documentos conseguidos por Fernando se hace referencia a una posterior reunión de comisarios el día 2 de febrero de 1939 y en ella ya aparece como Comisario definitivo del 434º Bon. de la Brigada. En dicha reunión tratan el delicado tema de la pérdida de Barcelona y de cómo hay que preparar a la tropa para la noticia minando lo menos posible su moral con tan nefasta noticia. Los comisarios, casi en su totalidad de corte comunista, van contando como en sus respectivas unidades la tropa sigue con la moral alta, sin embargo mi abuelo parece discrepar y cuenta que en su unidad se nota mucho a estas alturas la baja moral de la tropa y que como medida excepcional, y para evitar más de las ya muchas deserciones, ha seleccionado patrullas nocturnas de un claro corte izquierdista y comprometidas con la causa republicana y que, siguiendo las directrices del “Doctor” Negrín se ha informado a la tropa de la pérdida de Barcelona restándole la mayor importancia posible.

Necesariamente, a partir de estas fechas, tanto mi abuelo como el resto de sus compañeros debían de saber que salvo un milagro (en los cuales supongo que pocos creían) o una poco probable intervención extranjera, la Guerra estaba perdida.

Entre la mucha información sacada de Ávila por Fernando hay dos órdenes más de la Brigada. La primera, fechada el 9 de febrero de 1939, notifica, entre otras cosas, el nombramiento de Candido Méndez Núñez  (padre del actual secretario general de UGT) como Comisario del 435º Bon.; en la segunda orden, fechada ya el día 26 de marzo de 1939 (última orden emitida por la Brigada), se informa de que se está negociando una “Paz honrosa” y se llama a la calma e invita a todo el personal del Ejército a que esté tranquilo y permanezca en sus puestos, probablemente porque a estas alturas las deserciones se habían multiplicado. Esta última orden la firma como Comisario accidental de la Brigada, el recientemente nombrado Comisario del 435º Cándido Méndez, ya que, según este documento, Ernesto Herrero, Comisario de la Brigada, se ha ausentado temporalmente “debidamente autorizado por la superioridad”.

José Luis Sáez Núñez, nieto del Comisario de Batallón de la 109ª Brigada Mixta, Victoriano Sáez Herrera y Fernando Barrero Arzac, junto a Felisa Casatejada, activista e impulsora de las exhumaciones realizadas durante 1978, en el panteón donde se piensa que reposan los restos de sus abuelos y hermanos asesinados el 15 de mayo de 1939. Cementerio de Casas de Don Pedro (Badajoz), 15 de mayo de 2015.

José Luis Sáez Núñez, nieto del Comisario de Batallón de la 109ª Brigada Mixta, Victoriano Sáez Herrera y Fernando Barrero Arzac, junto a Felisa Casatejada, activista e impulsora de las exhumaciones realizadas durante 1978, en el panteón donde se piensa que reposan los restos de sus abuelos y hermanos asesinados el 15 de mayo de 1939. Cementerio de Casas de Don Pedro (Badajoz), 15 de mayo de 2015.

Finalmente el nombre de mi abuelo aparece en dos de los anexos del trabajo de Fernando Barrero Arzac “Historia y tragedia de la  109 BM”. En el anexo nº4  hay un documento de la Agrupación de Divisiones del Tajo del Ejército franquista, concretamente una relación de oficiales y comisarios de la 109ª BM, fechado el 12 de marzo de 1939 y que seguramente se usó para la posterior represión. En este documento aparece mi abuelo como Comisario Político del 434º Bon., justo debajo del comandante del Bon. Martín Miñana y en él aparece simplemente como “Sáez” como si fuera un viejo conocido de los servicios de espionaje franquista. A la vista del documento no cabe albergar muchas dudas de cual era la intención para con los allí mencionados.

En el anexo nº2 del trabajo de Fernando se menciona un documento fechado el 5 de abril de 1939 en el Campo de concentración de Zaldívar, en el núcleo de Las Boticarias, (finca muy próxima a Casas de Don Pedro pero perteneciente al término municipal de Puebla de  Alcocer). Allí, con el nº 104 Sáez “Ferrera” Victoriano Comisario de la 109ª BM del 434º Bon., aparece el nombre de mi abuelo entre los jefes, oficiales y recluídos. Es la última noticia de mi abuelo vivo.

Parece ser que en esos primeros días de abril otros prisioneros enviaron cartas a sus familias y estas las recibieron sin problemas pero a mi no me consta que mi abuelo enviase ninguna carta o bien estas nunca llegaron a su destino. Por el contrario contaba mi abuela que, en esos primeros días del final de la Guerra, a ella le fueron devueltas todas las cartas que había intentado enviar a mi abuelo en los últimos años. Evidentemente ninguna de ellas había llegado a salir ni siquiera del pueblo.

Pasados una serie de requisitos, mi abuela y dos hermanos de mi abuelo consiguieron autorización de los franquistas para ir hasta Casas de Don Pedro y una vez allí, intentar visitar o contactar con mi abuelo. Desconozco si en mi pueblo, alguien de la recién instaurada Dictadura conocía ya el extremo de que mi abuelo había sido asesinado  frente a un pelotón pero, finalmente alrededor del 18 ó 20 de mayo mi abuela y sus cuñados, montados en sus burros de labranza, partieron hacia la tan deseada visita, y una vez allí y con toda la ambigüedad de la que hace gala la gente que tiene mucho miedo, les aconsejaron en el pueblo que se volviesen sobre sus pasos y se olvidasen de su familiar. Ni qué decir tiene que a los recintos de concentración ni les dejaron acercarse, aunque les dijeron que hacía poco habían fusilado a muchos de los prisioneros. Nunca llegaron a conocer el hecho de que mi abuelo permanecería durante muchos años enterrado en una de las dos zanjas paralelas que él y otros compañeros habían excavado el día 14 de mayo y que serviría como tumba para ellos al día siguiente, 15 de mayo de 1939.

Aún siendo ésta una muerte cruel e injusta, me consta que para él fue una muerte (o vida) mucho mas honrosa que la que posiblemente le habría esperado si no se hubiese ido hasta ese frente a luchar por esos ideales que él tanto defendió, esos que él decía que perdurarían aunque él muriese. Así ha sido a través de millones de personas y por supuesto de su hijo y nietos, los cuales siempre le tendremos en nuestra memoria y le profesaremos nuestra admiración.

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2 respuestas a Historia de un idealista : Victoriano Sáez Herrera, Comisario del 434º Bon de la 109ª BM, desaparecido en el Campo de Concentración de Zaldívar (Cortijo de Las Boticarias, Puebla del Alcócer, Badajoz), el 15 de mayo de 1939

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