La ejecución de los republicanos y miembros de la 109ª Brigada Mixta en el olivar del cortijo Las Boticarias

Lucía fuerte sol cuando, a los prisioneros incomunicados en el cortijo de Las Boticarias, los vieron por última vez, abriendo dos zanjas paralelas que sirvieron para acoger sus propios cuerpos una vez que fueron ejecutados por las fuerzas nacionalistas. Un poco antes de mediodía se escuchan las primeras descargas.

Las versiones sobre el número de asesinados ese día varían; una habla de “51 soldados del ejército republicano”[1], otra como la que se recoge en la Causa General habla de los 70 “paseados” de Casas de Don Pedro (Badajoz)[2], por último, fuentes también cercanas a los sucesos hablan de “Yo qué sé, yo qué sé, eso no se sabe… pero allí en el pueblo se decía que unos ciento y pico, sus ciento y pico…”[3]. El caso es que los soldados derrotados caen entre lamentos y gemidos, unos encima de otros, mientras agonizan, con los brazos atados con alambres, en el hoyo que un rato antes habían cavado. Por lo visto, junto a ellos, son también fusilados dos soldados nacionales que se negaron a disparar sus ametralladoras, seguramente las conocidas Hotchkiss, al oír las palabras de despedida de uno de los cautivos. Es el día 15 de mayo de 1939.

Escuchad un momento,

que voy a explicar

y ya veréis

que todo es verdad.

Compañeros, la Falange

estaba en Casas de Don Pedro;

al terminar la guerra

empezaron por los encierros.

A todos los rojos

los metían en la jaula

y los sacaron un día

al Campo (de) las Boticarias.

A muchos, allí mismo

“afusilaron”

y a otros, a Castuera

se los llevaron[4].

Los soldados derrotados caen entre lamentos y gemidos, unos encima de otros, mientras agonizan, con los brazos atados con alambres, en el hoyo que un rato antes habían cavado

Los soldados derrotados caen entre lamentos y gemidos, unos encima de otros, mientras agonizan, con los brazos atados con alambres, en el hoyo que un rato antes habían cavado


[1] Catalán Deus, José. El pueblo desentierra a sus muertos. Casas de Don Pedro, 39 años después de la matanza, en “Interviú”  n.19 (15/21-VI-1978), pp. 86-88.

[2] Juliá, Santos (Coord.). Víctimas de la guerra civil. Madrid, Ed. Temas de hoy, 2004, p. 334.

[3] Chaves, Julián (Coord.). Memoria histórica y Guerra Civil: Represión en Extremadura. Diputación de Badajoz, 2004, pp. 301-303.

[4] Estos versos forman parte de la colección de poemas recitados por una trovadora de setenta y cuatro años durante los desenterramientos en el olivar de las Boticarias y en otros lugares de Casas de Don Pedro durante la primavera-verano de 1978. Romances y coplas cedidas por Felisa Casatejada. Adaptación y arreglos de Paco Buj Vallés.

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